martes, 21 de julio de 2009

Capitulo 10 - Mis Años de Obscuridad.


Pedro Lapido Estran
El Arca de las nieves Eternas
Capitulo 10 - Mis Años De Obscuridad.



Despertaba trabajosamente. Me dolía la cabeza y tenía la boca pegajosa. Intenté abrir los ojos y la luz me provocó dolor. Los cerré nuevamente. Me dolía el cuerpo. Estaba tendido entre unas frías piedras y cada una de ellas se hacía sentir sobre mis músculos. Hice un esfuerzo por girar el cuerpo y volví a intentar abrir los ojos. Con la cara pegada al suelo y las manos sobre mis cejas, pude hacerlo.
Estaba en las estribaciones de una gran cadena de montañas. ¿Pero cuáles? - no lo sabía- Como tampoco sabía quien era yo, ni que estaba haciendo en ese lugar.
Vestía un uniforme militar, ¿Cómo lo sabía? Quise levantarme y me caí; perdía la vertical al hacerlo. Lo intenté de nuevo, conseguí la vertical y la perdí otra vez. En ese momento escuché voces acercándose; mi vista se nubló y fue otra vez la nada...
- Parece que ya despierta, Doctor - Decía una voz lejana.
- Este hombre está shockeado, Capitán - Dijo otra voz.
- Por lo demás, con la excepción de los raspones y magulladuras, se encuentra físicamente bien. No ha dejado de comer ni de beber, no está deshidratado.
- Es extraño, muy extraño, no debería ser así a juzgar por el tiempo que la Fuerza Aérea lo da como perdido. Observe usted, que hasta el uniforme se encuentra en buen estado.
Hablaban de mí. Intenté abrir los ojos. Alguien advirtió mi parpadeo.
- Teniente Haffner, ¿Me escucha?
La voz partía de la sombra más cercana, mientras una mano movía mi hombro derecho. Abrí los ojos y traté de mirar al individuo que lo hacía.
- Teniente Haffner; soy el Capitán Camargo, jefe de la compañía de abastecimiento del Destacamento Militar Covunco; mis hombres lo encontraron cerca de aquí.
- ¿Donde está Covunco?, Capitán - Pregunté sin saber por qué.
- En la Provincia del Neuquén, República Argentina. A algunos kilómetros de Zapala, pegaditos a la localidad de Moreno, para ser precisos.
Me hablaba un hombre robusto, no muy alto, de pelo negro ondulado, de cuarenta y tantos años, vestido con uniforme del ejército. Estaba parado junto a mi cama; movía mi hombro derecho con su mano izquierda y sujetaba una pequeña fusta bajo el otro brazo. Del otro lado de la cama, un joven vestido con delantal blanco, era sin duda el interlocutor.
- ¿Que estoy haciendo aquí, Capitán?- Pregunté intentando clarificar mis pensamientos.
- Eso tiene que decírmelo usted, Teniente. Nosotros lo encontramos enfermo, lo atendimos, verificamos su identidad y nos comunicamos con sus superiores.
- ¿Y que es lo que sabe de mi, Capitán Camargo, por favor.
Los dos hombres se miraron extrañados y el primero en hablar fue el de blanco:
- Soy el Teniente primero Silva, médico del Destacamento, Teniente. Hemos corroborado la identidad de la documentación que encontramos en su ropa. Es usted Gonzalo Haffner, piloto de la Fuerza Aérea Argentina con base en Comodoro Rivadavia. Integra habitualmente una escuadra de cazas interceptores Mirages.
Hace unos días, tripulando un avión especial con un grupo de científicos, se perdió en algún lugar de la cordillera. La Fuerza Aérea y grupos especiales de los Estados Unidos, han estado buscando la máquina, sin resultado. Ahora aparece usted y como comprenderá, con usted aparece la incógnita de saber que pasó con el avión y los tres hombres que lo acompañaban. ¿Puede usted decirnos qué pasó, Teniente?
Hice un esfuerzo por concentrarme... Recordé: El avión blanco, el vuelo, la aproximación a la nieve...
- Creo, creo que nos estrellamos - Contesté
- ¿Cómo? - ¿Qué sucedió Teniente?
- No, no lo sé - dije titubeando.
- ¿Sabe cómo sucedió, recuerda que pasó con la gente que lo acompañaba?
Me esforcé nuevamente. Trataba de detener las imágenes que bailoteaban en mi mente, sin conseguirlo. Podía retroceder mis pensamientos y conseguir pasajes de mi vida, hasta que el avión blanco se aproximaba a la nieve; luego, nada.
Ni siquiera podía recordar los nombres de mis acompañantes, sólo eran figuras sin rostro, que me acompañaban.
- No, no recuerdo, ¡No puedo recordar nada! - dije explosivamente.
- Bien, bien, Teniente -dijo Camargo- descanse ahora, relaje sus nervios.
- Estos son cuadros de amnesia por shock, comunes en estos casos - dijo Silva - en unos días de descanso tal vez logre, lo que ahora no puede.
Camargo y Silva, me dejaron solo. Dormí todo el resto del día y la noche siguiente; por la mañana, Silva me invitó a desayunar.
Covunco era una construcción amurallada -antigua cárcel de mujeres- con una gran cantidad de pabellones y dos grandes patios. Vimos una formación en el primer patio por la mañana y más tarde pasamos al segundo; que era un enorme playón, donde los soldados realizaban la fajina y distintos menesteres.
Desde ese patio, se veía la ladera de una montaña, a unos 5OO metros de distancia, que tenía labrada en la piedra lo que parecía una gran Águila blanca. La escultura tenía como 5O metros de largo y los soldados del destacamento se encargaban de pintarla.
Mi cabeza recuperó rápidamente su normalidad como si hubiera desaparecido el efecto de una borrachera o de una droga. Pronto supe quien era y que había hecho, por mi mismo; pero no logré recuperar el lapso de tiempo, desde la caída del avión hasta Covunco.
El destacamento, era un lugar agradable. Pero no tuve tiempo de conocerlo mejor; esa misma tarde llegó un helicóptero con un oficial Aeronáutico de alto rango y dos agentes de la CIA.
Al otro día; me despedí de Camargo y de Silva, agradecido por su atención y por la desagradable presión que tuvieron que soportar todo el día de parte de los dos agentes de la CIA.; que acostumbrados como estaban a manejar basura, supusieron de hecho que ambos sabían más de lo que decían.
