martes, 21 de julio de 2009

Capitulo 4 - Tiempo Para El Asombro.


Pedro Lapido Estran
El Arca de las Nieves Eternas
Capitulo 4 - Tiempo Para El Asombro


Olma, poniendo una mano sobre uno de mis hombros, terminó de rescatarme; la seguí de regreso hasta el elevador sin pronunciar palabra. Salimos en el próximo piso y ella, riendo alegremente dijo:
- Ahora teniente, voy a transformarlo estéticamente en uno de nosotros.
A escasa distancia del cuerpo del elevador, en todo su perímetro, se levantaba una pared que convertía el sitio donde nos hallábamos en un corredor circular. Ella abrió una puerta encargándose de que advirtiera cómo lo hacía.
Entramos al recinto y su forma me ubicó sobre la geometría general del piso; Aparentemente un círculo dividido como cortes de una pizza, a partir del corredor.
Debía ahora precisar la utilidad específica del cuarto. Ella se adelantó:
- Esto representa aquí lo que en su sociedad se llama cuarto de baño.
No había en él nada que pudiera advertírmelo, salvo una desodorante fragancia en el ambiente que recién percibía. Más bien parecía un cuarto vacío.
Abrió una puerta lateral y continuó:
- Aquí tenemos los elementos necesarios para satisfacer la parte fisiológica de nuestro cuerpo.
Me asomé y supe que allí mismo comenzaban mis mayores problemas. En él, entre otras cosas, había una silla con respaldo, laterales y aberturas en los sitios precisos.
- Totalmente automático, Teniente. Evacua su cuerpo, se higieniza y se seca con sólo sentarse y utilizar el pulsador que se halla en él apoya brazo derecho.
Mi turbación iba en aumento, mientras ella parecía no advertirlo. Regresamos al primer cuarto; ambos tenían una característica en común: La higiene evidenciada en el piso, techo y paredes, así como en el artefacto que me mostrara. El material que los componía brillaba en forma uniforme desde los espacios centrales a los últimos rincones; Y era un sólido que me confundía, pareciéndome acrílico, plástico o vidrio, alternativamente.
Olma prosiguió con su docencia:
- Voy a indicarle cómo higienizarse, Teniente; dadas las diferencias entre sus instalaciones y las nuestras, para aprender deberá usted imitarme.
¿Pero que está diciendo? Me pregunté; mientras ella oprimía un pulsador en la pared y ésta se abría bajando una sección que formaba un estante de regulares dimensiones. Se quedó mirándome hasta que reaccioné y busqué en la pared de mi lado el mismo dispositivo. Cuando tuve mi estante, dijo:
- Bien, ¡imíteme!
Se despojó de su cinturón y lo colocó sobre el estante; se quitó el arco que sostenía la esfera perforada delante de su boca y luego tomó la parte superior de su traje, la desprendió de la inferior y con un suave movimiento la deslizó por sobre su cabeza.
Yo la miraba confundido, inmóvil y en silencio. Ella me observaba interrogante, parada a tres metros de mí, con el torso desnudo en donde lucía dos pechos redondos y abundantes. Me habló de un modo imperativo, en una lengua extraña para mí. Como permanecí mirándola y no pronuncié una palabra ni me moví, mientras hacía desesperados esfuerzos por apartar mis ojos de su figura; se colocó nuevamente la esfera y dijo:
- Teniente, ¡imíteme!
- ¿No pretenderá que me desvista? - dije.
- ¿No pretenderá bañarse vestido? - me contestó riéndose.
- ¿Bañarme? - pregunté sorprendido y seguí inmóvil.
-Discúlpeme, olvidé que en su sociedad, habitualmente tan corrompida, se dan paradójicamente estas cosas. Aquí, entre nuestra gente, los cuerpos no son tabú en ninguna circunstancia. Se los cuida, se los alimenta y se los utiliza, obedeciendo las leyes naturales.
¿Me comprende?
- Sí, creo que sí - respondí, no muy convencido
- Entonces, ¡adelante! - y volvió a desprenderse de la esfera sin mirarme.
Intenté ignorar su presencia y comencé por abrir el cierre de mis botas de vuelo; cuando me incliné para sacarme las medias, volví la vista hacia ella, que en ese instante terminaba de quitarse su medio traje inferior. Quedó entonces totalmente desnuda y a mí me aterró la idea de que se dedicara a mirarme.
