martes, 21 de julio de 2009

Capitulo 5 - Donde El Azar No Existe.

Pedro Lapido Estran
El Arca de las Nieves Eternas
Capitulo 5 - Donde El Azar no Existe


Una mano presionaba esporádicamente mi brazo derecho y una voz llegaba a mis oídos como un eco distante.
Mi cuerpo tomaba dominio de sus músculos, lentamente.
- Tu energía astral ha vuelto. Despierta, teniente, despierta.
Tomé conciencia de mí, ayudado por esas palabras.
- ¿Mi energía astral? - pregunté al tiempo que estiraba las piernas.
- Sí, es lo que tu llamas espíritu.
Era mi anfitriona, que me había llamado “tu” y ahora retiraba su mano de mi brazo y seguía hablando:
- Mientras permaneció en ti, hablabas dormido, relatando un hecho de tu infancia al lado de tu padre.
- Um... soñaba - argumenté.
- Sí - contestó - mientras duró su estado de tutela, tu cuerpo físico se manifestó sobre cosas retenidas en el subconsciente durante la vigilia. Luego, cuando se alejó, ya no hablaste. Más tarde mis palabras y sobre todo, mis manos al tocarte; hicieron que tu mente lo alertara y regresó de inmediato.
- ¿Quién - de dónde? – dije aletargado
- Tu espíritu por supuesto, de cumplir con su misión en el espacio, manteniendo contacto contigo por medio de su cordón etéreo o fluídico.
¿De qué está hablando esta mujer? Pensé. Pero estaba tan cerca que me esforcé por entenderla y dije entre bostezos:
- Recuerdo haber leído algo así en el libro de un Lama, sólo que él la llamaba "La cuerda de plata"
¡Ah!, ese supuesto “Lama”. Si, vuestros hombres son afectos a manifestar sus inquietudes a través de ficciones.
- Mi preciosa criatura; cuando yo tengo sueño, sólo me interesa dormir. La mecánica físico espiritual del mismo, la dejo en manos de los especialistas.
- ¡Vaya! Espero que tu espíritu pertenezca a una categoría que nunca desatienda a la mente; porque de lo contrario tu materia podría ser quemada, privada del oxígeno o sometida a cualquier otro riesgo, mientras él permanece indiferente y tu cuerpo muere sin que te despiertes.
Me enderecé en la cama y pregunté:
- ¿Cómo puede evitarse ese riesgo?
- Educando a tu mente para que tome dominio sobre el mismo.
Me quedé observándola y ella prosiguió:
- Si priváramos a tu sueño de las imágenes oníricas - por ejemplo - este no te serviría. La mecánica del sueño debe ser conocida y utilizada en favor de tu cuerpo.
La miré sin responder mientras pensaba como podía ser posible que yo fuera el único estúpido del planeta que tuviera problemas con su espíritu cuando dormía. Estaba sentado en la cama, cubierto parcialmente con una manta muy suave y liviana. No recordaba cómo había llegado allí y para colmo – ella - sentada a mi lado, siempre embutida en su elástico traje amarillo; después de abandonar mi brazo se entretenía con una de sus manos frotándome el hombro.
- ¿y mi traje? - pregunté.
- Ahí, sobre el estante.
- ¿Quien me lo sacó?
- Yo, por supuesto.
- ¿Y por qué? - insistí.
- Pues porque no se descansa bien con el traje puesto; además, no tengo todos los días la oportunidad de examinar un cuerpo como el tuyo tan detenidamente.
Así que a la muchacha le gusta jugar con fuego; pensé mientras decía fingiendo enojo:
- Esa ha sido una fea trampa.
Se largó a reír y contestó mientras retiraba su mano de mi hombro.
-¡No!, Ya podrás examinar el mío todo el tiempo que quieras. Vuelvo a decirte que aquí los cuerpos no son tabú y si te agrada -como a mí el tuyo-, podrás conocerlo hasta la última célula.
La idea me excitó y me confundió al mismo tiempo. Ninguna mujer me había dicho algo así hasta ese momento. Me di vuelta para mirarla y me encontré con sus oblicuos ojos, de un celeste casi blanco, buscando los míos. Ojos orientales, ubicados en un rostro occidental y enmarcados por rubios y lacios cabellos que caían con impulso natural sobrepasando sus pechos. La juzgué más hermosa que todas las mujeres vistas en mi vida y por primera vez desde que llegara, tomé conciencia de mí como hombre.
Ella me tapó los ojos con las manos y levantándose de la cama dijo:
- Ha dormido usted bien, Teniente Haffner; ya son las ocho de la noche en su reloj. Ahora vístase, vamos a dar un paseo y luego lo llevaré a encontrarse con sus amigos para que se presenten todos ante el Consejo.
Quedé con la boca abierta. Así que ahora era otra vez "Teniente Haffner". Bueno, después de todo, mujeres son mujeres en todas partes, aún en este increíble mundo paralelo - pensé convencido -.
Se había sentado en un "globo asiento" a un costado y desde allí me observaba detenidamente.
- ¡Ah no! mi querida niña; yo no voy a moverme de aquí, mientras usted no se vaya de esta habitación. No pienso hacer teatro gratis, por más libertad de cuerpos que aquí se practique.
Fijó un momento en mí sus ojos inquietantes, tomó mi traje y alcanzándomelo dijo:
- ¡Sea la voluntad del Rey! Y riéndose como una chiquilla entusiasmada, abandonó la habitación.
Me vestí apresuradamente por temor a que regresara, mientras pensaba en el momento lúdico vivido y comenzaban a aparecer en mi mente curiosos deseos de saber que clase de compromisos tendría esta niña en ese lugar.
Quería refrescarme la cara y peinarme; recordaba donde se encontraban los elementos que usáramos después del baño, pero no había visto el recipiente, pileta o canilla que pudiera utilizar. Abrí una puerta, entrando a la sala de baño; accioné todos los pulsadores y teclas que hallé, sorprendiéndome a cada instante pero sin encontrar dónde lavarme la cara. Pasé al otro cuarto y allí di con el artefacto adecuado que suplía a nuestras piletas; me mojé la cabeza con agua caliente, secándomela luego con aire en un aparato que probé repetidas veces. Regresé entonces al cuarto anterior en busca de un cepillo con el que antes me peinara y ante mi desconcierto me encontré con la madre de Olma dirigiéndose al tubo de baño más cercano, ¡totalmente desnuda!
Me observó sonriendo, me saludó con un gesto despreocupado y siguió su camino sin inmutarse. Yo di vuelta la cara y regresé al otro cuarto, decidido a esperar que terminara su baño. Permanecí un rato investigando el lugar y deteniendo repetidas veces mi atención en las butacas que me señalara Olma; Pensando si la naturalidad o el desprejuicio de esta gente, llegaría al extremo de hacerse presentes cuando tuviera que usarlas.
La risa de Olma interrumpió mis meditaciones. La sentí avanzar por el otro cuarto, detenerse y proseguir hasta que llegó donde me hallaba y se paró ante mí.
- Perdóname, pero me resulta gracioso - dijo - No quieres vestirte delante de mí, te espantas de ver a mi madre a punto de tomar su baño y por el estado de tu cabeza veo que has usado el aparato que está a tu lado, para secártela.
- Mírate - insistió mientras manipulaba un control que dejó un espejo al descubierto.
Me observé y comencé a reír yo también; mis cabellos, normalmente lacios y de color castaño claro, se veían ensortijados y rojizos.
- Ese aparato cumple múltiples funciones, todas referentes a la cosmetología. Claro que para utilizarlo hay que conocerlo, en caso contrario suceden cosas como éstas - dijo señalando mi cabeza en el espejo.
Reímos otra vez juntos, mientras me ayudaba a recuperar la normalidad de mi aspecto. Luego me dio indicaciones respecto al uso de los cuartos de la casa. Aprendí entonces que las luces situadas en línea sobre las puertas, indicaban si los cuartos se hallaban ocupados o no y que las puertas podían trabarse para que no se abrieran aunque ambos dispositivos se utilizaban muy poco en general y casi nada en el ámbito de su hogar.
No discutí sus costumbres, pero me tranquilizó saber que podía privatizar mi permanencia en esos cuartos.
Cuando salimos, Amalík ya no estaba. Olma me preguntó si deseaba tomar alguna bebida caliente antes de salir o si prefería hacerlo afuera, durante el paseo. Elegí la última opción, entusiasmado por la idea de conocer el aspecto social de la ciudad.
Descendimos hasta donde se hallaban los vehículos. Ella extrajo del interior de uno, dos bolsos del color de nuestros respectivos trajes, sacando del que me correspondía, una tablilla negra similar a la que llevaba colgando de su cuello. La colocó en el mío diciéndome que de ella dependía mi desenvolvimiento al andar por la ciudad. Era en principio, mi identificación; servía para obtener comida, bebidas, ropa y todas las demás necesidades.
Motivado, le pregunté cómo se utilizaba; me contestó que me lo explicaría en el Camino.
- Además - dijo - quiero que ocupes el lugar del conductor en el vehículo.
- Pero no sé manejarlo - contesté.
- Es muy sencillo, tomas la única palanca del tablero y la mueves con el mismo cuidado con que accionas los mandos de tu jet, hacia donde pretendes que se desplace el vehículo. Si algo pasara yo tomare el mando.
Dicho esto, se introdujo en uno de ellos, apretó una tecla del tablero y se quedó aguardándome. Me acomodé en el asiento delantero y tomé la palanca con mi mano derecha; la empujé lentamente y el autito avanzó en silencio. Moví la palanca hacia la izquierda para esquivar otro vehículo y graduando el movimiento rodeé el cilindro elevador hasta llegar a la puerta. Ante una indicación, accioné un pulsador que se hallaba en la misma palanca y las puertas se desplazaron, conectándome con el ruido de la calle que llegaba ahora a mí matizado por voces familiares, debido a las esferas que llevaba sujetas a mis oídos.
- Cuando la luz que se halla arriba tuyo se apague, ése será el momento de salir, pues no hay tránsito cercano en el tubo secundario - dijo Olma señalándome la luz aludida y dándome una breve indicación sobre el valor de las luces de tránsito que no diferían mucho de las que yo conocía. Cuando llegó el momento pasé la puerta, entrando al conducto en la dirección de marcha indicada por las marcas luminosas en el piso.