Conmigo no iban a tener suerte. Siempre les había tenido asco y ahora no sería diferente. Yo era un oficial de la Fuerza Aérea Argentina; orgulloso de mi bandera y del grupo militar que integraba. Forjado en la ética conceptual Alemana de mi Padre y en la filosofía universal Pehuenche de mi Madre. Adonde intentaran manosearme, los mandaría, con mayúsculas, a la mierda.
En el helicóptero - que manejaba el negro Torres - un suboficial conocido; comenzó la esgrima. El Oficial me hizo saber la inquietud de "Los Americanos" (Refiriéndose a los agentes) por saber algo sobre lo sucedido.
Yo le contesté, que como íbamos hacia Comodoro, prefería que el interrogatorio se realizara frente a mi superior inmediato.
Me recordó no descuidar "el futuro" de mi carrera. Respondí, que yo tenía una excelente foja de servicios; Por lo tanto a mi carrera tenía que cuidarla la Fuerza Aérea, a menos que en los últimos tiempos los Supermercados vendieran pilotos de combate en latas.
El negro Torres, no pudo impedir totalmente la risa y efectuó un raro sonido con la garganta, tratando de disimularla. Uno de los dos "Yanquis" me miraba con mal gesto; lo miré como preguntando ¿"que mierda te debo"? y cambió el gesto.
Me molestaba la actitud del oficial de mi Arma, no la de ellos; Pertenecía a esa casta de obsecuentes, subordinados de espíritu, que nos impedía a los Iberoamericanos, ser nosotros mismos. Si los dos agentes de la CIA. hubiesen sido de otra nación, nadie les hubiera dado ninguna bola, aunque correspondiera dársela; pero bastaba que fueran "Norteamericanos", para que actuaran como integrantes de un pueblo sojuzgado ante las tropas de ocupación.
El tipo no insistió con sus argumentos y llegamos a Comodoro con cierta tranquilidad. Después de pasar por las alegres manifestaciones de algunos muchachos al verme, nos sentamos frente al Comodoro García; Los dos agentes de la CIA., el oficialito y yo. Entonces me sentí mejor. García era un excelente profesional, hombre honesto y racional, firme en sus convicciones y en las decisiones siempre fundamentadas que tomaba; Además, profundamente "Argentino".
Cuando preguntó qué había pasado; pude describir en detalle las acciones anteriores a la caída; todos los vuelos realizados en la semana de pico a pico, las altitudes, las velocidades, algunas situaciones como la escarcha en las alas, etc. -todo- hasta El Lanín; desde allí ya no podía precisar el rumbo exacto que habíamos tomado, luego, la confusa caída del Búho blanco y nada más.
Los de la CIA. Mientras tanto, grababan todo. Al terminar hicieron algunas preguntas puntuales. Luego, solicitaron mi permanencia en la base, hasta completar los exámenes físicos y psicológicos a los que querían someterme "sus especialistas", que ya habían salido de Estados Unidos.(aparentemente "nuestros especialistas", no eran confiables) Les dije que no tenía inconvenientes en quedarme en la base y someterme a todos los exámenes que quisieran -inclusive, el pentotal- (sonrieron satisfechos) pero agregué, que eso sería después que me dejaran ir a buscar a mi perro y que eso no iban a impedírmelo aunque tuviera que robarme un Mirage para hacerlo. Los hijos de puta, miraron al Comodoro y aconsejaron la conveniencia de mantenerme detenido.
Allí, García demostró que las jinetas no le quedaban grandes y dijo:
- No me parece prudente tomar esa medida extrema con un oficial que se ofrece voluntariamente a la indagatoria y los exámenes sin poner límites. Nada cuesta ir a buscar el animalito del Teniente, el que - todos sabemos - es un gran afecto en su vida.
- Pondré un vehículo con chofer y dos policías militares, a quienes ustedes podrán acompañar, para que el Teniente recoja a su perro y lo traiga a la base.
García no esperó ni buscó respuestas; estaba decidido: Ordenó un furgón para salir de inmediato hacia mi casa.
La Fuerza Aérea, había arreglado con el administrador del edificio; que no se tocara nada hasta nuevo aviso, después de mi desaparición. Tomé la llave de mi departamento, que aún permanecía en mi gaveta y partimos.
En el camino pensé que Gerónimo a esa hora - última de la tarde - estaría con Selene, mi buena vecina, que se encargaba de cuidarlo en mi ausencia.
Cuando entramos al edificio, algunas chusmas comenzaron el cuchicheo, sin atreverse a hacer preguntas ni comentarios. Subimos hasta mi piso y allí toqué primero el timbre del departamento de mi amiga, flanqueado por un PM. Y uno de los agentes.
Mientras esperábamos la recordé: Selene era una mujer regordeta pero bien formada, de unos treinta y tantos años de edad, no muy alta, con un hermoso cabello rubio enrulado que formaba una gran mata en su cabeza, de piernas fuertes y voluminosos pechos, labios carnosos y ojos vivaces. En síntesis; no era una mujer que pasara desapercibida para los hombres.
Sin embargo, pasados los treinta años, permanecía sola y pese a tener muchos amigos, ninguno había transgredido hasta el momento los parámetros de la amistad para convertirse en algo más. Creo que esa era una de las pocas cosas en que nos parecíamos en demasía; el apego a la libertad. En lo demás no nos parecíamos demasiado: ella poseía, una exquisita sensibilidad; era amante de la música clásica, del teatro y sobre todo de las óperas; Mientras yo, sólo era un sensible bruto que se entendía mejor con su perro que con la gente.
Teníamos un acuerdo tácito nunca conversado; ella soportaba los ladridos de Gerónimo y yo los cantantes de sus óperas. Ambos solíamos intercambiar regalos, que en mi caso eran discos de sus admirados y en el de ella, objetos para mi perro.
Yo la llamaba "Luna", porque me resultaba más fácil que "Selene" y ella me apodaba "El Zorro", porque decía que nadie engañaba mejor a los integrantes del consorcio.
Preguntó quien era, antes de abrir y el PM. le contestó que era un oficial de la Fuerza Aérea. Cuando me vio, abrió muy grandes los ojos y exclamó:
- ¡Por los huesos de Wagner, Zorro estás vivo!
Yo no sabía cómo eran los huesos de Wagner, de modo que sólo dije:
- ¡Luna, querida! - y nos estrechamos en un abrazo.
Antes de separarnos, vi. a un fulano parado detrás de ella. Era un tipo alto, pelirrojo y de gruesos bigotes, que me desagradó de inmediato. Ella me lo presentó como "el novio" y cuando habló confirmé mi primera impresión: ¡No me agradaba!