Me apresuré a despojarme de la ropa y justo cuando terminaba de depositar mi antiestética camiseta interior sobre el estante, ella se dirigió a mí y por un momento quedamos mirándonos. Creí saber de pronto cómo se siente un gorila en su jaula, cuando lo miran.
Su cuerpo era blanco, delgado y sin vello. Las piernas eran largas y elásticas, las caderas llenas y la cintura breve. Los latidos de mi corazón se aceleraron, sentí calor y terror de que la reacción a la imagen que veía se manifestara en algún lugar específico de mi cuerpo.
Estaba parada enfrente de mí, observándome sonriente y con total desparpajo sin obviar ninguna parte, algunas de las cuales yo no sabía como ocultar ya que no me atrevía a mover las manos. No quise imaginar que clase de animal le parecería mi robusto y velludo cuerpo comparado con el de ella.
Hizo un gesto y me invitó a imitarla; avanzó hacia un sitio de la habitación, parándose sobre una depresión circular demarcada en el piso con un borde más claro. En un costado adentro del círculo, había un agujero enrejado; en el otro, un pulsador. Se paró adentro de él, mirando hacia la puerta. Yo la imité utilizando otro círculo idéntico ubicado a corta distancia. El piso transmitía una tibieza uniforme.
Presionó el pulsador con él pié y yo hice lo mismo. Silenciosamente el borde claro empezó a elevarse y ante mi asombro, los dos quedamos metidos adentro de unos tubos cilíndricos que parecían ser de vidrio, pero al golpear el mío con el anillo cambié de parecer. Al alcance de las manos había un teclado y en el interior de la pared se divisaba el recorrido de cañerías, debido a su transparencia. Observé a Olma, pulsé una tecla y el tubo comenzó a llenarse de agua tibia, rápidamente. Cuando pasó el nivel de mi cintura, solicité otra vez su ayuda y aprendí a detenerla. Así, una y otra vez, cambiando la temperatura, variando el nivel del agua, haciéndola más o menos jabonosa, incluyéndole o quitándole sales.
Ella había llenado el tubo hasta la altura de su cuello y se complacía en dejarse caer, sumergiendo su cuerpo hasta quedar flexionada en el fondo, para luego levantarse refregándose con una mezcla de alegría y voluptuosidad. Un cúmulo de sensaciones se combinaba en mi cuerpo: Erotismo, ansiedad, desconcierto.
Terminado el baño, retiramos el agua y el proceso de secado resultó sumamente práctico; De distintos orificios surgían corrientes de aire cálido o caliente que uno podía graduar a voluntad. Olma le dio considerable presión a las salidas de aire superiores y sacudió sus cabellos hasta dejarlos completamente secos; La imité comprobando como el aire caliente eliminaba totalmente la humedad del cilindro. Abandonamos los tubos de baño al mismo tiempo.
Ella se movía por el recinto como una sílfide, desnuda y sin mayores dramas. Yo seguramente parecería un gorila estúpido tratando de caminar ocultando lo inocultable. Vi que se sonreía traviesa mente mientras extraía de otro receptáculo un nuevo traje amarillo para ella y uno negro para mí. Su tamaño no excedía las dimensiones de un traje infantil. El material, de una gran tersura y brillo por fuera, presentaba una superficie afelpada en el interior de la prenda. Tomé los pequeños pantalones, con la convicción de que no podría calzármelos, pero sin embargo, al hacer fuerza sobre ellos, cedieron fácilmente y fueron estirándose hasta amoldarse a mi cuerpo. Me coloqué luego las botas, del mismo material que el pantalón, pero con la suela más dura.
Cubrí mi torso con la casaca, introduciendo unos contactos que tenía en su parte inferior adentro de otros que había en la cintura del pantalón; quedando así las dos piezas perfectamente ligadas, al parecer por un efecto magnético. Justo en la línea de unión, Olma me colocó un cinto con la pequeña caja rectangular al frente. Quedaba entonces, de cabeza hasta los pies, completamente cubierto con tres piezas de vestir y un cinto tan ligeros como si no tuviera puesto nada, pese a que cubrían mi cuerpo herméticamente y lo aprisionaban mejor aún. Entonces me entregó un conjunto de tres esferas perforadas, ayudándome a colocarlas en mi cabeza.
