miércoles, 22 de julio de 2009

Introito.



Pedro Lapido Estran

El Arca de las Nieves Eternas

La mágica Novela de un Poeta.
No se la pierda: ¡Sueñe con nosotros!

Introito

COMODORO RIVADAVIA - AÑ0 1973 - REPUBLICA ARGENTINA


Amanece; Estoy acostado en mi cama, aunque no duermo: "Vago en ese limbo que separa la vigilia del sueño".Pienso y me reconozco… Mi nombre es Gonzalo Haffner, Argentino, nacido el 28 de Abril de 1943 en Esquel, provincia de Chubut.Algo se mueve a mi lado; deslizo mi mano izquierda hasta tocar un cuerpo caliente, y mis dedos reconocen un pelo suave y corto. Es Gerónimo, mi perro Dachshund, color marrón, a quien amo entrañablemente. Ronca con su cabeza apoyada en una almohada, que esta a pocos centímetros de la mía. Lo hace con las cortas patas estiradas, distendido, tal vez feliz.Siento el cabello mojado sobre la nuca; o la calefacción está muy alta o me he tapado demasiado durante la noche. Me alerta el zumbido de un moscón revoloteando sobre mi cara; (reniego de los entendidos que afirman que los dípteros no viven en el frío) Se le ocurre posarse en ella y pongo en movimiento una mano para espantarlo. El gesto despierta a mi perro. No abro los ojos pero siento que cambia la posición de su cuerpo.El insecto sigue molestando, pasa y pasa una y otra vez. Se oye el chasquido de los dientes de Gerónimo al cerrar la boca con rapidez. El moscardón ya no vuela y mi perro ha ingerido unos gramos de proteínas y terminado con el visitante molesto.Sobre mi mesa de luz, descansa el libro de un poeta español que admiro. Su contenido y su continente parecerían no coincidir con mi persona, pero es un libro que amo. En su portada dice: “Rimas” Gustavo Adolfo BécquerSoy un hombre alto y corpulento. Solitario, algo huraño e irónico con quienes me son indiferentes. Hijo de un guardabosque alemán, naturalizado Argentino y de una mujer, natural del país, de sangre pehuenche y española, cuyo nombre indígena era "Aleu Liú"-Estrella Blanca-Trabajo en la Fuerza Aérea Argentina con el grado de teniente y me entreno específicamente como piloto de combate. Creo que soy militar por las convicciones de mis padres, quienes amaban a la tierra que les daba el sustento y hubieran dado la vida por defenderla.
Abro los ojos y los fijo sobre mi segundo libro preferido. En su portada dice: “La Patria” Julia Prilutzky Farny. Y no puedo dejar de repetir algunos de sus versos; Versos que recuerdo más aún cuando estoy en la cabina de mi avión rodeado de cielo y con mi tierra abajo:
Donde nunca se esta del todo solo / donde cualquier umbral es la morada./ Donde se quiere arar. Y dar un hijo. / Y se quiere morir, está la patria.Estoy franco de servicio, aprovecho para dormir lo más que puedo y cultivar alguna que otra amistad. No me gusta el tumulto ni la gente ruidosa. Me molesta la situación social de mi País y rehuyo a las personas agresivas, no por lo que ellas pudieran hacerme, sino por temor a que despierten mi propia agresividad, que suele ser incontrolable.Me restrego los ojos con mis dedos en un gesto reflejo. Gerónimo me está mirando con los que siempre me parecen los ojos más nobles del mundo. El reloj indica que faltan pocos minutos para las cinco de la mañana; me estiro desperezándome ya desvelado y me entretengo unos minutos tratando de adivinar imágenes en la ilusión óptica que produce la fijación de mi vista sobre los dibujos del empapelado de las paredes.El timbre del departamento altera mi distensión y provoca una explosión en mi cama cuando los músculos de mi perro se ponen en acción. Intento detenerlo, pero fracaso. Cuando bajo mis pies de la cama el salchicha ya traspone la puerta de la habitación, acompañando la acción de sus patas con la de sus pulmones y convirtiendo al departamento en un pandemonio de ladridos. Descalzo, enfundo mi cuerpo desnudo en una bata y me dirijo a la sala. A los dos o tres pasos piso una de las pelotas de tenis (juguete preferido de mi perro) y aterrizo con mis ochenta kilos sobre la alfombra, no precisamente en tres puntos. (1)Insulto al perro, a la pelota, a mi mismo y paso al Living con el humor averiado para levantar a mi perro por el cuero de su cogote y colocarlo bajo mi brazo izquierdo logrando que se calle. Al fin, ya estoy como todos los días; malhumorado y despierto. Soy el perfecto piloto de combate.
Un cadete de la base, profusamente abrigado, me saludó al abrir la puerta: Conteste con desgano y lo invite a tomar un café indicándole la cocina que el chico ya conocía. Flanqueado por Gerónimo el muchacho desapareció y yo abrí el sobre: Un teniente asignado como piloto a un grupo científico extranjero, había enfermado de rubéola en la víspera y el Comodoro consideraba que el piloto adecuado para el reemplazo era yo.Esta vez mis insultos cayeron sobre el Comodoro, la Fuerza Aérea y mi suerte, atrayendo al cadete y provocando nuevos ladridos de mi perro. Calmé la intranquilidad del muchacho, acompañándolo de regreso a la cocina y me preparé un mate mientras él terminaba su café. Le hice algunas preguntas intrascendentes sobre la base y más tarde lo despedí para bañarme y vestirme.Aunque el Comodoro me quería en la Base dos horas después; en una hora estuve listo. Apuré mi último mate, cuidé que el recipiente de agua de Gero quedara lleno, le di un beso en el hocico que él retribuyó con un certero lambetazo en mi oreja derecha, cerré mi departamento y pasé una nota por debajo de la puerta de mi vecina, a quien siempre le dejaba una llave.En el subsuelo puse en marcha el auto y encendí la radio. La mañana iba a recibirme con cuatro grados bajo cero y un viento que bajaba aún más la sensación térmica. Salí a la calle corrigiendo la posición de un espejo lateral y así pude escuchar como un tipo que viajaba en bicicleta, aterido de frío, iba cantando mientras pedaleaba. Pensé en el grado de alegría o tristeza, que motivaría a ese hombre, para cantar en vez de maldecir su suerte.Dejé el vidrio semi bajo a pesar del frío, me agradaba respirar el aire de la mañana, impregnado de olor a petróleo o a pescado, según fuera la dirección del viento. Me dirigí a la base, manejando muy despacio; las sorpresas que daba el agua congelada sobre el pavimento, no eran de mi agrado; sobre todo al pagar la cuenta del chapista. Al cruzar la primera bocacalle, sobre una vereda y bajo la luz, pude ver a un cusco (2) de color pardo evacuando sus tripitas, temblando de frío y despidiendo heces calientes que arrojaban vapor. Recordé a Gerónimo, que en ese momento estaría durmiendo bajo mis frazadas y pensé si la libertad de ese animalito no era demasiado cara para él. Después, concluí entendiendo que hasta los perros en la sociedad humana estaban sujetos a un sistema perverso.Más tarde, el Comodoro sonreía subrepticiamente ante mis protestas por la designación, limitándose a poner en mis manos sus órdenes, después de haberme explicado en qué consistía mi función.


1) Tres Puntos: En Aeronáutica, cuando el avión apoya las tres ruedas al mismo tiempo.

2) Cusco: De la voz "Cuz" (interjección con que se llama a los perros) En este caso puede interpretarse como
perrito pequeño y bullanguero.


Continua en Capitulo 1

Capitulo 11 - Un Mapuche Demasiado Viejo.

Ilustra el siguiente capitulo una fotografía
del cacique Mapuche Llonco, Y he utilizado
el idioma natural mapuche en el texto,
con mi mayor respeto.
Pedro Lapido estran

El Arca de las Nieves Eternas
Capitulo 11 -"Un Mapuche Demasiado Viejo"


La ventisca que me había obligado a refugiar entre los huecos del macizo, había cesado. A medida que se afirmaba la última nieve caída, el frío era mayor.
Estaba cansado, muy cansado; llevaba días de camino entre las montañas con una mochila sobre mi espalda y con los doce kilos de mi perro adentro de un chaleco-bolsa de piel de cordero y nylon que le permitía viajar colgado entre mi pecho y mi cintura. De esa manera, lo tenía permanentemente a la vista y además, su peso contrapesaba el peso del Trineo que yo mismo había diseñado y en donde acomodara escrupulosamente todos los elementos que creí necesarios para mi subsistencia y la de él.
No tenía problemas de provisión, llevaba hasta suero para una emergencia, pero el cansancio físico se entrelazaba con mi desesperanza. Las preguntas se agolpaban en mi cerebro, tratando de encontrar una justificación lógica a lo que estaba haciendo.
¿Adonde iba realmente? - ¿Acaso intentaba cruzar la Cordillera por un supuesto viejo camino Indio? ¿Iba en realidad en busca de mi avión? Para eso debería saber las coordenadas del lugar de la caída y en realidad no las sabía. ¿Porque elegí ese paso olvidado al sur del Lanín, con la mínima posibilidad en caso de accidente, de que alguien me auxiliara, si me habían advertido que esa senda no se usaba desde el siglo anterior por considerarla peligrosa?
¿Qué extraña compulsión me impulsaba a seguir adelante en esa desolación de piedra y nieve sin un destino preciso? ¿Era la misma que me había llevado a cometer las irracionalidades anteriores, como cuando gasté todos mis ahorros alquilando avionetas simplemente para volar entre las montañas? Creo que sí, que todo obedecía a la misma compulsión que me atraía hacia una zona de la Cordillera de los Andes. Mi cabeza guardaba en algún recóndito lugar, un secreto; un secreto que yo estaba obligado a develar. Pero esta vez no había ninguna duda, o me llevaba a un destino cierto; o me llevaba a la muerte.
Acomodé la superficie del suelo con la pala y armé la carpa al amparo de
una saliente rocosa. Aseguré el trineo y me introduje en ella con los elementos necesarios. Encendí la lámpara y el calentador acurrucado junto a la bolsa de Gerónimo que asomó su hocico para testear el nuevo ambiente. Cuando el agua tomó cierta temperatura le preparé una papilla con un poco de puré deshidratado y coloqué su pelotita al lado del recipiente humeante. Allí, frente a mis ojos tenía una de las mayores incógnitas de mis últimos diecisiete años de vida; las bolitas azuladas que nunca pude saber de donde habían salido, ni quién las había puesto en mi casa. Y ellas permanecían allí, en su caja, inalterables al calor, a la humedad y al frío; sólo se disolvían al contacto con la saliva y desde entonces, habían pasado diecisiete años. Gero tenía ya dieciocho y yo cuarenta y siete; pero si mis cuarenta y siete años podían considerarse normales, los dieciocho de Gerónimo sin duda no los eran. El llevaba viviendo más años de los normales en su especie, sin haber disminuido su olfato, su oído ni su vista. Hasta sus dientes estaban sanos y no había acusado nunca los problemas vertebrales tan normales en su raza.
Yo no podía decir lo mismo; mi vista y mis oídos se habían deteriorado y mis piernas hacia mucho tiempo que me dolían periódicamente. Mientras daba vuelta una de las minúsculas esferas entre mis dedos, pensaba si no debería haberlas tomado yo también todo ese tiempo.
Gero terminó su papilla y ladró avanzando hacia la salida de la carpa. Lo abrigué con su cordero y lo acompañé afuera adonde el frío era cortante. Arrojó su pipí rápidamente y se zambulló otra vez en la carpa. Cuando entré ya se había introducido en mi bolsa de dormir no sin antes apropiarse de su bolita. Me metí yo también, lo acomodé junto a mi pecho, cerré la bolsa y juntos empezamos a soñar, sintiéndonos minúsculos protagonistas de la vida, al pié de uno de los gigantes Andinos en la inmaculada soledad de las nieves eternas.
Me despertó el intento de mi perro, esforzándose por trasladarse o acomodarse adentro de la bolsa. Debí haber dormido muchas horas y como de costumbre, había soñado alternativamente con bosques paradisíacos, círculos y esferas. Y nuevamente aparecía la mujer rubia, que avanzaba o se alejaba por túneles vivamente iluminados y vacíos. Esta vez se había acercado tanto a mí que estuve a punto de tocarla; pero al levantar la vista y ver que su cara sólo era una blanca superficie sin formas, yo retrocedía asustado alejándome de ella.
Ya era de día; afuera no había viento y el Sol seguramente estaría dándole brillo y minúsculas gotas a la nieve.
De pronto, escuché un sonido extraño en el silencio espectral de la mañana. Era un canto; alguien cantaba en el auditorio Andino con una voz gangosa que hacía dificultosa la captación de sus palabras. Concentré mi atención y mis oídos me fueron permitiendo individualizar las palabras de lo que al principio sólo me llegaba como un melódico lamento.
- ¡ Feyllegá Nguenechen meu eln quimn chi mapu ñi chi ad-ngüen nag ñi chi chiuai cheo chi paramn la acun fei llagantú la chi ata-huera cheo chi pulqui, chi huaiqui chi pulaque pepica umagn chi filu fei chiu, fei Huemul, fei Nahuel, fei Cuchru, fei Manque pepica nguen mari-mari-canai ! - ¡ Cheo fei Lemú, fei Lauquen rehue quiñé chrem pepica cumelen !
"Era lengua Araucana, la raza de mi Madre. Era el canto de un Mapuche que expresaba agradecimiento y que tal vez fuera simbólico pero era realmente bello". Las estrofas comenzaron a repetirse y esta vez me esforcé por traducirlas en su totalidad: ¡"Gracias Dios por dejarme conocer la tierra de la belleza, abajo de la neblina, donde la nieve no llega y el tiempo no es malo; donde la Flecha, la Lanza y las Boleadoras pueden dormir y la Víbora y el Jilguero, el Ciervo y el Tigre, el Pato y el Buitre, pueden ser amigos, compañeros"! - ¡"Donde el Bosque y el Lago son lugares sagrados y un anciano puede ser feliz"!.
Me apresuré a abrigarme y a abrigar a mi perro. Abrí la carpa y salí tratando de orientar mis ojos hacia donde mis oídos detectaban la melodía. Allí estaba, muy cerca, acuclillado sobre una piedra, envuelto en un colorido poncho sobre el que caían sus cabellos blancos. Proyectaba las manos y la mirada hacia el cielo, cantándole a Nguenechen su lamento. Era viejo, muy viejo.
Me acerqué lentamente con mi perro entre los brazos para evitar una actitud imprudente y cuando creí estar a la distancia adecuada, entonces hablé:
- Marí - marí - ( Buenos días )
Interrumpió su canto, bajó sus brazos, fijó en mí sus viejos ojos y dijo:
- ¿Cüme - chetue - imi? - (¿Usted habla el idioma?)
- Tañi Ñuque Mapu - che - (Mi Madre era Mapuche) Contesté.
- Mari - mari - peñi - (Buenos días hermano) replicó.
- ¿ Mari - mari - cumelecaimi ? - (¿Cómo esta usted?) Pregunté
- Mai - mai - ( Bien, bien ) Finalizó.
Me quedé observándolo un momento y luego recorrí los alrededores con mis ojos. El único equipo que se veía, eran mi carpa y mi trineo, nada más. ¿De donde había salido este viejo? - ¿Cómo había llegado hasta allí? - Yo llevaba días de camino con un equipo más que adecuado y la noche anterior me había derrumbado exhausto en mi carpa. Este hombre no tenía más que lo puesto, que no era mucho y estaba allí, en el medio de la Cordillera Andina ¡Cantando!
No pude evitar la pregunta, que fue impetuosamente indagatoria:
- Lacú (abuelo), ¿Que hace usted aquí?
- Me preparo a morir hermano, sólo eso - Contestó.
- ¿Pero por qué? - ¿Donde ha estado usted? - ¿Que hace aquí? - ¿Cómo ha llegado?
- Son demasiadas preguntas juntas, hermano. Me preparo a morir, porque Nguenechen me llama. Pertenezco a la raza de Caupolicán y combatí al lado del último gran cacique Boroga, contra diferentes enemigos. El siempre supo hacia adonde tenían que apuntar sus lanzas para la conveniencia de su pueblo. Te estoy hablando de Don Ignacio Coliqueo.
...El Cacique Coliqueo (Coli = "rubio" –Queo = "ser", "siendo") había muerto en los toldos en 1871 a causa de una rodada de su caballo, a los 75 años. Desde entonces habían pasado más de cien años...
No dije nada, si el viejo deliraba yo decidía respetar su delirio.
- Después, mucho después - continuó el viejo - vine hacia estas montañas sirviendo de guía a unos Huincas ( blancos ) que iban a Chile con una carga ilegal a juzgar por como la ocultaban. Me pagaban bien. pero quiso la Hueda ( El mal ) que me quebrara una pierna en una caída y los blancos me abandonaron aquí, justo en este lugar. Estaba lalenguñün (muriéndome de hambre) cuando me pareció ver a un animal a cierta distancia. Comencé a arrastrarme hacia donde creí verlo, con la esperanza de atraparlo y entonces fue que cedió el suelo y caí en el Rehué (Lugar sagrado), el mundo de Nguenechen. Desde entonces he vivido allí, en donde nunca he tenido que matar para comer, donde todo es paz y belleza y donde cada tanto, Nguenechen manda a sus Che - ñi - Coli ( Gente de rojo ) para asegurarse de que uno sigue siendo bueno y cumple con sus órdenes. Entonces, te dejan comida y bebida en abundancia para ser Cumelén (Feliz).
Si, evidentemente el viejo deliraba; a nuestro alrededor todo era nieve y frío y no había ninguna gente que pudiera traer comida precisamente. Seguramente, cuando revisara los alrededores, encontraría alguna cueva o refugio en donde el Indio hubiese sobrevivido y elucubrado sus sueños paradisíacos.
- Lacú (Abuelo), dígame en que puedo ayudarlo. Fue todo lo que se me ocurrió decir en ese momento.
El viejo, no demoró su respuesta:
-Esta noche, yo emprenderé mi viaje definitivo hacia otras regiones. No tengo pertenencias, no tendrás mucho trabajo. Me enterrarás aquí mismo, con la cabeza hacia el poniente; pronto seré Pellú (Alma) y tal vez vuelva a verte desde los ojos de algún ave. ¿Me lo prometes?
- Sí, si, - contesté confuso.
- Uúle (mañana) cuando despiertes, cumplirás tu promesa y luego caminarás cien pasos desde esta piedra hacia el Suroeste con todo tu equipo y tu perro, porque nada de lo que dejes podrás regresar a buscar. Después verás que Coifuin (el viejo) te habrá hecho Cumelen (Feliz).
Transcurrió el día; todos los intentos por convencer al viejo de que abandonara su postura y se viniera conmigo a la carpa, fueron vanos. El siguió insistiendo en que esa noche se dejaría morir y que si yo cumplía la promesa y obedecía sus instrucciones, viviría feliz en la tierra de Nguenechen.
Cuando llegó la noche, el Mapuche seguía tranquilo con sus cantos y mi angustia iba en aumento. Permanecí cerca hasta que la temperatura y la impotencia me llevaron a la carpa. Salí a verlo por última vez cuando calló su canto, sólo para comprobar que seguía en su lugar, aún vivo, pero callado y con los ojos fijos mirando a la distancia. Volví a entrar y me acosté, abrazado a mi perro. "Cuando un hombre quiere morir, no se puede evitar; Lo hará de cualquier manera", decía mi madre india. Me dormí deseando que Nguenechen lo recibiera como él quería.
Desperté muy temprano. Pese a la baja temperatura, estaba todo mojado dentro de la bolsa. Tan mal había dormido, que Gerónimo había salido de ella y me observaba con mirada intrigada arrebujado en su cordero a escasa distancia de mi cabeza.
Había soñado otra vez con los túneles y la mujer sin rostro; esta vez mezclada con el viejo indio, quien me llevaba hasta ella y cuando me acercaba, su rostro tomaba las formas de otros rostros para terminar en la cara sin rasgos que tanto me asustaba. Por momentos yo aparecía sentado en mi butaca de piloto, pero no conducía un Jet, sino un enorme pájaro blanco de inmensas alas. Y luego, caminaba con mi Padre por un extraño bosque en donde él no se cansaba de describirme las especies que veía.
Abandoné la bolsa de dormir, me abrigué, le coloqué la correa a mi perro y lo aseguré a uno de los parantes de la carpa. Gero no se inmutó y se quedó tranquilo dentro de su abrigo. Salí y me dirigí hacia el lugar donde quedara el indio.
El viejo, tal cual lo había previsto; había muerto. (O se había dejado morir) durante la noche. Lo encontré en la misma posición en que quedara la última vez que lo vi. Estaba casi congelado; lo toqué y su cuerpo cayó semi rígido sobre la nieve. Regresé hacia la carpa y tomé del trineo la herramienta adecuada para cumplir con mi promesa. Cavé una profunda fosa en la nieve con uno de sus extremos orientados hacia el Poniente.
Acomodé el cuerpo y lo envolví prolijamente en su poncho. Sellé el envoltorio con trozos de cinta adhesiva y lo introduje en la fosa. Antes de taparla pensé en decir alguna oración en homenaje al viejo, pero no supe elegir una que fuera adecuada. Trabajé, cantando la misma canción Mapuche que le escuchara a él. Me pareció lo mejor mientras cubría su tumba con paladas de nieve.
Cuando terminé de darle forma a la tumba, le coloqué unas piedras sobre una punta con intención identificatoria y luego empecé a preparar el equipo para seguir mi viaje hacia la incertidumbre. En ningún momento pude dejar de pensar en el viejo y en el extraño relato que coincidía totalmente con su canción.
Aseguré las riendas del trineo a mi cintura, cargué la mochila e introduje a Gero en su bolsa de viaje sobre mi vientre.
Comencé a caminar y me detuve al llegar a la tumba. Allí, mientras intentaba balbucear unas palabras de despedida, rememoré las últimas palabras del viejo:
- "Caminarás cien pasos desde esta piedra hacia el Suroeste con todo tu equipo y tu perro, porque nada de lo que dejes podrás regresar a buscar".
¡Pobre viejo!, pensé. A sólo cien pasos del lugar que eligió para morir, había ubicado en su ilusión, el paraíso donde vivió. Giré mi cabeza para observar el lugar; a un lado tenía la montaña contra la cual había armado mi carpa. Al otro, sólo nieve; una gran extensión de nieve rodeada de picos imponentes.
Tomé mi brújula de un bolsillo y busqué el Suroeste. Daba justo hacia la nieve. Tuve una compulsión: tenía todo mi equipo y sólo eran cien pasos. Después de todo, sería un homenaje al viejo. Empecé a caminar: Uno, dos, cinco, diez, veinte, cuarenta. ¿Qué locura era ésta?, me pregunté mientras mis piernas se enterraban cada vez más en la nieve hasta que de pronto sentí que mis piernas se liberaban, era como si la nieve fuera perdiendo densidad.
-"Cincuenta y uno, y dos, y tres. Sesenta y uno, y dos, y tres...."
La sesenta y dos fue una pisada inestable que me llevó a acelerar la sesenta y tres y esta última no encontró base para aguantar mi peso.
Caí por una pendiente con todo mi cuerpo adherido al suelo, hasta que el trineo que llevaba atado a mí, me superó en velocidad y al pasarme, me arrastró de la peor manera. Sólo atiné a proteger con mis brazos el cuerpo de mi perro y esconder la cabeza lo más posible entre mi cuerpo.
Cuando terminó la caída, quedé atontado, dolorido y mal enredado con las correas del trineo. Fui reaccionando lentamente en la medida en que mis sentidos me lo permitían. Desabroché una de las correas para poder liberar mi cabeza y apenas logré sentarme saqué a Gerónimo de su bolsa, que felizmente estaba bien, aunque me miraba con ojos asustados. Me paré y comprobé que pese a algunas magulladuras, mi cuerpo también estaba bien. Entonces observé asombrado que estaba en medio de un bosque y había caído por un claro que formaba un sendero libre entre los árboles, desde una altura de casi cincuenta metros, afortunadamente en pendiente. Arriba, un espeso manto de niebla me impedía todo contacto visual con el exterior.
Pero... ¡Qué carajo es esto!, me dije a mi mismo, recorriendo con mis ojos los enormes árboles que me rodeaban. ¿Acaso era el mundo de Nguenechen del que hablaba el viejo?
- ¡Maldita sea!, yo hace cuarenta y ocho horas que estoy loco, definitivamente loco, no puede suceder lo que estoy viviendo!
Y emprendí una trepada por la pendiente andando sobre mis pies y manos, seguido dificultosamente por mi perro cuyo escaso largo de patas, hacía que deslizara su panza sobre la nieve como si estuviera nadando en ella.
Mi acción; totalmente compulsiva por cierto, estaba dirigida aparentemente a verificar la situación inmediatamente anterior, para poder aceptar la presente. Trepé y trepé por la pendiente, hasta llegar a la niebla que estaba bastante encima de los picos de los árboles. Por desgracia, lo primero que introduje en ella fue la cabeza. Recibí una descarga eléctrica que me hizo entrechocar los dientes. Hubo una visión roja frente a mis ojos, estallidos de colores y luego: La obscuridad.
No se cuanto tiempo estuve inconsciente o semi inconsciente; recuerdo haber oído los ladridos de mi perro, voces extrañas y otra vez, nada.
Ahora, al despertar, Gero estaba junto a mi cara y lamía mi cuello y mejilla izquierda. Conseguí abrir los ojos, lo aparté suavemente y traté de tomar conciencia del lugar donde estaba. Me hallaba adentro de una Cabaña, acostado en una cama y con la cabeza vendada. Todo en el interior rebelaba la identidad de su dueño. Tapices, plumas, lanza, arco y flechas colgados en las paredes. Vasijas y troncos tallados, más como adornos que como elementos de uso diario; y entremezclados con los utensilios Indios, algunos recipientes que denotaban una modernidad contrastante.
¿Acaso estaba en la cabaña del viejo?, me pregunté. ¿Y quién había vendado mi cabeza? - ¿Habría otro Indio?
Me bajé de la cama fatigosamente y me dirigí a la salida. Cuando abrí la puerta, vi. mis cosas acomodadas al lado de la Cabaña y claras huellas de pies calzados, en el suelo. Me senté sobre un tronco y con la cabeza entre las manos, traté de recomponer mis pensamientos, mientras observaba el lugar. Después de todo el viejo no deliraba ni había mentido: Aquí estaba su mundo de Nguenechen; nadie podía explicarme porqué existía este bosque relativamente cálido, oculto en medio de la Cordillera Andina. Pero yo estaba allí y había pájaros y animales que empecé a descubrir tras recuperar la calma y el dominio de mis sentidos. Sólo faltaban los Che-ñi-Coli, con la comida y la bebida y ya podía ser yo Cumelén (feliz).
Entonces, algo comenzó a pasar en mi cabeza: Tras un estallido de dolor, aparecía una imagen determinada. Otro dolor y otra imagen y así, una tras otra, como en una secuencia fotográfica, mi mente empezó a recordar....
Y entendí la razón de mi compulsión, el porqué de mi atormentada vida después del accidente; y apareció Kingston, Ramalú, Antiza, Lunigén y por supuesto "Olma", ¡Sí, ella!, la mujer de los túneles, la mujer sin rostro de mis sueños.
Me levanté y corrí, corrí hasta detenerme en un claro del bosque, en medio de enormes Alerces. Atrás mío Gerónimo luchaba por llegar hasta mi, saltando con sus cortas patas sobre la espesa capa de pasto y de flores que cubría el lugar. Era el mismo paisaje de ensueño que me conmoviera diecisiete años atrás: El permanente color del Arco Iris en los rayos del Sol que atravesaban la niebla, el trino de los pájaros, los pequeños animalitos desplazándose entre la multitud de flores y plantas que adornaban el suelo. Sí, no había dudas ese era el lugar, "había vuelto".
Gerónimo, irguió sus orejas asombrado ante la aparición de una familia de conejos grises, que sin inquietud alguna se acercó a observarnos para desaparecer luego rápidamente de nuestra vista. Sentí deseos de romper el sólido silencio y grité, grité con todas mis fuerzas.
-¡Olma! - ¡Olmaaa!, "soy yo, Haffner, he vuelto".
-¡Olma! - ¡Olmaaa!, "aquí estoy, aquí estoy".
Y la risa y el llanto se entremezclaban en mi voz alternativamente. Mis gritos resonaban aún en el espacio, cuando una bola de fuego salió de entre los árboles circundantes y se detuvo encima de mí. Y luego otra y otra y otra. Y al final, las cuatro giraban con lentitud a mí alrededor.
- ¡Son los atisbadores incorpóreos, Gero!
- ¡Nos han visto, amigo mío, nos han visto!
Mi perro comenzó a ladrarlas y yo lo tomé entre mis brazos para bailar con él, mientras le decía:
- ¡Pronto vendrán por nosotros y esta vez, "estaremos juntos"!
No sé cuanto tiempo bailamos, no sé cuanto tiempo grité. Los atisbadores se alejaron de pronto, tan imprevistamente como habían aparecido. Me quedé parado en medio del bosque, en silencio, acompañado sólo por el rítmico tam tam de mi corazón y el de mi perro. Hasta que un zumbido casi imperceptible me hizo girar la cabeza. Detrás de mí descendía oscilando levemente, un vehículo igual al que nos recibiera la primera vez.
Se detuvo. Una sección de su techo se levantó y una parte de su cuerpo metálico se abrió extendiéndose en rampa hacia mí. Mi corazón latía frenético, cuando una voz, en español - como correspondía - dijo:
- ¡Bienvenido Teniente Haffner! , ¡Está usted en la primera Colonia exterior!...
Contesté antes de que la frase terminara:
- No, no. Estoy en "EL ARCA DE LAS NIEVES ETERNAS", he vuelto al paraíso.
Tuve un sólo deseo y lo manifesté en voz alta:
- ¡Señor - mi Dios - trae aquí a todos los hombres y mujeres de buena voluntad!