Pregunté a Luna por Gerónimo y me contestó que estaba en mi departamento porque al novio no le gustaba. Le informé que me lo llevaba a la base y me despedí, agradeciéndole que lo hubiera cuidado.
Se disculpó, pidiéndome que tratara de comprender su situación y yo la disculpé de inmediato, pero me lamenté internamente de que hubiese elegido a ese tipo para novio, después de tanto tiempo y de tantos muchachos amigos.
Pasamos a mi departamento. Cuando puse la llave en la cerradura, el siempre histérico ladrido de Gero, me sonó a clarines del cielo - si Dios los tuviera - y cuando abrí la puerta y me vio, el enano chueco patinaba sus patitas en el cerámico, por la velocidad que quería aplicarles para llegar hasta mí.
- ¡Hola "Piojo de Mercurio"! - fue mi saludo, apelando a una de las denominaciones que yo le ponía en nuestras horas de juego cuando estábamos juntos y que por supuesto él reconocía.
Me arrodillé para recibirlo y el llegó, desesperado; a lamerme, morderme y rasguñarme con sus patitas tratando de subirse a mis brazos; después comenzó a correr de un lado a otro de la habitación con las orejitas al aire ladrando y saltando de alegría. Lo alcé y se tranquilizó un poco, aunque siguió lamiéndome. Mi ausencia y la soledad, deben haberlo deprimido mucho. Había masticado mis medias, mis zapatillas, la punta de una sábana, una toalla y un almohadón. Había varios pichís en lugares no habituales y una caca en la cocina, ambas cosas que él siempre hacía en el macetero del balcón. Tenía agua en su recipiente y comida del día. Ambas cosas ya eran suficientes para agradecerle a Luna su atención; sobre todo teniendo casi la certeza de que yo, ya no volvería.
Me dediqué a arreglar el departamento con forzada tranquilidad, ante las miradas impacientes de mis dos acompañantes yanquis.
Me seguían a todas partes y examinaban todo lo que hacía. Cuando levanté la caca de Gero, lo hice de exprofeso con un papel y antes de envolverla se la acerqué a la cara a uno de los tipos que era el más molesto, como invitándolo a que la examinara. Frunció la nariz y se echó para atrás, dejándome de joder a partir de ese momento.
Proseguí con el arreglo y la limpieza; llegué a la cocina con el plato y el bebedero de mi perro, buscando una caja o un bolso donde ponerlos. Abrí instintivamente la alacena y allí mi atención se detuvo en una caja.
Era una caja enorme de alimentos para perros, importada. Me extrañó encontrarla; Gero nunca había querido comer esas porquerías y Selene lo sabía. Deduje luego, que varias cosas habían cambiado y era probable que mi perro hubiera estado comiendo eso, o nada. Pensé que podría necesitarla y la introduje en un bolso; estaba sin abrir. Puse el bolso sobre un sillón del living y continué recogiendo cosas para llevármelas a la Base.
Cuando salía del dormitorio portando una valija con ropa y otros elementos cotidianos; vi. al molesto, tratando de abrir la caja. Se la arrebaté; se revolvió intentando quedársela y le acomodé un cachetazo que lo mandó retrocediendo hacia un rincón en donde cayó despatarrado. El tipo se levantó con la cara roja, metiendo la mano adentro del saco del lado del brazo izquierdo. Yo no portaba mi pistola desde que saliera de Cobunco y en realidad no sabía adonde había quedado; pero tomé el cuchillo de la funda de una de mis botas y salté con la intención de degollarlo cuando disparara.
El otro fulano, un colorado enorme y siempre sereno, se movió con una asombrosa velocidad para su talla y justificando totalmente la fama que les otorga una preparación especial, se colocó entre los dos, sujetándome el antebrazo para detener mi ataque que era el más peligroso dada la situación y entorpecer la acción de su compañero al colocársele adelante. De inmediato, cada uno de los PM., se abocaron a sujetarnos.
Le solté una andanada de puteadas mientras el bastardo discutía con el colorado, que al final tomó la caja de comida y se la mostró bien diciendo:
- ¿Qué esperabas encontrar, estúpido, en una caja de comida para perros, "Norteamericana"?
La posición del compañero influenció al tipejo, que se calmó y salió al pasillo, enfadado. Mientras yo me quedé pensando en el hecho de que la caja fuera "Norteamericana".
Cuando terminé de empacar mis cosas, salí del departamento ayudado por los dos PM. y el Colorado, todos cargados. Yo llevaba dos bolsos colgados de los hombros y a Gero en los brazos. En el hall de entrada, había una multitud de curiosos esperando. Algunos eran vecinos que se congratulaban de que me hubiera salvado y otros miraban cruzado tal vez por la misma razón. Los demás; curiosos de siempre.
Me despedí de Selene -quien me pidió que la llamara si necesitaba algo- y de su desagradable novio. Saludé a algunos, subimos al furgón y partimos hacia la Base.
Y allí quedé, sometido en forma permanente a los requerimientos de Doctores, Psicólogos y especialistas de todo tipo que parecían no convencerse de que yo no recordara nada. Después del pentotal, me dejaron más tranquilo, pero siempre confinado en la base.
En esos días descubrí algo que me hizo disfrutar mi altercado con el bastardo de la CIA. Un mediodía lluvioso quería quedarme en la cama sin almorzar, pero no quería hacerle sufrir a Gero mi decisión; fue cuando me acordé de la caja de comida y la abrí para probar si la aceptaba. En la caja, había un envase hermético de papel de aluminio y adentro, en lugar de las pelotitas de alimento había unas bolitas azuladas y una nota: "Para Gerónimo -sólo una por día es suficiente -
Si una sola de esas bolitas bastaba para alimento de un día, Gero tenía la comida asegurada por años porque en la enorme bolsa había miles de unidades.
Yo no entendía nada. ¿ Por qué la nota estaba adentro del envase sellado y quién la había colocado?, ¿Y qué era eso de una sola bolita por día? Después de todo, el molesto tenía razón cuando intentaba abrir la caja, su olfato de perro de presa le vaticinaba algo extraño aunque fuera en contra de la lógica que usó su compañero para detenerlo. Obviamente, estaban todos muy bien preparados, sólo que en distintas disciplinas.
Me comprometí a preguntarle a Selene si sabía algo de ello y llamé a Gerónimo para darle a probar el alimento. Se detuvo a mi lado, movió imperceptiblemente su hermosa nariz negra y tomó con sus dientes la bolita que yo le acercaba. Se echó sobre una alfombra, intentó masticarla y no pudo; de modo que la fue chupando lentamente, dándola vueltas en su boca, dejándola caer y recuperándola, pero sin abandonarla. Al rato, supuse que la había disuelto o se la había tragado, porque comenzó a lamerse y mordisquearse las manos, sin pedir más.