Ubiqué el vehículo en el centro del carril para asegurarme espacio y probé su acción unos metros; Era estupendo cómo respondía a la más leve presión de mi mano. Aflojé esa presión, al observar luces rojas en el piso y se detuvo de inmediato a pocos metros del tubo transversal. Olma dijo:
- Dobla por él hasta el próximo principal; allí te daré más indicaciones.
Asentí y en cuanto el piso y los demás indicadores se encendieron de verde, avancé tomando por donde me había dicho. El transito era escaso en los cuatro tramos que recorrimos hasta llegar a la gran avenida. Aproveché la circunstancia para probar a gusto el auto; su versatilidad de mando y el silencio y la estabilidad conque se desplazaba eran asombrosos. La velocidad total debía ser considerable a juzgar por el corto trayecto de la palanca que utilicé y el desarrollo que tuvo. Pasando cierto límite, comenzaba el zumbido que envolvía al aparato y no cesaba hasta que se detenía totalmente.
Olma se hallaba explicándome la acción del campo de fuerzas que ocasionaba el zumbido y servía para integrar nuestros cuerpos a la masa del vehículo; cuando llegamos a la avenida y abandonó su explicación a instancias del requerimiento de dos hombres vestidos de verde y uno de rojo que solicitaron la detención del vehículo.
Detuve el autito donde me indicaron y uno de los hombres se dirigió a mí, tras un breve saludo de tipo militar:
- Ciudadano, ¿tendría la amabilidad de facilitarme su identificación?
Tomé mi tablilla e intenté vanamente desprenderla de su cuerda. El hombre intercedió amablemente y la retiró introduciéndola en una caja que sostenía en su mano. En unos minutos me la devolvió y dijo:
- Bien; ciudadano visitante; puede proseguir su marcha, pero le ruego que en adelante cuide específicamente que el vehículo no avance en un cruce mientras estén las luces amarilla encendidas, eso puede provocar un accidente que "debe ser evitado". La observación, tal como había sido planteada, no admitía réplica. De modo que lo acepté con un gesto y en silencio. El hombre de verde saludó y se alejó sin decir más, cruzándose en el camino con el hombre de rojo que se dirigió hacia nosotros. Me hizo un breve saludo y le habló a Olma:
- ¡capitana Olma! ¿Es usted la responsable de este visitante?
- Sí, capitán Zeter y aunque no me lo han preguntado estoy segura de que este vehículo no ha cometido ninguna infracción en el trayecto hasta aquí.
- Y así es capitana; vinimos a verificarlo porque mostraba un desplazamiento digamos...no acostumbrado, en las pantallas de control. Sobre todo, demasiado apegado a las luces amarillas, usted comprende. Ahora sabemos porqué, puede usted proseguir su camino.
- Se agradece capitán, se agradece. Prosigamos teniente Haffner - por favor.
No parecía haber mucha simpatía entre el capitancito y mi bella guía, pero que bueno sería tener esa prevención de tráfico en nuestras calles y avenidas. Me puse en marcha nuevamente mientras ella advertía:
-Unos metros adelante, hallarás una salida a tu derecha. Ella nos llevará al nivel inferior del conducto principal; sigue por él y pronto llegaremos a nuestra primera parada.
Me introduje por el sitio indicado; la elevación del tubo me hizo pensar que pasaba por arriba de la avenida, para descender del otro lado conectándonos con el nivel inferior, pero en sentido contrario al que viajábamos. Desemboqué en él, deteniéndome sobre las luces rojas. Gran cantidad de vehículos se desplazaban a considerable velocidad; predominaba el zumbido de los campos de fuerza y el murmullo de las voces.
-Toma un carril del medio y acelera todo lo que las luces te lo permitan - pidió Olma.
-Y cuídate de las luces amarillas - agregó.
Obedecí complacido y aprovechando el largo trayecto de luces verdes que tenía adelante, empujé la palanca con decisión. El autito salió disparado hacia adelante en forma vertiginosa y preocupante dado su tamaño; en el instante de la partida mi cuerpo sintió el efecto de la aceleración. Al comenzar el zumbido, desapareció.
No podía leer los indicadores en su escritura, pero mi estimación era cercana a los cien kilómetros. Recibí una nueva indicación:
- En el próximo tramo hallarás un espacio libre a tu derecha. Detente en él.
Pasé el vehículo al carril del extremo derecho. El conducto se ampliaba dando lugar a un espacio de estacionamiento frente a unas puertas transparentes que estaban cerradas. Allí me detuve. Ella se encargó de abrirlas y entonces avancé lentamente, seguido por otros dos coches que llegaban en ese instante. El sitio era circular, como todos los anteriores y de unos treinta metros de diámetro. Rodeando al elevador central, había una vereda en forma de herradura, con la abertura orientada hacia las puertas. Los autos estacionaban afuera y adentro de ella. En la parte opuesta a la entrada, una escalera subía hasta una plataforma ubicada a media altura, donde se tomaba el elevador, que en este caso era de material transparente.
Estacioné adentro de la herradura. Olma bajó, me tomó de la mano y caminamos por la vereda, subiendo la escalera hasta la plataforma. Tomamos el elevador junto a dos jovencitos y una pareja llegados en los otros coches. Los chicos me observaban detenidamente, mientras subíamos; supuse que las esferas perforadas en mis oídos delataban mi condición de extranjero. Me agradó no observar en ellos ningún gesto inapropiado.
Salimos accediendo a otro salón, donde había unas curiosas mesas rodeadas de los ya conocidos globo asientos {unas estructuras con forma de sillones o sillas pero evidentemente infladas donde uno podía acomodar el cuerpo como en ningún otro lugar.) Las mesas, circulares y de doble plataforma; tenían en el centro un cilindro de unos cincuenta centímetros de diámetro que partía del suelo y se perdía en el techo.
Nos sentamos; Olma se quedó mirándome sin hablar, mientras yo recorría el lugar con la mirada. Además de las extrañas mesas y los asientos, no había otra cosa en el recinto que evidenciara la función de restaurante o bar, donde se suponía que estábamos. Sin embargo, los chicos comían y bebían conversando entre risas como en casi todos los bares del mundo, solo que había algunas connotaciones diferentes en su actitud que no lograba definir con precisión.
Los grandes ventanales dejaban ver las flores en el exterior, que se movían mecidas por una suave brisa.
Una música de sonidos electrónicos, suave, rítmica y relajadora, sonaba en el ambiente; la luz surgía de la superficie del techo en forma pareja y sin brillo, iluminando totalmente el sitio y sin provocar sombras significativas en ningún lugar. Y entonces definí la sensación: Nada era agresivo; ni el ambiente, ni la música, ni la luz, ni las actitudes de los chicos, ni su interrelación con los grandes que también los había. Y mi cerebro -así, a través de una observación simple- comenzó a comprender la verdadera diferencia establecida entre nuestras sociedades.
- ¿y ahora? - pregunté.
- Ahora - me contestó - ha llegado el momento de que utilices la tablilla que pende de tu cuello. Despréndela y colócala en tu sitio, como lo hago yo en el mío.
Introdujo su tablilla en una abertura del cilindro, arriba de un grupo de teclas; esperó a que la imitara y preguntó:
- ¿Que deseas: beber, comer o ambas cosas?
- Beber - le contesté; porque en realidad no tenía apetito y seguí tratando de averiguar cómo había logrado desprender mi tablilla.
Ella pulsó las teclas de su lado y luego se acercó para hacer lo mismo con las mías. Yo desconocía totalmente su escritura, pero no era difícil suponer que en las teclas habría impresas letras y números con los que uno podía escribir lo que quería. Cuando apretó mis teclas, arriba se encendió un cuadrante donde aparecieron los mismos signos grabados en mi identificación; luego regresó a su asiento y se quedó esperando una pregunta que imaginaba se produciría; y en efecto, pregunté:
- ¿y ahora, qué?
- Ahora, sólo tienes que esperar - me respondió.
Me acomodé en mi confortable asiento disfrutando el ambiente; estaba observando el tubo central de la mesa, cuando una sección se abrió apareciendo en su interior nuestro pedido.
De mi lado había un vaso que seguramente contendría alguno de sus jugos de frutas; y un plato con pequeñas esferas de distintos colores; del suyo, otro vaso y un plato conteniendo una esfera parecida en tamaño a las que comiera en el almuerzo.
Probé mi bebida y me pareció buena. Ella separó un trozo de su esfera y lo puso en mi boca. Lo mastiqué encontrando la masa de una factura con un agradable gusto a queso salado. Aún paladeando dije:
- Original forma de servirnos.
- Es la habitual en estos lugares; Nuestros hombres preparan todo en el piso superior y abastecen el sistema que nos sirve a nosotros - fue la respuesta mientras introducía en mi boca una de las pequeñas pelotitas de mi plato que hubiese jurado como pescado.
- De modo que éste es el uso de la tablilla - dije observando el tubo por donde descendiera nuestro pedido.
- Este y otros parecidos - respondió ella sonriendo - Cumple dos funciones fundamentales: La de identificarte y por consecuencia otorgarte como integrante de nuestra sociedad todas las satisfacciones a tus necesidades.
- ¿Qué pasa si uno la olvida? - pregunté.
- Lo mismo que pasaría en tu sociedad, si sales a la calle sin documentos y sin dinero - contestó.
- Pero: ¿como puede reemplazar dos cosas tan distintas?- indagué.
- Distintas en tu sociedad, no en la nuestra.
- ¿Puedes explicarme entonces cómo funciona la relación tablilla - individuo ? Dije mientras ponía en mi boca otra de las pelotitas de mi plato esta vez con sabor a roquefort.
Asintió con un gesto de su cabeza, tomó un sorbo de su bebida y dijo:
- Ningún integrante de nuestra comunidad nace al azar. Se calcula la participación de cada uno, pensando en sus necesidades en principio como una prolongación de las necesidades de sus padres.
- Perdón - interrumpí - ¿me estás diciendo que para tener un hijo una pareja tiene que pedir permiso?