- Debe cuidar que las esferas pequeñas queden colocadas sobre sus oídos, y la más grande ubíquela sobre su boca cuando hable - indicó - Con esto logrará entenderse con nuestra gente.
Manipuló algo en la pared y un panel se deslizó dejando al descubierto un espejo. Me observé en él, mientras ella me indicaba que no tocara la caja del cinturón antes de recibir sus instrucciones; Con ella regularía la temperatura y presión de mi traje si fuera necesario.
- Teniente - dijo suspirando -; al menos estéticamente, se incorpora usted en este instante a nuestra sociedad.
- No estoy totalmente convencido de eso - contesté – acomodando frente a mis labios el artefacto indicado. -¿Puede explicarme el funcionamiento de estas esferas?
- No muy exactamente - respondió; - No es mi especialidad, pero... sucede que las ondas sonoras emitidas por las cuerdas vocales, al pasar a través de ellas, se transforman adoptando una frecuencia especial que no es percibida por el oído, pero sí es captada por una zona cerebral, que recepciona esas vibraciones como si fuera un mensaje en Morse y las interpreta cualquiera sea la terminología gramatical archivada en las células del individuo.
-¡Sencillamente fantástico! - exclamé -. Por eso Livingstone escuchaba un inglés de Liverpool y yo el español de mi país.
- Así es Teniente. La zona cerebral de la cual hablo no es estimulada entre ustedes; pertenece a la parte inactiva del cerebro según vuestra ciencia. Entre nosotros hay individuos que pueden entender casi cualquier lengua sin la ayuda de las esferas. Es posible que entre ustedes sea activada, cuando acrecienten sus trabajos con ultrasonidos y meditación proyectada.
- Ultrasonidos y Meditación proyectada – murmure como leyendo chino -, pero igual pregunté:
-¿y qué pasa con un analfabeto, por ejemplo?
-Hay dificultades, pero no las que piensa usted tal vez; Ya que esto va más allá de la preparación intelectual de un ente determinado y de la misma genética. Al menos que hablemos ya, de genes trans-energéticos.
Yo seguía leyendo chino, pero ella continuó, logrando concluir el tema.
- Es algo parecido a lo que ustedes llaman telepatía. Aunque no estamos seguros de que sea bueno que obtengan ese dominio. Pero dejemos eso - me interrumpió - ya se lo explicarán en detalle personas más adecuadas que yo. Vayamos a reunirnos con mis padres; pretendo que usted almuerce y descanse, pues esta noche serán recibidos otra vez por el consejo.
La seguí, saliendo del cuarto. Al mirar hacia el sitio que abandonaba no pude evitar una sonrisa. Imaginaba a mis tres amigos Ingleses (sobre todo al viejo Kingston con la robusta Ramalú), pasando por el trance que terminaba de superar yo.
Descendimos un piso. Ella me examinaba atentamente en el elevador y yo pensaba en los instantes antes, cuando la había visto en la plenitud de su hermosura física; algo que ella parecía no tener en cuenta.
Al llegar al lugar donde dejáramos a los mayores, lo primero que atrajo mi atención fue un bullicio de palabras y sonidos entendibles y luego la esfera celeste que brillaba intensamente y donde se apreciaban imágenes en movimiento que parecían familiares para mí.
- Por aquí, Teniente - dijo Attóm - estamos observando sucesos que ocurren en el exterior y que a usted le interesarán seguramente.
Me ofreció asiento a su lado y yo fijé mis ojos en la esfera, donde se veía una de nuestras ciudades. Por sus calles se desplazaban efectivos militares y en algunos sitios se elevaban densas columnas de humo. Era evidente que se estaban desarrollando violentos acontecimientos.
- ¿Qué sucede, donde es eso? - pregunté.
- Muy cerca de aquí - contestó Attóm - detrás de la cordillera.
Concentré mi atención hasta darme cuenta que la ciudad era Santiago de Chile.
- De modo que la caldera explotó al fin – dije al descuido.
- Así es - respondió - la desigualdad social y la indisciplina vuelven a cobrar víctimas en vuestra agitada sociedad.