Continua en: Epilogo.

























martes, 21 de julio de 2009

Capitulo 9 - Por Amor a Gerónimo.


Pedro Lapido Estran
El Arca de las Nieves Eternas
Capitulo 9 - Por Amor A Gerónimo




El disco se detuvo sobre la cordillera. Luego descendió a velocidad moderada, en forma vertical. Aguardó un momento sobre la niebla y penetró en el valle paradisíaco de donde partiéramos poco tiempo antes.
"La primera Colonia exterior", la llamaban ellos a esa especie de Arca maravillosa donde poseían una asombrosa vida vegetal, animal y humana; Un Arca que -como la bíblica- se hallaba perdida entre montañas.
Pensé en los majestuosos picos nevados que la rodeaban y se me ocurrió darle un nombre: "EL ARCA DE LAS NIEVES ETERNAS".
Abandonamos nuestros asientos. Olma siguió seria y dedicada al manejo del aparato. El disco volaba a baja velocidad, dentro del área controlada, con rumbo a la ciudad. Yo sabía que le había bastado generar el procedimiento, para que el ordenador se encargara de controlar por si sólo un vuelo tan obvio. Era evidente que fingía. Zhurit, se acercó a mí y habló en tono muy bajo:
- Parece que la psicología de nuestras mujeres, Teniente, no difiere mucho de las suyas en cuanto a las relaciones afectivas; pese a que la educación conceptual y el medio, son absolutamente diferentes.
Lo miré, analizando todavía lo que había dicho y el prosiguió:
- Celos, Teniente; celos del brillo de sus ojos cuando miraba a la pequeña Antina en el momento en que se separaban. ¡Ah! “Por cierto que la tenía usted bien agarrada".
Ignoré la ironía y me planteé una duda: ¿Celos? ¡Eso significaba que Olma sentía algo especial por mí! ; Si el chico pretendía tomarme el pelo...
- ¿Está usted seguro? - Pregunté.
- Muy seguro. Conozco a la capitana desde hace mucho tiempo y no es mujer de establecer relaciones por placer físico o por entretenimiento; sólo las motivaciones afectivas alteran su concepción Espartana de relacionarse con los demás.
- Pero, ¿No es la de ustedes una sociedad liberada, abierta, en cuanto a la interrelación de las personas? - Pregunté.
- Justamente, una sociedad liberada, abierta, es la que permite que Olma decida y pueda ser así, conviviendo con otros que han decidido y pueden ser diferentes a ella. El concepto de libertad en una sociedad humana, es inaplicable sino parte de asumir que "el otro", es y tiene que ser siempre, "tan libre como uno".
Me dije a mi mismo: "¡No pueden existir!", y mi mente reiteró: "Estoy metido adentro de un cuento de Bradbury". Y Zhurit prosiguió:
- Una de las mejores amigas de Olma, es la antítesis de ella; Gusta compartir su cuerpo con casi todos los hombres que trata casi por distracción y sin embargo, sabemos que jamás cambiaría a su esposo por otro. A su vez el esposo la acepta como es y ambos conviven sin conflictos. ¿Raro para su concepción de la relación en la pareja humana, no?
La mejor amiga a la que se refería era sin duda, "Ormoní"; a quien yo ya había conocido y también escuchado de sus propios labios, una excitante historia que corroboraba esa versión.
- Raro para la concepción que tiene la mayoría de mi gente sobre la pareja humana, no la mía - Contesté.
- ¿No me diga que usted, tiene una concepción diferente?
- Siempre la tuve. Nunca creí que los humanos fuéramos monogámicos por naturaleza física y psicológica; por el contrario, estoy convencido de que somos "poligámicos". Creo que sólo el amor, circunscribe al humano a la relación física con un único ser; desaparecida esa razón - válida por cierto - el hombre y la mujer pueden establecer relaciones múltiples sin problemas.
Lo que impide que esto se conceptualize así, masivamente; son los esquemas de una educación social, no basada en análisis objetivos del individuo como ente, sino en dogmas seudo religiosos y seudo-morales que obedecen al mantenimiento de una hegemonía sobre las masas y de los cuales resultan multitudes de mentes enfermas, que no logran compatibilizar las reglas del medio con sus impulsos interiores.
Zhurit, se quedó mirándome boquiabierto, como si no hubiese esperado de mí, una concepción semejante y yo continué hablando, aprovechando la primera oportunidad que tenía de sorprenderlo:
- El mismo error se comete con la relación sexual, a la que llaman "hacer el amor", cuando obviamente son dos cosas diferentes; ya que existen cada una en forma individual. Yo "amo" a mi perro y no se me ocurriría tratar de tener relaciones sexuales con el.
Esta vez, Zhurit emitió una carcajada que - aunque parcialmente contenida - provocó la atención de Olma e hizo que este interrumpiera nuestro diálogo.
Había hablado de mi perro y me quedé abstraído pensando en él. Tomé conciencia de que a partir del descenso y consiguiente "desaparición" del Búho Blanco; la Fuerza Aérea, suponiéndonos caídos, estaría buscándonos o ya nos habría dado por perdidos. Me inquietaba no saber que decisión habría tomado mi vecina con respecto a él, al creerme muerto o desaparecido. Entonces escuché la voz de Olma: - Se lo ve pensativo, Teniente: ¿Lo preocupa algo?
La pregunta había sido formulada con evidente doble sentido. Entonces y poniendo mi mejor cara de estúpido, contesté:
- Me preocupa mi perro. Acabo de pasar por encima de el, pero "me olvidé de bajarme".
Zhurit, ahogó una risa escondiéndola en una disimulada tos. Olma frunció el ceño y dijo:
- Si ese es todo su problema; los atisbadores pueden solucionárselo. El capitán se encargará de llevarlo al lugar adecuado, mientras yo entrego la Burana. Más tarde, regresaré a buscarlo.
El disco ya sobrevolaba la periferia; Zhurit, aún con un esbozo de sonrisa en el rostro, aparentaba revisar controles.
Olma, aunque seguramente no le hacía falta, estableció contacto con el Centro de Seguridad; y así, ambos se entretuvieron hasta que llegamos al corazón de la ciudad.
No dejaba de asombrarme la versatilidad del aparato, que antes había realizado evoluciones imposibles en la atmósfera, volado o "navegado" en las profundidades abisales del mar y luego regresado desde el Atlántico a la Cordillera a velocidad pasmosa, sin cambios en la suavidad de su desplazamiento. Ahora giraba lentamente entre las esferas centrales, para terminar posándose sobre una de las plataformas de la esfera de Seguridad, con la levedad de una pluma.
Quedó asentado sobre sus estilizadas patas, con su ala girando lentamente alrededor de la cúpula central y emitiendo destellos que parecían descargas eléctricas intermitentes, desprendiéndose de su estructura.
Zhurit, me invitó a seguirlo con un gesto y se introdujo en el conducto que comunicaba con la cúpula inferior; Olma seguía fingiendo que estaba ocupada.
Lo seguí, fastidiado y pensando que en algo se parecían nuestras sociedades: Las mujeres utilizaban idénticos recursos en su relación con los hombres.
La rampa de salida estaba abierta y Zhurit me esperaba al pié de ella, conversando con Gadión, uno de los tres recepcionistas del lugar, que yo conocía. Lo saludé con una inclinación de cabeza y acompañé al Capitán hacia el eje del edificio. En el camino, volví la cabeza y observé que la rampa de la Burana se cerraba y el ala aceleraba su giro. Los destellos de luz fueron acrecentando su intensidad y entonces descubrí que la parte inferior del ala, "giraba al revés"; fue por casualidad, al ver que los destellos de abajo eran de diferente color.
Tomé de un brazo a Zhurit y le señalé el aparato; Sin darme tiempo a hablar, este explicó:
- Es el refrigerador de hidrógeno; a todos los que ven una Burana por primera vez, les llama la atención.
Seguramente tendrían una explicación lógica si preguntaba cómo hacían girar dos campos en forma invertida sobre un rotor; así que no pregunté nada y me quedé observando como "las alas" aceleraban su giro y los destellos de luz se confundían unos con otros.
Era magnífica la imagen que daba al despegar; parecía un fascinante juguete de vidrio, envuelto en luces, que se elevaba silenciosamente en el aire.
No pude imaginar ninguna bandera pintada en su "fuselaje", me pareció "nacido para ser Universal".
Entramos al elevador y ascendimos. Salimos de él para entrar a un salón que evidentemente era el último del edificio, ya que por los ventanales del techo se podía ver el exterior. El ámbito era estrictamente técnico; una mezcla de laboratorio y sala de control de vuelos, llena de monitores, pantallas y teclados.
Zhurit se presentó al oficial al mando y me presentó también. El individuo no se mostró muy receptivo, pero yo no dejé de considerar la posible problemática de su tarea. En breve, se acercó a nosotros un joven delgado y no muy alto. Era un operador de atisbadores de nombre Balbeek que intercambió saludos con Zhurit, como viejos conocidos.
Nos llevó hasta un conjunto de tubos transparentes de distintos diámetros que estaban en el centro del recinto; a su alrededor había paneles con teclados y delgadas pantallas de televisión.
- Bien Teniente, ¿Que desea saber? - preguntó.
- Desea saber como está su perro, en el exterior - se adelantó Zhurit.
Contra todo lo esperado por mí, al joven no pareció asombrarle el pedido; simplemente contestó:
- ¿Coordenadas?
- No las tenemos, debemos ubicarlas - prosiguió Zhurit.
- Bien - dijo; y se quedó esperando.
- Comodoro Rivadavia - dije para comenzar.
Tecleó y en una de las pantallas apareció la imagen de Argentina. Mi corazón se estremeció al verla, mientras Balbeek bajaba el cursor provincia por provincia. Al llegar a Chubut, escribió el nombre de la ciudad, luego pidió las calles que conformaban la manzana de mi edificio y al final la dirección exacta. En la pantalla sólo quedaron dos líneas y en el cruce de ambas un punto luminoso que destellaba.
En uno de los tubos cercanos que no tendría más de treinta centímetros de diámetro, ascendió un platillo y sobre él un objeto extraño para mi: Era una esfera color oro de unos diez centímetros, a partir de la cual, se armaba una estructura -esférica también- de tubos color cobre del diámetro de un bolígrafo común. Los tubos tenían perforaciones por donde se veían finísimos hilos de color, no más gruesos que cabellos. El diámetro total del armazón esférico parecía ajustarse al del tubo que lo contenía.
- ¿Eso es un Foo o Fire Fighter? - Pregunté.
- Para nosotros "eso" es un pequeño Atisbador incorpóreo -Contestó Zhurit.
Tuve la misma inquietud que tuviera antes con Attóm:
- ¿Por qué lo llaman "incorpóreo" si tiene un cuerpo físico?
- Porque así resulta para la observación de ustedes ya que lo sólido no puede verse. Entre los atisbadores existe la cualidad de descargar y/o intercambiar energía lumínica dirigida, que tanto puede atravesar un aparato sin dañarlo, como volatilizarlo en el aire. La esfera dorada puede generar tanta energía como una bomba atómica y el armazón esférico exterior es un transmisor receptor-captador micro lumínico del que estamos orgullosos -respondió Balbeek.
- ¿Co - Cómo...? - Balbuceé.
- ¿Como funciona? - No es fácil de explicar, Teniente, pero lo intentaré: El núcleo, es un sofisticado almacén atómico de energía; el armazón y sus esferas de ensamble componen un sistema de captación y transmisión de fotones los cuales pueden variar de intensidad y agruparse o alinearse en forma inteligente.
Recién entonces me di cuenta de que en cada cruce de los tubos había una pequeña esfera como punto de unión.
- Varias de las esferas de ensamble - continuó Balbeek - componen en su conjunto una micro computadora y otra un micro transmisor-receptor. Su interrelación es posible gracias a las finísimas fibras conductoras, de cristales de cuarzo o anhídrido silícico que forman una intrincada y extensa red por adentro de los tubos, transmitiendo y recibiendo en microsegundos un caudal de información que no tiene similitud con ningún objeto que puedan tener ustedes en el exterior.
- ¿Esa cosa vuela a 3OO.OOO Km. por segundo? - insistí.
- Podría, pero no necesita hacerlo; los fotones lo hacen por él - prosiguió Balbeek, agregando:
- Y puede transdimensionarse.
- ¿Trans...qué? - pregunté yo, en el momento en que el oficial al mando se acercó y dijo:
-¿Algún problema con las coordenadas - No señor, ya partimos - respondió Balbeek, abocándose nuevamente a su teclado.
Las puntas de los tubos al asentar sobre la esfera dorada, descansaban también sobre pequeñas bolillas. La estructura comenzó a girar sobre la esfera central y entre esta y algunas de las esferas de ensamble, se produjo un intercambio de descargas de luz que convirtió a todo el conjunto en un fanal, donde se destacaba por su intensidad la luz que emanaba del núcleo. Luego; y a medida que la estructura de tubos aceleraba su giro, el color y la intensidad de la luz fueron cambiando, hasta quedar todo convertido en una densa bola de fuego, con un núcleo rojo/blanco de vertiginoso movimiento.
- Nos vamos - dijo Balbeek.
Y el conducto se encendió hasta el techo por una fracción de segundo; cuando dirigí mis ojos al platillo, la bola de fuego había desaparecido.
Balbeek nos hizo sentar a su lado y encendió una pantalla frente a nosotros. En ella se veía el edificio donde yo vivía desde su parte posterior. No había pasado un minuto desde que el atisbador partiera.
Las ventanas de mi departamento se veían cerradas y también las persianas de mi vecina. Un momento después apareció la imagen de la sala de mi departamento.
- ¿Pero como entró, si estaba todo cerrado? - Pregunté.
- En algún momento esas ventanas han estado abiertas; el atisbador sólo buscó "ese momento" para entrar y luego volvió a "este momento" - Contestó Balbeek
Palidecí. ¿Era posible que el fogonazo que yo percibiera una tarde, desde la cocina, fuera una visita de seis meses adelante en el futuro? Cuando me asomé a la sala, todo estaba normal y regresé a la cocina desentendiéndome del hecho.
Sentí un escalofrío; ahora sabía que un "atisbador" había entrado en mi departamento seis meses antes de que yo los conociera. De cualquier manera hice la estúpida pregunta:
- ¿Es capaz de retroceder en el tiempo?
- Y también de avanzar en él, pero por favor, teniente, preste atención a lo que vea, no tendremos mucho tiempo.
Obedecí permaneciendo callado. En el departamento había una sola luz prendida; el descuido era evidente. Pero el recipiente de agua de mi perro estaba lleno y el plato de la comida aunque vacío evidenciaba un uso reciente. El chicho había orinado y defecado en varias partes, cuando normalmente, él hacía todo eso en el sector de tierra y plantas que yo tenía armado en el balcón. La puerta al balcón sólo se cerraba totalmente cuando se desataba una tormenta y luego se abría de inmediato para permitirle salir cuando quisiera. El nunca había violado esa regla de costumbre. Algo andaba mal. La pantalla siguió mostrando los ambientes de mi casa: La cocina, el baño y por fin, el dormitorio. Allí, acostado en la cama en posición de esfinge egipcia, pero con el hocico estirado entre las manitos, estaba mi perro. En su carita hermosa, sus ojos miraban tristemente al frente.
De pronto; giró su cabeza, levantó la vista, irguió sus orejas y empezó a ladrar con fiereza mirando hacia nosotros aunque retrocediendo y emitiendo gemidos entre los ladridos.
Nuevamente aparecieron las ventanas cerradas de mi departamento. El atisbador observaba desde afuera.
- ¿Qué pasó? - pregunté intrigado.
- No podemos mantener el atisbador frente a su perro: Aunque no esté visible; el lo presiente. Los animales de su especie conservan un sentido intuitivo que el hombre ha perdido. El supo que allí había algo aunque no podía verlo. El hecho de que retrocediera gimiendo, revela su miedo ante lo extraño; mantener la tensión hubiera motivado un desequilibrio nervioso que seguramente usted no desea. Como referencia puedo decirle que un gato cuyo sentido intuitivo es mayor, muere de terror en diez minutos - explicó Balbeek.
- ¿Que diablos estaría pasando con mi vecina, que no lo tiene con ella? - me pregunté en voz alta.
- Veamos, Teniente - ofreció el operador.
Pronto el atisbador recorría el departamento de mi vecina. Ya antes de entrar al dormitorio y gracias a los murmullos que escuché, supe que sucedía: Mi robusta vecinita mantenía una fogosa relación con un pelirrojo grandote que ha primera vista me cayó mal. Ella por el contrario, totalmente desinhibida respondía al juego con ardor e imaginación y por supuesto que aunque hubieran poseído el mismo sexto sentido que el perro jamás hubieran percibido el atisbador en medio de ese entretenimiento.
Yo me quedé pensando en que había cometido un grave error de apreciación al pensar que la gordita era una neurótica a quien sólo la excitaba la música clásica y los cantantes de opera. La observación posterior me permitió sacar dos conclusiones: Una, que el tipo vivía en su departamento y que mi vecina difícilmente volvería a ocuparse de mi perro como lo hiciera antes. Otra, que yo era un verdadero idiota, además de ser ahora un "desaparecido" y eso en la Fuerza Aérea, equivalía a estar muerto.
Los ojitos de Gerónimo evidenciaban su tristeza; su dueño no volvía y su amiga ya no lo llevaba con ella. En ese momento decidí que tenía que regresar de algún modo.
Nos despedimos del amable Balbeek en el momento en que el atisbador regresaba. Cuando detuvo su movimiento, todo el conjunto parecía estar incandescente.
Saludamos al oficial a cargo y abordamos el elevador. Zhurit dijo - tuteándome por primera vez:
- Tu vecina con su dedicación me ha despertado algunos apetitos, creo que esperaré a que te encuentres con Olma e iré a visitar el Centro de encuentros.
- ¿Es el mismo que me han mencionado como Centro sexual? - pregunté.
- Supongo que si, no puede ser otro; su verdadero nombre es el que yo te di, pero como la finalidad de los encuentros en ese lugar es de connotación sexual o al menos erótica seguramente te lo han mencionado así para tu mejor entendimiento - contestó.
- ¿Puedes decirme que pasa en ese lugar?
- En ese lugar se canaliza una de las máximas necesidades humanas, en forma natural. Mientras en tu sociedad, los hombres apelan a las prostitutas y las mujeres a la infidelidad, con la secuela de tensiones que provocan las mentiras y los riesgos físicos y sociales a que se exponen; aquí disponemos de este lugar, socialmente asumido y aceptado hasta por los que no van, en donde los hombres y mujeres que asisten pueden invitarse mutuamente a disfrutar del sexo sin que ninguna de las partes se sienta agredida, acepten o no la propuesta; porque tácitamente el que entra sabe que las reglas del juego son proponer y recibir propuestas en absoluta libertad de decisión. Como te imaginarás, esto libera a nuestra comunidad de una carga psicológica que no sólo es común en la tuya, sino que además genera enfermedades en lo físico y en lo social.
- Pero tú tienes una joven y bella mujer - dije.
- Aún no sabes que tan bonita es, pero en este momento está maravillosamente dedicada a nuestro hijo y ha relegado por ahora el juego sexual. Yo dejo que se tome su tiempo y visito esporádicamente el lugar.
- ¿Y ella lo sabe?
- Sí, por supuesto.
- ¿Y, no se enoja?
- Te explicaré: En nuestras parejas este es un tema siempre conversado antes de formarla, porque por supuesto lo consideramos sumamente importante. De modo que la posibilidad está tácitamente aceptada. En ocasiones anteriores, antes de tener a nuestro bebé, yo estuve tremendamente exigido con trabajo y estudios para lograr obtener el puesto de trabajo en Seguridad en el menor tiempo posible; viví una compulsión durante la cual me negué todo lo que no sirviera a la finalidad de mis objetivos, inclusive el sexo. Entonces era ella la que visitaba el lugar para descargar sus tensiones juveniles sin intentar interrumpir mi compulsión y por supuesto que yo también lo sabía. También lo hemos visitado juntos y como no existen riesgos de enfermedades ni críticas sociales, ni temor alguno; todo se reduce a una cuestión de piel para encontrar el amigo o amiga adecuados y proponer el encuentro. Nosotros tenemos amigos con quienes nos encontramos solamente allí y normalmente cuando va un marido o una esposa sola, buscan a las parejas amigas para compartir sus cuerpos. De modo que la sexualidad de tres o más componentes es aquí cotidiana.
- ¡JA! , en mi sociedad, al descubrirlos los harían pedazos- Exclamé.
- Mientras tanto, los que nos desacreditaran socialmente, harían lo mismo, pero a escondidas, o desearían hacerlo pero no se animarían. ¡Es típico de tu sociedad! - Rió Zhurit continuando:
- A veces, el sólo hecho de visitar el lugar, basta para alimentar nuestra libido con los juegos eróticos que allí se practican.
Es una forma maravillosa de alimentar la fantasía, sin que uno llegue a tomar la decisión de aceptar una pareja. Creo que a este lugar le debemos en gran parte nuestro equilibrio psicológico.
- ¿Y que opinan de esto vuestros religiosos? - Pregunté.
Zhurit sonrió, puso un brazo sobre mi hombro y dijo:
- Amigo mío, en este lugar somos todos religiosos; si nos atenemos al hecho de tener una creencia y practicarla conceptualmente.
Lo que no tenemos, es Iglesia como institución; Tenerla involucraría la existencia de sacerdotes y no creo que ningún miembro de nuestra sociedad, sea lo suficientemente audaz como para postularse a ello. Si alguno lo intentara; la comunidad entera se reiría de su pretensión: "Un hombre intentando representar a la suprema energía del Universo” definitivamente "No". Sólo ustedes pueden postularse como sus representantes en contra de todo sentido común y con tanta soberbia que hasta afirman que el hombre ha sido creado a su imagen y semejanza. De modo que le conceden forma humana a Dios y relegan a cualquier otra especie que habite el universo a una relación secundaria con él.
- ¿Cómo hacen ustedes para difundir y mantener una creencia? Pregunté, intentando impedir que los trozos de mi dignidad cayeran estrepitosamente al suelo.
- Una creencia surge del análisis filosófico, enhebrándose como las cuentas de un collar a través del tiempo, por medio de la expresión del pensamiento de hombres probadamente sabios. Se difunde a través de los profesores y se mantiene inalterable, se transforma o desaparece por los mismos medios - contestó.
Sólo me quedaba sentarme sobre los trozos de mi dignidad, cuidando de que ninguno me lastimara el trasero.
Habíamos llegado hasta el salón de recepción y allí nos mantuvimos conversando, instalados en un cómodo sillón para esperar a Olma. Yo observaba el continuo desplazamiento de gente y preguntaba a Zhurit, sobre todo lo que me despertaba curiosidad. La combinación de colores en las tiras y números de los trajes, me revelaba que algunos individuos actuaban en varias áreas a la vez. La uniformidad estética de la gente, me asombraba; podía decirse que no había gente fea: Más altos o más bajos, más delgados o más robustos, pero ninguno era grotesco.
Estaba contemplando una utopía de la que en mi sociedad se reirían; sin embargo en ese lugar era el resultado lógico de la buena alimentación, la gimnasia practicada como ritual social, la excelente y obligada atención médica. El mismo acceso a la cosmética y la misma intelectualidad básica en hombres y mujeres. Esto daba como resultado una comunidad de individuos atractivos, que además y a causa de la ausencia de condicionamientos, se comunicaban entre si con suma facilidad.
La sospecha, no tenía valor donde había muy poco que ocultar, la mentira no provocaba beneficios, no había propuestas ni preguntas tabú; el sí o el no, no desacreditaba a nadie. Sin embargo, pensé; ¡Que difícil seria plantear en el exterior una uniformidad semejante!
Las mujeres, con sus cuerpos elásticos, atraparon mi atención y entonces pregunté:
- ¿Zhurit, yo puedo acompañarte al centro de encuentros?
Me miró compungido y contestó:
- Me agradaría mucho que lo hicieras pero tu identificación no debe tener aún la aprobación médica para entrar allí; supe que estuviste con Redent y el no va a autorizar tu ficha de salud hasta que no hayas terminado el último minuto de tu tratamiento.