- Así es - respondió - En tu sociedad un hijo forma parte del patrimonio de la pareja; en la nuestra forma parte del patrimonio social. En la tuya si los padres no tienen que darle de comer, los hijos no comen; en la mía es absolutamente inadmisible para la sociedad que un niño no coma aunque los padres no quieran.
La respuesta había sido rígida, casi hiriente; y bastó para que me diera cuenta, que ella no aceptaría mis ironías con tranquilidad que lo hiciera el padre.
Permanecí mudo aceptando la respuesta con un movimiento de cabeza y entonces continuó:
-Toda mujer embarazada abandona sus obligaciones laborales a partir del momento en que el centro médico certifica su embarazo; allí comienza su preparación social y privada como madre, única función que realizará hasta que el niño cumpla la edad en que se incorporará a los núcleos infantiles de estudio. Recién entonces retomará sus tareas al servicio de la comunidad, que hasta ese momento la cubre, reconociendo sus labores de madre como un aporte social. Para ser madre en nuestro medio no sólo hay que pedir permiso, además hay que estar preparada para ello si se quiere obtener la aprobación. La maternidad y la paternidad son actos de tremenda responsabilidad que en los animales están controlados por la naturaleza y en los seres humanos "civilizados" deben ser controlados por la sociedad
Las últimas frases me parecieron un colorido cebo digno pique para la mejor trucha, pero tuve mi bocaza cerrada dejándola continuar.
-Cuando nace un niño, el centro médico le asigna sigla y número de acuerdo al registro de nacimientos. Ese número es incorporado a la memoria del computador central y reconocido como un nuevo ciudadano con sus obligaciones y derechos. Impreso el número en la tablilla, ésta queda en poder de los padres hasta que el niño esté en condiciones de portarla y valerse de ella, circunstancia que siempre es festejada por todos los familiares y amigos. Queda así identificado por los servicios médicos, de abastecimiento, de educación, de seguridad y control, de transporte, etc.
En principio, todas las necesidades del niño serán procuradas por sus padres hasta los tres años, pero la sociedad efectúa sobre él un doble control de protección a través de su "constante de consumo" que registra el computador central. Cuando por alguna razón el niño aparece en ella, consumiendo menos o más de lo que estipula el espectro del cupo normal, la computadora pasa el dato a asistencia social, quien se encarga entonces de verificar el por qué.
- ¿Quien fija esos cupos, Olma ? - pregunté.
-Los viene fijando la comunidad a través del tiempo; de ella forman parte estos padres, los padres de los otros niños y los futuros padres, de modo que cuando cada miembro debe opinar sobre las necesidades y derechos del niño, lo hace pensando en sus propios hijos. Así, el niño crece protegido por los buenos deseos de la sociedad en su conjunto; jamás le falta ropa, comida, juguetes o diversión en el transcurso de su vida.
Cuando al cumplir los tres años de vida, su mamá retorna a cumplir con la responsabilidad que tiene asignada en el medio social, dejándolo en manos de los educadores especializados la mayor parte del día; la tablilla acompaña al niño en esa primera etapa escolar para cubrir sus necesidades. Todo, absolutamente todo, lo que consuma, se registra en su número, se clasifica y se carga al consumo del núcleo familiar al que pertenece. El acceso a todos los beneficios de los cuales goza la comunidad, se produce ínter relacionado con el aprendizaje de sus obligaciones futuras, que motivarán la repetición del ciclo.
Así se hace, hasta que el individuo - ya siendo un jovencito o jovencita munido de la preparación básica necesaria comienza a "producir socialmente", entonces su consumo es deducido de su propia labor y obtiene así la independencia "económica" de sus padres.
Nuestra sociedad le presta especial atención al crecimiento y la educación del niño: la premisa es "aprovechar al máximo su tiempo". El centro educacional y el sanitario, trabajan mancomunados en su formación, procurando su correcta alimentación y desarrollo físico, intelectual y psicológico; todo enmarcado en una ambientación de esparcimiento. Para nosotros, un niño triste o conflictuado es un grave problema y nuestros especialistas llegan hasta la familia con plenos poderes para solucionarlos; poderes por otra parte, que son otorgados por nuestras leyes y éstas aprobadas por mayoría por la comunidad.
-¿Cómo opinan los integrantes de la sociedad, sobre éste y otros aspectos?- pregunté.
-Existen medios establecidos para que cada uno haga llegar sus ideas a la Regencia, quien toma las determinaciones finales avaladas siempre por grupos de especialistas. Cuando se trata de opiniones masivas como las que ocasiona este tema, se efectúan plebiscitos.
- Olma, yo particularmente desconfío de las decisiones tomadas por mayoría; en mi sociedad las decisiones mayoritarias le han arruinado la vida a más de una minoría.
-Eso sucede, porque al no estar socializada la comunidad, las decisiones que se toman no afectan a todos por igual. Aquí es diferente, porque cuando alguien vota por reducir la provisión de energía - por ejemplo - ese alguien sabe que él también será afectado por esa medida y todos sin excepción lo saben, cuando toman una decisión. Puedo darte otro ejemplo: si se analiza la reducción del presupuesto para educación en tu sociedad, todos los que están en condiciones de enviar a sus hijos a colegios privados pueden votar irresponsablemente, porque no los afecta. En nuestra sociedad, la misma determinación pesaría sobre sus hijos y entonces se encontrarían obligados a ser responsables.
Era cierto lo que decía, entre nosotros ninguno de los hijos de perra que tomaban las decisiones, las sufría. Así que la invité a seguir con la didáctica anterior haciendo un comentario obvio:
-De modo que el abastecimiento general del individuo se efectúa por medio de la tablilla, desde los primeros días de su vida.
- Así es, cada uno tiene un holgado cupo de consumo para sus necesidades, fijado por la comunidad; o sea la misma consumidora, de acuerdo a las disponibilidades existentes. El derecho a este cupo lo gana cumpliendo con sus obligaciones en cada rubro de trabajo, lo que se traduce en producción. La premisa de esto es: a mayor producción, mayor capacidad de consumo o menor necesidad de trabajo, de modo que cuando el hombre y la mujer trabajan, saben que lo están haciendo para sí mismos.
-¿Cómo se controla la mayor o menor productividad del individuo, puesto que no existirá uniformidad de esfuerzo?
- El rendimiento de cada uno se computa de acuerdo a las alternativas de cada labor: cumplimiento, producción, dedicación, ideas, creatividad, etc. y entonces varía según la resultante de su esfuerzo, inteligencia y responsabilidad. Cubierto su cupo de consumo particular, su aporte a los sectores no productivos, como los niños, ancianos, enfermos y reservas, el excedente cuando lo hay, se convierte en ganancia.
-¿Ganancia?, ¡entonces existe el dinero!
-No, no existe. El término ganancia se traduce a descanso. Aquel que por alguno de los factores computados, supera la producción o la contribución de los demás, recibe de la comunidad más tiempo de descanso con el mismo cupo de consumo.
- ¿Y qué sucede cuando alguien con su producción no cubre su cupo mínimo de consumo; este se reduce? - pregunté ansioso por encontrar una falencia.
- ¡De ninguna manera!, reducir un cupo de consumo significa someter a un integrante de la sociedad a una privación no sólo innecesaria sino contraproducente. Sería combatir una irresponsabilidad personal con una irresponsabilidad social.
- ¿y entonces? -
- En esos casos, Seguridad toma en sus manos el problema y después de verificar que no existe disminución física o psicológica pone en antecedentes a la Regencia y asume la vigilancia del sujeto. Este se halla comprometido en un delito de orden social y se tratará de determinar la causa que lo provoca ante la posibilidad de que se extienda a otras personas.
- ¿Se convierte en un marginado en esos casos?
- Sí; el sólo hecho de tener a los miembros de seguridad observándolo permanentemente, hace que el individuo se margine sólo en múltiples aspectos. Afortunadamente se da poco y cuando se da, se soluciona en poco tiempo, ya sea porque el ciudadano se corrige o porque la Regencia lo clasifica como delincuente, retirándolo del contexto social.
No pude evitar la risa cuando trasladé el concepto en mente a nuestra sociedad. Si nosotros tuviéramos que clasificar como delincuentes a todos los que no producían por lo que consumían; como cárcel tendríamos que usar un continente entero.
- ¡De modo que han conseguido la sociedad perfecta! - comenté.
- ¡De ninguna manera; pero creemos haber estructurado una sociedad justa! - fue la respuesta.
Permanecí callado, meditando. Tenía que preguntar y conocer mucho más; pero en principio lo escuchado bastaba. Era evidente que allí no existía la miseria. Nadie estaba sometido al hambre o al frío, ni carecía de vivienda o vestido. Nadie sufría la vejación de quedar al margen de los conocimientos o las comodidades. No había que delinquir ni pervertirse. No se disfrutaba ni se sufría haber nacido "hijo de", se formaba parte de una sociedad que le otorgaba a todos igualdad de posibilidades desde el primer instante de su vida, manteniendo una sola e inconfundible premisa: Cumplir con las obligaciones que determina la comunidad que te da todo lo que necesitas, de la que todos forman parte y en donde todos pueden opinar por si mismos a partir del momento en que se obtiene la formación necesaria para hacerlo.
¡Era demasiado bello! Mi mente, condicionada a nuestra sociedad, rechazaba la posibilidad de esa existencia. Hurgaba buscando la trampa; intentaba clasificar esa comunidad dentro de los sistemas conocidos:
Democracia, Socialismo, Comunismo, Dictadura, Imperio...
¡No! Tal vez "Cordura" fuera la palabra y entre nosotros ningún sistema la poseía.
¡Igualdad de derechos, igualdad de patrimonio y a mayor contribución mayor descanso! "Las únicas diferencias entre los hombres las daba la naturaleza o las otorgaba Dios"
Era tan simple de razonar como espantosamente complejo de realizar para nosotros. Seguí sumido en mis pensamientos, gozando del sedativo ambiente que nos rodeaba, hasta que Olma reclamó mi atención diciendo:
- Debemos acudir a encontrarnos con tus compañeros para presentarnos ante la regencia.
Miré mi reloj y pregunté:
- ¿Cómo miden el tiempo ustedes?