Yo me negaba a creer lo que veía; estaba acostumbrado a verlo despachar su segunda milanesa y ladrar pidiendo más y ahora se conformaba con una minúscula bolita, que ni siquiera podía masticar...
Me convencí definitivamente cuando saltó a mi cama y se acostó apoyando su cabecita en una de mis piernas con evidente intención de dormir. Acepté la situación - por el momento- guardé la caja y ambos dormimos toda la lluviosa tarde.
La decisión de la FAA., propugnada por los agentes de la CIA., de dejarme en inactividad me permitió disfrutar la compañía de mi perro y de los muchachos del escuadrón que lo adoptaron como mascota, a tal punto que uno me lo quiso llevar a dar una vuelta en Jet y hasta le había fabricado un casco que le calzaba a la perfección y con el cual lo paseaba por toda la base. Lo tuve que parar por miedo a que el Comodoro no me dejara tenerlo conmigo, mientras tanto el salchicha era Gardel entre la muchachada que no le negaba acceso a ningún lugar de la base, por lo que yo vivía cuidando que no se me metiera en líos. Mis largas horas de ocio, me hicieron desviar la atención hacia los acontecimientos del exterior y departir comentarios con otros tres pilotos que - como yo - permanecían detenidos en la Base.
Eran: "Hernández", quien fuera mi numeral uno en muchas misiones y a quien yo reemplazara en el aciago vuelo cuyo final no podía recordar y otros dos; "Arrechea" y "Barrenechea", dos Vascos tozudos, de apellidos parecidos y actitudes idénticas. Ellos estaban "demorados" en la Base por una situación distinta: Habían salido un día a interceptar un objeto que apareció en Radar y se encontraron con un "Plato Volador", a quien persiguieron un rato hasta que el mismo "desapareció".
La posición de la Fuerza aérea y de los agentes especiales que ya estaban en el lugar a causa de la desaparición de mi avión; era que los pilotos habían "confundido" algún efecto de refracción de la luz o globo zonda, con un OVNI. y pretendían que los pilotos lo reconocieran así.
Hernández, un muchacho maleable, amante de su carrera, no hubiese tenido inconvenientes en hacerlo; pero los dos Vascos habían visto un "Plato volador" y punto. De allí no los sacaba nadie. Me contaron una alucinante historia sobre velocidad y vuelo del OVNI., que yo escuché complacido porque eso les permitía desahogarse. Pero luego no hablamos más del asunto, yo nunca había visto un Plato Volador y no me interesaban demasiado.
Ese año de 1973, mi país era un manicomio. En doce meses, tuvimos cuatro presidentes: Lanuse, Cámpora, Lastiri y Perón. Este último, al asumir, trató de quitarle peso político a las organizaciones guerrilleras que antes sin ninguna duda había alentado y en el país se desató una parafernalia de contradicciones que lo sumergió cada vez más en el caos.
En los primeros meses de 1974 la FAA. Me permite volar nuevamente, aunque ya no conducía el escuadrón, volaba como un numeral más. Hernández, pasó a jefe de escuadrón y los vascos pidieron la baja de la Fuerza Aérea, pero se fueron diciendo que ellos habían visto un "Plato Volador"
En Julio de 1974, muere Perón, sin que la situación cambiara. Asume la Presidencia, Isabel Martínez y el país contempla azorado, una desquiciada situación
política, económica y social. Es el auge de la irracionalidad. José López Rega, el ex secretario de Perón -verdadero dueño del poder político detrás de la Presidente; azuza la actuación delirante de una - Organización parapolicial de extrema derecha - que se enfrenta descarnadamente con las organizaciones guerrilleras, cobrando montones de víctimas inocentes.
Los asesinatos personalizados y crímenes masivos por atentados explosivos, eran parte normal de la crónica diaria. Sólo en el mes de Mayo de l975, se computan veintinueve muertes violentas. En el mes de Julio de ese mismo año, los jefes de las fuerzas armadas, presionando a la Presidente; consiguen que López Rega se aleje del poder. El nefasto personaje, se va del país.
La situación no cambia mucho. La guerrilla., cada vez más audaz, intenta una operación importante en las montañas de Tucumán con intenciones de extender masivamente sus acciones revolucionarias.
La Presidenta, ordena realizar el exterminio total de la guerrilla. Los Militares, parecen no conformarse con ello y -siempre propensos al golpe- pierden la paciencia y en el mes de Junio de 1976, destituyen a la Presidente Martínez y la detienen, confinándola en una residencia.
A esa altura, yo simplemente sobrevivía. Seguía albergado adentro de la Base -donde siempre había alguien que cuidara a Gero cuando yo volaba-. Metido entre motores y turbinas, mecánicos, electricistas y pilotos. Mi Perro estaba a sus anchas; se había convertido en la mascota de la base y nadie le prohibía meter su hocico adonde quisiera. Ya adulto, se veía hermoso, y mantenía una extraña actitud en cuanto a la comida: Todos lo convidaban con algo, pero él comía muy poco de cada cosa - como si lo hiciera por cumplimiento- tomaba mucha agua y comía su pelotita de alimento con asombrosa regularidad, todos los días sin olvidarse nunca. Yo Había hecho muchas pruebas al respecto, pero aunque le dejara varias en su plato, o se las ofreciera, el sólo comía una bolita por día.
Después de que Selene me confirmara no saber nada de la caja encontrada, tuve inquietud por saber de que se trataba y empecé por llevarle algunas a un químico conocido, diciéndole que era un alimento nuevo y yo quería asegurarme de que fuera bueno. El hombre me informó que era un concentrado vitamínico excelente con un alto valor nutritivo y un componente en su revestimiento que tenía la cualidad de no disolverse en agua, pero sí en un elemento de reacción alcalina como la saliva humana o animal. Aparentemente había algunas incógnitas aún por develar, dado que no pudo identificar dos componentes, pero el hecho de que fuera nuevo e importado las justificaba. Mantuve en secreto la extraña aparición del alimento en mi alacena y la nota dentro del envase sellado; sobre todo porque pensaba que los de la CIA., no dejaban de vigilarme.
Yo salía algunos fines de semana a tomar algunas copas y supuestamente buscar alguna compañía femenina; algo que no se daba, porque no me interesaba demasiado. Las mujeres, que anteriormente yo solía frecuentar con dedicación, ahora solían decirle a mis compañeros que después del accidente yo era un tipo histérico y tenían razón, porque así me comportaba cuando estaba con ellas.