Iba a maldecir al petulante doctor, pero logré comprender que no era su culpa, sino la mía, por espiar a mi vecinita en un momento tan particular, disfrutando de algo que yo me había perdido por estúpido mientras ella me lo había estado ofreciendo sin que yo lo advirtiera.
Además, el lugar que se me negaba, no se trataba de un inmundo lupanar adonde se alquilaban cuerpos por dinero; se trataba de un lugar donde todos los integrantes de una sociedad; púberes, adultos y mayores, disfrutaban del sexo asumido como parte normal de la vida, por "opción" y no por "compulsión". Redent tendría razón en extremar las precauciones conmigo, defendía el placer de una sociedad carente de hipocresías a la que él pertenecía.
En eso estaba, cuando vi. venir a Olma caminando hacia nosotros. Era lo que me faltaba en ese momento; Verla en perspectiva. Piernas delgadas y largas que se ensanchaban redondeándose en los muslos, dibujando las caderas y cerrándose en torno a una minúscula cintura. Un tórax con senos del tamaño preciso. Un cuello grácil y sobre él un rostro occidental con inquietantes ojos orientales, enmarcado por largos cabellos rubios que caían sobre sus hombros. Todo eso embutido en un elástico traje rojo, adentro del cual nada se podía mentir. Verla caminar, era aceptar la "proporción divina" de Leonardo.
Zhurit, contemplándola como yo, hizo un comentario:
- "De todos modos, presumo que no tardarás en conocer el lugar y te aseguro que si te lleva ella, muchos de nosotros te vamos a envidiar; ya que no hemos conseguido que nos acompañe nunca".
Dicho esto, se levantó al momento en que llegaba y se despidió diciéndole adonde iba. Ella, después de intercambiar algunas bromas con él; se dirigió a mí:
- Teniente, ¿No quiere usted acompañarlo?, es una oportunidad de conocer el lugar.
La muy hipócrita sabía (como lo sabía Zhurit) que yo no estaba habilitado para entrar. Me pregunté por qué rompía las reglas de su medio para tratar conmigo. Intenté devolver el juego y contesté:
- Gracias, tengo algo más importante en que pensar por ahora.
- ¿Que es eso tan importante, teniente? - prosiguió con cierta ironía.
Le hice un gesto a Zhurit que lo liberaba de la cortesía demostrada al detenerse y cuando este continuó su camino, contesté:
- Salir de este lugar y regresar al exterior lo antes posible.
Su blanco rostro, pareció acrecentar su palidez y - vacilando por primera vez - preguntó:
- Pero... ¿Por qué, qué ha pasado?
- "La estúpida mujer" que cuidaba a mi perro, después de años de volar, se ha conseguido un compañero para hacer gimnasia en tierra - contesté.
Ignoró la parte de la frase que yo había resaltado y no llegó a comprender su significado, porque preguntó:
- ¿Una ex compañera de vuelos, acaso?
- ¡OH! ¡No!, ella sólo volaba sobre batutas y violines; ahora cabalga sobre zainos colorados. Ha cambiado de hábitos, algo que me alegraría si no hubiera abandonado a mi perro - respondí continuando con mi ironía.
Por un momento temí que me preguntara si ahora mi vecina se dedicaba a la equitación por la forma en que me miraba; pero no, era una mujer inteligente y estaba bastante familiarizada con nuestra habitualidad expresiva, de modo que sonrió y continuó:
- ¿Abandonado? ¿Tan grave es la cosa?
- Será grave, en cualquier momento. Por eso debo partir.
- Teniente, desearía poder decirle que tengo la solución, pero no es así. No podemos traer a su perro, porque hay gente detrás de la incógnita de su desaparición y no creo que la Regencia le permita partir todavía, además si lo hiciera, sería sin ninguna posibilidad de regresar.
Yo no había dicho nunca que eso me preocupara, era obvio que me estaba dejando entrever su deseo de que permaneciera en el lugar; pero no lo procesé a tiempo y mi boca expresó la necedad de la sociedad a la que pertenecía:
- ¿Cómo harán para evitar que regrese? Mantengo en la cabeza las coordenadas del lugar donde cayó mi avión.
- Es que no se irá de aquí recordándolas - Teniente - y lo que acaba de decir confirma la certeza de nuestra Regencia al ordenar que ninguno de ustedes se vaya de este lugar, sabiendo cómo volver.
Debí morderme la lengua antes de hablar, porque en realidad yo me consideraba un individuo capaz de guardar el secreto de ese lugar aún con mi vida. Pero me había expresado como un vulgar mercachifle fanfarrón y esa era una imagen que no me gustaba. Nos quedamos sentados mirándonos de frente. Entonces preguntó:
- ¿Por qué es tan importante que vayas con tu perro ahora?
Me había vuelto a tutear y sostenía serenamente su mirada enfocada en mis ojos. Tampoco esta vez me detuve a pensar en una respuesta adecuada, contesté lo que sentía:
- Porque sus ojos están tristes. Porque es el único ser con quien he intercambiado amor en los últimos años. Porque ahora está muy sólo. Porque me necesita. Porque lo amo.
El brillo de sus hermosos ojos se acrecentó al posar su mirada en los míos. Los largos dedos blancos de sus manos se apoyaron en uno de mis brazos; entonces dijo:
- Nuestra sociedad ya no da monstruos extraños; No tenemos nobles canallas, fanfarrones buenos ni delincuentes hidalgos. Seguramente así debe ser. El estado de perfección de los hombres como entes sociales tiene que pasar por su transparencia y nosotras, las mujeres, deberíamos adherir sin excepciones a ese estado; tal vez por eso no he podido comprender hasta ahora las razones de un tumulto interior al que no le encontraba explicación. Bien, trataré de obtenerte el permiso para partir -concluyó levantándose.
Registré que trataría de ayudarme, pero no entendí nada sobre los monstruos que provocaban su tumulto. Iba a preguntar, pero no me dejó:
- Ahora iremos a mi casa; comeremos, descansaremos y luego yo iré a cumplir con algunas obligaciones, de las que Seguridad no me ha relevado, cuando me encargó tu cuidado.
Nos dirigimos hacia la boca del conducto que nos llevaría a Convergencia. Cuando entramos, elegí el lugar contrario a las veces anteriores; me despreocupé de los ventanales y me coloqué sobre el apoya manos interior que distaba apenas quince centímetros del que venía en sentido contrario.
Así, podía ver de frente y de cerca a las personas que viajaban hacia Seguridad. Saludé y respondí el saludo de varios hombres que ya había visto en otros lugares y por supuesto sonreí a todas las mujeres que me miraron. Olma iba a mi derecha intercambiando palabras con un oficial de seguridad, pero tratando de no perder detalle de mis actitudes.
Giré mi cabeza para contemplar cómo se alejaba una pelirroja de traje azul y cuando volví la mirada hacia el frente, un estremecimiento me recorrió el cuerpo ante lo que veía. Apenas a tres metros de mi, avanzaba en sentido contrario un ser vestido con un brillante traje color acero. Su cuerpo era extremadamente delgado y su tronco más largo que las extremidades inferiores. Su cabeza tenía forma de pera invertida y su piel era de color gris oscuro. Sus ojos eran negros, grandes y redondos. Las orejas apenas se advertían debajo de los auriculares; la nariz era pequeña como la de un bebé y la boca, dos finos y breves labios que apenas pude descubrir debajo de la esfera de comunicación, porque giró la cabeza para hablarle a su interlocutor. Sobre la baranda, apoyaba una estremecedora mano de tres dedos, tan grises como su cara.
Lo acompañaban cuatro oficiales de seguridad; tres hombres y una mujer, todos fuertemente armados. El feo personaje también lo estaba, a juzgar por un objeto con un mango parecido al de una tijera, que sobresalía de una funda colocada en el cinto sobre el lado izquierdo de su cintura.
Debo haberlo mirado de una forma diferente a como habitualmente lo observaban, porque al cruzarnos fijó en mi sus enormes ojos, en forma inquisidora; estos no tenían pupila o eran "sólo una gran pupila", en donde se reflejó mi figura por un momento. Un escalofrío recorrió mi columna vertebral y aparté mis ojos de la horrible bestia para buscar a Olma quien sonreía con disimulo mientras incrementaba la atención dedicada a su interlocutor. Tal vez era una forma de hacerme pagar los intercambios de miradas y sonrisas que les prodigué a las mujeres; dejarme con la inquietud de saber quien era el grisáceo monstruo.
Decidí no preguntar nada, así que abordamos el vehículo y viajamos hasta su casa sin comentarios al respecto. Luego, mientras ella preparaba cosas en la cocina; yo me saqué el traje, me refresqué un poco y con la toga puesta regresé. Esta vez fue ella la que se retiró, pidiéndome que la aguardara. Me entretuve revisando recipientes y utensilios.
Volvió envuelta en una toga parecida a la mía. Cuando caminaba y la tela se adhería a su cuerpo, se advertía que no llevaba nada debajo, igual que yo. Me esforcé por apartar mis pensamientos de ese camino.
Tomamos una bebida caliente y comimos panes dulces, mientras escuchábamos música y veíamos imágenes en un aparato similar al que había atrapado mi atención en el centro de abastecimientos. Me explicó que las imágenes eran artificios artísticos creados para expresar visualmente el tema musical.
Conversamos sobre ello hasta que fue a cambiarse otra vez para regresar embutida en uno de sus trajes rojos.
- Quedarás sólo en la casa el resto del día, puedes aprovechar para conocerla mejor; yo intentaré conversar sobre tu deseo de partir, tardaré en volver - dijo.
Luego me explicó algunas cosas referentes al equipamiento de la casa y partió. Apenas se fue, intenté utilizar el televisor donde viera con Attóm los sucesos ocurridos en Chile; pero no logré darle imagen pese a las indicaciones recibidas, desistí. Después, noté que necesitaba afeitarme y fui hacia el baño. Allí me procuré los elementos que utilizara anteriormente ella y comencé a afeitarme: La técnica de corte del pequeño cristal, era extraña y alucinante; si uno le pasaba el dedo por el borde, no cortaba, pero pasado transversalmente sobre la barba, la rasuraba con total suavidad. Al colocarlo entre mis dedos, aumentó su temperatura y creí percibir una levísima vibración el él; terminé convencido de que no era un simple trozo de cristal, sino un minúsculo artefacto.
Además, tuve la sensación de que mi piel había cambiado. No podía definir aún el cambio, pero mis dedos la sentían diferente. El tratamiento de Redent ya mostraba sus efectos. Salí del baño y tomé el elevador ascendiendo hasta el último piso, un lugar adonde nunca había ido. El recinto, segmento superior de la esfera, permitía observar a través de sus ventanales, tanto el parque exterior a cierta distancia de la casa, como el cielo, al que la capa de niebla no dejaba ver.
Una fina llovizna caía sobre los cristales y se extendía hasta donde mis ojos podían ver, sobre los parques y conductos; podía ser natural o artificial - no lo sabía - pero no alteraba para nada la actividad de la ciudad, que seguía bullendo día y noche con la misma controlada luz, temperatura y humedad.
Recorrí el recinto con responsable curiosidad; me pareció una mezcla de taller y atelier y también un lugar de retiro y distensión. Pensé que debía ser exclusivo de Attóm y de Amalík ya que sabía por Olma que ambos acostumbraban hacer muchas cosas, juntos. Abandoné el lugar con la intención de hacer una recorrida general por la casa.
En el piso inmediato inferior estaba la cocina, el comedor, lo que parecía una sala de trabajo (tal vez de Olma) y un sector que podría haber sido un lavadero (si yo hubiera terminado de comprender la función de algunos artefactos).
En el siguiente (el más grande) justo al medio de la esfera, estaban los dormitorios (no menos de cuatro) y los baños.
El próximo era sólo una gran sala de estar y el último (la planta baja) era el garaje y la entrada a la casa.
Así, en una esfera de unos quince metros de diámetro, dividida en cinco secciones horizontales, se encontraba una casa con todas las comodidades necesarias para una familia, desde que se formaba la pareja hasta que los hijos se hacían adultos y la compartían con ellos; sin que a nadie le faltara su necesario espacio de privacidad. Además, todos los integrantes de la comunidad vivían en las mismas casas; no había historias de ciudadanos de primera y de segunda, de Castillos y señores feudales, de chozas y siervos marginales, de salvajes y "civilizados"; la diferencia entre ellos, las daban valores que nunca podían surgir del azar, de la prebenda o el delito, valores "reales" como la inteligencia y la habilidad otorgadas por Dios, o el intelecto y la capacidad edificadas por cada hombre y mujer día a día. Pero hasta habían pensado en la necesidad del "toque personal" del individuo, porque las secciones interiores podían variarse, ya que la casa de Ormoní difería en su conformación interior a la de Olma.
Satisfecha mi curiosidad, acudí a mi dormitorio y me dejé caer otra vez en la cama globo, cuyos pliegues afelpados y tibios me sumergieron nuevamente en el sueño.
Soñé que mi perro deambulaba asustado por las calles de Comodoro, aterido de frío, hambriento y acosado por los perros callejeros que defendían fieramente sus territorios contra el ingenuo y desesperado visitante.
Desperté agitado, comprobando con alivio que sólo había sido un sueño. Me levanté y salí al corredor circular; iba a descender hacia la cocina pero decidí pasar antes por el baño. Esa breve indecisión hizo que pasara de largo el que estaba inmediatamente a continuación de mi dormitorio y para no regresar, proseguí hasta el siguiente.
Al pasar frente al dormitorio intermedio, sentí murmullos que atrajeron mi atención. El fino panel de la puerta permitía escuchar los gemidos de placer de una mujer llegando nítidos a mis oídos. Si bien no comprendía lo que decía, la agitación era sexual; mis experiencias carnales por el Sur Argentino me habían enseñado que las Alemanas, las Francesas, las Italianas, las Inglesas o las nativas, sonaban igual en la cama. Era un derecho de las mujeres de mi sociedad, que ningún hijo de puta, noble, burgués o trabajador había conseguido cambiar todavía.
Me detuve y escuché: Los padres de Olma mantenían una relación sexual digna de una pareja de veinte años. El ímpetu de los cuerpos trascendía por la agitación de las voces; Realmente "quería verlos" y allí me quedé, detenido e indeciso, con mis manos extendidas hacia la puerta.
En eso estaba cuando una mano se apoyó suavemente sobre uno de mis hombros. Me di vuelta sobresaltado y me encontré con "Olma".
Sentí que mi cara era una braza ardiendo. Mi actitud era obvia, no tenía disculpa; Entonces balbuceé:
- Perdón... Olma... e... estaba...
- Estabas detenido escuchando la música más bella para nuestra libido; El sonido de una relación sexual que se está disfrutando intensamente - dijo ella en voz muy baja y cruzando uno de sus delicados dedos sobre mis labios. Luego, me atrajo hacia el elevador y prosiguió hablando:
- Mis Padres no sólo se aman, sino que aún se disfrutan sexualmente con intensidad; te aseguro que ambos no tienen nada que envidiarle a una joven pareja en diversidad y dedicación. Sólo, por supuesto que su energía es menor.
Sabes; la copulación de una pareja, sino es manejada con inteligencia, pierde su atractivo con los años. Porque, obviamente van disminuyendo los descubrimientos.
Mis padres dentro de nuestros hábitos sociales, han manejado eso con suma picardía; Ambos conocieron la sexualidad al encontrarse - muy jóvenes - y durante muchos años fue patrimonio de su intimidad; practicaron lo que nosotros llamamos "sexualidad cerrada". Luego, ya grandes, cuando advirtieron que la rutina entorpecía su relación, buscaron incentivarla. Adhirieron entonces a la "sexualidad abierta" que también se practica en nuestro medio, siendo las dos igualmente valorizadas.
Complementaron la disminución de sus procesos fisiológicos con un aumento de sucesos psicológicos y comenzaron a visitar el Centro de encuentros juntos y a interrelacionarse con otras parejas de distintas edades, participando de los juegos eróticos que allí se practican. La visualización de otros cuerpos, algunos jóvenes y muy atractivos; la aproximación de otras pieles, el ambiente todo, alimentan la imaginación y el cuerpo, excitando la libido.
Toda esa excitación que recepcionan en el lugar, la traen con ellos a casa y la descargan mutuamente otorgándose mutuo placer.
No sé, si mi Madre ha sido penetrada por otros hombres, ni si mi Padre lo ha hecho con otras mujeres; Aunque es posible, porque ambos son mutuamente generosos y al decidirse a abrir su sexualidad deben haber considerado esa posibilidad en el contexto de excitación que se arriesgaban a experimentar. Pero sí estoy segura de que han entrado en contacto físico con otros, porque yo he escuchado a un amigo de ellos, elogiar los abundantes y bellos senos de mi Madre como alguien que los ha disfrutado en intimidad, ante la actitud aprobatoria de mi Padre.
Creo que ellos han practicado un buen sistema para disfrutarse intensamente hasta la muerte: Mientras fueron jóvenes nunca visitaron el lugar aunque tenían parejas amigas que lo hacían con frecuencia y de las cuales recibían permanentes invitaciones. Creo que fue porque simplemente no les era necesario; En la madurez cuando el atractivo de sus juegos comenzó a apagarse, no quisieron que sucediera y entonces comenzaron a interrelacionar su intimidad con la de sus amigos.
Yo deseo hacer lo mismo; Nunca he sido penetrada por un hombre, porque tengo la pretensión de que mi cuerpo sea un obsequio para el hombre que ame. Luego, entre los dos decidiremos cuando y cómo compartir nuestros cuerpos y lo que ambos decidamos será válido.
Había hablado sin detenerse y el relato me desconcertó y excitó al mismo tiempo. Mi condicionamiento me impedía la aceptación inmediata de lo que había escuchado. Sin embargo, era más transparente y más lógico que las costumbres de mi sociedad en donde las parejas, llegadas a una edad determinada y cuando se desgastaba su relación; se traicionaban mutuamente manteniendo relaciones extra conyugales secretas con su secuela de riesgos sociales, físicos y emocionales o renunciaban definitivamente a sus apetitos físicos, reemplazándolos con distintas actividades histéricas, envejeciendo prematuramente o centrando su actividad en la única función de ser abuelos, ocultando sus impulsos interiores como si fueran delictivos, coartando su imaginación, renegando del placer y muriendo lentamente envueltos en la frustración y la hipocresía.
Pero de todo lo que había escuchado, lo que me descolocaba la cabeza era que Olma había dicho claramente que ella aún era virgen y yo estaba seguro que aunque pareciera una joven de veinticinco, ella era una mujer bastante mayor.
¿Cómo era posible, en una sociedad donde el sexo era más natural que el desayuno, que algunos desarrollaran una fuerza conceptual semejante?
Me contesté a mi mismo, que tal vez ocurriera por esa misma naturalidad. Por el hecho concreto de que nadie fuera considerado enfermo, ni por libertino ni por casto, cada decisión era la elección de una forma de vida y cada uno podía elegir aquella que lo alimentaba más o mejor. Era paradójico, cada uno de ellos, sólo se prohibía aquello que perjudicara a los demás y eso era por educación no por ley; pero a su vez, las leyes -que las había- eran una extensión social del mismo concepto personal.
Era tan simple, que yo ya no podía entender porqué nosotros habíamos erigido tantas instituciones de control y regulación de nuestras vidas. Religiosas, Policiales, Militares, Comerciales, Jurídicas, Legislativas, Políticas; Todas, todas sin excepción habían fracasado en cuanto hacía a suministrarle tranquilidad seguridad y alegría los hombres y mujeres del mundo. Y ellos centraban todo en una sola elección donde no podían equivocarse: La elección de sus Regentes; una docena por cada ciudad, seis hombres y seis mujeres elegidos entre los ciudadanos más probos y más inteligentes. Y no surgían de ninguna campaña política se iban perfilando como líderes desde la escuela secundaria, su vida era "su campaña". Cada ciudadano al momento de elegir tenía en mente una persona que admiraba y cuando una persona era admirada por muchos un día sin necesidad de proponérselo se encontraba con que había sido "elegido" para conducir a los demás. No se postulaba, no mentía, no prometía, no negociaba; su requisito indispensable era SER nada más.
La ausencia de tabúes, era total; como lo era el reconocimiento y la aceptación de los impulsos humanos y la canalización de ellos. A nadie se le ocurría cohartar la libertad individual y privada de otro y eso tal vez se debía a que tampoco a nadie se le había ocurrido nunca inventar la palabra más absurda creada por nosotros: ¡Pecado!
Abandoné mis deducciones y dije:
- ¡Espero que puedas encontrar rápido a tu hombre!
Aún estábamos adentro del elevador, detenidos en la cocina y ante la puerta abierta. Ella mantenía un brazo sobre uno de los míos; Me miró fijo con sus turbadores ojos y sus labios titubearon como si estuviera a punto de decir algo, sin estar segura de que fuera el momento preciso.
Entonces, se escuchó un sonido y ella soltó mi brazo, se apresuró a salir del elevador y mientras lo hacía contestó:
- Gracias por tu deseo, teniente; pero veamos quien nos visita, por favor.
Sentí que era la visita más inoportuna recibida en mi vida, mientras ella manipulaba un teclado debajo de un pequeño monitor, que dejó ver a Kingston y a Ramalú sobre un vehículo, aguardando en la calle.
Los saludó con alegría y abrió la puerta de entrada. Vi como se detenía el vehículo en el garaje. Nos trasladamos a la sala y pronto salieron nuestros visitantes del elevador. Olma abrazó a Ramalú, quien lucía espléndida con sus abundancias embutidas en un ceñido traje rojo y su cabello rubio cortado muy cortito, con un gracioso mechón más largo sobre su frente. El nuevo look de su cabello, me agradaba, pero el del acompañante que traía, me asombraba:
Kingston, había adelgazado varios kilos, ya no usaba anteojos ni bigotes, lucía un corte de cabello juvenil y se desplazaba más ágil y erguido que antes, enfundado en un traje gris que lucía espléndidamente y sin resabios académicos.
- ¡Bienvenido Doctor!, "Que cambios" - Comenté.
- Así es Teniente, en este lugar y sobre todo al lado de esta mujer, me he reencontrado con la vida y he podido asumir la tremenda estupidez de nuestra sociedad.
Ramalú se acercó a mí en ese momento y me besó en la cara, preguntándole a Olma cuando iba a eliminarme el cepillo que llevaba bajo la nariz. Ella se sonrojó y eludió la respuesta. La actitud de Ramalú me hizo creer que ella daba por cierta una mayor intimidad entre nosotros. En breve, ambas se trasladaron a la cocina, mientras el profesor y yo nos acomodamos en el lugar.
- Bien Profesor, ¿Cómo están las cosas? - Pregunté.
- De asombro en asombro, Teniente; todos los días y a cada momento. Venimos con Rami de asistir a la toma de cargo de un funcionario elegido para dirigir el Centro Médico en reemplazo de un médico que se retira de la función activa y de presenciar luego lo más asombroso que he visto hasta ahora en esa disciplina, porque en todas he visto cosas impactantes.
"Venimos con Rami", me delataba que Kingston tenía ya una relación con Ramalú que yo no había conseguido establecer con Olma.
- ¿Y que es eso, Doctor?, cuénteme por favor - Solicité.
Primero quiero hacerle un breve comentario sobre el acto de asunción del nuevo director, un acontecimiento que interesó a toda la comunidad y que se realizó en presencia de numerosos ciudadanos. Le diré y vaya siguiéndome, que el Director saliente entregó su identificación al Regente Onidak en medio de los aplausos de la concurrencia puesta de pié y al Director entrante en el momento de entregarle ese atributo, el regente le enumeró sus obligaciones para con la comunidad diciéndole luego: -"Si así no lo hicieras, los ciudadanos que hoy te confieren esta responsabilidad, conservan el derecho de retirártela por incompetencia y la Regencia por mi intermedio tiene él deber de advertirte sobre las consecuencias de cualquier acción que dañase a la sociedad en su conjunto o ha los ciudadanos en su individualidad".