- Como ustedes, sólo que fijamos distintos parámetros; lo que hace que nuestros ciclos de tiempo sean distintos. La miré interrogante y entonces continuó:
- Utilizamos un patrón de tiempo magnético que no difiere demasiado del que usan ustedes, la gran diferencia se da en la forma de conceptualizarlo, ya que para nosotros no hay divisiones entre el pasado y el futuro; sólo existe el tiempo
Me apuré a terminar la bebida y levantándonos nos dirigimos al elevador. Giré la cabeza un instante antes de entrar en él y pude ver la parte superior de nuestra mesa, subiendo lentamente. Salimos del recinto y recorrimos nuevamente las avenidas, esta vez con destino al Centro de Convergencia. Pude regocijarme en el manejo del cochecito a lo largo del trayecto.
Estacionamos en el tercer piso de la inmensa esfera, utilizando por segunda vez mi tablilla. Luego, mientras viajábamos por el conducto que unía al estacionamiento con la esfera central, pude ver avanzando en sentido contrario y semi confundido entre la gente a un individuo que tal vez fuera el que le llamara la atención a Kingston cuando llegáramos: Alelado, le dedique mi atención: El hombrecito en cuestión no mediría más de 1,30 mts; era humanoide según podía deducir de las lecturas realizadas sobre seres raros, pero su piel era color verde mate y totalmente arrugada. Su cabeza, muy voluminosa en su parte craneana, se estrechaba hasta terminar en un mentón muy fino sobre el cual lucía una boca muy pequeña. Los ojos, muy grandes y parecidos a los nuestros, eran sumamente expresivos. Sus manos, demasiado grandes en relación a sus brazos, poseían seis largos dedos que terminaban en yemas achatadas, como ventosas. Carecía de cabello. Llevaba puesto un traje idéntico al mío y portaba en su mano derecha una esfera agujereada, como la de Lunigén, que utilizaba para conversar animadamente con su acompañante, una bella mujer bastante mayor que Olma. La gente que lo acompañaba en su trayecto y la que lo cruzaba, como yo, no le prestaba atención, por lo que deduje que la presencia de seres como él sería habitual.
- ¿De donde viene ese bich... -me detuve mas o menos a tiempo y corregí - ese extraño individuo? , dije mientras trataba de controlar el repentino escalofrío que recorría mi piel.
- Lo mismo diría el de ti - contestó ella riendo - viene de un lugar cercano. Hace mucho tiempo que mantienen relaciones con nosotros y compartimos las mismas preocupaciones con respecto a ustedes.
- ¿Nosotros? ¿Que clase de preocupaciones damos nosotros?
¡Demasiadas! lamentablemente. No sólo la latente posibilidad de que se enfrenten en una guerra nuclear; hecho que alteraría la atmósfera y la ecología del planeta, afectándonos a nosotros y amenazando el equilibrio del sistema, sino que ahora, con la salida al espacio exterior, ese peligro se cierne sobre toda la Galaxia. En este momento, los llamados Skylab -1 y 2, están permanentemente vigilados por nuestros atisbadores y seguidos por las naves de nuestros vecinos; el que acabas de ver y otros que no conoces.
- ¿Otros? ¿Pero es que existen más bichos que nos visitan?
- Por supuesto, y algunos los esperan - dijo sonriendo.
- ¿Cómo que nos esperan?
- No puedo darte muchas explicaciones, pero verás que pronto cesarán los descensos en la Luna y habrá un cambio sustancial en los planes espaciales.
Me resultaba difícil de creer. Yo sabía de los proyectos Norteamericanos para instalar una base lunar, que les sirviera de centro de lanzamiento para naves espaciales con miras a la exploración de todo el Sistema Solar, aprovechando la escasa gravedad del satélite. Y los yanquis eran como perros famélicos; no largaban un hueso fácilmente después que lo mordían. Pero ella prosiguió:
- Hay sólo en nuestra galaxia, diez y seis razas de avanzada tecnología, en comunicación permanente con nosotros y otras más de las miles que habitan el universo establecen contacto cada tanto con alguna de ellas. El nivel de tecnología que poseemos y nuestra estructura social es lo que nos permite ser considerados por estos vecinos y a causa de esa consideración podemos impedir que muchos de ellos decidan tomar medidas drásticas con el peligro inminente que representa vuestra salida al espacio exterior. Somos nosotros los inmediatos responsables ante estos de los actos agresivos que puedan ocasionar ustedes y por ello, hemos coartado a través de la historia la posibilidad de que descubran elementos o escritos que han quedado diseminados por el mundo después de la desaparición de nuestros comunes maestros.
- ¿Nuestros comunes maestros? - intenté interrumpir; pero ella lo ignoró:
- Esos descubrimientos podrían llevarlos a equiparar nuestra tecnología y eso representaría un peligro mayor que nuestros vecinos tratarían de impedir, aún a costa de entablar una guerra contra nosotros, puesto que consideran que vuestra evolución social, moral y filosófica - en los mejores grupos - no ha llegado al nivel necesario para utilizar semejante poder técnico.
Respondí automáticamente, sin detenerme a pensar demasiado en las cosas que había oído:
- Se diría que todo el universo nos tiene clasificados como monstruos a quienes hay que mantener enjaulados o exterminar.
-No precisamente - replicó - Los monstruos existen en el universo y esa es la razón por la cual todas las razas se hallan armadas. Ustedes no han tomado contacto crítico con ellos a través del tiempo, porque nosotros tenemos establecido un cordón de vigilancia alrededor del planeta, que se encarga de su aniquilación cada vez que se aproximan. Aún así, en ocasiones hemos sido burlados, pero la concentración de razas coaligadas de alta tecnología es tal, en este sector del sistema, que últimamente no molestan demasiado.
- ¿Quienes son esos monstruos? - pregunté.
-Son varios y representan la encarnación de la maldad en el universo. Los anima una energía astral de oscura categoría; la misma que en ocasiones domina a ciertos individuos de vuestra sociedad, creando personajes siniestros, que en realidad ya no son humanos. En contraste, el universo también nos ofrece a seres animados de purísima energía, tanto que son casi inmateriales y se ofrecen a nuestros ojos como individuos semitransparentes. En la antigüedad fueron ellos quienes dieron nacimiento a vuestros mitos sobre Ángeles. Ellos no toman contacto ahora, con las civilizaciones materiales; sólo los hemos visto algunas veces reunidos en sus mundos que son casi vergeles y donde no se hallan objetos artificiales, pues evidentemente no los necesitan. También esa purísima energía llega a veces a seres de nuestro mundo, creando los místicos, que a través de la historia han propagado concepciones de amor, de justicia e igualdad de derechos, siempre condicionados por supuesto por la distinta idiosincrasia de las razas humanas. Las experiencias de la razas no se heredan únicamente por vía escrita u oral, llegan al individuo desde remotos ancestros también por vía genética en lo que ustedes llaman "memoria de la especie" pero hay otro cauce por donde algunos seres humanos reciben conocimientos y es la vía energética u astral. Así, en ciertos especimenes humanos se desarrolla el estado de "Suprainteligencia". En ese estado la mente "capta" conclusiones que sólo después razona u objetiviza; El individuo "sabe" que algo es de determinada manera, mucho antes de descubrir "por qué". Ellos extraen conclusiones del espacio-tiempo y nadie puede averiguar como lo hacen porque no es una cualidad física, sino puramente energética y abandona el cuerpo con la muerte.
Monstruos, individuos de purísima energía, el estado de Suprainteligencia, ¿No era demasiado para un simple teniente de una fuerza aérea latinoamericana? Pero aún confundido, seguí preguntando:
- ¿ Por qué resultamos nosotros tan peligrosos, si las otras razas también disponen de armas que aparentemente no usan, sólo porque vuestra intervención se lo impide?
- ¡No! no es precisamente eso lo que lo impide; si nuestros vecinos llegasen a conclusiones definitivas sobre vuestro peligro, actuarían en conjunto sin ninguna duda y nosotros nos encontraríamos ante la alternativa de permitir que ocupen el planeta, sometiéndolos a una rígida disciplina y control o hacerles frente a todas las razas coaligadas, no logrando impedir de todos modos y en ese caso, que eliminen a la mayoría. Lo que los detiene no es nuestro poderío, sino un plan racional de larga duración que hemos presentado y venimos realizando desde hace años, ofreciendo la posibilidad - muy difícil por cierto - de lograr por parte de ustedes una relación de convivencia con las razas circundantes, sin que representen un peligro y sin coartar vuestro libre albedrío. Para ello debemos hacer que se ubiquen en la verdadera dimensión que les corresponde, desechando la errónea concepción de "Súper-seres" que han edificado con respecto al universo; que es la misma que utilizan entre ustedes considerándose los blancos caucásicos, superiores a los amarillos y a los negros, cuando ni siquiera saben por qué son de colores diferentes.
- Bueno - intercedí irónicamente - se dice que los Judíos por ejemplo, son el pueblo elegido por Dios.
- Si, también podríamos decir desde otro punto de vista que son los asesinos del hijo Dios - me contestó devolviéndome la ironía y prosiguiendo:
- Es imperativo derribar los mitos, la raza humana debe ser "una sola".
- En que consiste el plan - pregunté.
- El primer paso del programa es el de acostumbrarlos paulatinamente a observar en vuestros cielos nuestras máquinas, enfrentándolos a la impotencia de no poderlas detener ni capturar y a fenómenos que los obliguen a recapacitar sobre la infundada soberbia que ostentan. A la vez, los vigilamos constantemente en los adelantos científicos y espaciales tratando de limitar o anular todo aquello que resulte inconveniente al plan trazado.
-Nuestra supervisión es tan estrecha que muchos integrantes de las distintas razas, que por su conformación física pueden pasar desapercibidos, conviven con tu gente desde hace mucho tiempo, en lugares específicos y en la cotidianidad.
Pasé por la tentación de decirle que yo había conocido a algunas Marcianas en mi vida, pero tuve temor de que el chascarrillo no le gustara y ella prosiguió.
- Como podrás razonar, el hecho de que las razas de distintos mundos hallan podido aceptar nuestra proposición colaborando con el plan, empleando tiempo, equipos e individuos para hacerlo; demuestra la diferencia entre su mentalidad y la vuestra. Considerando que ustedes jamás en el transcurso de su historia han logrado ponerse de acuerdo sobre aspectos de interés común, como lo es por ejemplo la supervivencia de todos.