Dormía muy mal y tenía todas las noches una pesadilla constante. Soñaba con grandes túneles vivamente iluminados por donde yo transitaba velozmente y me cruzaba en ellos con cientos de personas vestidas con trajes de colores diferentes. Ninguna de esas personas tenía rostro. Al final, un cuerpo de mujer con largos cabellos rubios, vestida de amarillo y también sin rostro; caminaba hacia mi desde el fondo de un largo túnel y cuando ya estaba cerca mío y yo levantaba mis brazos para tocarla, mi cuerpo era arrastrado vertiginosamente hacia atrás, poniendo otra vez distancia entre los dos. Así, una y otra vez, noche tras noche, la mujer sin rostro se escapaba de mis manos.
Despertaba, bañado en transpiración y agitado, ante los gemidos de Gero, que asustado, me lamía la cara para despertarme. Luego, sobre el filo de la madrugada, conseguía dormir un par de horas en paz. Y así, transcurría el tiempo.
Después de asumir el poder, los militares estructuran lo que llaman "El proceso de Reorganización Nacional", dentro del cual se contemplaba como acción primordial, la exterminación definitiva de las organizaciones guerrilleras, algo que muy pocos hubieran criticado de haberse hecho como correspondía. Pero lo que sucede, es una verdadera "Caza de Brujas" donde, sumergidos en un tremendo desvarío fruto de la mediocridad militar y personal de los conductores, se torturan y matan en forma clandestina y con métodos puramente criminales a millares de culpables e inocentes. Se viven años de tremenda incertidumbre, donde el pueblo, incapaz de evaluar la realidad circundante, se enfrenta a si mismo conceptualmente, introducido en un caos social sin precedentes.
En 1981, el Peso no valía nada y el descrédito de la conducción militar dentro y fuera del país, se tornaba insoportable para los que estábamos adentro de las Fuerzas Armadas. En ese mismo año, harto de usar un uniforme que me parecía sucio y desvinculado del pueblo; cansado de las limitaciones que se le ponía a mi carrera a causa de un accidente que yo no podía explicar, pedí el retiro de la FAA.
La sociedad era un guiso hirviendo y yo vivía temiendo que un día me dieran la orden de atacar a mi pueblo.
Los vascos, habían conseguido un capitalista y montado una pequeña empresa de vuelos turísticos en Bariloche, con algunas avionetas. Me fui con ellos. Tenían un gracioso perro Pequinés a quien le habían puesto por nombre, "Ovni"; ¡No por nada eran vascos! ¿No?
Gero hizo buenas migas con Ovni, de inmediato y entre los dos matizaban nuestras horas de trabajo. Comencé a realizar vuelos en una avioneta Cesna, mostrándoles a los turistas nuestras bellezas naturales desde una perspectiva que no era fácil de olvidar. Los vascos habían reunido en su empresa a muy buenos mecánicos y electricistas, todos ex compañeros de la FAA., de modo que las avionetas funcionaban como un violín de Alberto Lissy. Además, habían establecido muy buena relación con unos muchachos que tenían taller de autos y eran especialistas en carrocerías de carrera. De modo que las avionetas eran además "una pinturita ", gracias al intercambio de buena voluntad entre ellos. Comenzó entonces, un período de tranquilidad psicológica que me permitió cierto grado de recuperación.
En un rincón del mismo hangar donde guardaban los aviones, me hice construir una habitación con cocina americana y un baño anexo. La amoblé y decoré con austeridad Espartana y me instalé allí, con Gerónimo y Ovni como compañeros.
Ovni entró rápidamente en la rutina de Gero. Dormía y comía conmigo y recibía su inevitable baño semanal; íbamos de compras y de paseo juntos y ambos tenían su plato, su bebedero y su pelota para jugar. Sólo una cosa no compartía Ovni y era la pelotita de alimento diario que Gero nunca se olvidaba de solicitar; se la ofrecí varias veces, pero él siempre daba vueltas el hocico y se mandaba a mudar.
En invierno, los dos tenían su pulóver gemelo y sus vacunas y atención veterinaria por igual.
Pronto fui conocido por "El loco de los perros", pero yo era feliz. Entre ellos y yo fue naciendo una simbiosis espectacular que hacía que yo interpretara sus actitudes a la perfección y ellos, las mías.
Los vascos estaban contentos, decían que Ovni - al que ellos recogieran de la calle- había pasado del suburbio al Centro y que el hangar y mi pieza eran más señoriales que sus viviendas en la ciudad. Además, a causa de mi permanencia en el lugar, ellos podían disfrutar a sus familias con tranquilidad.
Yo tenía un sólo vicio incontrolable y era volar. Así que mientras los vascos fortalecían sus economías día a día, yo gastaba gran parte de mis ingresos pagando el uso de las avionetas para utilizarlas con tranquilidad. Mi obsesión era la Cordillera y cada vez que podía, salía con las avionetas hacia el mismo lugar. Algo había entre las nieves eternas, que me atraía compulsivamente una y otra vez.
Seguía con los mismos sueños y a ellos ahora se agregaba una extraña situación de pronto soñaba con que estaba en mi habitación y esta era vivamente iluminada por una bola de fuego que permanecía detenida en el aire. Despertaba y encontraba a Gerónimo ladrándole a la puerta y a Ovni acurrucado y con carita de susto. Al principio, agarraba la pistola y salía a revisar el hangar, luego, simplemente me daba vuelta y dormía.
Y los meses pasaron... En Diciembre de 1981, el General Galtieri es nombrado Presidente de la Nación. La inflación económica en ese momento era del 14O% anual y la deuda externa rondaba los 2O.OOO millones de dólares. Pero si los gobiernos militares anteriores habían recurrido a todo tipo de argucias para lograr el consenso popular, manipulando ciertos acontecimientos; Leopoldo Fortunato Galtieri, se llevaría las palmas de oro, al utilizar una estratagema delirante, que le costaría muchas vidas jóvenes al país, dejándole además una tremenda frustración.
Así, en la mañana del 2 de Abril de 1982, en una trasnochada decisión, (tal vez promocionada por otros) invadió las Islas Malvinas.
El hecho dio comienzo a una de las guerras contemporáneas más absurdas, donde un país Iberoamericano del Tercer Mundo, legalmente dueño de un territorio ocupado, atacó a una potencia militar del Primer Mundo, otorgándole la posibilidad de quedarse donde jurídicamente ya no podían permanecer.