Kingston calló y yo no pude evitar estallar en una carcajada. El Director saliente se retiraba entre aplausos, llevándose como gloria, una capacidad reconocida por la sociedad. El director entrante sólo recibía una responsabilidad por la que debería responder todo el tiempo so pena de recibir de patadas en el trasero si fuera inepto o penas más graves si fuera inmoral.
Entre nosotros, los funcionarios salientes se retiraban con la cola entre las patas, llevándose lo robado y sin que nadie le pidiera cuentas ni por su aptitud ni por su moral y los entrantes eran los aplaudidos antes de demostrar nada, si total juraban con la advertencia: "Y si así no lo hicieres, Dios y la Patria os lo demande". De hecho robaban tranquilos; sólo los amenazaba una abstracción. Y tan conscientes estaban de eso que la importancia de los puestos se determinaba por el dinero que se manejaba en ellos, no por la dificultad de la labor o los beneficios que la función le pudiera otorgar a la sociedad.
- ¡Que fácil es ser Gardel en nuestra sociedad, Doctor!, aquí no, "aquí parece que hay que saber cantar".
Esta vez, las carcajadas fueron de Kingston, quien al concluir siguió con la palabra:
- Acabo de presenciar la medición fisiológica de la edad de un individuo, que cronológicamente tiene ciento cuarenta y siete años; su fisiología acusaba setenta y su fisonomía no más de cincuenta. Es decir; que su organismo había envejecido fisiológicamente el 50% de su vida cronológica y a su vez ese envejecimiento se reflejaba en su fisonomía un 30 % menos.
Esto es algo realmente maravilloso y se aplica a la totalidad de sus ciudadanos y no a un minúsculo grupo pudiente, como pasaría en nuestra sociedad.
- Profesor -interrumpí- ¿Me equivoco o hay cierta admiración en el tono de sus palabras?
- No se equivoca Haffner. Y es una admiración totalmente subordinada. Esta gente es la verdadera civilización humana. Nosotros somos la resaca, el desperdicio inmundo de la humanidad.
Me quedé helado; Kingston, una eminencia; hasta se negaba a si mismo, al compararse con esta gente. Quise saber más del tema y pregunté:
- ¿Que provoca o cómo consiguen la longevidad?
- Con el control de tres situaciones básicas y otras secundarias. Primero: una adecuada dieta alimenticia con la cual se abastece al organismo sólo con lo necesario; como usted habrá podido comprobar.
Recordé mi intranquilizante entrevista con Redent y asentí con la cabeza.
- Segunda: -prosiguió Kingston- han definido que una de las causas principales del envejecimiento, es una molécula de electrón desapareado a la que llaman RL; que le roba electrones a las restantes, provocando un estímulo oxidativo que al producirse continuamente, crea una acción tóxica acumulativa que no se detiene por si sola y va deteriorando al resto de las células irreversiblemente.
- ¿Entonces? - Acoté.
Entonces, utilizan dosis de vitamina E concentrada en los alimentos, para quitarle poder agresivo a las RL y disminuir el estímulo oxidativo o actuar como agente antioxidante, atrapándolas. Estas vitaminas cumplen su función en la sangre, sobre todo en la membrana celular, impidiendo su oxidación y obstaculizando la formación de productos tóxicos. El proceso de envejecimiento, no se detiene, pero se aminora notablemente al punto de permitirles vivir más de cien años con plena capacidad física y psicológica. ¿Me explico?
- Sí, sí, Doctor -Contesté- hacen lo mismo que hago yo todos los años con mi auto; Rasqueteo, lijo, doy antióxido y sigo andando.
Cerebro me miró entre divertido y fastidiado por mi burdo ejemplo, pero antes de que me contestara, proseguí yo:
- ¿Y la tercera, Profesor?
- La tercera es el descubrimiento de que el oxígeno que respiramos, por exceso de provisión o por situaciones especiales que lo someten a presión, se convierte en un gas de alta toxicidad que genera RL en el organismo, alimentando así en forma permanente a los responsables del envejecimiento.
Por eso, han reducido la cantidad de oxígeno que respiran, mezclándolo con un gas inerte que no ofrece ese peligro; en todas las áreas de ambientes controlados, como lo son sus ciudades e incluso el interior de sus grandes vehículos.
- ¿Y cuales serían algunas de las secundarias? - Pregunté.
- Un hábito social excelente, como la gimnasia física - algo que todos practican -; la falta de tensiones en el sistema nervioso a causa de la distensión social por la acertada canalización o cobertura de conflictos y la satisfacción sexual no traumática que le otorga placer cotidiano y permanente a todos los individuos. Además, su avanzada "cosmetología médica" (por llamarla de alguna forma), con transplantes e implantes celulares dérmicos, óseos y orgánicos en lo que ellos llaman "sistemas revitalizadores" y en donde los jóvenes donan células a los adultos y ancianos.
- Todo parece tan sencillo doctor, tan al alcance nuestro, que parece mentira que nos estemos asombrando al comentarlo.
- Es sencillo por cierto Haffner; se vuelve complejo en nuestra sociedad sólo por que siempre hay que vender el producto.
- ¿Y que otra cosa lo ha impactado especialmente? - Pregunté para incentivar su relato.
- Hay tantas cosas..., pero le comentaré algo que también asombra por su simpleza; y son los conductores de su sistema de comunicaciones en la Ciudad. Utilizan un finísimo hilo de Cristal de Cuarzo, capaz de transportar luz a grandes distancias. No irradia la señal que transporta, ni es afectado por interferencias electromagnéticas. Es de ligero peso, actúa como aislante eléctrico y no origina chispas al contacto con la atmósfera. La comunicación se transmite a lo largo de la fibra, modulando una fuente de luz láser. La simpleza de los transmisores y receptores, la fidelidad de las señales, la gran capacidad de transporte y la seguridad del sistema, son asombrosos. Podríamos llamarlo, el conductor perfecto. Baste decirle que el cable troncal que agrupa a todas las líneas de la ciudad, no excede el diámetro de un bolígrafo común.
- Los he visto, doctor; se utilizan en el sistema de los atisbadores - Dije entusiasmado por saberlo.
- Exactamente, Teniente. Allí están a la vista; pero ese sí que es un aparato de exquisita sofisticación; tanto que su energía surge de una fusión atómica por compresión en su núcleo que su sistema exterior controla o retiene en forma constante. Como ejemplo: le diría que cada atisbador es una pequeña estrella artificial. Y si obviamos el resto de las propiedades que tiene, también podría considerárselo sencillo como lo son ellas.
Me quedé con la inevitable pregunta sin hacer ya que en ese momento, Olma y Ramalú regresaron al recinto, con bandejas y recipientes abastecidos para comer y beber mientras conversábamos. Después de algunos intercambios de palabras intrascendentes sobre la comida; Olma, dirigiéndose a mí, dijo:
- He planteado tu solicitud a la Regencia
La miré, interrumpiéndola para darle a entender que nuestros amigos aún no sabían nada al respecto. Pero ella prosiguió:
- Los primeros en enterarse de tu decisión han sido tus amigos. En cuanto a la Regencia; Ellos comprenden tu solicitud, pero entienden que tu pedido altera el programa de adaptación que tenían pensado para el grupo. Para no alterarlo, han decidido excluirte de él, cambiando nuestra rutina. A mí, me reintegran a mis labores específicas y aunque sigo siendo tu anfitriona y permanecerás en mi casa; no podrás acompañarme en mis actividades ni asistir a las reuniones con tus amigos. Si podrás, moverte por la Ciudad, en los ámbitos generales del público. Mientras tanto, ellos considerarán tu solicitud e implementarán la forma de reinsertarte en tu medio lo más rápidamente posible.
- Realmente lo siento, Haffner - prosiguió Kingston - Creo que esta gente tenía toda la intención de insertarnos a los cuatro en su sociedad, pero su solicitud presenta la primer variante a esa idea. Nosotros, no dejamos en el exterior nada que estemos obligados a atender. Yo; soy viudo desde hace años y jamás se me ocurrió establecer una relación afectiva posterior, al menos hasta ahora - se corrigió ante las sonrisas cómplices de Ramalú y Olma - Georgesen; es separado y sin hijos. Livingstone; es soltero y sin padres. Y ninguno de los tres hemos tenido la capacidad de amar a un animal, como usted lo hace. No sé, si lo comprendemos debidamente; pero lo apoyamos en su decisión. No solo eso, sospecho que tal vez usted sea el más capacitado de los cuatro para integrarse a esta sociedad. Le agradecí sus palabras y proseguimos la conversación.
Kingston no dejaba de elogiar la sociedad en la que estábamos y de contarme cosas que lo habían sorprendido. Yo me sorprendía observando cómo había cambiado: El hombre había llegado siendo un diccionario; impasible, rígido, estático. Aunque evidentemente era un acartonamiento exterior, ya que ahora se mostraba como un hombre sensible, dinámico, ágil.
Rato después, Ramalú le recordó algo a Kingston y ambos se despidieron y se retiraron tan alegremente unidos como habían llegado.
Mas tarde, Olma me llevó con ella al piso superior y junto nos acercamos al ventanal por donde yo mirara un rato antes. Ya era de noche; la ciudad, con sus esferas y conductos iluminados resaltando en la obscuridad entre la vegetación, era bellísima y estremecedora. Ninguno de los dos hablaba. Permanecimos compartiendo el silencio hasta que ella propuso:
- Vamos a darnos un baño caliente y luego a descansar.
Y tomándome de una mano me llevó hasta la sala de baño donde yo me asombrara y avergonzara tanto la primera vez.
Ambos nos quitamos los trajes dándonos la espalda y casi sin mirarnos nos paramos dentro del perímetro de los tubos de baño. Recién cuando el agua me llegó a la cintura, me atreví a mirarla: Se frotaba los pechos con sus manos en un gesto voluptuoso. Yo, libre de la turbación vivida la primera vez, me complací ahora en observar su blanco cuerpo flotando en el agua.
Me apresuré a ocultar mi cuerpo con espuma y girando intenté concentrarme en otra cosa. No lo conseguí y volví una y otra vez mis ojos hacia el suyo.
Ella salió del tubo antes que yo, que me mantuve de espaldas mientras el aire caliente me secaba. Cuando mi tubo descendió, giré la cabeza, aunque no me atreví a girar el cuerpo. Cuando desapareció bajo el piso, ella aproximó su cuerpo desnudo contra el mío y me abrazó. Al contacto de su piel con mi piel, la erección que tuve, fue brutal. Sentí como la sangre irrigaba mi miembro hasta provocarme dolor.
Cuando me di vuelta y abrazándola apoyé sus senos en mi pecho; vi. que mantenía los ojos cerrados y la cabeza echada levemente hacia atrás. A esa altura de la situación, el endurecido músculo que partía de mi pubis era casi una molestia.
La recliné sobre mi brazo izquierdo y pasando el derecho por debajo de sus piernas, la levanté y salí con ella en brazos hacia mi habitación.
La dejé caer sobre mi cama y me acosté a su lado. Comencé a cubrirla de besos desesperados. Los pechos, el vientre, las piernas; mientras mis manos la acariciaban sin que el ansia las dejara detenerse en ninguna parte. Su cuerpo temblaba y me di cuenta que el mío también. Me atraía el aroma de su piel. Mis labios recorrieron febriles el interior de sus piernas y ascendieron deteniéndose donde éstas nacían y allí me quedé; mientras recepcionaba el placer que le producía, a través de sus gemidos, de los espasmos de su cuerpo y de sus delicadas manos que revolvían mis cabellos acariciando mi cabeza.
No sé cuantas veces, tensó su cuerpo con la divina rigidez del orgasmo. Sólo la abandoné, cuando me lo pidió y ascendí pegado a ella hasta llegar a su rostro, que sonreía de placer y en donde ahora sus ojos brillaban intensamente.
Posé mis labios en los suyos y recorrí su boca por fuera y por dentro. Sus manos, se movían sobre mi espalda, ascendían hasta mi nuca y se perdían en mi pelo una y otra vez. Temblando, coloqué mi cuerpo en posición entre sus piernas. No pude jugar más; Sus manos, se crisparon sobre mi espalda y su boca emitió un largo quejido. Cuando superé la pequeña resistencia que me ofreció su himen virgen y me introduje lenta pero totalmente en ella, se aferró fuertemente a mí mientras yo repetía un movimiento que nunca había sido tan grandioso en mi vida.
De pronto su cuerpo se convulsionó en un temblor y abrió los brazos clavando los dedos de sus manos en la cama; al fin, se puso rígida y exclamó:
- "¡Dios del universo, que placer!”
Había hablado en mi lengua; en el momento de mayor éxtasis se ocupaba de transmitirme su placer. En ese instante yo aflojé mi cuerpo, atrayendo el suyo hacia mí, con mis brazos cruzados bajo sus caderas. Entonces conocí, el dolor que da placer: Mis testículos latían y eran castigados por puntadas de dolor que se prolongaban a lo largo de mi pene y se desvanecían en cada impulso de semen que arrojaba mi eyaculación.
Si ella había mencionado al Dios del universo, yo lo homenajeaba en cada sacudida de mi cuerpo y comprendía que sólo por esa condición de gozar que los humanos poseíamos en nuestra naturaleza, debíamos estar eternamente agradecidos con él.
Cuando los espasmos de placer terminaron, mis ochenta kilos descansaban sobre su delicado cuerpo. Entonces, me dejé caer a un costado; pero ella, acompañando el giro de mi cuerpo, terminó quedando arriba mío. Colocó sus piernas entre las mías, los codos al costado de mi tórax y las manos sobre mi pecho. Allí apoyó su cabeza y me miró con sus ojos gatunos.
Tenía el pelo revuelto, los labios levemente hinchados y debajo de sus ojos, sobre su blanca piel, la típica aureola que deja el esfuerzo sexual. Trepó sobre mi cuerpo, besó mis labios suavemente, estirándose tomó mis esferas perforadas que estaban cerca, se las colocó y entonces dijo:
- He encontrado a mi hombre. Esperé mucho, pero valió la pena. Tú eras mi tumulto interior. Yo no estaba segura de que este hombrón fornido, petulante, irónico, casi fanfarrón, que mira a todas las mujeres como si fueran parte de su menú del día; fuera el que me estaba conmoviendo, motivando, atrapando. Pero cuando decidiste abandonar este lugar, adonde un individuo de tu sociedad tendría todo lo que le falta en ella; simplemente por amor a tu perro, supe que el hombre esperado eras tú y decidí ser tuya aunque sólo pueda tenerte poco tiempo. Quiero lograr que me ames como a él, por sobre todas las cosas de mi vida. No sé que ha hecho tu perro para ser amado así, pero yo no dejaré de hacer nada para conseguir tu amor.
Comencé a reír motivado por su ocurrencia y ella a besarme y acariciarme. Recorrí su cuerpo con mis manos y tuve otra erección. Esta vez fue ella la que tomó la iniciativa y arrodillada sobre mi pelvis, facilitó la penetración ayudándome con sus manos. Extenuamos nuestros cuerpos; luego, nos dormimos los dos.
Desperté en la mañana y de inmediato la busqué con mis manos. No estaba en la cama. Recorrí el mobiliario con la mirada hasta que me di cuenta que ella no podía haber dejado un mensaje que yo pudiera leer. Me coloqué la toga y me dirigí al baño más cercano. Sentía un cansancio feliz en mi cuerpo y pensaba que ella también lo estaría sintiendo. Entré directo a la sala y volví a encontrarme con la Madre tomando su baño.
Amalík, terminaba de secarse en ese momento y estaba a punto de abandonar el tubo. Amagué regresar hacia la puerta, pero ella me vio y me habló haciendo gestos para que me detenga. Corrió hacia el estante donde estaba su ropa y no pude evitar contemplarla. Sus senos eran abundantes y bellos como los describiera Olma, sus piernas firmes y robustas, toda su figura era aún absolutamente deseable. Me pregunté cuantos años tendría, considerando que la hija probablemente me doblara en edad y advertí el valor máximo de esa sociedad; Vida, era ese su mayor triunfo cualitativo. La apetitosa mujer que se movía delante mío con absoluta naturalidad pese a estar totalmente desnuda, tal vez pasara los setenta años y no sólo se mantenía vigente y válida físicamente para un joven como yo, sino que seguramente su estructura mental acompañaba a su cuerpo. Ella estaba muy lejos aún de parecer "una anciana".
Se cubrió con una toga, se colocó un conjunto de esferas y se acercó a mí diciendo:
- Estoy feliz de que mi hija lo ame, Teniente. Con su persona tal vez nos llegue a Attóm y a mí, lo único que nos faltaba para cerrar el ciclo de una vida absolutamente feliz. Quisiera que se quedase para siempre con nosotros. No estoy tratando de motivar cambios en su decisión, sólo quiero que sepa que mi esposo y yo nos alegramos por lo que pasa.
Sonreí, tratando de ser agradable ya que estaba potencialmente escuchando a mi suegra. Me pregunté cómo lo sabía;
¿ Habría hablado con Olma muy temprano o tal vez fuera testigo auditivo de nuestra relación de la noche, como yo lo había sido de su relación de la tarde ?. Pensé que yo tenía al menos la satisfacción física asegurada, si la hija mantenía el fuego de la pasión hasta la edad en que ella lo mantenía y en la forma en que lo disfrutaba.
Sin embargo, la triste mirada del ser que más había amado en la vida, después de mis padres; me llamaba inexorablemente. Solo pude decir:
- "Gracias" -
Más tarde, Amalík me explicó que a Olma le habían sido restituidas sus funciones en seguridad y eso significaba a veces, largas ausencias. Me sentí culpable de la paradoja: Yo le había dado el primer amor y yo se lo quitaba, con las mismas actitudes.
Luego, también se fue Amalík y quedé sólo. Entonces decidí salir a la calle. Recorrer la ciudad sin la compañía de Olma, fue toda una aventura. Pude observar la cotidianidad, desde adentro. Vi a los recolectores de residuos, a los proveedores de alimentos y a otros sectores de servicio, en acción. Todo me sorprendía por su sencillez y su concepto de consideración al individuo. Contra lo que yo hubiera podido imaginar; no utilizaban sofisticadas máquinas en reemplazo de los hombres. Se utilizaba la electrónica, la computación y la ingeniería mecánica, para ayudar al hombre; convirtiendo a la mano de obra en una tarea liviana, limpia, agradable, divertida y sobre todo, eficaz.
Uno de los problemas inexistentes era la acumulación de residuos. Todos los envases eran recuperables; se recogían, se llevaban a las plantas de lavado y esterilización y se reutilizaban. Los residuos orgánicos iban hasta unas plantas de proceso que generaban gas industrial y domiciliario. Los otros residuos (que eran los menos) se clasificaban para reciclarlos o se incorporaban al medio exterior para su absorción por la naturaleza.
Las aguas con jabón, detergentes y otros iban a parar a otras plantas donde mediante procesos químicos y eléctricos se purificaban y se arrojaban al exterior para ser absorbidas por las napas naturales. Las aguas nuevas se tomaban del arroyo que cruzaba la ciudad, se filtraban pese a ser aguas de deshielo y se incorporaban a los tanques de reserva y consumo.
Todas las familias y todos los centros industriales o manufactureros, disponían de recipientes varios para la clasificación de los residuos y precisas instrucciones al respecto. Además, el cumplimiento de estas instrucciones formaba parte de una responsabilidad aprendida por todos desde los primeros años y asumida como una necesidad social, sin compulsiones.
Los programas escolares primarios contenían en su contexto elementos de formación que se asimilaban jugando; ya que mientras se aprendía a contar "recipientes", se hacia notar su función, la utilidad de su contenido y la forma adecuada de desprenderse de su residuo. En las actitudes cotidianas se destacaban todas aquellas que hacían a la higiene del medio y a la participación activa en el sistema implementado para preservarla.
No existían los plásticos ni otros materiales que no fueran incorporables a la naturaleza o reciclables. Los envases; que no eran reutilizables, eran procesables, transformables o absorbibles por el medio natural sobre el cual se asentaba la ciudad o el de sus alrededores.
Los hombres de verde se ocupaban meticulosamente de que el sistema marchase como debiera y los errores u omisiones en tal sentido siempre tenían un costo; Se perdían puestos, se bajaban puntajes y - lo más temido por todos - se hacía pública la falencia del responsable. Por supuesto, ni hablar de una actitud dolosa; esas - si ocurrían - tenían penas graves.
Llamaba la atención la gran cantidad de mano de obra que se utilizaba en una sociedad tan adelantada tecnológicamente, pero - costaba creerlo - al no haber intereses económicos de por medio, la tecnología actuaba en el medio, al servicio exclusivo de los hombres y con una clara finalidad: aliviar su trabajo no reemplazarlo. La diferencia - de hecho - pasaba por la educación.
La falta de idoneidad y la inoperancia, eran faltas morales equivalentes a la irresponsabilidad delictiva. La comunidad, educada en forma homogénea en lo técnico y lo social y estructurada en consecuencia; dejaba hacer a los especialistas o responsables de áreas: A nadie se le ocurría pensar en la posibilidad de incompetencia; sabían que a esos puestos sólo se llegaba por el camino opuesto. No había otro.
Estuve todo el día recorriendo, observando y preguntando, gracias a que un grupo de hombres de azul que se dedicaba al traslado de alimentos desde los centros de producción al de abastecimiento, me permitieron acompañarlos en su rutina.
Para mi sorpresa, vi. que los vegetales, hortalizas y legumbres se cultivaban en lugares no más grande que las esferas habitacionales, adentro de la ciudad y prescindiendo de la tierra. Estos sitios eran como laboratorios y cada uno de ellos se dedicaba a una hortaliza o vegetal en particular, que nacía, crecía y se desarrollaba en breves períodos de tiempo, en plantíos artificiales alimentados por líquidos que los abastecían de los nutrientes necesarios en cada caso.
Las frutas se desarrollaban en recintos mayores, bajo nivel, que yo no había visto antes y que eran habitáculos rectangulares con sus perfiles redondeados, adosados a la ciudad igual que las esferas. Sólo los cereales se plantaban y se procesaban afuera de la ciudad, entrando a esta ya envasados. En el procesado se utilizaban; la deshidratación, el vacío y la esterilización por radiaciones. Se le daba prioridad a la mercadería perecedera. Los depósitos de alimentos, todos ubicados en subsuelos con luz y temperatura controladas; se hallaban abarrotados de mercadería. No se desaprovechaba nada. La fruta no utilizada en el tiempo adecuado, se convertía en dulces, mermeladas o componentes de repostería. Los vegetales verdes no utilizados, se deshidrataban pasando a formar parte de alimentos compuestos o se destinaban al alimento de los animales de granja. Estos también se criaban en el interior y no se sacrificaban, sino que se extraía de ellos los elementos útiles que podían aportar para integrar alimentos, productos medicinales o cosméticos.
Todos los equipos de trabajo eran interdisciplinarios; Biólogos - Químicos - Médicos y Veterinarios, de formación general o específicamente especializados que trabajaban mancomunados. Pese a la existencia de especialistas para todo lo imaginable, las decisiones que provocaban cambios operativos importantes, se tomaban en equipo y era normal que en un equipo hubiera disciplinas tan supuestamente dispares como la Biología y la Mecánica. Todos sabían utilizar computadoras y éstas estaban presentes en todas las disciplinas de trabajo, existiendo desde las de bolsillo hasta la gran computadora central, orgullo de los especialistas del área.
Ya tarde, volví a la casa cansado pero distendido y feliz; no había sufrido en el día ninguna agresión física, espiritual ni moral.
Subí al elevador comiendo bocados de una enorme manzana que adquiriera con mi tablilla en el centro de abastecimientos. Al entrar en la cocina, Olma me miró sorprendida y entonces recordé mi régimen. Como estuve a punto de dejarla, ella se acercó a besarme y dijo:
- Esta es una fruta compatible con todos los alimentos, puedes comerla.
Y retirándose unos pasos me mostró lo bellísima que le quedaba la toga que tenía puesta y agregó:
- ¡Y esta también!