Terminé de escuchar su exposición, desconcertado por una situación que jamás habría imaginado y casi automáticamente pregunté:
- ¿Da resultado el plan? -
- Sí - respondió - presenta ciertas dificultades y algunos accidentes inevitables, pero sigue su marcha según lo trazado. La idiosincrasia de ustedes torna difíciles los aspectos más simples. Piensa que desde vuestro año l947 en adelante hemos incrementado notablemente las apariciones de nuestras naves y la de nuestros vecinos en los espacios aéreos de todos los países, alarmados por el incremento de las pruebas atómicas y el desarrollo aéreo. Las fuerzas militares de los principales países, poseen gran cantidad de registros fotográficos, fílmicos, de radar y observaciones directas de personal capacitado y responsable sobre ellas; pero aún persisten en ocultar y negar a cualquier costo su existencia, cuando ya debieran haber hecho pública semejante circunstancia. Lo impide la soberbia irracional de la mayoría de los grupos políticos conductores. Todo resulta lento, pero nosotros disponemos de todo el tiempo necesario y así lograremos que cada vez sean más y más los individuos que se asocien para cambiar la conceptualidad de la humanidad. Justamente uno de esos es el doctor Kingston, a quien hemos dejado que descubra este sitio porque conociendo su moral sabemos que contaremos con un colaborador más. Pronto llegará el día en que se derrumbarán estrepitosamente muchas de vuestras falsas concepciones. Los estamos preparando para ello; para el fin de un mundo viejo y viciado y el nacimiento de una nueva era para la humanidad.
Tratando de superar mi asombro y mis dudas, iba a replicar, cuando me di cuenta que llegábamos al final del conducto, entrando al enorme salón de recepción. Olma se adelantó y recorrimos un segmento del gran círculo hacia la izquierda, en donde nos esperaban mis tres compañeros y sus respectivas acompañantes. Los ingleses vestían como yo y ya no provocábamos la atención de nadie, desprovistos de nuestros trajes de vuelo que nos identificaban como recién llegados. Llegados.
Me saludaron entusiastamente; se mostraban eufóricos, contándome al unísono las circunstancias que habían vivido hasta ese momento. Livingstone me habló de la utilización del Láser, en funciones que no comprendí. Georgesen intentó explicarme las extraordinarias propiedades de captación y emisión de los atisbadores incorpóreos. Yo no entendía nada y a todo decía que sí, hasta que Kingston me retiró del grupo y comenzó a conversar a solas conmigo:
- Teniente, nos hallamos en una sociedad increíble, en la que ya habrá podido observar y vivir algunos pormenores.
Sí - le respondí - He vivido la aventura del baño, el almuerzo y el descanso. He conducido por los túneles el estupendo juguete que usan de vehículo urbano.
He podido observar acontecimientos exteriores de cierta gravedad que están ocurriendo en un país vecino y he visto a un ser de otro mundo.
-Yo también los he visto - replicó - y en cuanto a los acontecimientos exteriores; logran la captación de esas imágenes por intermedio de objetos que intrigan a nuestras fuerzas aéreas desde hace años.
Yo había hablado de un ser de otro mundo como si hubiese sido parte de mi rutina diaria y el elegía otro tema para comentar como si ese realmente no tuviera importancia; Me pregunté que estaba pasando con nosotros pero contesté a su tema.
- Las famosas bolas de fuego – dije.
-Y son sólo una muestra de la tecnología que poseen -continuó- Describirla es
Imposible en pocas palabras pero bastarán algunos enunciados para que se asombre y respete como nosotros a esta gente con quienes estamos conviviendo.-
- Ya he comenzado a respetarlos y no precisamente por una cuestión tecnológica - dije
- Le creo - contestó - En el terreno de la medicina, entre otros progresos, han descubierto un elemento mensurable en el plasma sanguíneo que les permite medir la edad "fisiológica" del individuo, desentendiéndose de la edad "cronológica" para todos los aspectos médicos y muy especialmente para controlar el envejecimiento. Cuando registran un determinado grado de vejez en la persona, no la retiran de la actividad, sino que la derivan hacia actividades donde viven mayores acontecimientos psicológicos con menor esfuerzo físico. De ese modo, ante la mayor actividad espiritual y mental, transcurren los días con menor rapidez y
mayor plenitud y como han erradicado de su sociedad espectros como la inseguridad, el temor y la ansiedad, simplemente ajustándose a un programa de bien común del que todos participan, la ancianidad se vive plenamente como la juventud.
Recordé de pronto las horas de vuelo de Olma y pregunté
- ¿Viven más que nosotros? -
- Mucho más y afirman que lo malo no es la vejez sino la enfermedad. Lo notable es que dicen haber logrado la longevidad mediante un adecuado equilibrio alimenticio. Reduciendo las ingestas tóxicas y provocando una constante eliminación de residuos han conseguido reformar el metabolismo de sus cuerpos. Aseguran que la causa de la prolongación de su juventud fisiológica se asienta sobre tres principios: El régimen alimenticio, la ausencia de tensiones en sus sistemas nerviosos y una adecuada gimnasia psicofísica permanente.
Todo el medio invita a mantener un equilibrio entre la razón y las emociones, que como usted sabrá, están íntima e inseparablemente ligadas, como lo está la mente y el cuerpo. Intentar enfrentarlas -algo que nosotros hacemos constantemente-, equivale a la aberración de intentar partir al hombre por la mitad. Ellos buscan el equilibrio del estado neurofisiológico, ya que hay estados que potencian ( Como la confianza, el amor, la seguridad, la alegría, el éxtasis, la fe, la autoestima ) y hay estados que paralizan ( Como la depresión, la confusión, el miedo, la angustia, la tristeza, la frustración, la soledad ) Y nuestra conducta es el resultado del estado en que nos encontramos, así como la de ellos es el resultado del estado en que se encuentran; y este es un estado potencial positivo al que pueden evaluar tanto por el cuerpo y la razón como por la emoción y el espíritu. ¡Cómo no admirarlos!
En cuanto a la moral, no existe entre ellos la lucha eterna de nuestras sociedades; al parecer lo moral e inmoral ha sido reemplazado por lo lógico y lo ilógico o algo parecido que usted comprobará personalmente.
- ¿Como hacen para uniformar la lógica? Ya que en nuestra sociedad también ésta es discutible.
- Esta es una comunidad con una cultura homogénea y una historia común. Se comunica con facilidad porque el conjunto de procesos físicos y psicológicos mediante los cuales se realiza la tarea de comunicación entre las personas es siempre similar. En resumen; los códigos de expresión son entendibles por ambas partes. Las palabras tienden a ser unívocas en el contexto de esta especie de Imperio - Democrático - Tecnológico.
- Defíname esa expresión, Kingston, por favor.
- Bueno, lo llamo imperio porque todos los poderes están en manos de la Regencia. Democrático, porque toda la comunidad aporta su opinión preliminar para la gestación de ese poder y tecnológico porque para recoger esas opiniones se utilizan terminales de computación ubicadas en todas partes, que vuelcan su caudal en la computadora central y de ella, entre otras consideraciones, se vale la Regencia para emitir sus órdenes, que entonces son irrevocables en su ejecución aunque apelables mientras se ejecutan. Conforme con la exposición, asentí con un gesto, dejándolo que prosiguiera:
- La gran computadora - en lo que ha memoria y capacidad operativa se refiere - posee un programa dedicado a la planificación social que archiva los acontecimientos significativos; lo que representa un antecedente histórico. Las opiniones de la comunidad le llegan constantemente a través de las centrales de servicio, con lo cual obtiene la idiosincrasia actual y hace comparaciones generacionales y de los sectores científicos recibe cada nueva comprobación física o psicológica.
Así, sobre la base de los antecedentes, la opinión de la comunidad y el aporte científico, la máquina trabaja emitiendo premisas de orden social, que son las bases de lo que se considera correcto.
Ella aconseja a las mujeres que forman matrimonio, que sean madres a temprana edad, para no distanciarse generacionalmente de sus hijos, pudiendo comprenderlos mejor y aprovechar al máximo el tiempo de los niños desde sus primeros días. Aunque también tienen recursos parea aquellas que no lo son tan jóvenes. Los niños son objeto de un cultivo esmerado en todos los temas sin tabúes; al principio por parte de la madre y luego por los centros de estudio. A partir de allí el consejo para las madres es el de no superponerse a las funciones de los educadores.
Aquí, un jovencito de quince años ha acumulado más conocimientos y vivido más experiencias que un hombre nuestro de veinticinco a treinta; pero también ha debido asumir que la sociedad tiene reglas que no deberá violar sino prepararse a elaborar la tesis que le permita consensuar el cambio de aquello que no le gusta. La indisciplina, la irrespetuosidad y la rebeldía porque sí, aquí son características del delincuente, inaceptables y penadas. Por el contrario, la exposición disciplinada y crítica sobre las normas establecidas, es hasta incentivada. Es una sociedad perfeccionista abierta al cambio, pero casi ritual en aquello que tienen asumido. Lo he podido comprobar en un consejo sobre la práctica gimnástica diaria acorde con la edad fisiológica; Lo cumplen niños, jóvenes, adultos y ancianos como si fuera un rito.
Kingston iba a seguir describiendo las premisas que marcaba la computadora, cuando el grupo se acercó a nosotros y Ramalú se dirigió a él diciendo:
- Profesor, lamento interrumpir su diálogo con el Teniente, pero debemos descender: Los Regentes nos esperan.
Este se interrumpió de inmediato, evidenciando un interés que de algún modo yo también compartía.
Nos introdujimos en el elevador, descendiendo hasta el gran salón. Esta vez no hubo preámbulo de oscuridad ni sorpresas; cuando se abrieron las puertas nos encontramos con el lugar iluminado y todos los miembros de la Regencia a la vista.
Antiza se hallaba cerca de los asientos que ocupáramos anteriormente en evidente actitud de espera. Se adelantó hasta mezclarse con el grupo.
- Bienvenidos, señores. Los aguardábamos. Ocupen los mismos asientos que ocuparan antes, por favor.