En ese momento una escuadrilla de reactores pasaba a vuelo rasante sobre la ciudad; me alegré de no estar en el avión de Kingston, sobrevolando la frontera.
Las imágenes se sucedían con tanta claridad que pregunté:
- ¿Qué aparato es éste?
- Véalo como un televisor, construido con una técnica adelantada a la de ustedes, lo que otorga la diferencia, pero los principios son parecidos. Imagine un tubo de rayos catódicos esférico, que nos brinda una imagen con espacio y volumen, otorgándonos la sensación de estar situados en el mismo lugar de los hechos.
- Es justamente lo que no puedo imaginarme, señor - contesté.
- No es exactamente como los vuestros; este posee un elemento líquido en su interior y otros componentes particulares de nuestra tecnología. Yo lo definí de esa manera para que usted pueda relacionarlo con un objeto familiar.
- Pero, dígame Attóm: ¿que ha pasado en realidad allí?
- Las fuerzas militares han derrocado al gobierno y acaba de morir el presidente.
La respuesta me asombró y seguí preguntando:
- ¿Cómo logran ustedes esta información al instante; Tienen acaso representantes suyos en el lugar?
- ¡No!, nuestra gente sólo se traslada al exterior cuando es estrictamente necesario y generalmente no entra en contacto con ustedes salvo que se esté cumpliendo una misión muy específica.
- Entonces - insistí - ¿cómo consiguen estas imágenes?
- Nuestros atisbadores incorpóreos las captan en cualquier sitio del planeta.
- Pero...
Attóm se adelantó a mi pregunta:
- Los llamamos así porque pueden observar todo lo que deseemos, sin que ustedes logren ver más que luces extrañas; no estoy en condiciones de darle información técnica al respecto, sólo decirle que los pilotos ingleses y norteamericanos de vuestra última guerra mundial, los denominaron Fire Fighters o cazas de fuego en su idioma, entre otros muchos nombres utilizados por las distintas fuerzas.
- ¡Las luces que los Aliados y los Alemanes tomaron mutuamente por un arma secreta del enemigo!
- Así es.
- Pero esas luces que aún siguen siendo un misterio en el aire, no son tan incorpóreas, Attóm. Se le han registrado espectros de 5.200 ángstrom, o sea el correspondiente al cobre incandescente; lo que insinúa una estructura metálica y se les han registrado velocidades de 65.OOO Km. por hora.
-¡Calma, Teniente, calma! Todas las incógnitas le serán develadas; no conjeture ahora, pues sólo se confundiría. Acompáñeme a almorzar, será lo mejor.
Con un gesto de su mano derecha me invitó a levantarme, mientras con la otra mano apuntó un objeto hacia la esfera y esta se apagó.
Lo seguí hasta el elevador y ascendimos, deteniéndonos en un piso que no conocía. Era éste un ambiente también circular, que volvió a ocurrírseme una pizza, esta vez cortada en cuatro partes enfrentadas, dos cerradas y dos abiertas.
Lo seguí, a uno de los ambientes abiertos y me senté frente a una mesa, también circular, que poseía una cavidad en semicírculo en el sitio correspondiente a cada comensal.
Quedé así prácticamente insertado en ella, ya que podía apoyar cómodamente mis antebrazos hasta los codos, manteniendo las manos al frente. Era igual a la que me llamara la atención en el piso donde estaba la esfera televisora.
- Attóm - pregunté - ¿puede decirme por qué en esta ciudad predominan las construcciones esféricas y circulares?
- Porque nuestros urbanistas se ajustan a la geometría esferoidal, que dictan nuestros científicos, como la más conveniente.
- ¿Quiere decir entonces, que las formas se ajustan a un patrón fijo? - insistí.
- Así es, Teniente.
- Pero... ¿qué sucede cuando alguien quiere tener una casa con otras formas, por ejemplo?
- Es que eso no ocurre aquí, porque no tiene sentido tratar de imponer un gusto personal al análisis científico de los equipos técnicos que trabajan para el bien de la comunidad. Además, si alguien que no pertenezca a esos grupos, elabora una teoría estructural con fundamentos; tiene la posibilidad de que la misma sea considerada, por los técnicos y por la sociedad. No sólo eso; todos los habitantes de la Colonia pueden manifestar sus opiniones, aunque generalmente confiamos en nuestros técnicos de áreas. Es parte de nuestra educación social no interferir en las decisiones de los especialistas salvo que un error lo amerite.