Y así como disfruté de la manzana, más tarde disfruté de ella adormecido por su belleza y sabor. Por la mañana, desperté otra vez sólo y feliz. Habíamos mantenido una relación más calma donde privó el placer y la ternura sobre la pasión. Fui al baño a atender mi cuerpo y noté cambios. Mi piel ya no exudaba con el aroma de antes, los desechos de mi cuerpo eran una masa neutra y todo mi organismo en general desbordaba energía.
Me vestí y salí a la calle, cruzándome con el equipo de abastecimiento que conociera el día anterior. Todos me saludaron alegremente, pero yo me quedé observando al jefe del grupo; un individuo amable aunque de pocas palabras, al que había acompañado horas el día anterior, admirándome de que ejecutara su trabajo con la exactitud de una máquina. En ningún momento lo había visto consultar nada para saber que correspondía entregar en cada lado o cuanto retiraba del otro. Debí haber supuesto que lo haría con algún método sofisticado y no le di importancia; pero ahora si me despertaba una atención especial y comprendía su eficiencia: Ahora sabía que "Zirahem" -tal era su nombre- era un "Biociborg". Olma me lo había dicho y yo lo miraba y me negaba a creerlo.
Seguí mi camino rumbo al centro de abastecimientos. Llevaba una larga lista de aprovisionamiento preparada por Olma y Amalík para la casa. Como yo no podía leer su idioma (algo que me sonaba como una mezcla de vasco y guaraní aunque no tuviera sentido lingüístico alguno), debía solicitar la ayuda de un robot de servicio para seleccionar lo que quería. Cuando llegué, la bella señorita que me atendió iba a asignarme uno cualquiera, pero yo solicité a ALFA 5.2.9.; el aparato me había resultado simpático la primera vez y yo quería conocerlo mejor. Tuve que esperar un rato hasta que terminara con otra labor y mientras tanto observé el accionar de otros que a simple vista eran iguales a él o bastante parecidos. Pronto, uno de ellos se paró en un sitio y comenzó a repetir una frase:
- "Alfa 5.2.9., a la espera del ciudadano visitante, Gonzalo WA. OO1".
Bueno, era él y evidentemente al que esperaba era a mí. Un gesto de aprobación de la joven de azul, me lo confirmó y entonces me acerqué a él y coloqué mi tablilla de identificación en su bolsillo.
- "Bienvenido al Centro de abastecimiento, ciudadano visitante" - dijo tras un rápido parpadeo de inspección de sus ojos.
- "Hola, 5.2.9." - contesté entre divertido y curioso.
- Supongo que "hola" es una expresión de saludo, ciudadano; Hoy no lo acompaña Olma W.K.63.
- No, no me acompaña -contesté- ¿Puedes decirme que significa W.K. 63?
- Significa que el nombre Olma es bastante común en nuestra sociedad y que de acuerdo al orden de las letras de nuestro alfabeto, su compañera es la ciudadana 4OO63 en la cronología histórica y la 63 de su generación, con ese nombre. El resto de las letras y números de su tablilla indican el año y lugar de nacimiento, quienes son sus padres y otros datos estadísticos que la identifican ante los requerimientos de algunas áreas, pero que no son de utilización social cotidiana.
-Bien, bien, es fácil deducir entonces que yo soy el primer visitante de nombre Gonzalo.
- Así es; y el 4O779 en la cronología de visitantes del exterior, para su información - contestó.
El aparato me resultaba fascinante y pensé cuanto me hubiera divertido de haber tenido uno como él en mi departamento, junto a Gerónimo. A todo esto él recorría las estanterías, revisaba las opciones de la lista y digitaba sobre el teclado de una pequeña computadora que tenía sobre su antebrazo izquierdo.
De pronto dijo:
- En acción de deducir, WA OO1, es fácil darse cuenta de que lo han enviado aquí para que se entretenga; porque esto se podía haber solicitado desde su unidad habitacional y nosotros nos hubiéramos encargado del resto.
- Es posible que sea así -contesté- pero de cualquier manera estoy contento de estar aquí contigo; me pareces un simpático aparato - Dije creyendo haberlo elogiado.
Dio vuelta su cabeza, parpadeó sus ojos en un gesto de perplejidad mecánica y dijo:
- "Soy un ente cibernético de sofisticada tecnología, ciudadano visitante; no una máquina de lavar platos".
- "Discúlpame" -balbuceé- no quise ofenderte - Maldiciéndome por dentro ya que Olma me lo había advertido anteriormente.
- Y dime Alfa 5.2.9., ¿te has informado sobre nuestras deficientes máquinas voladoras? - pregunté tratando de intentar un acercamiento.
- Le ruego me disculpe, ciudadano, pero no he tenido tiempo de hacerlo - contestó lacónicamente.
Acepté su respuesta como cierta, más que nada porque me negaba a admitir que ese montón de chatarra también supiera mentir.
Cuando llegó hasta la sección de control, emitió una tira de papel que entregó a una de las muchachas; Solicitó mi identificación, regresó en busca de la mercadería y ya con ella en el canasto, me acompañó hasta el vehículo en donde acomodó todo eficientemente, sin pronunciar otra palabra. Luego, se despidió cortésmente y me dejó con la molesta sensación de ser el único tipo tan estúpido, como para lograr "ofender a un robot".
Con ese peso sobre mis hombros, me dirigí al Centro de Control. Yo no podía entrar sólo, pero tenía la esperanza de encontrar a mis compañeros afuera. Ya había sido atrapado por la historia de Antiza y ahora tenía deseos de conocer el final.
El hall central del Centro, mostraba una actividad bulliciosa; atrajo mi atención, la cantidad de hombres de Seguridad fuertemente armados que, solos o en grupos, recorrían el lugar. Aguardé un rato observando a la gente entrar y salir de los elevadores, hasta que vi. salir a mis tres compañeros con sus respectivas acompañantes; Izthól (el jefe máximo de seguridad), varios miembros de la guardia y seis personajes como para no olvidar nunca. Eran tres de los desagradables hombres grises iguales al que yo viera el día anterior y tres graciosos hombrecitos como el que le llamara la atención a Kingston el primer día que llegáramos y que yo tuviera oportunidad de ver ligeramente tiempo después.
Eran estos de no más de un metro veinte de altura, de cabeza parecida a la de los hombres grises, pero con grandes orejas y ojos expresivos; sus cuerpos menudos estaban enfundados en trajes verdes un poco más brillantes que su piel.
Avanzaron hacia el salón y yo salí al cruce del grupo intentando hablar con Kingston. Dos oficiales se adelantaron con intención de interceptarme; Una palabra de Izthól fue suficiente para que se detuvieran.
Llegué hasta Kingston disculpándome y solicitando hablar con él. El viejo, se alegró de verme. Uno de los monstruos grises, dirigiéndose al Doctor dijo:
- "De modo que este es uno de los impetuosos conductores de sus máquinas voladoras" - Y se quedó mirándome con sus inexpresivas pupilas.
Kingston elaboraba todavía una respuesta, cuando uno de los pequeños seres intercedió:
- " Los pilotos terrestres hacen lo mismo que harían ustedes si vieran naves extrañas volando en el espacio Circonio. No necesitas ser agresivo; después de todo las víctimas de los encuentros siempre han sido ellos, ¿No?
El monstruo, abandonó la observación de mi persona (hecho que redujo notablemente mi adrenalina) y replicó fastidiado:
-" No ha habido tantas víctimas, pero las que hubiera nunca serán Zirconios; no somos tan estúpidos como para venir a morir en la tierra”.
El pequeño hombrecito no se amilanó y dijo:
- "Algún día, un Zirconio necio como tú, indignará demasiado a un Titanio y se volverá estúpido en la tierra".
Las pupilas del monstruo acrecentaron su brillo mientras contraía sus casi inexistentes labios en un gesto de violencia contenida, mientras el pequeño -desafiante- lo miraba manteniendo un gesto irónico y distendido que lo hacía aparecer casi cómico.
Izthól hizo sentir el peso de su autoridad e interrumpiendo la discusión, ordenó:
- "Señores, prosigamos con lo acordado; por favor".
Los tres uniformes plateados se desplazaron hacia Kingston y cada uno de los monstruos realizó un saludo de tipo militar, para luego proseguir su camino rodeados por los hombres de seguridad. Respiré aliviado, no podía evitar que su desagradable presencia me intranquilizara.
Los hombrecitos verdes saludaron al profesor con destacable cortesía, apoyando sus manos sobre las de él y el que había mantenido la discusión se dirigió a mí diciendo:
- "Alégrese Teniente, nosotros creemos que hay peores peligros que su gente dentro de la galaxia".
Y luego se alejaron los tres detrás del primer grupo conversando animadamente con los guardias que los acompañaban que a simple vista se notaban más distendidos que los otros. Miré en forma interrogativa a Kingston, quien aclaró:
- Los pequeños, son Titanios; establecidos en una luna de nuestro Sistema Solar desde la llegada de nuestra raza a la Tierra. Son seres sabios, pacíficos y amables; poseedores de una gran civilización, magnífica tecnología y un poder especial que los hace prescindir de las armas individuales.
A esta altura de las palabras de Kingston, intercedió Lahí, a quien yo no había visto más desde la última exposición de Antiza:
- "Son Telépatas y entre las posibilidades que eso les otorga, está la de poder destruir o desarticular las funciones de cualquier cerebro, animal o humano".
- Además -prosiguió Kingston- son conceptualmente opuestos a los otros, estos seres grises que usted ha visto, individuos agresivos y groseros a los que hay que vigilar, porque pese a que integran la confederación galáctica, no son confiables.
- "Sólo los Titanios pueden estar tranquilos al lado de esos monstruos sin un arma en la mano"- acotó Georgesen.
- Los Zirconios -intercedió Labianí- pertenecen a un planeta de un sistema cercano y son hábiles y ávidos en robar tecnología; por eso se los vigila en forma extrema. En su contacto con ustedes, se han producido algunos accidentes desgraciados con víctimas humanas, que para los Titanios es un hecho imperdonable ya que ellos en ciertas emergencias hasta han sacrificado sus vidas por no afectar a los humanos.
Comprendí el porqué de la vigilancia en las zonas fabriles; pero recordé de pronto a qué había venido y requerí:
- Profesor, ¿Será posible que conversemos un rato sobre la reunión de hoy?, no quisiera partir sin terminar de conocer toda la historia de Antiza.
- No creo que haya inconvenientes - respondió - después de todo no podrá recordarla fuera de aquí. Todos compartimos risas y luego Georgesen, Livingstone, Lahí y Labianí, se despidieron de nosotros y partieron; iban alegres y desinhibidos y habían cambiado tanto como Kingston. El viejo hizo un comentario al verlos atravesar el salón:
- Son jóvenes y están viviendo intensamente esto. "Comparten absolutamente todo".
Me hubiese gustado preguntar sobre el alcance de "absolutamente todo", pero en definitiva yo estaba solicitando abandonar el lugar; no tenía mucha importancia cualquiera fuera la respuesta.
Ramalú ofreció su casa para nuestra conversación y fui con ellos. La estructura interior de la esfera era diferente a la de Olma: Tenía dos ascensores, uno para ella, que ocupaba el piso del medio y otro para su hijo y la esposa que habitaban el primero y el tercero desde que muriera su esposo, en un viaje de exploración a un sistema lejano; La planta baja y el último piso se compartían.
El piso de ella estaba distribuido y equipado como para que una pareja viviera cómodamente. La decoración no era sobria y austera como la de mi pareja; aquí abundaban las plantas, la luz y el color: El piso era juvenil, cálido y hasta sensual, según mi percepción. Comprendí el cambio de Kingston. De no haberlo realizado, hubiera sido una antigüedad desentonante en ese sitio.
"Rami" - como la llamaba ahora el viejo- era idéntica a la casa; extrovertida, juvenil y sensual. Me dejaron un momento escuchando música en un agradable estar y regresaron en pocos minutos enfundados en las clásicas togas que yo ya había usado y que deberían ser parte del hábito social.
Ramalú estaba soberbia adentro de la suya, que era de una tela liviana color lila y dejaba entrever sus abundantes formas en cada movimiento de su cuerpo. El festejaba alegremente todo lo que ella hacía y decía y mientras tanto yo pensaba cuanto había cambiado la cotidianidad de ese hombre, que seguramente me pensaría loco al querer abandonar ese lugar por un perro.
Aprovisionados de unos vasos llenos de un jugo más agresivo que los probados por mí hasta entonces, nos acomodamos para conversar. Entonces el viejo dijo:
- ¿Recuerda usted Teniente que yo había preguntado cuando y cómo habían aparecido ellos?
Asentí con la cabeza, sin hablar.
- Justo en ese momento, cuando las razas del Sistema visitaban la tierra, como quien visita un exótico zoológico; los ancestros de esta gente, descendientes directos de "La Atlántida", con sus recién construidas "Buranas", abandonaron su escondite de roca y salieron a participar de la inspección por los cielos del planeta. Para los pueblos de la tierra no fueron más que otros "Dioses" bajando del cielo; para los "Dioses" visitantes, representaron una verdadera sorpresa. Nadie había imaginado que sobreviviera una de las razas originales con su memoria completa, con su devoción y respeto por los maestros intacto y con el legado de su tecnología que no podían saber si era similar o superior a la de ellos.
Después de establecido los contactos se realizaron distintas pruebas con la descabellada humanidad que poblaba el planeta; Desde formar individuos especiales consagrados a difundir distintas filosofías de vida, hasta aniquilar por completo a pueblos o grupos belicosos. Todo fue en vano, la semilla Atlante preponderaba en la genética de los hombres y las comunidades pacíficas eran continuamente avasalladas por los pueblos guerreros. No existía la menor posibilidad de planificar una evolución homogénea; todas las filosofías y hábitos de vida eran interrumpidas por las invasiones y las guerras. Entonces, se decidió dejar el problema librado a la naturaleza. Cada visitante regresó a su mundo y esta gente a sus cavernas.
Mas, pasaron los años y el hombre no cambió, pese al cambio de sus instituciones y su técnica. Los vecinos del sistema, se despreocuparon de nosotros; para ellos los habitantes representativos de la tierra estaban aquí, en la cordillera. Los demás éramos raros especimenes zoológicos productos de una mutación, con quienes no deseaban establecer ningún contacto.
Kingston, interrumpió su relato un momento para beber y Ramalú prosiguió en su lugar:
- Todo siguió así hasta el 6 de Agosto de 1945; La segunda guerra mundial venía siendo vigilada por nosotros a través de los atisbadores.
- ¡Ya! - inserté- Las bolas de fuego fueron una referencia obligada en las fuerzas aéreas de esa época.
- Así es, veníamos controlando la evolución de la cohetería Alemana y los trabajos que tendían al desarrollo de la energía atómica, tanto en Alemania como en Italia y Estados Unidos. Pero en Alemania, interferimos constantemente ambos proyectos; porque los Nazis eran un grupo de gente totalmente diferente. Psicológicamente podían considerarse una raza nueva. Tal vez nadie en el mundo se había dado cuenta, pero permitirle a ellos disponer de la conjunción cohete-bomba atómica, hubiese sido permitir el resurgimiento Atlante. Aunque en realidad, ya habían resurgido, "estaban allí"; no eran peores que los japoneses, los rusos o los americanos: "Eran diferentes" y nosotros lo supimos de inmediato.
Que no eran peores, lo demostraron pronto los primeros que dispusieron de la "bomba atómica". Hiroshima fue la demostración cabal de que el germen Atlante estaba adentro de "toda" la raza humana. Pero también podrían serlo los bombardeos de Hamburgo y de Dresde con bombas de fósforo entre otras, por ejemplo; asesinatos en masa tan injustificables como los campos de exterminio.
- Perdón - pregunté - ¿por qué los Nazis eran diferentes?
- En los crímenes, por su convencimiento; podríamos decir por su horrorosa honestidad criminal. Pero además, por su Cosmología, por su Racismo, por su diabólica capacidad para mantenerse en combate en las peores condiciones, por su empirismo, a veces delirante y otras asombrosamente efectivo.
Pero Hiroshima y Nagasaky, atrajeron nuevamente a la tierra a los habitantes de la Galaxia. Cohetería y energía atómica en manos de ustedes era demasiado peligro potencial como para que no intervinieran. Pensaron de inmediato en invadir el planeta, idea que lideraban los Zirconios con sólidos fundamentos.
Pero estábamos nosotros en el medio. Hubo grandes debates sobre la decisión a tomar, hasta que un plan conjunto de los Titanios y de nuestra gente se puso a consideración: Los Titanios se comprometían a vigilar y controlar toda acción terrestre afuera del planeta y nosotros poníamos en ejecución un plan de control interno y sobre todo de cambio sobre la tierra.
Desde entonces, todo cohete que atraviesa la atmósfera, todo satélite que se pone en órbita, toda emisión radial que sale al espacio, es controlada minuciosamente por ellos.
A esta altura del relato recordé algo importante e interrumpí a Ramalú:
- Perdón Rami, pero ¿que fue de los hombres del Planeta rojo?
- La Raza del planeta rojo festejó alborozada nuestra existencia, ya que se sentía culpable de haber provocado la hecatombe final en la tierra, al utilizar su fuerza atómica contra los Atlantes. Encontrarnos, les otorgaba en parte una posibilidad de reparación.
- ¿Ellos siguen habitando el interior de la Luna? - interrumpí
- Ellos; recurrieron en principio a la Luna, porque ya no les quedaba tiempo. Pero la Luna ya no era la misma; sin la atención de los Gigantes, poco quedaba del vergel que estos crearan. El sol interior conservaba muy poca energía y de hecho el lugar ya no les ofrecía lo que necesitaban. Tuvieron que trabajar mucho para sobrevivir; Cuando nos encontraron su raza estaba enferma y agotada después de tantos años de lucha contra las adversidades provocadas en principio por el Errante y luego por ellos mismos. Fue entonces cuando comenzamos a intercambiar información tecnológica y vivencial, compenetrándonos rápidamente. Ambos pueblos eran gentiles entre sí y tenían que solucionar problemas importantes. Nosotros, sufríamos un problema de espacio que limitaba el crecimiento de la comunidad y provocaba sufrimiento en las generaciones jóvenes. Pero habíamos tenido pruebas más que suficientes de la importancia de nuestro aislamiento. Sobrevivimos a los Atlantes, a la contaminación atómica que provocó su destrucción y a la depredación Española.
Ellos necesitaban también, un espacio adonde su raza pudiera vivir sin sobresaltos y con posibilidades de crecer. No tardamos en asociarnos para conseguir nuestros objetivos comunes. Nosotros, habíamos comprobado que el Océano Pacífico al no sufrir las agresiones atómicas que soportara el Atlántico; Había permanecido ecológicamente intacto e históricamente, en razón de su vasta extensión no había tenido conflictos en sus áreas centrales, a considerar entre el territorio Sudamericano y la Polinesia. Era la zona indicada para instalarnos, pero también geográficamente inadecuada, pues sólo pequeñas islas poblaban su superficie. Así fue que derivamos nuestra atención hacia el mar y pronto descubrimos que la tecnología conjunta de la cual disponíamos, nos podía permitir instalarnos en los lechos oceánicos o en sus elevaciones submarinas.
Así nació la primera Colonia Oceánica en el pacífico, que fue y sigue siendo compartida por las dos razas. El resultado de esa experiencia nos llevó a realizar un acuerdo social donde las labores que llamaré para ti, “ejecutivas, legislativas y judiciales”, están tan bien ensambladas que nunca han sido discutidas.
A partir de allí, se construyeron otras, que fueron repartidas entre las dos razas asociadas, dando expansión, seguridad y alegría a ambos pueblos; hasta llegar a desarrollar posibilidades como la de esta Colonia exterior; secreta para ustedes, íntimamente entrelazada con el medio y de ser necesario, totalmente independiente.
- Pero la Luna ¿la siguen habitando ellos? - insistí obcecado.
- Ellos ya no, "nosotros"; habitamos el interior de la luna y las cientos de Colonias Oceánicas y recónditas Colonias de superficie. Como verás la tierra aún les guarda muchos secretos a ustedes.
- ¿Que tantas son las cientos de Colonias Oceánicas?
- Poco más de un millar, distribuidas por los Mares del Mundo.
- ¿Cómo pueden ser tantas y que jamás las hallamos descubierto?
- En 351 millones de kilómetros cuadrados de superficie marina, mil ciudades como ésta, no ocupan lugar. Además, a las profundidades en que están construidas, ustedes no tienen acceso y en el caso en que lo tengan, las cúpulas pueden camuflarse hasta hacerse invisibles, y por ultimo, allí estamos nosotros, vigilando.
- Y no sé que harán ustedes en ese caso, pero ahora entiendo porqué se suspendieron los viajes a la Luna - comenté.
- ¡Qué fijación! - Exclamó Kingston - Mientras Ramalú continuaba: - Los Centros de Poder de tu gente ya saben de nosotros; esa es una de las causas que determinarán pronto un nuevo orden. Ellos lo asumen y por eso mantienen la información oculta, mientras elaboran una estrategia política que los favorezca ante la posibilidad del contacto. En las próximas décadas puede haber cambios que hoy no se consideran posibles y que se mostrarán como consecuencia del derrumbe de las ideologías, cuando en realidad sólo serán movimientos estratégicos de algunas grandes potencias ( o de los grupos de poder dentro de ellas) reacomodándose Geopolítica y Económicamente.
- ¿Satisfecha su curiosidad, Haffner? - intercedió Kingston
- En alguna medida, Doctor; me gustaría saber en que consiste el plan de cambio que implementaron para nosotros.
- El plan es de larga duración y se desarrolla en todos los ámbitos existentes; Políticos, Económicos, Científicos, Religiosos y Artísticos. Consiste en desarticular las viejas estructuras y edificar una nueva conceptualidad de vida en la humanidad. Para eso se utilizan distintas metodologías: A veces, se incentiva lo negativo para despertar en la gente pensante reacciones contrarias. Otras, se interviene en la Economía o en la Ciencia, para estabilizar o reducir poderes y hasta se reemplazan individuos estratégicos con hombres designados por la "Inteligencia" de este lugar. Para el año 2010, ciertas pautas del plan deberán estar cumplidas.
-(Aunque antes el mundo transitará por tremendas crisis)-Murmuró.
- ¿Cuales son esas pautas, Doctor?
- El orden político-militar Este-Oeste del mundo deber estar cambiado y tendrán que haber surgido nuevas potencias Tecnológicas y Económicas que contrapesen el poder de las actuales, predominantemente militares.
-Sinceramente Doctor, no imagino cómo podrán cambiar el actual orden establecido sino es a través de una guerra; No creo que las naciones que actualmente detentan ese poder, lo cedan fácilmente.
- Mi estimado Haffner: en nuestra sociedad; La Fuerza, la Riqueza y el Conocimiento, por si mismos o por su interrelación, conforman el poder. Al principio, el "Conocimiento" fue sólo un accesorio del poder de la Riqueza y del poder de la Fuerza; Hoy, ya es el "poder primario" por excelencia, del cual dependen los otros dos y a los cuales genera. Yo lo llamaría: La Propia Esencia Del Poder.
Entonces: es otorgándole conocimientos a ciertas naciones elegidas (que éstas a su vez transformarán en riqueza), como se contrapesará el poder.
- Honestamente Kingston, quisiera verlo; porque hasta ahora, todos los conocimientos que surgen en un país débil, terminan yendo a parar a los países fuertes y enriqueciéndolos a ellos.
- Así es: como el conocimiento es la más "democrática" fuente de poder, ya que el débil y el pobre pueden adquirirlo; los fuertes y los ricos se confabulan para que los primeros no tengan acceso a él. Se mal enseña y se mal informa, se miente y se tergiversa deliberadamente, a través de testaferros políticos, artísticos y religiosos. Se crean, incentivan y propagan multitudes de disciplinas mediocres o delirantes con las cuales se entretiene a las masas, obnubilándolas y ocupando su tiempo con vaguedades para que no lo utilicen en la meditación y la observación objetiva de los fenómenos que los rodean, base primordial del desarrollo de la inteligencia; "Plantearse preguntas hasta encontrar respuestas". A partir de allí, los poderes modelan a las masas como si fueran de arcilla, dándoles la forma que quieran. Llegan a reclamar sus derechos sobre basura porque los poderes los han convencido de que eso es bueno y tienen que tenerlo.