Nos ubicamos, tal como ella lo pidiera. Olma, Ramalú, Lahí y Labianí se dirigieron a un sitio detrás del ascensor y sólo podíamos verlas cuando su desplazamiento nos lo permitía. Habíamos intercambiado saludos gestuales con todos los presentes en el momento de llegar y sólo quedaba esperar las palabras de nuestros anfitriones.
Lunigén abrió el diálogo brevemente:
- Amigos, queda establecida nuevamente vuestra relación con Antiza.
No se había apagado aún el sonido de su nombre, cuando Kingston tomó esta vez la palabra antes que ella.
- Señora, en las horas en que he estado entre ustedes, he podido comprobar aspectos tan simples como extraordinarios de vuestra idiosincrasia moral, social y filosófica.
Ahora veo lógico que usted nos considere como a seres salvajes e incivilizados, pues he determinado que quienes convierten a vuestra sociedad en una estructura maravillosa, son los conceptos de equidad, justicia y equilibrio que utilizan para todas las cosas; En nuestra sociedad, ellos se aplican tergiversados según los intereses que priven en el momento. Por eso, voy a solicitarle que nos diga cuál es la razón a su juicio de que nosotros ignoremos la aplicación de aquello que reconocemos justo.
Antiza subió los escalones que la separaban de Lunigén en actitud meditativa. Al llegar junto a él se dio vuelta y contestó repentinamente la pregunta de Kingston:
- A los intereses, profesor, fruto de vuestra ignorancia; a vuestra ignorancia de vosotros mismos, nacida ante todo de la necesidad de vivir.
El viejo se quedó mirándola fijamente un momento y luego dijo:
- Por favor, señora, tenga la bondad de aclararme el significado de sus palabras.
Ella descendió los escalones y ya muy cerca nuestro prosiguió:
- Durante largos períodos fue imperativo para el hombre primitivo, conseguir alimentos y abrigo, luchar contra el medio hostil, las fieras y los otros hombres. Vuestros antecesores no tuvieron ni el sosiego ni la inclinación de estudiarse a si mismos; emplearon su inteligencia en la fabricación de armas y herramientas, la domesticación de los animales útiles y la fabricación de elementos que hiciesen más liviano o más ágil su trabajo.
Mucho antes de interesarse por la constitución de su cuerpo y de su espíritu, meditaron sobre el sol, la luna y las estrellas; la astronomía y la metalúrgica estaban ya muy avanzadas en épocas en que la fisiología era totalmente desconocida. Cada tanto, entre los billones de seres humanos que han habitado la tierra, algunos nacieron dotados de dos facultades: La imaginación y la habilidad de descubrir las relaciones que existen entre ciertos fenómenos. Ellos exploraron el universo físico que, por su constitución, siempre cedió al ataque y entregó el secreto de alguna de sus leyes. Las aplicaciones prácticas de esas leyes
facilitaron la existencia de todos y resultaron lucrativas para aquellos que las desarrollaban. La conquista del mundo material absorbió entonces la atención de los hombres y el mundo orgánico y espiritual cayó en un olvido casi absoluto. Luego, la enfermedad, el dolor, la muerte y las aspiraciones límpidas u oscuras de dominarlas, atrajeron la atención hacia el mundo interior del cuerpo y del espíritu. Pero los estudio de la vida espiritual y la filosofía atrajeron a hombres más eminentes que el de la medicina, quedando ésta relegada a la aplicación práctica de aliviar al enfermo con recetas empíricas. Sólo en épocas recientes el hombre construyó las ciencias denominadas anatomía, química biológica, fisiología y patología, entendiendo que el mejor método para prevenir o curar enfermedades es adquirir una comprensión total del cuerpo sano y del cuerpo enfermo. Pero estas ciencias de
La vida han evolucionado manteniendo una enorme disparidad con las ciencias de la materia inerte. La astronomía y la física, por ejemplo, se basan en conceptos que pueden ser expresados en lenguaje matemático, creando un universo alrededor del cual puede tejerse toda una tela de cálculos e hipótesis, persiguiendo la realidad hasta indecibles abstracciones compuestas únicamente por ecuaciones de símbolos. No sucede lo mismo con las ciencias biológicas; aquellos que estudian las ciencias de la vida se sienten abrumados bajo una masa de hechos que pueden describir pero no definir con ecuaciones algebraicas. Esta imposibilidad de expresarse con abstracciones ha limitado estas ciencias y así, mientras la física y la química han aprendido el secreto de la constitución y propiedades de la materia, logrando el dominio de casi todo lo existente sobre la tierra; la ciencia del individuo humano todavía permanece en estado descriptivo.
El hombre es un conjunto indivisible de gran complejidad, del que no puede obtenerse una representación simple. No existe el método capaz de mostrarlo al mismo tiempo en su totalidad y en su relación con el mundo exterior. Para analizarlo se ven obligados a utilizar distintas ciencias que un solo individuo no puede concentrar. Así, el hombre, tal como lo conocen los especialistas, está muy lejos de ser el hombre concreto. No es sino un esquema compuesto de otros esquemas construidos con las técnicas de cada ciencia. Además, es el "homo Económicus", (descrito así por algunos de vuestros más grandes científicos) que debe consumir incesantemente productos fabricados para que las máquinas - de las que es esclavo - puedan seguir funcionando.
A esta altura de la exposición de Antiza yo me sentía igual que cuando veía que un toro le ganaba al torero en un ruedo. Me salía el ole de adentro al ver la cara de "Cerebro" revelando una mezcla de admiración, susto y desconcierto. Pero el viejo hizo un intento:
- "Pero es también el poeta, el héroe y el santo, señora".
- Justamente - prosiguió Antiza - por eso vuestra idea del hombre varía de acuerdo con vuestros sentimientos y creencias. Un materialista y un espiritualista aceptan fácilmente la misma definición de un cristal determinado, pero difícilmente estén de acuerdo en la definición del ser humano y aunque poseen el tesoro de las observaciones acumuladas por sabios, filósofos, poetas y místicos, a través de los siglos, sólo han comprendido algunos aspectos.
Kingston permaneció callado, con los labios apretados y los ojos ávidos. Entonces me di cuenta de que sus interrupciones sólo eran fruto de su ansiedad y no de su soberbia; y Antiza continuó:
-No perciben al hombre como un conjunto. Saben que está compuesto por partes diversas y que estas partes han sido creadas por sus métodos. Cada uno de vosotros aparece así formado por una procesión de fantasmas en medio de los cuales viaja una realidad desconocida. Aún deben preguntarse cuál es la naturaleza de vuestra duración. Del tiempo fisiológico y el tiempo psicológico, que han marcado algunos de sus hombres más eminentes. Aceptan ser un conjunto de tejidos, órganos, fluidos y conciencia; pero las relaciones entre esta última y el cerebro les son todavía un misterio. Ignoran los factores que determinan el equilibrio nervioso y no tienen idea de cómo podrían ser aumentados el sentido moral, el juicio y la audacia, por ejemplo. No saben cuál es el significado del sentido estético y religioso ni a que forma de energía se deben las comunicaciones telepáticas a las que además ponen en duda.
Sin duda, ciertos factores fisiológicos y mentales determinan la felicidad, pero no saben cuáles son. No pueden otorgar a ningún individuo la aptitud para la dicha. No aciertan con el ambiente más adecuado para el óptimo desarrollo del hombre civilizado, que se les degenera a grandes pasos.
La cantidad de enfermos de la mente excede a la de los enfermos físicos y el deterioro mental es más peligroso para la civilización que las enfermedades infecciosas a las cuales los higienistas y los médicos han consagrado exclusivamente su atención. La debilidad intelectual parece haber aumentado su frecuencia. Digiérase que la sociedad moderna es incapaz de producir gente dotada de imaginación, inteligencia y valor.
Los seres humanos no han crecido tan rápidamente como las instituciones nacidas de sus cerebros. Las deficiencias intelectuales y morales de los jefes políticos y su ignorancia son las causas que ponen en peligro a las naciones y en la mayoría de ellas la forma de gobierno se halla sometida a discusión.
El ambiente con que la ciencia y la tecnología han rodeado al hombre no se ajusta a él, porque ha sido construido al azar, sin respetarle y sin tener en cuenta su verdadero ser. Todo esto ha sido dicho y escrito en vuestra sociedad por hombres eminentes, pero la humanidad insiste en ignorar las voces de estos seres lúcidos que aún piensan y actúan al margen de los intereses económicos.
Esta mala evolución los mantiene en la ignorancia de vosotros mismos. Por eso, la equidad y la justicia son meras palabras sin posibilidad de aplicación; por eso, los hombres se matan en la utópica pretensión de conseguir situaciones ventajosas, consiguiendo en realidad sólo agrandar su caos, su desconcierto y sus dudas. La humanidad construye constantemente, sobre el dolor de los caídos y la impotencia de los débiles; la magna tumba de los supuestamente fuertes.
Antiza concluyó sus palabras: Se merecía un aplauso de pié, como se lo merecía la marcha triunfal de Aída o el Tannhäuser de Wagner, pero Kingston, que se había quedado mirándola en actitud meditativa; de repente preguntó:
- ¿Quienes deberían gobernar en el mundo, señora, y de qué forma?
Ella respondió como hablando consigo misma y enumerando con sus dedos lo que nombraba:
- Ni los políticos, ni los militares, ni los sabios, ni los humanistas, tal cual se los conoce. En realidad se necesitarían hombres nuevos que conjuguen en si mismos las virtudes de cada uno de ellos. Por supuesto; de tener que elegir, elegiría a los últimos.
- ¿Por qué a los humanistas? - insistió Kingston.
- Porque nada en el mundo es más importante que el ser humano; a no ser la naturaleza que le sigue en orden de importancia. Todas las otras ciencias son prescindibles, menos éstas que deberían ser las más avanzadas.
- Señora, usted nos dijo anteriormente que de nuestra situación no somos totalmente culpables y esa afirmación me confunde.
- Comprendo su confusión, doctor; pero aunque es cierto que poco han hecho a través de los siglos por ustedes mismos, (observándolos parecería que sólo han pretendido exterminarse), para comprender racionalmente esa circunstancia debemos retroceder en el tiempo, buscar al hombre más allá de vuestra prehistoria y ustedes no pueden hacerlo.
- ¿Buscar al hombre más allá de nuestra prehistoria? Supongo que se refiere a lo que nosotros llamamos prohombre, al cavernario semi - simio - dijo el viejo entre asombrado y dudoso.