Se quedó mirándome sonriente, mientras hacía jugar su globo asiento, permaneciendo con los dedos cruzados a la altura de la boca. Empecé a decir algo:
- Entre nosotros cada vez que se uniforma algo...
- Entre ustedes – interrumpió- existe la aceptación espontánea de la uniformidad. Piense en el hincha de fútbol que viste la misma camiseta que otros sin que nadie lo obligue y aún teniéndola que pagar; él lo hace por un tipo de pasión no muy entendida por nosotros, pero en este caso sirve de ejemplo: Nosotros tenemos pasión por la decisión de nuestros expertos.
Dejé inconclusa la crítica sobre la uniformidad que por supuesto se basaba en un ejemplo totalmente diferente al que él me dio, desarticulándola.
La hermosa Olma apareció en el recinto, seguida por su madre y portando ambas una bandeja humeante. Las dejaron sobre la mesa y regresaron con dos recipientes llenos de líquido y otros elementos. Mientras lo hacían; madre e hija conversaban animadamente.
Amalík colocó un pequeño mantel sobre la mesa delante de mí, luego puso arriba una cazuela que contenía una bola humeante de unos diez centímetros de diámetro. (Vaya albóndiga, me dije)
Como cubiertos me entregaron una doble cuchara, parecida a una pinza para cubitos; delgada, liviana y brillante. El mantel y la servilleta parecían de papel, la cazuela, como la gran mayoría de las cosas eran del, material que yo no lograba definir.
- Teniente; al quitarse las esferas para comer, no podrá entenderse con nosotras - explicó Olma - sólo podrá hablar con mi padre, quien habla y comprende correctamente su lengua.
Asentí con la cabeza, reparando entonces que el Padre había estado todo el tiempo sin esfera cuando nos conocimos y yo aún no tenía las mías.
Olma se sentó a mi lado y Amalík al lado de Attóm. Tomé la pinza, como lo hicieron ellos y me llevé un bocado a la boca, paladeándolo con suma prudencia. Me resultó exquisito y bien condimentado.
- Señor, ¿qué es esto? - pregunté.
- Es un concentrado vegetal, animal y mineral, que contiene todos los elementos necesarios para la buena nutrición de un hombre de su peso y edad. Elegimos éste, para observar cómo responde su organismo al equilibrio alimenticio; luego, si fuera preciso lo verán nuestros especialistas y fijaran su dieta. Estos bolos se elaboran en distintas especialidades; con preponderancia proteica, de lípidos, hidratos o vitaminas, según sea conveniente. Cuando alguien debe alimentarse con una dieta especial, todo lo que tiene que hacer es combinar los distintos tipos que existen en la proporción y forma indicada por su control médico. Son envasados por nuestros hombres del área alimenticia, en recipientes herméticos y condiciones de asepsia total, donde perduran casi indefinidamente; su composición se ajusta a las indicaciones de nuestros científicos y sufre variaciones de acuerdo a las disposiciones del centro médico. Lo que se procura es que el organismo disponga en sus reservas, de todos los elementos para su nutrición y elaboración de defensas contra eventuales enfermedades; nada mejor que él mismo, para solucionar sus problemas.
Attóm respondía así ampliamente a mi pregunta, pero yo sin saber muy bien por qué, hice un planteo insolente:
- ¡Otro patrón fijo de su sociedad! , ¿Da resultado señor?
Mi elegante interlocutor respondió:
- Creemos que sí, Teniente. Al menos hemos conseguido erradicar definitivamente problemas de coronarias, cirrosis, varices, colon, recto y otros como el colesterol.
Había dicho "definitivamente" y se había logrado sólo a través de una disciplina alimenticia. Yo mientras tanto ni siquiera sabía que era el "colesterol”. Me apresuré a trabar mi boca con otro bocado.
- Comprendo su reacción ante nuestras costumbres; sucede que nuestros conceptos de libertad son diferentes a los suyos.