- ¿Y entonces profesor?
- Ahora no podrán hacerlo, los conocimientos estarán en las mentes de hombres estratégicos que no podrán ser comprados ni perturbados y allí se quedarán.
- ¿Y que se pretende conseguir a largo plazo, con ese contrapeso de poderes?
- Varias cosas: entre ellas, democratizar a la Naciones Unidas, eliminando o modificando el derecho a veto y ampliando o reformando el Consejo de Seguridad. El objetivo sería fijar como prioridades; El Planeta, La Humanidad, Las Naciones, en ese orden.
- ¿Usted lo cree posible, profesor?
- Sí, si lo creo. Estoy convencido de que puede lograrse, porque los acontecimientos deberán llevar a la institución a eso, so pena de desaparecer.
- ¿Y que otra cosa se intentará?
- Derribar las barreras idiomáticas, enseñando en Oriente y Occidente -en cada país- un idioma adoptado como internacional, junto con el idioma local; con intención de fusionar lingüísticamente al Planeta. De ese modo las decisiones de la Sociedad de Naciones y otros acontecimientos de importancia mundial, podrán llegar a los más remotos pueblos sin tergiversaciones merced a la cada vez más sofisticada tecnología de comunicación.
- ¿El esperanto podría cumplir al fin la función para la que fue creado?
-Es un idioma con tan pocas reglas gramaticales que no debería descartarse, pero lo más probable es que se utilice el más difundido.
No lo sé Haffner, no será fácil la elección e imposición, aunque esta gente no anda con remilgos a la hora de fijarse premisas; basta con saber la tercera pretensión.
- ¿Y cual es la tercera? -
- Circunscribir a todas las Religiones a una labor de docencia filosófica racional, ya que el hombre necesita una filosofía de vida universal. No hay mejor utilidad para las estructuras religiosas del Mundo, que usarlas para una docencia exenta de compulsión teológica.
- ¡Vaya, eso sí que es difícil, Profesor!; estamos hablando de uno de los grandes poderes del planeta, con comprobada influencia sobre las masas.
- Es posible, pero si no abandonan los Dogmas hipócritas que pregonan, pasado el año 2OOO su Grey sólo se encontrará entre las masas más famélicas e ignorantes del planeta. Las instituciones religiosas estarán tan desprestigiadas por su falta de respuesta a los problemas de la humanidad, que los fieles se disgregarán por infinidad de cultos sin fundamento, sólo para acrecentar su desesperanza. En las jóvenes generaciones casi no se encontrarán creyentes y los ídolos con que se intentará reemplazar a los Dioses mal representados, solo sumirán a la juventud en las drogas, la violencia y un delirio que los llevará hasta el suicidio. Mientras tanto, los pueblos más intelectualizados derivaran hacia nuevos conceptos religiosos que tengan respuestas concretas para sus problemas cotidianos o se alejaran para siempre de las Iglesias, quedando estas como meras curiosidades turísticas, representantes de épocas en que el hombre era manipulado con mentiras y fraudes. Las Religiones tendrán que elegir entre convertirse en entes docentes que buscan la verdad, comprometiéndose socialmente o desaparecer perdidas dentro de una teología no creíble, en medio del caos social al que no escaparán sus instituciones.
- De modo que para el año 2OOO habrán caído las "ideologías" y las "idolatrías" según sus palabras, señor.
- Digamos que el comienzo del nuevo milenio se caracterizará por eso, Teniente - dijo haciendo un paréntesis para tomar un sorbo de su bebida.
- ¿Y dígame Kingston, Hay más? - insistí.
- OH, sí; se intentarán eliminar las fronteras y estructurar una moneda única, realizando acuerdos de cooperación internacional, que posibiliten la interrelación de las naciones poderosas con las débiles. Se tratará de reducir al mínimo los gastos de armamentos, poniendo en manos de las Naciones Unidas, el control de la producción y las reservas de material bélico; para derivar los sobrantes de los presupuestos de guerra a las áreas de salud y alimentación, replanteando la función de los hombres de las Fuerzas Armadas en los tiempos de paz. Se crearán enormes depósitos de alimentos, medicamentos y elementos de primera necesidad no perecederos, que serán manejados por las Naciones Unidas para cubrir emergencias. Se incentivarán los estudios históricos y se posibilitarán descubrimientos arqueológicos, que ayuden a la humanidad a develar sus orígenes verdaderos. Se impulsará el desarrollo de la medicina, para atender con eficiencia las enfermedades orgánicas y socio-psicológicas. Se intentará dominar el Cáncer y otra terrible enfermedad que para dentro de veinte años será casi epidémica y que nuestros amigos saben que surgirá como resultado de inescrupulosos trabajos de laboratorio que se están realizando en este momento.
Filosóficamente la docencia mundial tendera a cambiar la aplicación del termino "Raza", para adjudicárselo a la humanidad en general. Habrá que sustituir el concepto de la salvación individual por el de la salvación social, sin dejar de tener en cuenta la categoría cósmica de la persona dentro de una sociedad que es sólo un accidente.
- Supongo Doctor, que eso solamente podrá lograrse a través de una educación diferente - interrumpí.
- Hay que cambiar el mensaje que reciben las nuevas generaciones, Haffner; retirarle elogios al que "más vende" para adjudicárselos al que "más sirve" o "sabe", tal vez así logremos rescatar los valores reales y no sería raro que se intente llegar a eso exaltando la primera opción hasta el asco, para que la misma gente propicie el cambio.
- Al mundo de hoy lo manejan los que más venden, profesor y dígame, ¿Cómo se identifican los valores "reales"?
- Mediante el análisis racional, Teniente; del mismo modo que se identifican las atracciones compulsivas como tales.
Sabe, no sería extraño y me baso en algunos proyectos que he visto en estos días; que se intenten edificar ciudades nuevas sobre la superficie de los océanos, creando una civilización Talasocrática en un medio de vida conceptual y técnicamente diferente; mientras tal vez se apele a la eugenesia para el mejoramiento de los seres primitivos del planeta.
A esta altura de su exposición y aceptadas todas las utopías, realicé otra pregunta:
- ¿Que ventajas tendría una ciudad Oceánica, Doctor?
- Tres fuentes inagotables y purísimas de energía: Olas, Viento y Sol, por ejemplo. Y la posibilidad de mantenerlas aisladas con facilidad del resto del planeta.
- ¿Todo eso tendría que darse en los veintisiete años que faltan para llegar al 2OOO? - proseguí.
- No, más bien esos serán los años en que se gestarán los embriones de los cambios que se producirán aceleradamente a partir de él. La última década del siglo 2O y la primera del 21 serán geométricamente conflictivas y asombrosas. La concientización Ecológica, convivirá con las mafias industriales, el enriquecimiento insolente de las minorías convivirá con la pobreza aplastante de las mayorías. No habrá oradores creíbles para las masas hartas de la mentira. La sombra inquietante y evidente de miles de guillotinas y millones de Robespierres se cernirá sobre la insensibilidad de los pudientes que serán prisioneros en sus propios ghetos de lujo y llegarán a ser asesinados por sus propios hijos. No podrán dejar de advertir el peligro que generará su propio orden social; ellos mismos propiciarán el cambio.
A partir del año 2OOO, realmente se gestará un Fin del Mundo. El fin de un mundo viejo y el nacimiento de uno nuevo para la humanidad. Y tal vez ya entrado el nuevo siglo, la nota final puedan darla las "Buranas" y "Vimanas" recorriendo el planeta y preparándonos por fin, para integrarnos al Universo.
- Lo veo sumamente optimista, Profesor. Créame que quisiera compartir su fe en todo lo que ha dicho que sucederá, pero lo veo como un hermoso sueño del que en algún momento habrá que despertar.
- No lo regaño por su visión Haffner, pero yo ya tengo mi puesto de trabajo en ese sueño y es lo mejor que me ha pasado en la vida; he recuperado un ideal.
Ramalú interrumpió en ese momento:
- "Espero que la conversación no les impida disfrutar del almuerzo que he preparado para los tres".
Recién reparé en que el tiempo había pasado y estábamos entrando en la primera hora de la tarde. Como había recibido una tácita invitación, conteste:
- No, no, por supuesto.
Y los tres nos sentamos alrededor de una mesa que era idéntica a la de mi primer almuerzo. Ramalú comenzó a servir la comida y el viejo se levantó a ayudarla solícitamente. Se movía con soltura juvenil en la cocina, sabiendo con precisión lo que tenía que hacer y susurrando comentarios que provocaban la risa de ella, que a su vez se ufanaba por evitarle trabajo.
La liviana tela de la túnica, se adhería cada tanto a distintas partes de su cuerpo, demostrando la inexistencia de ropa interior y resaltando la abundancia de sus formas. Kingston, tentado por ellas, aplicó el golpe de una palma sobre sus nalgas, intentando mantenerlo oculto. Le di la posibilidad de lograrlo, desviando mi mirada hacia otro lado. Era increíble; este no era el mismo hombre, viejo, de gesto adusto y fría actitud científica que yo trajera en el Búho Blanco apenas unos días antes. Comprendí de pronto, qué era lo más importante que había en ese lugar: "Vida", vida y "tiempo" para vivirla, sin remordimientos. Ya que mientras uno vivía no había otros sufriendo.
Disfrutamos juntos del placer de la mesa. Comimos ensaladas, acompañadas de sus clásicas albóndigas, con panes de cereal y luego tortas, dulces y frutas; todo lo acompañamos con el exquisito jugo que me sabía más agresivo que los probados antes.
Ya de sobremesa, disfruté escuchando un intercambio de ideas de mis anfitriones sobre una teoría científica. Era una dialéctica de dos intelectos múltiples y brillantes; donde ella se destacaba por su mayor nivel científico y él por su agudeza deductiva. Discutían complacidos, unidos por sus inteligencias; cuando recordé mi régimen y lo comenté riendo, ya que había terminado de comer todo lo que me ofrecieron.
Ramalú me tranquilizó informándome que ella había cuidado que en el almuerzo no hubiera nada que lo alterara.
Decidí entonces que era tiempo de ir a ver a Redent para que me dijera como andaba y cuando me despedí de ellos dejándolos felices, me dirigí directamente al Centro médico. Hube de soportar otra vez al petulante doctor y pasar por los exámenes pertinentes. Volví a asombrarme con su tecnología, cuando me introdujo en un cilindro de oscura transparencia que era atravesado por finísimas líneas de luces rojas y entonces pude ver en los monitores, Mis órganos "funcionando". Observé largamente el movimiento que realizaba mi corazón al generar sus latidos. Al final, me despidió como apto y aunque siguió mirándome como a una bestia, aseguró que mi cuerpo ya estaba libre de toxinas y lo confirmó cargando en el sistema central mi nueva condición física.
Promediaba la tarde; yo estaba libre, sano y feliz y no sabía que hacer con mí tiempo, de modo que me dediqué a recorrer las esferas centrales, deteniéndome donde algo atraía mi atención.
El centro de gimnasia, me atrapó de inmediato. Las disciplinas que se practicaban eran del tipo olímpicas: Barras, aros, trapecios, movimientos con música, natación y bailes. No vi. individuos con demasiado volumen muscular, al parecer el ideal conceptual pasaba por la armonía: Fuerza, agilidad, velocidad y destreza.
Los cuerpos de los jóvenes eran admirables y los de las jovencitas, realmente apetecibles. Aunque también la gente mayor conservaba su armonía y había mujeres grandes de arrolladora belleza física, siempre más abundantes que las jóvenes, sus cuerpos se apoderaban de mis ojos, destacados por la transparencia y adherencia de algunos trajes.
Me fui del lugar con los ojos ahítos. Poco tiempo después recorría el Centro de Educación. Ya había visto los sectores de enseñanza media y terciaria, donde los conocimientos se enseñaban a través de un sistema que consideraba métodos inductivos, empíricos y deductivos; utilizando e incentivando las tendencias innatas de cada alumno, siempre sobre la base de que la educación consistía en plantearse preguntas y encontrar respuestas - como lo mencionara Kingston.
Me aboqué entonces a observar las áreas de educación infantil, donde se me recibió y después de identificarme se me contestó todo lo que pregunté y se me permitió ver todo lo que quise. Allí comprendí como se edificaba esa sociedad maravillosa:
Desde los primeros años y en medio de un ámbito lúdico, lo primero que se le enseñaba a los niños, eran las reglas de juego de la filosofía social y la esencia de esa filosofía comenzaba en el universo mismo.
Era la aceptación de la existencia de dos fuerzas antagónicas tan hermanadas como la luz y la sombra; El Bien y el Mal. A partir de allí se enseñaba, cual era la concepción de lo bueno y de lo malo, en esa sociedad. Se aprendían las reglas de convivencia; dejando en claro con ejemplos, como la libertad sólo existía en una comunidad, cuando todos y cada uno de los ciudadanos podían practicarla.
Los niños advertían entonces que cada acto individual estaba relacionado en algún grado con los demás y que si uno cualquiera atentaba contra la libertad de otro ciudadano, en realidad ese acto estaba agrediendo su propia libertad.
También aprendían que violar las reglas establecidas siempre tenía un costo y ocasionaba un disgusto, aunque se explicitaba su posterior derecho a cambiarlas.
Era común que un niño, enojado por alguna limitación de los adultos, amenazara con votar en contra de esa regla en el mañana. Los mayores incentivaban lúdicamente eso, otorgándoles a los pequeños un elemento psicológico de defensa contra las decisiones de los mayores, que los liberaba de rencores y que por supuesto - ya grandes - generalmente aceptaban.
La palabra "pecado", no existía. Lo bueno y lo malo y lo permitido y lo prohibido, se hallaba implícito en la filosofía e incluido en las reglas cotidianas.
La sexualidad se clarificaba desde los primeros años. Al principio, enseñando las diferencias físicas de los cuerpos y después, la función específica de los elementos de los mismos. Los cuerpos no eran tabú y a través de muñecos que reproducían la figura humana, aprendían a visualizar desde los primeros años el desarrollo y tamaño de los genitales, las mamas y otras partes del cuerpo que sufrían transformaciones con el transcurrir del tiempo. Cualquier niño de 5 o 6 años, tenía clara noción del tamaño de los genitales de sus padres, sus abuelos y el resto de los adultos que los rodeaban con el conocimiento implícito de sus posibles transformaciones y estados. Los docentes manejaban el tema como un juego exento de misterios y prestaban particular atención a la evolución de cada niño en particular.
Los niños, sabían desde antes que se produjeran; cuales eran los cambios que los introducían en la sexualidad del adulto y con ellos su cambio de responsabilidad. La práctica sexual de los adultos les era conocida gradualmente y asumida como una necesidad más, similar a la de comer, beber, dormir e higienizarse, imprescindible para el cuerpo y la psiques. Una necesidad que "a partir de su desarrollo inicial" todos tenían el "derecho de satisfacer" y la "responsabilidad de controlar".
Cada uno comenzaba su actividad sexual, de acuerdo a su necesidad interior y los estímulos de su entorno, en forma tímida o audaz, pero nunca traumática; tenían claro que con ella, les llegaba un "placer normal" que toda la sociedad aceptaba como tal.
De allí en más, quedaba en manos de su inteligencia y de sus impulsos interiores; refinar ese placer, moderarlo, contenerlo o saciarlo, según desearan sin que ninguna de esas actitudes debiera ser "marginal".
Con el placer, llegaba la "Responsabilidad de la procreación" y allí sí intervenía la sociedad y sus reglas: A toda jovencita ya apta para la maternidad, el Centro Médico se encargaba de controlarle su posibilidad de embarazo con un artilugio técnico. Quedando liberada en cuanto a su decisión de cuando y como experimentar la sexualidad de acuerdo a su formación familiar y el contexto donde se desenvolvía (su entorno inmediato). Y como la responsabilidad era de ambos sexos, también a los jóvenes aptos para procrear, se les inhabilitaba su capacidad de fecundación en forma parecida. Estas inhabilitaciones sólo se suspendían durante el período en que los matrimonios estaban decididos a tener hijos y cumplimentaban las reglas establecidas.
El nacimiento era uno de los acontecimientos mas controlado y protegido por la sociedad; tanto, que hasta escuché hablar de "Educación fetal" (Determinados estímulos que llegarían al embrión a través de la vivencialidad de la madre) y no sólo los padres debían estar física y psicológicamente aptos (Se realizaba el control y la medicina genética) sino que antes de autorizar la fecundación, la Asistencia social debía certificar que las necesidades del niño estaban aseguradas. Yo sabía que en mi sociedad, disposiciones de esa naturaleza hubieran sido consideradas cohartadoras de la libertad y sin embargo en el contexto social de ese lugar, se demostraba el sentido común que tenían.
Allí no existían ni la Madre desamparada, ni el niño mendicante, ni el minusválido. El sexo era un placer que a ninguna edad resultaba traumático ni estaba prohibido, y la vida era una responsabilidad que a ninguna edad estaba permitido violar.
Recordé entonces que así como la "Capacidad de elaborar cultura" es lo que distingue al hombre de todos los demás animales conocidos; los grupos humanos diferían entre sí, fundamentalmente por "Elaborar culturas diferentes".
Y así, recorriendo la ciudad, conociendo a la gente, viviendo esa cotidianeidad maravillosa donde todas las reglas eran claras y obedecían a una necesidad social que afectaba a todos por igual; fueron pasando los días.
Mi relación con Olma se pulía día tras día y mi inserción en el medio también. La Regencia no se expedía sobre mi partida y una cierta angustia fue apoderándose de mí al sopesar una duda: ¿Tendría valor para abandonar a una mujer que cada día necesitaba más y a una sociedad que era el ideal de cualquier hombre con sentido común?
Sin embargo, cada vez que me cruzaba con alguien que llevaba un animalito de los múltiples que autorizaba y protegía el Centro Médico como mascotas domésticas; mi corazón aceleraba sus latidos. No, no podría ser feliz nunca en ese paraíso, si dejaba a mi perro librado a su suerte en la inmunda sociedad a la que yo pertenecía. Era paradojal, para ellos un animal era un ente vivo que merecía su atención y su respeto y así, no sólo estaba regulada la tenencia, sino que estaba implementada la necesidad de cada animal autorizado, en su tránsito por las distintas áreas de la ciudad. Cada persona que transportara un animalito debía hacerse responsable de él hasta en sus menores detalles y si un perro por ejemplo, orinaba en un lugar público, su dueño debía llamar al personal de limpieza, esperarlos y cargar a su cuenta el costo de la labor de los hombres de verde.
De no hacerlo, cualquier ciudadano que lo observara podía informar a Seguridad. Habían llegado a descubrir los cómo y los por qué de los centenares de procesos fisiológicos que se daban en las áreas zoológicas, estudiándolos y aprovechándolos en beneficio del organismo humano. Para nosotros, un animal era un ente inferior al que valorizábamos según su utilidad y sacrificábamos o torturábamos sin piedad y así, aún seguíamos sin saber cómo hacía el Oso para dormir seis meses sin comer y sin beber y un día levantarse como si se hubiese acostado una hora antes.
Olma pareció advertir mi estado interior y tal vez por eso un día propuso una salida especial. Habíamos ido juntos a diversos espectáculos artísticos que tal vez por realizarse "por amor al arte" eran de calidad excepcional; pero nunca me había propuesto visitar el “Centro de encuentros". Acepté asombrado y curioso.
Mientras viajábamos rememoré lo que había advertido sobre los artistas del lugar. Cualquiera podía intentarlo, en todas las disciplinas, con formación docente o no. El arte para ellos era en esencia "intuitivo" y si bien se enseñaba música, dibujo y danza por ejemplo; el desarrollo de las distintas disciplinas que surgían de esas bases era absolutamente creativo.
Los artistas exponían o se mostraban ante la comunidad, desarrollando su arte sin descuidar sus obligaciones sociales y a medida que la sociedad los iba aceptando, por un original sistema de donación, cada uno de los admiradores cedía parte de su tiempo (minutos a veces) a su admirado. De modo tal que los artistas eran mantenidos por sus "admiradores". A mayor cantidad de ellos más tiempo disponible para su arte. Aquellos que eran considerados "grandes artistas" no hacían otra cosa y los de menor consideración solo necesitaban reunir cierta cantidad de seguidores para ser "grandes vagos" pero en todos los casos eso obligaba al artista a mantener el nivel de su arte y el respeto a su publico hasta su muerte.
Cuando llegamos al Centro tuve mi primer asombro ya que al introducir mi tablilla de identificación, la pantalla del monitor antes de darme "apto", mostró toda una exposición del diagnóstico y la cura realizada por Redent, que Olma me leyó paso a paso. Obviamente hubiera sido imposible que alguien que padeciera alguna enfermedad física entrara en el lugar.
El segundo, fue cuando abandonamos el elevador en el centro de un salón que revelaba un tamaño cuatro veces mayor al piso más grande de una vivienda normal. Yo esperaba encontrarme con una bacanal Romana o un prostíbulo de fin de siglo y en cambio el lugar no difería demasiado de cualquier club normal. Sólo la vestimenta mostraba una diferencia significativa: Al parecer, se aprovechaba el lugar para vestir prendas exóticas de diseños y colores diferentes, que no estaban permitidas en el ámbito general de la ciudad. Además, en las miradas y en los gestos podía advertirse una actitud especial.
Todo el contorno del piso estaba ocupado por una barra de bar y en cuatro sitios equidistantes unos paneles mostraban luces, letras y números que cada tanto cambiaban y en donde las parejas o grupos realizaban consultas e introducían sus identificaciones antes de entrar a los elevadores.
En las barras había mujeres y hombres solos o en parejas, conversando. En los sillones distribuidos por el recinto; grupos de mujeres, grupos de hombres o grupos mixtos. La interrelación era total. El ambiente, amable, distendido y alegre.
Recorrimos el trayecto hasta la barra y ocupamos dos butacas junto a una rubia madura y tremenda, vestida con una túnica blanca salpicada de mariposas multicolores que conversaba animadamente con un adolescente vestido con una toga roja, que la miraba embobado y con los ojos brillosos.
El primer sorprendido fue el Barman, quien exclamó:
- ¡No puede ser! ¿Es un engaño Zirconio o eres tú, Olma de Attóm y Amalík?
- No, no es un engaño Tomner, soy ella - contestó Olma riendo.
- No sé quien es tu amigo, pero si ha conseguido cambiar tus conceptos debe ser muy especial - continuó Tomner mientras preparaba las bebidas solicitadas.
- No ha cambiado mis conceptos, el es parte de ellos - fue la respuesta.
- ¿De modo que al fin apareció el hombre que esperabas?; Amigo, créeme, Tomner se inclina ante tu existencia - dijo el barman dirigiéndose a mi.
A partir de allí, se repitieron los asombros en varios hombres y mujeres por verla presente en el lugar y yo pasé a ser la comidilla de muchos.
Un rato después, conversábamos dando la espalda al recinto, cuando sentimos una mano que se apoyaba en nosotros. Nos dimos vuelta y allí estaba Zhurit, quien nos abrazó a ambos, saludando a Olma con un beso del tipo que ellos acostumbraban.
- ¡No puedo creerlo!, "Felicitaciones, Teniente" - dijo realizando un guiño de complicidad.
- Oye -intercedió Olma- ¿No estás visitando demasiado este lugar?