- Yo me refiero al hombre tal cual existe hoy en sus más evolucionados grupos, mejor o peor, en sus aspectos generales, pero con la misma capacidad intelectual.
- ¡Imposible, imposible! - la interrumpió el viejo negando con la cabeza - He recorrido el mundo y si bien se encuentran construcciones y objetos que evidencian una técnica superior a la época de su realización, yo estoy convencido de que son vestigios de razas técnicamente superiores, que nos visitaron temporalmente, como pronto nosotros visitaremos otros mundos.
- ¡Dios guarde al universo! - susurró Antiza, mientras Kingston sin escucharla proseguía:
- Me niego a aceptar la hipótesis de la existencia de una civilización terráquea que haya alcanzado una evolución técnica como la nuestra, desapareciendo luego de la faz de la tierra, sin dejar rastros concluyentes.
Me asombró su afirmación; yo había recibido claras alusiones al origen común de ambos grupos y entendía que él también. Aquello permitía la posibilidad de que los ancestros de esta gente, evolucionada tal vez milenios antes que nosotros; fueran los autores de las obras inexplicables que se encontraban sobre la tierra, retirándose luego a sitios inaccesibles por alguna razón que desconocíamos. Pero Kingston se negaba a aceptarlo. Su razonamiento era lógico; resultaba difícil admitir que ciudades como Nueva York, Londres o París, con sus supercarreteras, sus puertos, sus rascacielos; hubieran desaparecido sin dejar rastros.
Teníamos las muestras de sociedades que serian posteriores, como la Griega y la Romana que dejaron su técnica y su arte diseminados por el mundo."Cerebro" tenía razones para dudar, pero yo, esclavo en mi condición humana, advertí que esperaba con cierto placer que Antiza continuara hablando y demostrara que se equivocaba.
Esta no se hizo esperar demasiado y continuó:
- Como usted sabrá doctor, dos sociedades pueden tener los mismos conocimientos técnicos y sin embargo no ser idénticas, ha veces ni siquiera similares. Una de ellas puede tener ferrocarriles y no aviones, la otra, puede tener aviones y no ferrocarriles ni barcos. Su sociedad tal vez no volaría aún si dos locos hermanos hubieran nacido un siglo más tarde.
El viejo dio su aprobación con un movimiento de cabeza y solo dijo:
- Así es -
- Tendrá que aceptar la existencia y la desaparición total de una civilización técnicamente superior a la vuestra en muchos aspectos, aunque diferente, doctor, y sabrá como ellos llevaron su egoísmo a un abismo donde aún duermen la muerte eterna de sus equívocos. Pero solicito su paciencia, pues debo comenzar desde el principio y éste fue hace tanto tiempo que si pretendiera darle una idea del mismo por ahora sólo contribuiría a confundirlo. Además, utilizaré nombres y medidas familiares a sus costumbres. Tengan todos la bondad de dirigir su atención hacia donde se encuentran sus anfitrionas en este momento.
Giramos las butacas buscando a nuestras amigas, a quienes encontramos junto a una pantalla que terminaba de iluminarse en ese instante. Olma manipulaba una pequeña caja con la que controlaba las imágenes. La detuvo en un enfoque de la tierra vista desde el espacio, que ocupó el cuarto superior izquierdo de la pantalla. Luego, llenó el cuarto inferior con otra imagen que podía ser nuestro sistema solar ya que el tercer planeta titilaba dentro de todo el conjunto. Siguió con el cuarto superior derecho en donde apareció un planeta que se mostraba diez veces más grande que la tierra; para terminar colocando en el espacio que quedaba libre, a otro sistema solar, pero este compuesto de dos soles gemelos y guardando la misma relación de tamaño que había entre los planetas.
En la semipenumbra que se había hecho en el salón, la luz parecía llegar hasta nosotros, como si estuviéramos en el lugar.
- He aquí: - dijo Antiza señalando la sección derecha de la pantalla - el sistema planetario de nuestros padres adoptivos; habitado por seres físicamente tres veces más grandes que nosotros, tecnológicamente tan avanzados que la sola mención de sus particularidades nos atraparía, apartándonos del tema y cuya idiosincrasia intelectual, moral y filosófica aún no estamos en condiciones de comprender plenamente. Ellos son la raza de gigantes que se encuentra presente en vuestras leyendas; son también los primeros "Dioses " de la tierra y allí, entre ellos, comienza a registrarse "Nuestra Historia".
Los cuatro nos mirábamos confundidos; la cara de Kingston revelaba que ni siquiera él estaba preparado para escuchar lo que habíamos oído: Permanecimos en silencio. La pantalla cambió su imagen mostrando otro sistema planetario, en donde se destacaba a primera vista, un sol envejecido que apenas alcanzaba a iluminar a los planetas de sus órbitas interiores. Entonces, Antiza prosiguió:
- Y aquí... Los mundos donde habitaban nuestros ancestros, un sistema moribundo que ya no existe y que vuestros astrónomos jamás pudieron descubrir, porque el último fulgor de su sol llegó a la tierra mucho antes de que ellos nacieran.
Fueron rescatados de allí, por la generosidad sin límites de la raza gigante; eran los integrantes de tres grupos humanos que ante la inminente desaparición de sus mundos, estaban condenados a morir irremediablemente. Estos grupos se distinguían entre sí por algunas características físicas como la altura y la conformación craneana, pero sobre todo por la pigmentación de su piel que era negra, amarilla o blanca, según habitasen los planetas de órbitas interiores, medias o exteriores, en ese orden.
Kingston se levantó de su silla, pasándose ambas manos por los cabellos en gesto nervioso y dijo:
- Señora, me está usted diciendo que los tres grupos humanos más importantes de la tierra no pertenecen a la misma; que han sido traídos de un lejano sistema moribundo y depositados en ella. Esto podría explicar, en principio, la ausencia del eslabón humano que buscan nuestros antropólogos, pero es tan difícil de creer que necesito una prueba concreta, si es que la tiene, por favor.
- Tendrá esas pruebas, doctor, tendrá esas pruebas; sólo tiene que mantener la calma y concentrar su atención en la pantalla, pues a través de sus imágenes se convencerá de la veracidad de mis palabras.
De inmediato visualizamos un planeta, desde considerable altura o distancia. Mientras las imágenes se suplantaban unas a otras, acercándonos gradualmente a él, tuve curiosidad por saber de qué forma comunicaba Antiza a nuestras amigas su deseo de colocar en la pantalla una imagen determinada. Abandoné mi curiosidad ante la vista de un paisaje de suelo ondulado, con arroyos y vegetación de características extrañas. Se veían plantas que eran como juncos espiralados, con frutos, y arbustos cuyas flores, de grandes corolas, eran mayores que las plantas mismas. Había árboles de ramas casi horizontales de las cuales pendían tallos con hojas redondas y multicolores. El suelo estaba cubierto por hojas enrolladas en forma de conos que parecían hortalizas y que en ciertos sitios, muy crecidas y amontonadas, formaban densos matorrales. El agua, aunque transparente, tenía un tinte rojizo y junto al arroyo por donde corría, se elevaban pequeñas chozas piramidales formando grupos alrededor de una mayor. Dedicados a labores aparentemente agrícolas, se veían individuos humanos de ambos sexos, de piel negra, y cabellos oscuros, delgados y altos, quienes vestían cortas túnicas de grueso y prolijo tejido. Las actitudes eran apacibles, cordiales y comunitarias. Los niños, desnudos los más pequeños, correteaban por el lugar, atendidos con cariño por todos los mayores en general. El ambiente mostraba limpieza y orden. Todos los integrantes se veían saludables. No se observaban armas. A pesar de no existir señales de tecnología, la comunidad que veíamos no podía considerarse salvaje.
Cuando se detuvieron las imágenes, el viejo interpeló a Antiza:
- ¿Debemos considerar que estos individuos son los ancestros de nuestros aborígenes negros, o sólo de algún grupo, señora? -
- De todos, menos los Bosquimanos, los Australoides y ciertos indígenas americanos cuyos orígenes se producen en la tierra o son causa de mutaciones posteriores.
- ¿ Debo entender que nuestra raza negra ha involucionado a través del tiempo, pasando de una comunidad agrícola pacífica y organizada, al estado belicoso y salvaje, que encontramos los blancos, en las tribus africanas ? - insistió Kingston.
- Así es, aunque existen muchas alternativas que usted aún no conoce; además, eso del estado "belicoso y salvaje" ¿no siempre fue cierto en África; no, doctor?
"Cerebro" calló, dedicando su atención a las nuevas imágenes que nos ofrecía la pantalla.
El segundo planeta, visto desde cierta distancia, presentaba un aspecto muy particular: Se veían muchísimos destellos a través de su atmósfera, como si se movieran multitudes de espejos sobre su superficie. Cuando visualizamos el terreno, pudimos comprobar la causa de ese fenómeno. El suelo estaba formado por rocas laminares, como nuestra piedra mica, de una gran reflectividad y múltiples aristas. Fuertes vientos arrastraban una arenisca negra, que ha veces se depositaba en las cavidades angulares y otras se retiraba impulsada por las constantes ráfagas. Ello originaba que los rayos solares cambiaran constantemente sus reflejos, cruzando el espacio desde todas las direcciones posibles. La vegetación se concentraba únicamente alrededor de unos lagos, productos de vertientes, que aparecían regularmente entre la torturante superficie de piedra. En las depresiones donde se juntaba el agua había pequeñas playas de oscura arena donde se advertían algunas variedades de arbustos y plantas entre las que se destacaban unas enormes y parecidas a repollos con un núcleo esponjoso oscuro. Estos lugares daban la misma imagen que los oasis del Sahara; vergeles en medio del infierno. Los habitantes tenían la piel pardo-amarilla, los ojos oblicuos y de largas pestañas, los que mantenían casi cerrados cuando se movilizaban entre las piedras; no usaban cabellera y vestían prendas mínimas que al parecer eran todas iguales aunque colocadas de distinta manera. Eran de conformación física atlética y manifestaban gran vitalidad; los niños se encontraban apartados de los mayores y tratados con férrea disciplina.