Comenzó antes que nada una batalla diplomática en la que los argentinos teníamos pocas posibilidades. Cuando en los primeros días de abril, Los Ingleses pusieron en movimiento una poderosa flota compuesta por casi 4O unidades de superficie en las que figuraban dos Portaaviones y algunos submarinos atómicos; Los Vascos y yo supimos que la cosa venía en serio. Nos pusimos entonces a conjeturar hipótesis de defensa para saber que posibilidades tendríamos ante el ataque Inglés.
Arrechea opinaba que había que prolongar la pista de Puerto Argentino y llevar aviones a las islas que nos permitieran atacar con posibilidades de éxito a la flota.
Barrenechea decía que de cualquier manera podíamos hacerlo, porque aunque no teníamos aviones tanques, los mecánicos de FAA. habían preparado a las "Chanchas" (KC 13O) para servir como tales y con ellas para el reabastecimiento podíamos atacar desde las bases del continente.
Yo no estaba tan seguro de ninguna de las dos cosas; sólo pensaba en el nuevo Brigadier que integraba la junta militar, como jefe de la Fuerza aérea y me decía: "Si él va para adelante, los muchachos no van a fallar"
Arrechea descontaba la participación de la Marina porque decía que con los submarinos atómicos, no tenían chance de actuar; pero insistía en que debía llevarse ya el viejo Crucero Belgrano a Puerto Argentino, para utilizar sus enormes cañones de largo alcance contra la flota, pues aún siendo atacado por la aviación enemiga, si se lo anclaba en aguas de poca profundidad, averiado o semi hundido, sus torres de tiro seguirían prestando utilidad.
A finales de Abril, los británicos atacaron las Georgias del Sur, venciendo rápidamente la resistencia de la guarnición Argentina. La información de los hechos fue confusa. Mientras tanto, toda Europa adhería al bloqueo económico y armamentista, solicitado por Inglaterra en su condición de país "agredido"; con la excepción de Israel que continuó su venta de armas a nuestro país.
Los vascos y yo, decidimos viajar a Comodoro para ofrecer nuestros servicios a la FAA... El nuevo Brigadier al mando descartó la posibilidad de utilizarnos como pilotos de combate, pero solicitó que cubriéramos con nuestras avionetas, la vigilancia aérea de ciertos sectores estratégicos. Aceptamos complacidos. En uno de esos vuelos, advertí por primera vez la presencia de dos bolas de fuego siguiéndome a la distancia. No pensé en los ingleses; todas las fuerzas aéreas del mundo conocían al menos en teoría, su enigmática existencia.
Mientras tanto, el ejército abarrotaba las islas con soldados sin experiencia
- algunos sin instrucción - apuntando a una defensa estática que no tenía ningún sentido en el contexto de la guerra que se avecinaba y para los cuales además, carecía de la adecuada estructura de abastecimiento.
Supimos que el Almirante Inglés, John Woodward, había manifestado que los "Argies" (Argentinitos) no pelearían y que de hecho la Task Force venía de paseo.
Yo miraba las caras de los muchachos de nuestra Fuerza Aérea - muchos viejos conocidos- y pensaba que el petulante señor Woodward se llevaría la sorpresa de su vida.
El 2 de Mayo, dos torpedos disparados por un Submarino Inglés, hunden al Crucero Belgrano, fuera de la zona de litigio y navegando con rumbo desconocido. El ataque cobró 323 vidas; Los británicos festejan el paseo. Los argentinos, no recibimos información.
Dos días después la Aviación Naval Argentina devuelve el golpe. Dos aviones Súper Etendard, armados con misiles Exocet, ambos de procedencia Francesa, atacan a la Flota. Uno de ellos dispara un proyectil que hace blanco en el destructor británico "Sheffield" buque insignia de la flota inglesa.
El ataque produce 87 víctimas, entre muertos, desaparecidos y heridos y el buque se va a pique horas después. El "paseo" Británico, había terminado.
Todas las negociaciones políticas fracasan y la guerra "no declarada" continua. El 12 de Mayo, nuestros pilotos atacan a la moderna flota tripulando viejos aviones "Skyhawk". Hunden a la Fragata "Brilliant" y averían seriamente a la "Broadsword". Al alba del 21 de Mayo, Los Ingleses comienzan su desembarco en la bahía de San Carlos, encontrando como resistencia sólo a un grupo de conscriptos, que al mando del Teniente Esteban, interfieren el desembarco combatiendo hasta agotar sus municiones para terminar replegándose sin recibir refuerzos desde sus bases.
Los británicos habían conseguido establecer una cabecera de playa, pero su subestimación de los "Argies" les había hecho cometer un error táctico que pagarían muy caro.
Entre el 21 y el 25 de Mayo - semana Patria -, los pilotos de la Fuerza Aérea Argentina volaron desde el continente en sucesivas misiones, con sus aviones casi a ras del agua y con mínima visibilidad a causa del salitre que se adhería a sus parabrisas; para llegar a las islas y seguir volando pegados al suelo, siguiendo la configuración del terreno, llegar al estrecho, descargar sus bombas y regresar - cuando podían - con el combustible justo para el regreso.
De esa manera lograron burlar a los sofisticados equipos de detección y defensa de los modernos barcos y convirtieron al Estrecho de San Carlos en lo que los Ingleses mismos bautizaron como "La avenida de las bombas".
El 21, la Fragata "Ardent" se hundió ante los impactos de un "Mirage". El 24, una gigantesca bola de fuego recorrió la "Antelope" que voló por los aires alcanzada por una bomba de 2OO kilos; El 25, el Destructor "Coventry" se fue a pique alcanzado por aviones "Dagger". Para el 26 de Mayo, el total de naves hundidas se elevaba a diez, incluyendo un transporte de aviones "Harrier" con su carga completa y una gran cantidad de naves se hallaban averiadas por bombas que habían impactado pero no explotado; Los Británicos ya miraban el cielo con temor; al menos en nuestra Fuerza Aérea, los "Argies" se le habían convertido en "Halcones" a Woodward.
Luego, la negligencia y la mediocridad de muchos de los mandos en el ejército, hizo que los Ingleses se fueran apoderando paulatinamente de las islas, pese al heroico comportamiento de los jóvenes soldados inexpertos y de algunos suboficiales y oficiales de menor rango que perdieron su vida enfrentándose a tropas de alto nivel profesional, excelentemente armadas.
A finales de Mayo se rinde la guarnición Argentina de Darwin - Ganso verde. Los servicios de inteligencia Británicos se negaban a creerle al Teniente Coronel a cargo cuando les decía que su artillería pesada no le había llegado nunca desde el continente.