- Humm, es posible amiga mía, pero hoy no he venido solo, Zhelaím está conmigo.
- "Bien por ella", debe haber venido a comprobar si hay algo especial que te atrae tanto por aquí.
- Bueno, hoy te tengo a ti de excusa - contestó Zhurit, mientras esquivaba el intento de Olma por pegarle. Luego, y todavía riendo, nos invitó a sentarnos adonde estaba su esposa y lo acompañamos hasta allí.
En el camino, una voz nos interrumpió:
- Olma, querida, ¿Eres tú?
Nos detuvimos y un apuesto hombre de cabellos claros se aproximó a nosotros.
- ¡Alemul!, ¿Estás sólo? - preguntó Olma.
El hombre se limitó a mover su cabeza negativamente, sonriendo.
- ¿Está Ormoní?, ¿No me digas que...?
Alemul volvió a mover su cabeza pero esta vez en forma afirmativa.
-No hay dudas -intercedió Zhurit- esta es una noche especial; El Centro consigue Olma y Abunkadi a Ormoní, después de tantos años.
- No te precipites -contestó Olma- no te precipites.
Los cuatro llegamos hasta donde estaba Zhelaím, que se levantó de su asiento al vernos llegar. Era una jovencita pequeña y delicada de hermosas formas y ojos atrapantes. No precisamente para compartir, pensé; pero claro, pensaba por mí y ella era la esposa de Zhurit.
Nos sentamos a conversar animadamente, mientras parejas y grupos iban y venían por el lugar. En eso estábamos cuando mis ojos ven aproximarse la exuberante figura de Ormoní, acompañada de un hombre alto, maduro y de cabellos blancos, que al llegar a nosotros la conduce gentilmente hasta Alemul, la deja con un gesto elegante y dice:
- "Señor, lo que me resta de existencia queda comprometida a su generosidad. Estoy totalmente a su disposición, usted me ha brindado la posibilidad de morir, diciendo que he disfrutado lo mejor de la vida".
Nos dedicó a cada uno un gesto de cortesía y se retiró hacia los elevadores.
- " Lo mejor de la vida", soy yo amigos míos y créanme, este hombre guardaba para mí, cincuenta años de deseo que acaba de gastar todos juntos - dijo Ormoní derrumbándose en el sillón.
Olma se tapaba la cara. Reímos todos, inclusive Alemul, que la besó con ternura. Yo no podía creerlo. Luego Ormoní, quien tenía en su rostro las claras huellas de una batalla sexual, comenzó a intercambiar bromas sobre nuestra presencia, para terminar diciéndole a Olma:
- Si no estuviera destruida, te lo pediría para entrenarlo adecuadamente, pero tendrás que hacerlo tú querida, yo ahora sólo quiero dormir. ¡Y que nadie vuelva a decirme que todos los hombres con la edad pierden energía!
Zhurit intercedió y se intercambiaron algunas bromas más, al término de las cuales, Ormoní y Alemul se retiraron.
Se alejaron abrazados mientras yo observaba atónito a la soberbia mujer que era mimada por su marido a poco de haber mantenido una relación sexual con otro hombre que a todas luces debía haber sido sensacional, a juzgar por el estado en que había llegado ella hasta nosotros. Definitivamente o esta gente estaba loca o nosotros éramos los únicos estúpidos que albergaba el universo.
Olma propuso que completáramos la visita al lugar y Zhurit y Zhelaím, manifestaron entusiasmados su deseo de acompañarnos. Lo comprendí en él porque tal vez la deseaba a Olma desde hace tiempo y especulaba con poder tenerla pero su mujercita no tenía razones desde mi punto de vista o a mi me faltaba mucho para comprender su psicología.
A causa de su experiencia, tomaron la delantera. Buscamos ubicación en el tablero, introducimos nuestras tablillas y luego abordamos el elevador. Salimos en el siguiente piso, para encontrarnos con una pared llena de puertas a apenas tres metros de distancia. Zhelaím guió a Olma y Zhurit a mí, entrando en los respectivos vestuarios. Adentro, nos duchamos, guardamos nuestros trajes y vestimos unas togas livianas. Yo permanecí mudo y Zhurit lo respetó. Luego, salimos por el otro lado. En el segundo corredor se repetía la pared llena de puertas a una distancia algo mayor. Por él transitaban hombres y mujeres de todas las edades, en parejas, solos, o en grupos.
Había hombres grandes con jovencitas y mujeres grandes con jovencitos, así como parejas jóvenes, parejas grandes, grupos de jovencitos y de mayores, parejas del mismo sexo y grupos mixtos en sexo y en edades. Muchos entraban o salían de las puertas que estaban en la pared de enfrente y otros simplemente pasaban con o sin prisa.
Era evidente que algunos practicaban juegos eróticos que incluían el intercambio de parejas y el sexo grupal. Pero lo fascinante para mi era, que las túnicas de las mujeres, muchas transparentes y otras abiertas, mostraban las apetencias que poseían tanto las jovencitas como las mayores, transmitiendo una visión de alto voltaje, mientras se movían todas alegremente y con absoluta naturalidad.
Disfrutábamos del paisaje, cuando se abrió una puerta y salieron nuestras mujeres: Olma, alta y delgada y con las proporciones justas para su peso, se veía apetecible adentro de una túnica amarilla semitransparente que revelaba la inexistencia de ropa interior; Zhelaím, pequeña y menuda pero con abundancias en algunos sitios justos, era todo un manjar cubierta con una túnica azul, con aberturas que mostraban los costados de sus piernas hasta las caderas y casi la totalidad de unos senos voluminosos y turgentes.
Ambos nos quedamos abstraídos recorriendo con nuestros ojos, más que nada las bellezas de la mujer del otro, aunque intentamos disimularlo y permanecimos un momento contemplando lo que pasaba en el corredor.
Los ojos de Zhelaím acrecentaban su brillo cada vez que un hombre apuesto y de gran tamaño pasaba ante nosotros.
Olma se aferraba fuertemente a mi mientras contemplaba todo y yo ya no sabía qué mirar en ese paraíso erótico. Cuando no pudimos más, sumamente excitados y felices ocupamos cada uno, una habitación diferente.
Al rato, ya sumergidos en la pasión que genera el disfrute de los cuerpos, no pude dejar de pensar qué pasaría después que yo partiera, ahora que Olma había conocido el lugar y disfrutado por primera vez conmigo de los placeres del sexo. Pero me esforcé por desterrar los pensamientos sobre el futuro y me dejé llevar por la excitación acumulada en esa noche tan particular.
Desde ese día, Olma se encargó de alternar nuestros encuentros sexuales. En dos oportunidades contuvo mis ímpetus durante el tiempo en que permanecimos en la casa, para invitarme luego a disfrutar en ese lugar de encuentros.
En ambos casos volvimos a encontrarnos con Zhelaím y Zhurit. En el primero, la esposa del Capitán, sugirió que tomásemos un baño los cuatro juntos, ante mis atónitos oídos que no podían creer lo que la pequeña sugería. Y como Olma parecía estar muy complacida también con la ocurrencia, así se hizo.
Verla vestida sólo con espuma a tan corta distancia, fue realmente enervante. Jugando con su marido y nosotros salió un par de veces de la bañera donde nos encontrábamos y así pude admirarla en perspectiva descubriendo un cuerpo gimnástico con atributos más que suficientes.
Supuse que a Zhurit le pasaba lo mismo que a mí, ya que no apartaba sus ojos del espigado cuerpo de Olma, cada vez que la espuma y el juego se lo permitía. Las dos mujeres totalmente desinhibidas jugaban tocándose y permitiéndose tocar llevando el momento a una intensidad erótica que en media hora nos convirtió a los dos hombres en volcanes, algo que seguramente también les sucedió a ellas, ya que más tarde
- aunque en ámbitos separados - tuvimos una noche de sexo tan pleno que obviamente tenía que repetirse.
El segundo encuentro, puso a prueba mi capacidad de adaptación a conceptos de relación absolutamente diferentes a los que se practicaban en mi medio.
Esta vez también nos encontramos con Zhelaím y Zhurit (algo que ya no me pareció casual), pero además estaban, Ormoní y su marido Alemul conversando con ellos cuando llegamos. Después de las presentaciones, fue obvio para mi que Olma pretendía dilatar nuestra permanencia en el salón de recepción, pero la impetuosa Ormoní la avasalló con su pretensión de ingresar al sector de intimidades y aunque esta aceptó finalmente; lo hizo después de intercambiar palabras con la pequeña y proponiendo el ingreso a una pileta general donde hubiera otras parejas.
Ormoní bromeó, diciéndole que para ser visitante nueva del lugar ya se mostraba muy golosa. Al llegar a la gran piscina (bastante poblada por cierto), Tuve que controlar mis ojos, afanados como estaban por captar las imágenes de lo que estaba afuera y dentro de ella. Abandonamos nuestras batas y togas y nos sumergimos en la espuma.
Tuve suerte de estar ya en el agua cuando la opulenta Ormoní se desprendió de la suya; porque la vista de su soberbio cuerpo, inquietaba a cualquier hombre que la mirara. Caminamos por la pileta, que era de profundidad uniforme y estaba cubierta de espuma, con la evidente función de permitirle a las parejas y a los solos y solas, comunicarse y jugar entre si enmarcados en la relativa y sugestiva privacidad que esta otorgaba.
Olma me llevaba de la mano con cierta prisa atravesando la pileta detrás de la pequeña y de su marido. Ormoní y Alemul habían quedado rezagados y eran permanentemente demorados por los saludos de hombres y mujeres en el camino.
Zhelaím fue detenida dos veces. La primera, para intercambiar besos y abrazos de salutación con una pareja mayor que ella. La segunda, fue detenida por un muchacho grandote que la tomó desde atrás y le besó el cuello con delicadeza mientras la acariciaba muy pegado a su cuerpo. (Era evidente que la pequeña, tal cual lo había manifestado Zhurit, ya tenía sus relaciones en el lugar). Ella por su parte tuvo una expresión de sorpresa ( no de desagrado ) y al instante le presentó a su marido, quien estrechó la mano del jovencito en medio de sonrisas. Yo hacía esfuerzos por comprenderlo en medio de la presión erótica a la que estaba sometido, e intentaba pensar si en su lugar podría proceder de igual forma algún día. Olma, aun era un afecto creciente para mi, pero Zhelaím era su esposa y madre de su hijo y el muchacho terminaba de recorrerle el cuerpo con caricias.
Nosotros, después de la ceremonia ritual del casamiento (y mucho antes también) pasábamos a clasificar los cuerpos de nuestras parejas como una "propiedad privada"; era evidente que ellos no lo sentían así.
Estaba en esos pensamientos, cuando una mujer que podría considerarse "madura", aunque no fea, acompañada por una deliciosa jovencita púber, se acercó a Zhurit y "ambas" lo tomaron de los brazos, estrechando sus cuerpos al de él. Zhurit las saludó con simpatía y presentó a su mujer de inmediato, ante lo cual me enteré que se trataba de abuela y nieta, quienes frecuentaban el lugar siempre juntas.
Ambas mujeres saludaron a Zhelaím, retirándose de inmediato y yo creí encontrar una de las razones que acercaban a Zhurit a ese lugar, aun teniendo una mujer tan joven y tan linda.
De hecho, era de suponer que su esposa encontraba en el lugar, motivaciones parecidas y yo me preguntaba hasta donde llegarían las posibilidades o la permisividad de la sexualidad en ese lugar y cuales serían las implicancias sicológicas de sus costumbres.
Olma y Zhelaím, tomándonos a ambos de las manos se apresuraron a sacarnos de la pileta en forma intempestiva para introducirnos rápidamente en una habitación de las disponibles para los encuentros.
Apenas traspusimos la puerta, ambas comenzaron a reírse, mientras los dos hombres, tratábamos de sacarnos la espuma de nuestros cuerpos desnudos. Como las miráramos interrogantes, nos dijeron que habían tomado esa actitud para escapar de Ormoní y su permanente actitud de devoradora de hombres, que en la intimidad, les molestaba a ambas.
- El único inconveniente que tendremos ahora - dijo Olma - es que tendremos que quedarnos los cuatro en la misma habitación.
- Pero eso no nos preocupa - Concluyó Zhelaím.
Y ambas salieron corriendo hasta la bañera llena de agua espumante que tenía el recinto. Corrimos detrás de ellas y ya en el agua, ambas parejas nos abrazamos con pasión. Estrechaba a Olma acariciándola y disfrutando del placer que me trasmitía su piel, cuando sentí en mi espalda el cuerpo de Zhelaím apretándose contra mi cuerpo, sus dos abundantes senos se hacían notar sobre mi piel mientras que sus dos pequeñas manos se aferraban a mi vientre. Sorprendido, me aparté un poco de Olma, solo para comprobar que Zhurit estaba haciendo lo mismo con ella. Miré a Olma interrogante y ella besándome dijo:
- "Son nuestros amigos" - y agregó:
- Además prefiero que disfrutes con Zhelaím antes que con Ormoní y si hay un hombre que me merece es mi compañero de vuelos que se ha aburrido siendo amigo mío tanto tiempo.
Era evidente que el acercamiento había sido decidido por las dos mujeres y de hecho aceptado por Zhurit, faltaba saber si yo, (El Pitecántropos) aceptaba un juego de relación al que no estaba acostumbrado.
En seguida supe que no iban a darme mucho tiempo para decidirlo. Y no podría precisar cual fue el último acto que retuve con clara conciencia. Se entremezclaban en mi cabeza las imágenes de Zhelaím complaciéndome y dejándose complacer con las imágenes de Olma siendo complacida y complaciendo a Zhurit.
En síntesis, compartimos nuestros cuerpos, como podíamos haber compartido nuestros panes y yo quedé preguntándome si esos hábitos de su intimidad, no serían uno de los factores psicológicos equilibrantes que otorgaba la ausencia de neurosis en esa sociedad.
En los días siguientes, Olma insistió en saber como me sentía por la decisión de ella de llevar nuestra amistad al punto que la habíamos llevado y hube de contestar con honestidad que no solo no me molestaba sino que lo había disfrutado y hasta me otorgaba cierta tranquilidad. La total intimidad entre las dos parejas había descorrido todos los velos que pudiera haber en la relación y yo de alguna manera había autorizado y tranquilizado el disfrute sexual de Olma en mi ausencia.
De cualquier manera no perdí la oportunidad de gastarle bromas diciéndole que rápido había elegido la sexualidad abierta apenas abandonada la castidad. Pero tuve la inquietud de saber hasta donde llegaba esa libertad de relación, ¿Cuales eran los parámetros? Porque no podía adecuarla a mis patrones de conducta sin conocerlos.
Había visto a una abuela ( que por supuesto no se parecía en nada a las nuestras ) y a su nieta, dispuestas a disfrutar sexualmente juntas y me preguntaba:
¿Existiría la relación interfamiliar? , ¿Existiría el incesto - por ejemplo?
Cuando lo pregunté, Olma estaba recostada a mi lado en un sillón de la casa y me respondió con la antítesis de mi inquietud diciendo:
-Te diré primero lo que no existe - No existe la violación, ni la prostitución, ni el sexo forzado. Lo que existe, está limitado al desarrollo de las relaciones conceptuales en la intimidad y privacidad de los grupos y las familias.
- No me dices demasiado - Murmuré. Y entonces ella continuó:
- No creo que el incesto sea práctica regular en las familias, pero si, seguro es una practica. Pero que no puede medirse con las reglas de tu sociedad, porque ya sabes que la nuestra es absolutamente diferente. Aquí, no existe por ejemplo el homosexual o la lesbiana. Ya que al igual que lo fuera en la sociedad griega antigua, cada individuo humano, hombre o mujer puede comenzar a practicar sexo indistintamente con uno u otro sexo, de su edad o diferente y proseguir haciéndolo o no sin clasificaciones que lo deterioren, lo disminuyan o lo castiguen. Zhelaím, me ha contado que tuvo sus primeras experiencias sexuales con su tía y su tío de cuarenta años, cuando apenas andaba por los doce, y guarda buenos y excitantes recuerdos de esos juegos, según dice. En mi caso al ser mi núcleo familiar mas reducido yo no tuve esas oportunidades, pero sé que de haberlas tenido no hubieran sido sancionadas.
- Bueno, me dije; Las hijas de LOT después de todo, decidieron que tenían una razón válida para hacerlo y lo cuenta la Biblia. Y Olma continuó.
- Si existe es porque la sociedad, asumió su existencia y si sobrevive es porque la aceptó. Y como nuestra formación intelectual es idéntica (no su desarrollo), cuando fue aceptada se terminaron los conflictos ya que no existen sectores de distinta formación que se puedan oponer conceptualmente.
Me quedé callado y sumido en mis pensamientos: "Nuestra formación intelectual es idéntica - aunque no su desarrollo - había dicho. Y eso, ¿Que significaba en realidad? Tal vez que los patrones conceptuales de su educación, eran los mismos y a esos parámetros, cada individuo los desarrollaba según su entendimiento.
Traté de pensar en los patrones conceptuales de la sociedad humana que yo conocía y comencé a reírme, ante la mirada extrañada de ella.
¿Como compatibilizar a un Afgano musulmán, un Sueco, un Menonita americano , un católico Español, un judío practicante de Israel, un Vietnamita budista, Un Siciliano, un negro de Harlen, un coya Boliviano, un Ruso comunista, un protestante Ingles, etc.? Mi risa, ya era una carcajada, cuando exclamé: “Por Dios", "Que estúpida sociedad es la mía", ¿Como intento analizar la de ellos?
Y al momento me hice una pregunta: ¿La sociedad humana a la que yo pertenecía; era irracional, egoísta, malvada o solamente estúpida, en realidad?
El gesto de risa, se desdibujó en mi cara; cuando después de pensar un breve tiempo, llegué a la conclusión de que era básicamente estúpida y a consecuencia de ello, era luego todo lo demás; ya que millones de personas regían sus vidas y determinaban sus actitudes sobre pautas surgidas de lo que ahora me parecían abstracciones sin fundamento, como Pecado, Religión, Patria o Raza, o lo que era peor, Poder o Riqueza.
En los días sucesivos y siempre recorriendo solo la ciudad - mientras Olma atendía sus obligaciones - pude determinar algo más sobre las diferencias entre las dos sociedades. Ya sabía de su homogeneidad intelectual básica, hasta el nivel secundario y que eso se mantenía en el nivel universitario ya que cualquiera de las disciplinas que se eligiera siempre se desarrollaba mancomunada con las otras; jamás aislada.
Pero además había "otra cosa"; algo aún indefinido para mí, pero que se percibía. Y era como si los cerebros de esta gente funcionaran en el mismo "ritmo cerebral", tal era la facilidad de entendimiento entre ellos. Se podía observar que ha veces no hacía falta una comunicación racional, porque ni siquiera había planteos - el entendimiento era tácito - intuitivo - como fruto de una "interconexión superior".
Era maravilloso deambular por un conglomerado de miles de personas que se comunicaban y se entendían entre sí, con placidez; como si cada uno en su cabeza tuviera el programa necesario para ajustarse a los otros. Lo observé todo el tiempo, mientras esperaba el ansiado permiso para partir en busca de Gerónimo sin que Olma lograra convencerme de que no podría volver.
Kingston nos visitaba o invitaba con suma frecuencia, tal vez con la intención de darle una apoyatura al dilema que yo mismo me planteaba, o quien sabe si no ocultaba la secreta esperanza de que yo cambiara de parecer a último momento.
Por su parte Livingstone y Georgesen, cada vez más integrados al lugar y a sus parejas, ya realizaban - como lo hacía Kingston- labores de apoyatura a las profesiones de sus mujeres. El único que todavía seguía siendo un "visitante", era yo, por orden de la Regencia y en razón de manifestar mi deseo de partir.
En una de las visitas de Ramalú y Kingston no pude más con mi duda y lo consulté con respecto al entendimiento que había observado en la gente. Cerebro rió y pasó a explicarme como era su costumbre:
- Haffner, desde que lo conocí, observé en usted inquietudes que van más allá de las que le despertaría su profesión. Hoy puedo comprobarlo, ya que ninguno de mis colaboradores ha detectado lo que usted pregunta. Puede ser porque tienen concentrada su atención en las tareas que realizan, o porque no tuvieron su percepción o su oportunidad de observar analíticamente y en soledad este medio. Lo cierto, es que su sospecha tiene fundamento. En este momento recuerdo obligadamente la expresión de Theillard:
¡Mediante la reflexión la célula se convirtió en alguien¡
- No comprendo, Doctor, interrumpí.
- Me refiero a la importancia de la reflexión, Haffner. Como usted sabrá, todas las terapias sicológicas de nuestra sociedad conducen a la toma de conciencia del papel que el hombre juega en el universo y el conocimiento y asunción de las herramientas de que dispone para lograrlo. En esta sociedad, esa toma de conciencia está implícita en la misma educación. En la formación del individuo desde los primeros años, la educación crea un "arquetipo" psicológico común que se incorpora al "inconsciente colectivo". Hay como un patrón mental que obedece a siglos de docencia "Higiénica", libre de condicionantes abstractos, interesados o tendenciosos; La lógica domina la "Psique" y en esa psique social casi no se generan desarmonías que puedan convertirse en disfunciones de los planos energéticos y físicos. Por el contrario, hay una constante física y magnética que nivela los ritmos cerebrales. Usted habrá notado (sobre todo cuando se saca las esferas) que en todo el ámbito de la ciudad hay un sonido tenue, rítmico e uniforme.
- Sí, lo noté doctor. Respondí.
- Bien, eso es música ambiental pensada para lograr un sincronismo magnético en las neuronas del cerebro. Una especie de "Entonación Mántrica" que intensifica las pulsaciones de ciertas glándulas.
- ¿Y da resultado? Pregunté.
- Asombrosamente! Y no es todo, ya que hablan del establecimiento de un "Campo Mórfico" - así lo denominan - mediante el cual, determinados cerebros debidamente adecuados a la frecuencia del mismo, podrían captar o transmitir una información, independientemente del tiempo y del espacio.
Me quedé absorto, mirándolo sin hablar. Y Kingston continuó:
- Ellos comprenden al hombre en cuatro planos diferentes, de los cuales se ocupan por igual: Físico - Energético - Mental y espiritual. En la evaluación inicial dan absoluta preferencia al mental, considerando que una mente armónica es la base de la salud energética y física. Y no le quepa duda de que están en lo cierto. Lo que usted ha podido apreciar tiene un solo nombre Haffner y es "cordura".
Y así fueron transcurriendo los días, entre el asombro, la alegría y el placer de vivir por un lado y la angustia de tener mi corazón dividido en dos amores, por el otro.
Al fin llegó mi autorización para partir. Mi viaje comenzaría por el Centro Médico. Luego, solo ellos sabrían lo demás. No hice preguntas, más bien me esforcé por mantenerme callado.
Olma colocó en el vehículo toda la indumentaria de vuelo que yo trajera puesta al llegar, limpia y prolijamente arreglada. Luego, me despedí de Attóm y de Amalík, que me estrecharon fuertemente en sus brazos. Olma no pronunció palabra y así, sin hablar, viajamos hasta el Centro Médico.
Allí me esperaban mis tres compañeros con sus respectivas acompañantes. Lahí, Labianí y Ramalú, me abrazaron y besaron por primera vez. Livingstone, Georgesen y Kingston se estrecharon conmigo en un abrazo.
Redent, se hizo presente acompañado por dos hombres de Seguridad. Avisó que todo estaba listo y observó de forma muy particular cuando Olma me besó y rompiendo su silencio me despidió con un “Te amo”.
No contesté. No sabía qué decirle. Me desprendí tiernamente de sus brazos y seguí a Redent, quien por primera vez no me trató como a un troglodita y con suma gentileza me cedió la entrada al interior del recinto. Hice un último saludo con una mano antes de que la puerta se cerrara y frente a ella se acomodaran los hombres de guardia.
Adentro, había tres médicos viejos y cuatro oficiales de Seguridad. Me hicieron sacar el traje y colocar una túnica liviana. Luego, me sentaron en un anatómico sillón y colocaron un casco en mi cabeza.
Después, mientras los médicos manipulaban unos aparatos; Redent me colocó una aguja en un brazo y reclinó el asiento hacia atrás.
Las potentes luces del recinto se fueron apagando, hubo como un chisporroteo frente a mis ojos; Un sonido casi imperceptible en mis oídos y luego, nada más...















