Me quedé mirándolo interrogante y entonces continuó:
- Para nosotros significa la posibilidad de establecer nuestra propia disciplina, equilibrio, orden lógico para el desenvolvimiento de una comunidad. Para ustedes, libertad parece ser otra cosa: Fuman, sabiendo que es nocivo, por el libre albedrío. Fabrican y publicitan elementos dañinos, por la libertad de comercio. Envenenan el aire y el agua, por la libertad tecnológica. Dejan actuar al ladrón y al asesino, por la libertad judicial. Toleran la mentira y el fraude, por la libertad de posibilidades y permiten que millones de seres sufran y mueran de hambre, por la libertad de patrimonio. Evidentemente no quieren darse cuenta, de que no hay peor yugo que la libertad desenfrenada.
Lo miré, mientras pronunciaba las últimas palabras; se veía sonriente y sereno, casi dolido, pero no había insolencia en su mirada. Lo que terminaba de decir resultaba amargamente cierto y me llamaba a la reflexión, pues mi actitud era representativa de la libertad que él describiera.
Olma llamó mi atención tocándome el hombro; mientras con la otra mano se colocaba la esfera, con evidente intención de ayudarme.
- Teniente - dijo - en estos recipientes dispone de bebidas para acompañar la comida: Jugos de frutas y de plantas específicas que se preparan para los almuerzos. En esta otra bandeja, estas esferas de cereal que aquí llamamos bolos, cumplen la función de su pan, sólo que en este caso disponen de elementos fibrosos que requieren nuestras dietas; son una mezcla de cereales.
Asentí agradecido y continué almorzando. El jugo que probé era de un cítrico, y las esferas de cereal, muy sabrosas.
Pregunté por la composición del material del cual estaban construidas la mayoría de las cosas; desde los recipientes y los cubiertos, pasando por el moblaje, hasta la misma estructura de la casa y los tubos. Attóm me respondió que eran el resultado de la mezcla de polvos minerales, vitrificados a altísimas temperaturas y enfriados luego por pulverización gradual con líquidos vegetales. Observé el recinto, los objetos, la mesa: Hubiese declarado bajo juramento que eran de vidrio o de acrílico.
- ¿En qué tamaños se elaboran, cómo se moldean, cortan y sueldan? Pregunté automáticamente, sin pensar que estaba haciéndole pesada la conversación a mi interlocutor.
- Se elaboran según su aplicación posterior - me contestó - En moldes, cuando son útiles y objetos manuales. En cintas de determinado ancho, soldadas en círculos componiendo cilindros, cuando son destinadas a los conductos. En planchas planas y también en piezas únicas, como lo son nuestras viviendas; generalmente dos medias esferas unidas entre sí.
- ¿Cómo se sueldan?
- Habitualmente se encastran o se enroscan, pero, cuando hay que soldar, se lo hace con una fuente de energía láser. El encastrado y trabado en nuestra arquitectura es un verdadero arte tecnológico.
- ¿No utilizan metales? - proseguí.
- El material no está exento de metales, pero si se refiere a construcciones puramente metálicas como el hierro, acero u otros, no, no los utilizamos.
- Sería interesante ver fabricar una esfera - continué.
- El procesado de su material y el armado se efectúa a grandes profundidades y únicamente el Consejo puede autorizar su presencia en esos sitios. Estoy seguro que nuestra hija considerará la posibilidad de satisfacer su curiosidad más adelante.
Habíamos terminado de almorzar y la comida resultó excelente. Olma acercó a mis manos un recipiente con un líquido caliente. Me explicó que se trataba de un jugo de hierbas que me sería beneficioso. Lo bebí, disfrutándolo y fue reconfortante.
A los pocos minutos, mi cuerpo - castigado por la tensión mantenida desde la mañana, comenzó a relajarse de tal modo, que el sueño me cerraba los párpados.
Amalík advirtió a Olma y ésta solicitó que la acompañase nuevamente. Me incorporé del asiento con esfuerzo y la seguí hasta el elevador. Bajamos un piso, saliendo al mismo sitio donde se había producido la experiencia del baño, pero esta vez nos dirigimos a otra puerta. La traspuse en tal estado de somnolencia que apenas escuchaba las palabras de ella. Mi mente asoció el chato globo que se hallaba en el centro de la habitación con una cama y me arrojé sobre él con todo el peso de mi cuerpo.
Tuve la sensación de flotar en el espacio y luego... nada.

Continua en: Capitulo 5