En los primeros días de Junio, cuando fuerzas Inglesas intentaban desembarcar al Sur de Puerto Argentino, reapareció nuestra Fuerza Aérea con un ataque devastador a dos transportes de tropas que dejó como saldo un elevado número de víctimas.
Pero fue en vano; las operaciones en tierra no estaban a la altura de nuestra Fuerza Aérea. Del 11 al 14 de Junio se desarrolló la batalla final por Puerto Argentino. Tras duros combates, los ingleses tomaron su objetivo. El 14 de Junio a las 11 horas, el General Argentino que había prometido que de las islas sólo lo sacaban con "los pies para adelante"; se rinde ante un General Inglés lleno de barro, vestido con guantes blancos.
Ante el denigrante fracaso de la principal fuerza que representaba, el General Galtieri, debió renunciar. Ante esta situación, asume la Presidencia otro General - designado unilateralmente por el ejército y con la misión de institucionalizar el país lo antes posible, "Había que esconder la cara".
El año 1982 culminó con una deuda externa de 39.OOO millones de dólares y mientras el pueblo Argentino trataba de curar sus heridas, los políticos libraban sus primeras luchas internas por el poder. Los vascos y yo, volvimos a nuestra rutina de vuelos turísticos. Pero ya no era lo mismo. Habíamos perdido la alegría. Más de 2O compañeros de la FAA. Habían caído heroicamente en combate (Entre ellos, Hernández) a causa de una guerra estúpida. En nuestros oídos resonaban permanentemente muchas voces conocidas gritando como valientes, cuando caían. Mientras por el otro lado, de 8OOO efectivos acumulados en las islas, Habían caído algo más de 300 y la mayoría eran muchachitos. El 4 % de los efectivos, perdidos junto con el objetivo, demostraban el absurdo.
Y lo peor lo vivieron los combatientes, que al regresar a sus hogares, en vez de ser aplaudidos como valientes por haber combatido, fueron negados y ocultados por la frustración de una sociedad estúpidamente exitista, cuyos valores morales ya se habían perdido en el largo camino por sobrevivir.
Uno buscaba la forma de olvidar, de seguir adelante; y en esos días, un acontecimiento insólito me ayudó a retirar mi pensamiento de tanta tristeza. Al ir a buscar la caja de la comida de Gero, encontré que la misma estaba "otra vez llena". Me temblaron las manos al abrirla, pero - ¿A quién iba a contárselo, quién iba a creérmelo?- Guardé entonces mi secreto y volví a caer en la problemática de mi entorno. En vano uno trataba de evadirse, siempre había algo que le despabilaba la
memoria dormida. Allí estaban los poetas, esa rara conjunción de genios estúpidos, diciendo cosas sobre el pueblo como:
- Cuando le cierran todos los caminos / siente que se avasalla su ternura. / Y va cediendo todas sus bellezas / al intelecto aliado con la usura. / Hay que encontrar entonces la plegaria / para elevar a un Dios en las alturas / que como Cristo indignado en el Templo / "arroje afuera toda la basura".
Pero cuanta razón tenían estos líricos hijos de perra: Todo era una cloaca, el aire apestaba. Yo no podía vivir. Permanecí, simplemente permanecí, mirando todo el tiempo como a través de un vidrio lo que pasaba en mi caleidoscópico país.
En 1985, el partido Radical gana las elecciones y asume la presidencia, Raúl Alfonsín. Euforia democrática y un plan económico que comienza bien, para terminar luego en un fracaso consumado.
Para 1988, la economía Argentina estaba inmersa en un proceso de hiperinflación (2OO % mensual). Sin embargo, los argentinos festejaban el nuevo triunfo futbolístico conseguido en el mundial de México y levantaban fuertes polémicas en torno al tema "Divorcio Vincular". Tanta estupidez, desgastaba. Amotinamientos militares, nuevos intentos guerrilleros, descontrol económico, farsa política. En 1989, Alfonsín abandona el gobierno antes de concluir su período y Carlos Saúl Menen, el nuevo Presidente electo, asume la Presidencia del país antes del tiempo estipulado. La frase que utilizó como slogan de su campaña decía: “Síganme, no los voy a defraudar". Yo, ya no quería seguir ni esperar a nadie, pero si sentía la necesidad de hacer algo por mi mismo.
A mediados de ese año, Ovni se enferma y muere, pese a los cuidados y medicaciones que le prodigamos. Tenía, trece años. Gerónimo, lloró toda una noche la ausencia de su amiguito, pese a mis esfuerzos por entretenerlo.
Le fabriqué un cajoncito, lo acomodé adentro de él envuelto en uno de mis pañuelos de seda y lo enterré entre los canteros de flores que teníamos en el portal de entrada a la pista. En una pequeña cruz de cedro que fabriqué yo mismo, colgué la medallita con su nombre atada a una cinta roja.
Desde ese día, cada tanto podía ver a Gerónimo, meterse entre las flores, olfatear la medalla y acostarse luego estirado sobre la tumba, con su hocico apoyado sobre sus manos, bajo el sol del mediodía.
Pasó la Navidad del 89, sin mayores alegrías para los argentinos. En la reunión de fin de año con las familias de mis vascos amigos, anuncié mi decisión de partir hacia la cordillera en una expedición por tierra, con la excusa de la necesidad psicológica de saber qué había pasado con el avión que perdiera.
Mi intención aparecía ante mis amigos como un despropósito total. Mi avión se había perdido en el año 1973 y yo salía a buscarlo en 199O. Habían transcurrido 17 años; El Mundo era diferente; La ciencia había avanzado en proporción geométrica.
Los ordenadores y los robots de producción, pululaban en las industrias del llamado primer mundo. Las computadoras personales ocupaban cada vez más los hogares de las clases medias de todos los países. Los niños de esas clases, manejaban ya toda una jerga diferente. Los juegos electrónicos y los video juegos implicitaban la tecnología en sus hábitos. Los viajes espaciales, los robots y los habitantes y guerreros de otros mundos, formaban parte de su mundo lúdico. Lamentablemente y mientras tanto, millones de otros niños en el planeta, no tenían acceso a lo mínimo que podían pretender; como alimento, educación y abrigo.