Durante varias imágenes traté infructuosamente de averiguar adonde se encontraban sus viviendas ya que no había cabañas ni cuevas, hasta que observando a uno de ellos trabajando cerca de uno de los grandes repollos, lo vi. abandonar su trabajo e introducirse en él un momento después. Era la única posibilidad que la naturaleza les había otorgado en ese mundo de reflejos torturantes; y la habían aprovechado: "Vivían adentro de plantas vivas que acondicionaban a su voluntad". Y hasta aprovechaban el producto de la poda, fabricando el revestimiento de unas ágiles canoas, con la fibra esponjosa que extraían del interior y las grandes hojas exteriores que iban envejeciendo.
- La posterior magnificencia de los palacios asiáticos tal vez fuera una venganza subconsciente - comentó Kingston en un tono distendido.
Y mientras terminaba su comentario pasábamos a observar la espesa bruma que cubría la superficie del tercer planeta, debajo de la cual había un suelo montañoso y helado, con la vegetación abundante en este caso, pero exponiendo su lucha contra el clima, junto a lagos cubiertos de hielo y sombras apenas combatidas por los rayos del sol, en sus mejores horas.
Individuos de piel blanca, cabellos rubios, barbados, vestidos con largos sayales de grueso tejido y amplios capuchones cubriendo sus cabezas, deambulaban recorriendo sectores que los llevaban desde las enormes cuevas donde vivían hasta los lagos y bosques helados donde conseguían su alimento. Por primera vez vimos armas; lanzas, arcos y flechas que utilizaban para la caza.
Adentro de las cuevas, cada grupo familiar tenía su habitación excavada en las paredes de la montaña; en el medio de los grandes espacios vacíos ardían fuegos que eran alimentados por los ancianos y los niños, quienes, muy numerosos, se movían con evidente independencia.
- ¡De modo que estos son los abuelos de la humanidad! - dijo Kingston, apenas se apagó la luz de la pantalla.
- Así es, doctor - contestó Antiza - Lamentablemente solo ha visto imágenes escogidas por mí, del archivo de nuestros maestros; espero que le sean suficientes.
- Lo son, señora. Asombrosamente suficientes; si no fuera por la capacidad científica adquirida en mis años, hubiera pensado en un fraude, pero estoy convencido de la veracidad de las imágenes que he visto. Aún me resulta difícil pensar que no pertenecemos a este mundo, que hemos sido sembrados en él y que nuestra teoría de la evolución del hombre se derrumba estrepitosamente. Por eso quiero que siga adelante, que me diga cómo sucedió todo, por increíble que sea y que me aclare la más importante de las dudas: si el hombre no es la evolución de un primate y no nació en la tierra: ¿Donde nació el primer hombre y cómo?
-Conociendo su temperamento doctor, sé que concentrará su atención en todos los detalles que lo ayuden a dilucidar esa duda, mas como yo tengo especial interés en que su atención este centrada en la esencia general del relato, voy a aclararle eso en primer lugar.
En principio debo aclararle que la teoría de la evolución no queda invalidada por lo que ha visto, pues en la tierra y sobre todo con respecto al hombre, ella ha sido alterada por acontecimientos que usted aún no conoce. De no haber sido así, en este planeta el individuo humano aún no habría superado la etapa de cazador-recolector primitivo. Además justamente no debemos hablar del hombre sino del humano. Los seres de conformación humanoide son solamente un grupo determinado dentro de las miles de criaturas que pueblan el universo. Tantas son ellas, que muchas de las especies de la tierra, desde los insectos a los mamíferos podrían obtener su representación en el mismo.
¿Donde nació el primer humano?, Es imposible saberlo. ¿Cómo nació ?, Como nacieron todas las criaturas humanoides, incluidos nuestros ancestros y las razas primitivas que se encontraban en la tierra.
A esta altura, la cara de Kingston era una máscara de ansiedad imposible de confundir. Ella, conciente de lo que provocaba, se apresuró a proseguir.
-Vuestros científicos hablan de nubes, gases y polvo, no muy bien definidos, que debido a la atracción molecular se concentran formando masas compactas que posteriormente dan lugar a la estructura física de la tierra. Luego, acontecidos una serie de fenómenos naturales y sobre un ambiente pantanoso, húmedo y cambiante, comienza a manifestarse la vida, a partir de simplísimas formas inorgánicas, que más tarde son peces, anfibios y reptiles, hasta el momento en que por vía evolutiva surgen los primates, que darán lugar a la aparición de los grandes monos y del hombre, por vía paralela, aunque distinta, a partir de un origen común. ¿No es así, doctor? - concluyó Antiza.
Me preguntaba como había conseguido respirar mientras hablaba, cuando Kingston contestó:
- Así es, señora; La hipótesis evolutiva es ampliamente conocida por los hombres en todo el mundo, con algunas variantes según el grupo científico que la informa, pero siempre genéricamente dentro de su exposición.
- Pues bien, doctor, todos los seres de características humanas del universo, nacen por primera vez en un planeta, de una "célula embriónica"; una especie de huevo natural que surge a partir de la agrupación por parte de la naturaleza, de ciertos componentes químicos claves necesarios para su nacimiento.
Estos primeros entes son asexuados y viven mucho tiempo, el suficiente para convertirse en mamíferos placentarios sexuados, a través de una larga evolución de donde no están exentas situaciones que serian para ustedes totalmente asombrosas, como el hecho de que los mismos atraviesen un período marsupial.
- ¡No puedo imaginar al hombre emparentado con el canguro! dijo Livingstone a Georgesen.
- ¿Por qué no? - intercedió Kingston evidentemente fastidiado por la interrupción - ¿acaso no lo hemos imaginado emparentado con el simio durante siglos? - prosiga señora, por favor.
-Bien, doctor; eso es todo. Los seres humanoides y algunos otros, en su primera manifestación de vida sobre un planeta; nacen de un huevo, producto de la combinación de ciertos elementos, en obra sin igual de la Creación Universal: Un huevo que se halla siempre fijado al suelo, por ramificaciones que lo alimentan como a una planta, hasta que el embrión, ya desarrollado sale de él por sus propios medios, en busca de la evolución que potencialmente le permitirán los genes que le ha designado la naturaleza.
- Comprendo - acotó Kingston - ¿Cómo deberíamos considerar entonces a los animales que aún se reproducen en forma permanente por huevos?
- ¡Buena pregunta! - exclamó Antiza, tomándose cierto tiempo para preparar la respuesta:
- Debe considerarlos como seres que aún permanecen en una etapa primaria de desarrollo, como casos de "neotenia" en el proceso de evolución de las especies, en el universo. Un período que la naturaleza le permite superar al humano, ha partir de su primera aparición en un planeta. Es más, ya lo comprenderá mejor cuando le muestre imágenes de "insectos" que han superado ese nivel, se reproducen de otra forma y poseen una inteligencia sino idéntica, similar a la humana., habiendo logrado estructurar una civilización técnicamente superior.
¡Insectos inteligentes y con una civilización superior a la humana! - exclamó el viejo con un tono de pregunta y asombro.
- Así es, doctor. El universo guarda circunstancias increíbles, algunas de las cuales sólo podemos aceptar, viviéndolas. Pero lo invito a dejar el tema para continuar con el relato anterior, ya que creo haber satisfecho su curiosidad con respecto al nacimiento del primer hombre.
- De acuerdo, señora. Solamente le pido que más adelante me muestre usted los
Testimonios que posea sobre el nacimiento de un humano asexuado. Es tan extraordinario, que necesito verlo.
- Poseemos testimonios fílmicos de mundos donde la vida humana se encuentra en sus primeras manifestaciones y podrá usted ver seres que en algunos aspectos se muestran inferiores a los simios, sólo que en sus genes guardan latentes las facultades maravillosas que les permitirán cambiar. También verá otros en donde apreciará algunos niveles de máxima evolución humanoide. Retomemos ahora el relato de nuestra historia, doctor, volviendo al tema de nuestros ancestros.
La pantalla se encendió, mostrando nuevamente el sistema planetario moribundo. El sol se apagaba inexorablemente. La muerte se sentaba a la mesa, preparando su plato.
Entonces vimos lo increíble, algo que jamás hubiéramos imaginado: Los hombres gigantes llegaron al sistema y comenzaron a armar en el espacio una estructura a su medida; los paneles metálicos que transportaban podían cubrir fácilmente la superficie de muchos de nuestros países más pequeños. Los fueron ensamblando en el espacio, como quien arma un sencillo rompecabezas. Sus grandes naves traían a remolque desde su enorme planeta los elementos necesarios. Imposible describir lo que vimos: Sus vehículos, sus herramientas, sus métodos. Únicamente quedó grabado en nuestras retinas, esa fantástica sucesión de movimientos, sonidos y fulgores, desde los que fue surgiendo una inmensa esfera que se trasladaba alrededor de uno de los astros moribundos, como si el universo les hubiese dado un hijo para acompañarlos en su agonía
Finalmente, concluida la estructura; fueron introduciendo por una abertura en su polo superior una multitud de elementos. Después, comenzaron por imponer a la esfera un movimiento de rotación sobre un eje imaginario, creando en su interior y exterior una gravedad determinada. Luego, trajeron hacia el lugar enormes asteroides que disgregaron con explosiones, fijando los fragmentos en su casco exterior e interior.
Así, se fue recubriendo la esfera de una capa mineral, que la convertía a simple vista en un satélite natural, como los tantos astros y asteroides de superficie muerta que pueblan el universo. Por adentro, en el centro mismo del eje de giro del satélite hueco, colocaron, (sostenido tal vez por la propia combinación de fuerzas gravitatorias) un aparato esférico, de probables componentes atómicos, que encendieron o hicieron detonar, dotando al espacio interior de la luz y el calor necesarios.
Siguieron luego, trabajando afanosamente en su interior. Hicieron inmensas excavaciones en los planetas del sistema, trasladando componentes de suelo; plantas, árboles, rocas, algunas vidas animales, cultivos y agua. Sembraron, regaron, plantaron, fabricaron y al fin, cuando ya se estaba terminando el tiempo; la tarea ciclópea concluyó. El astro artificial hueco; la inmensa e increíble nave espacial que transportaría en su interior la vida humana de tres mundos, ¡ estaba lista !.

Continua en: Capitulo 6