La Biología avanzaba por senderos que quince años antes eran de ficción, aunque dentro de un marco de incertidumbre tenebrosa. La Ciencia Espacial, despachaba artilugios técnicos hacia lo más remoto del Sistema Solar y había colocado ya decenas de satélites para todo uso en órbita alrededor del mundo, entre los que se destacaban los de comunicaciones. Algunos satélites de los lanzados con fines secretos se habían desactivado en forma inexplicable al menos para el gran público y una gran incógnita era por qué, después de haber llegado a la Luna, ninguna de las potencias intentó llevar a cabo alguno de los proyectos sobre bases Lunares que ya existían en los años setenta y que le hubieran permitido al hombre, partir hacia el interior del Sistema Solar con mucho menos esfuerzo. En cambio, se contentaban con planificar la construcción de costosas "plataformas espaciales" alrededor del planeta para lo cual gastaban enormes recursos en vehículos mamotréticos como el "Taxi espacial".
La Ciencia bélica, se había desarrollado hasta el horror y la humanidad vivía pendiente del peligro. Baste decir que un solo Submarino armado con ojivas nucleares y detenido frente al Río de La Plata, disponía de una potencia ofensiva,
capaz de destruir de un solo golpe, la mayoría de las ciudades Argentinas, que se extendían de Sur A Norte por 4OOO kilómetros.
Y paradójicamente con el costo de sólo dos submarinos de ese tipo podría intentarse la tarea de la alfabetización mundial. ¿Que se podría hacer entonces con las docenas de ellos de que disponían las dos grandes potencias?; Mas los Portaaviones, los Cohetes, los Bombarderos estratégicos y las 50.000 ojivas nucleares emplazadas en el mundo.
Dolía pensar que tan solo con la mitad de los gastos militares en el mundo, todo el planeta y sus habitantes pudiera ser un paraíso y que - sólo en África - se evitaría la muerte por hambre, de 15 o 20 millones de niños.
"El Hombre" tenía en sus manos un tremendo poder en casi todas las áreas de la Ciencia capaces de transformar o destruir el Planeta; faltaba lo esencial y eso era lo terrible: la definición conceptual de "para qué".
Porque todo lo referente "al hombre" seguía igual. Todos sus movimientos (algunos bien disimulados) apuntaban a la supremacía política o económica sobre los otros hombres. Y el hambre, la angustia y el dolor seguían vigentes para muchos como en el origen de los tiempos. Los hombres del siglo 21 que se aproximaba, no diferían en nada de los hombres de Atila.
Toda la sociedad humana era una inmensa mentira, llena de ídolos falsos e inmorales y en las juventudes se reflejaba la tremenda angustia que provocaba la incertidumbre sobre la vida. Los jóvenes intentaban escapar de la realidad a través de actitudes delirantes y mortíferas drogas. Se vivía una idolatría que reemplazaba a las viejas ideologías en las cuales ya nadie creía. Un solo movimiento crecía ganando adherentes en todo el mundo, sin barreras de nacionalidad, idioma, Religión o situación económica; se llamaba Ecológico y en él se unían hombres y mujeres para preservar las amenazadas reservas de flora, fauna y gea del planeta. Esto, paradójicamente demostraba la posibilidad cierta de "unir" al mundo, solo hacia falta una motivación valida como convocante.
En lo económico, Japón había conseguido una evolución que amenazaba con desmoronar las economías de las grandes potencias como Estados Unidos y Rusia; basada en un desarrollo tecnológico tan asombroso como inexplicable. Al no tener excusas para detener ese proceso con sus armas las dos potencias maniobraban políticamente sobre el mundo, preparándose a hacer frente a esa amenaza.
Los rusos sobre todo, cuya gigantesca estructura geográfica/étnica les impedían maniobrar con agilidad ante los rápidos cambios que se producían; decidieron cambiar su vieja imagen de gigante Oso agazapado por la de Lobo andante.
Amparados detrás de la idea de "Democratizar" su régimen y "liberar" su política, no les importó un rábano asesinar su "ideología" y se abocaron al intento de desprenderse de todos los territorios que les resultaba "oneroso" mantener, a sabiendas de que todos seguirían manteniendo una dependencia económica y "estructural" de ellos, que les permitiría seguir usufructuándolos, sin mantenerlos, aunque ahora ese usufructo pudiera ser "compartido". De hecho, los países que se "independizaban", pasada la primer euforia sólo ganaban una Bandera, que era de esperar les alcanzara para enjugar sus lágrimas en el futuro, no porque hubieran estado bien, sino porque ahora seguramente iban a estar peor.
La duda que me quedaba era qué haría el Oso Ruso si aprovechando su repentina generosidad "Democrática" algún territorio contrario a sus intereses intentara "independizarse". Por supuesto que a esta situación la digitaba el Poder en Rusia. El pueblo, no alcanzaba a entender que estaba pasando y como tantas otras veces en su historia sólo se acomodaba para sobrevivir.
A Alemania Occidental, cuya economía equiparaba el éxito de Japón, se la detenía con una estrategia política brillante.
La nación, dividida por un muro que había costado muchas vidas durante 45 años; veía de pronto "caer" ese muro por iniciativa del mismo país que lo había levantado y mantenido todo ese tiempo. Era un hábil movimiento político de un Oso agazapado (O tal vez más de un Oso) que de esa manera intentaba anular su potencial económico, "obligándola gentilmente" a hacerse cargo de la "otra Alemania", realizando la difícil tarea de mezclar aceite con agua. Los hábiles Alemanes seguramente lograrían una emulsión manejable, pero para que su potencial económico volviera a ser un peligro para las grandes potencias deberían lograr una "solución" por cierto de inmediato improbable. ¡Sí! El Mundo había cambiado y seguiría. El hombre, no; "El hombre parecía ser el mismo".
Poco después, los vascos y sus familias intentaron disuadirme para que no me vaya, hasta comprobar que era una decisión tomada. Entonces, como buenos amigos que eran, me ayudaron en los preparativos para la expedición. Los muchachos del taller, chapistas y tapiceros, me prepararon una carpa, las mochilas, algunos utensilios y un trineo especialmente construido por ellos, para que llevara todo lo necesario en mi aventura.
En los primeros días del 9O, me despedí de las familias y subí al Jeep con el cual me llevaron hasta una zona que les pedí al noroeste del lago Huechulafquen y luego hasta donde el terreno se lo permitió. Cuando me preguntaron el porque, les contesté que deseaba tener siempre el Lanín a mi derecha. El Vasco Arrechea y uno de los muchachos del taller, me acompañaron un tiempo más por la montaña. Luego, me despedí también de ellos y proseguí sólo mi camino.
No miré para atrás, mis ojos sólo tenían un objetivo:
“Las eternas nieves del macizo Andino.”

Continua en: Capitulo 11