El disco se detuvo sobre la cordillera. Luego descendió a velocidad moderada, en forma vertical. Aguardó un momento sobre la niebla y luego penetró en el valle paradisíaco de donde partiéramos poco tiempo antes.
"La primera Colonia exterior", la llamaban ellos a esa especie de Arca maravillosa donde poseían una asombrosa vida vegetal, animal y humana; Un Arca que -como la bíblica- se hallaba perdida entre montañas.
Pensé en los majestuosos picos nevados que la rodeaban y se me ocurrió darle un nombre: "EL ARCA DE LAS NIEVES ETERNAS".
Abandonamos nuestros asientos. Olma siguió seria y dedicada al manejo del aparato. El disco volaba a baja velocidad, dentro del área controlada, con rumbo a la ciudad. Yo sabía que le había bastado generar el procedimiento, para que el ordenador se encargara de controlar por si sólo un vuelo tan obvio. Era evidente que fingía. Zhurit, se acercó a mí y habló en tono muy bajo:
- Parece que la psicología de nuestras mujeres, Teniente, no difiere mucho de las suyas en cuanto a las relaciones afectivas; pese a que la educación conceptual y el medio, son absolutamente diferentes.
Lo miré, analizando todavía lo que había dicho y el prosiguió:
- Celos, Teniente; celos del brillo de sus ojos cuando miraba a la pequeña Antina en el momento en que se separaban. ¡Ah! " por cierto que la tenía usted bien agarrada".
Ignoré la ironía y me planteé una duda: ¿Celos? ¡ Eso significaba que Olma sentía algo especial por mi ! ; Si el chico pretendía tomarme el pelo...
- ¿ Está usted seguro ? - Pregunté.
- Muy seguro. conozco a la Capitana desde hace mucho tiempo y no es mujer de establecer relaciones por placer físico o por entretenimiento; sólo las motivaciones afectivas alteran su concepción Espartana de relacionarse con los demás.
- Pero, ¿ No es la de ustedes una sociedad liberada, abierta, en cuanto a la interrelación de las personas ? - Pregunté.
- Justamente, una sociedad liberada, abierta, es la que permite que Olma decida y pueda ser así, conviviendo con otros que han decidido y pueden ser diferentes a ella. El concepto de libertad en una sociedad humana, es inaplicable sino parte de asumir que "el otro", es y tiene que ser siempre, "tan libre como uno".
Me dije a mi mismo: "¡No pueden existir!", y mi mente reiteró: "Estoy metido adentro de un cuento de Bradbury". Y Zhurit prosiguió:
- Una de las mejores amigas de Olma, es la antítesis de ella; Gusta compartir su cuerpo con casi todos los hombres que trata casi por distracción y sin embargo, sabemos que jamás cambiaría a su esposo por otro. A su vez el esposo la acepta como es y ambos conviven sin conflictos. ¿Raro para su concepción de la relación en la pareja humana, no ?
La mejor amiga a la que se refería era sin duda, "Ormoní"; a quien yo ya había conocido y también escuchado de sus propios labios, una excitante historia que corroboraba esa versión.
- Raro para la concepción que tiene la mayoría de mi gente sobre la pareja humana, no la mía - Contesté.
- ¿ No me diga que usted, tiene una concepción diferente ?
- Siempre la tuve. Nunca creí que los humanos fuéramos monogámicos por naturaleza física y psicológica; por el contrario, estoy convencido de que somos "poligámicos". Creo que sólo el amor, circunscribe al humano a la relación física con un único ser; desaparecida esa razón - válida por cierto - el hombre y la mujer pueden establecer relaciones múltiples sin problemas.
Lo que impide que esto se conceptualize así, masivamente; son los esquemas de una educación social, no basada en análisis objetivos del individuo como ente, sino en dogmas seudo religiosos y seudo-morales que obedecen al mantenimiento de una hegemonía sobre las masas y de los cuales resultan multitudes de mentes enfermas, que no logran compatibilizar las reglas del medio con sus impulsos interiores.
Zhurit, se quedó mirándome boquiabierto, como si no hubiese esperado de mi, una concepción semejante y yo continué hablando, aprovechando la primera oportunidad que tenía de sorprenderlo:
- El mismo error se comete con la relación sexual, a la que llaman "hacer el amor", cuando obviamente son dos cosas diferentes; ya que existen cada una en forma individual. Yo "amo" a mi perro y no se me ocurriría tratar de tener relaciones sexuales con el.
Esta vez, Zhurit emitió una carcajada que - aunque parcialmente contenida - provocó la atención de Olma e hizo que este interrumpiera nuestro diálogo.
Había hablado de mi perro y me quedé abstraído pensando en él. Tomé conciencia de que a partir del descenso y consiguiente "desaparición" del Búho Blanco; la Fuerza Aérea, suponiéndonos caídos, estaría buscándonos o ya nos habría dado por perdidos. Me inquietaba no saber que decisión habría tomado mi vecina con respecto a él, al creerme muerto o desaparecido. Entonces escuché la voz de Olma: - Se lo ve pensativo, Teniente: ¿ Lo preocupa algo ?
La pregunta había sido formulada con evidente doble sentido. Entonces y poniendo mi mejor cara de estúpido, contesté:
- Me preocupa mi perro. Acabo de pasar por encima de el, pero "me olvidé de bajarme".
Zhurit, ahogó una risa escondiéndola en una disimulada tos. Olma frunció el ceño y dijo:
- Si ese es todo su problema; los atisbadores pueden solucionárselo. El capitán se encargará de llevarlo al lugar adecuado, mientras yo entrego la Burana. Más tarde, regresaré a buscarlo.
El disco ya sobrevolaba la periferia; Zhurit, aún con un esbozo de sonrisa en el rostro, aparentaba revisar controles.
Olma, aunque seguramente no le hacía falta, estableció contacto con el Centro de Seguridad; y así, ambos se entretuvieron hasta que llegamos al corazón de la ciudad.
No dejaba de asombrarme la versatilidad del aparato, que antes había realizado evoluciones imposibles en la atmósfera, volado o "navegado" en las profundidades abisales del mar y luego regresado desde el Atlántico a la Cordillera a velocidad pasmosa, sin cambios en la suavidad de su desplazamiento.
Ahora giraba lentamente entre las esferas centrales, para terminar posándose sobre una de las plataformas de la esfera de Seguridad, con la levedad de una pluma.
Quedó asentado sobre sus estilizadas patas, con su ala girando lentamente alrededor de la cúpula central y emitiendo destellos que parecían descargas eléctricas intermitentes, desprendiéndose de su estructura.
Zhurit, me invitó a seguirlo con un gesto y se introdujo en el conducto que comunicaba con la cúpula inferior; Olma seguía fingiendo que estaba ocupada.
Lo seguí, fastidiado y pensando que en algo se parecían nuestras sociedades: Las mujeres utilizaban idénticos recursos en su relación con los hombres.
La rampa de salida estaba abierta y Zhurit me esperaba al pié de ella, conversando con Gadión, uno de los tres recepcionistas del lugar, que yo conocía. Lo saludé con una inclinación de cabeza y acompañé al Capitán hacia el eje del edificio. En el camino, volví la cabeza y observé que la rampa de la Burana se cerraba y el ala aceleraba su giro. Los destellos de luz fueron acrecentando su intensidad y entonces descubrí que la parte inferior del ala, "giraba al revés"; fue por casualidad, al ver que los destellos de abajo eran de diferente color.
Tomé de un brazo a Zhurit y le señalé el aparato; Sin darme tiempo a hablar, este explicó:
- Es el refrigerador de hidrógeno; a todos los que ven una Burana por primera vez, les llama la atención.
Seguramente tendrían una explicación lógica si preguntaba cómo hacían girar dos campos en forma invertida sobre un rotor; así que no pregunté nada y me quedé observando como "las alas" aceleraban su giro y los destellos de luz se confundían unos con otros.
Era magnífica la imagen que daba al despegar; parecía un fascinante juguete de vidrio, envuelto en luces, que se elevaba silenciosamente en el aire.
No pude imaginar ninguna bandera pintada en su "fuselaje", me pareció "nacido para ser Universal".
Entramos al elevador y ascendimos. Salimos de él para entrar a un salón que evidentemente era el último del edificio, ya que por los ventanales del techo se podía ver el exterior. El ámbito era estrictamente técnico; una mezcla de laboratorio y sala de control de vuelos, llena de monitores, pantallas y teclados.
Zhurit se presentó al oficial al mando y me presentó también. El individuo no se mostró muy receptivo, pero yo no dejé de considerar la posible problemática de su tarea. En breve, se acercó a nosotros un joven delgado y no muy alto. Era un operador de atisbadores de nombre Balbeek que intercambió saludos con Zhurit, como viejos conocidos.
Nos llevó hasta un conjunto de tubos transparentes de distintos diámetros que estaban en el centro del recinto; a su alrededor había paneles con teclados y delgadas pantallas de televisión.
- Bien Teniente, ¿ Que desea saber ? - preguntó.
- Desea saber como está su perro, en el exterior - se adelantó Zhurit.
Contra todo lo esperado por mí, al joven no pareció asombrarle el pedido; simplemente contestó:
- ¿Coordenadas?
- No las tenemos, debemos ubicarlas - prosiguió Zhurit.
- Bien - dijo; y se quedó esperando.
- Comodoro Rivadavia - dije para comenzar.
Tecleó y en una de las pantallas apareció la imagen de Argentina. Mi corazón se estremeció al verla, mientras Balbeek bajaba el cursor provincia por provincia. Al llegar a Chubut, escribió el nombre de la ciudad, luego pidió las calles que conformaban la manzana de mi edificio y al final la dirección exacta. En la pantalla sólo quedaron dos líneas y en el cruce de ambas un punto luminoso que destellaba.
En uno de los tubos cercanos que no tendría más de treinta centímetros de diámetro, ascendió un platillo y sobre él un objeto extraño para mi: Era una esfera color oro de unos diez centímetros, a partir de la cual, se armaba una estructura -esférica también- de tubos color cobre del diámetro de un bolígrafo común. Los tubos tenían perforaciones por donde se veían finísimos hilos de color, no mas gruesos que cabellos. El diámetro total del armazón esférico parecía ajustarse al del tubo que lo contenía.
- ¿ Eso es un Foo o Fire Fighter ? - Pregunté.
- Para nosotros "eso" es un pequeño Atisbador incorpóreo -Contestó Zhurit.
Tuve la misma inquietud que tuviera antes con Attóm:
- ¿Por qué lo llaman "incorpóreo" si tiene un cuerpo físico?
- Porque así resulta para la observación de ustedes ya que lo sólido no puede verse. Entre los atisbadores existe la cualidad de descargar y/o intercambiar energía lumínica dirigida, que tanto puede atravesar un aparato sin dañarlo, como volatilizarlo en el aire. La esfera dorada puede generar tanta energía como una bomba atómica y el armazón esférico exterior es un transmisor receptor-captador microlumínico del que estamos orgullosos -respondió Balbeek.
- ¿ Co - Cómo...? - Balbucié.
- ¿ Como funciona ? - No es fácil de explicar, Teniente, pero lo intentaré: El núcleo, es un sofisticado almacén atómico de energía; el armazón y sus esferas de ensamble componen un sistema de captación y transmisión de fotones los cuales pueden variar de intensidad y agruparse o alinearse en forma inteligente.
Recién entonces me di cuenta de que en cada cruce de los tubos había una pequeña esfera como punto de unión.
- Varias de las esferas de ensamble - continuó Balbeek - componen en su conjunto una micro computadora y otra un micro transmisor-receptor. Su interrelación es posible gracias a las finísimas fibras conductoras, de cristales de cuarzo o anhídrido silícico que forman una intrincada y extensa red por adentro de los tubos, transmitiendo y recibiendo en microsegundos un caudal de información que no tiene similitud con ningún objeto que puedan tener ustedes en el exterior.
- ¿ Esa cosa vuela a 3OO.OOO Km. por segundo ? - insistí.
- Podría, pero no necesita hacerlo; los fotones lo hacen por él - prosiguió Balbeek, agregando:
- Y puede transdimensionarse.
- ¿ Trans...qué ? - pregunté yo, en el momento en que el oficial al mando se acercó y dijo:
-¿Algún problema con las coordenadas - No señor, ya partimos - respondió Balbeek, abocándose nuevamente a su teclado.
Las puntas de los tubos al asentar sobre la esfera dorada, descansaban también sobre pequeñas bolillas. La estructura comenzó a girar sobre la esfera central y entre esta y algunas de las esferas de ensamble, se produjo un intercambio de descargas
de luz que convirtió a todo el conjunto en un fanal, donde se destacaba por su intensidad la luz que emanaba del núcleo. Luego; y a medida que la estructura de tubos aceleraba su giro, el color y la intensidad de la luz fueron cambiando, hasta quedar todo convertido en una densa bola de fuego, con un núcleo rojo/blanco de vertiginoso movimiento.
- Nos vamos - dijo Balbeek.
Y el conducto se encendió hasta el techo por una fracción de segundo; cuando dirigí mis ojos al platillo, la bola de fuego había desaparecido.
Balbeek nos hizo sentar a su lado y encendió una pantalla frente a nosotros. En ella se veía el edificio donde yo vivía desde su parte posterior. No había pasado un minuto desde que el atisbador partiera.
Las ventanas de mi departamento se veían cerradas y también las persianas de mi vecina. Un momento después apareció la imagen de la sala de mi departamento.
- ¿Pero como entró, si estaba todo cerrado? - Pregunté.
- En algún momento esas ventanas han estado abiertas; el atisbador sólo buscó "ese momento" para entrar y luego volvió a "este momento" - Contestó Balbeek
Palidecí. ¿ Era posible que el fogonazo que yo percibiera una tarde, desde la cocina, fuera una visita de seis meses adelante en el futuro? Cuando me asomé a la sala, todo estaba normal y regresé a la cocina desentendiéndome del hecho.
Sentí un escalofrío; ahora sabía que un "atisbador" había entrado en mi departamento seis meses antes de que yo los conociera. De cualquier manera hice la estúpida pregunta:
- ¿Es capaz de retroceder en el tiempo?
- Y también de avanzar en él, pero por favor, teniente, preste atención a lo que vea, no tendremos mucho tiempo.
Obedecí permaneciendo callado. En el departamento había una sola luz prendida; el descuido era evidente. Pero el recipiente de agua de mi perro estaba lleno y el plato de la comida aunque vacío evidenciaba un uso reciente. El chicho había orinado y defecado en varias partes, cuando normalmente, él hacía todo eso en el sector de tierra y plantas que yo tenía armado en el balcón. La puerta al balcón sólo se cerraba totalmente cuando se desataba una tormenta y luego se abría de inmediato para permitirle salir cuando quisiera. El nunca había violado esa regla de costumbre. Algo andaba mal. La pantalla siguió mostrando los ambientes de mi casa: La cocina, el baño y por fin, el dormitorio. Allí, acostado en la cama en posición de esfinge egipcia, pero con el hocico estirado entre las manitos, estaba mi perro. En su carita hermosa, sus ojos miraban tristemente al frente.
De pronto; giró su cabeza, levantó la vista, irguió sus orejas y empezó a ladrar con fiereza mirando hacia nosotros aunque retrocediendo y emitiendo gemidos entre los ladridos.
Nuevamente aparecieron las ventanas cerradas de mi departamento. El atisbador observaba desde afuera.
- ¿ Qué pasó ? - pregunté intrigado.
- No podemos mantener el atisbador frente a su perro: Aunque no esté visible; el lo presiente. Los animales de su especie conservan un sentido intuitivo que el hombre ha perdido. El supo que allí había algo aunque no podía verlo. El hecho de que retrocediera gimiendo, revela su miedo ante lo extraño; mantener la tensión hubiera motivado un desequilibrio nervioso que seguramente usted no desea. Como referencia puedo decirle que un gato cuyo sentido intuitivo es mayor, muere de terror en diez minutos - explicó Balbeek.
- ¿ Que diablos estaría pasando con mi vecina, que no lo tiene con ella ? - me pregunté en voz alta.
- Veamos, Teniente - ofreció el operador.
Pronto el atisbador recorría el departamento de mi vecina. Ya antes de entrar al dormitorio y gracias a los murmullos que escuché, supe que sucedía: Mi robusta vecinita mantenía una fogosa relación con un pelirrojo grandote que ha primera vista me cayó mal. Ella por el contrario, totalmente desinhibida respondía al juego con ardor e imaginación y por supuesto que aunque hubieran poseído el mismo sexto sentido que el perro jamás hubieran percibido el atisbador en medio de ese entretenimiento.
Yo me quedé pensando en que había cometido un grave error de apreciación al pensar que la gordita era una neurótica a quien sólo la excitaba la música clásica y los cantantes de opera. La observación posterior me permitió sacar dos conclusiones: Una, que el tipo vivía en su departamento y que mi vecina difícilmente volvería a ocuparse de mi perro como lo hiciera antes. Otra, que yo era un verdadero idiota, además de ser ahora un "desaparecido" y eso en la Fuerza Aérea, equivalía a estar muerto.
Los ojitos de Gerónimo evidenciaban su tristeza; su dueño no volvía y su amiga ya no lo llevaba con ella. En ese momento decidí que tenía que regresar de algún modo.
Nos despedimos del amable Balbeek en el momento en que el atisbador regresaba. Cuando detuvo su movimiento, todo el conjunto parecía estar incandescente.
Saludamos al oficial a cargo y abordamos el elevador. Zhurit dijo - tuteándome por primera vez:
- Tu vecina con su dedicación me ha despertado algunos apetitos, creo que esperaré a que te encuentres con Olma e iré a visitar el Centro de encuentros.
- ¿ Es el mismo que me han mencionado como Centro sexual ? - pregunté.
- Supongo que si, no puede ser otro; su verdadero nombre es el que yo te di, pero como la finalidad de los encuentros en ese lugar es de connotación sexual o al menos erótica seguramente te lo han mencionado así para tu mejor entendimiento - contestó.
- ¿ Puedes decirme que pasa en ese lugar ?
- En ese lugar se canaliza una de las máximas necesidades humanas, en forma natural. Mientras en tu sociedad, los hombres apelan a las prostitutas y las mujeres a la infidelidad, con la secuela de tensiones que provocan las mentiras y los riesgos físicos y sociales a que se exponen; aquí disponemos de este lugar, socialmente asumido y aceptado hasta por los que no van, en donde los hombres y mujeres que asisten pueden invitarse mutuamente a disfrutar del sexo sin que ninguna de las partes se sienta agredida, acepten o no la propuesta; porque tácitamente el que entra sabe que las reglas del juego son proponer y recibir propuestas en absoluta libertad de decisión.
Como te imaginarás, esto libera a nuestra comunidad de una carga psicológica que no sólo es común en la tuya, sino que además genera enfermedades en lo físico y en lo social.
- Pero tu tienes una joven y bella mujer - dije.
- Aún no sabes que tan bonita es, pero en este momento está maravillosamente dedicada a nuestro hijo y ha relegado por ahora el juego sexual. Yo dejo que se tome su tiempo y visito esporádicamente el lugar.
- ¿Y ella lo sabe?
- Sí, por supuesto.
- ¿Y, no se enoja ?
- Te explicaré: En nuestras parejas este es un tema siempre conversado antes de formarla, porque por supuesto lo consideramos sumamente importante. De modo que la posibilidad está tácitamente aceptada. En ocasiones anteriores, antes de tener a nuestro bebé, yo estuve tremendamente exigido con trabajo y estudios para lograr obtener el puesto de trabajo en Seguridad en el menor tiempo posible; viví una compulsión durante la cual me negué todo lo que no sirviera a la finalidad de mis objetivos, inclusive el sexo. Entonces era ella la que visitaba el lugar para descargar sus tensiones juveniles sin intentar interrumpir mi compulsión y por supuesto que yo también lo sabía. También lo hemos visitado juntos y como no existen riesgos de enfermedades ni críticas sociales, ni temor alguno; todo se reduce a una cuestión de piel para encontrar el amigo o amiga adecuados y proponer el encuentro. Nosotros tenemos amigos con quienes nos encontramos solamente allí y normalmente cuando va un marido o una esposa sola, buscan a las parejas amigas para compartir sus cuerpos. De modo que la sexualidad de tres o mas componentes es aquí cotidiana.
- ¡JA! , en mi sociedad, al descubrirlos los harían pedazos- Exclamé.
- Mientras tanto, los que nos desacreditaran socialmente, harían lo mismo, pero a escondidas, o desearían hacerlo pero no se animarían. ¡Es típico de tu sociedad! - Rió Zhurit continuando:
- A veces, el sólo hecho de visitar el lugar, basta para alimentar nuestra libido con los juegos eróticos que allí se practican.
Es una forma maravillosa de alimentar la fantasía, sin que uno llegue a tomar la decisión de aceptar una pareja. Creo que a este lugar le debemos en gran parte nuestro equilibrio psicológico.
- ¿Y que opinan de esto vuestros religiosos ? - Pregunté.
Zhurit sonrió, puso un brazo sobre mi hombro y dijo:
- Amigo mio, en este lugar somos todos religiosos; si nos atenemos al hecho de tener una creencia y practicarla conceptualmente.
Lo que no tenemos, es Iglesia como institución; Tenerla involucraría la existencia de sacerdotes y no creo que ningún miembro de nuestra sociedad, sea lo suficientemente audaz como para postularse a ello. Si alguno lo intentara; la comunidad entera se reiría de su pretensión: "Un hombre intentando representar a la suprema energía del Universo" definitivamente "No". Sólo ustedes pueden postularse como sus representantes en contra de todo sentido común y con tanta soberbia que hasta afirman que el hombre ha sido creado a su imagen y semejanza. De modo que le conceden forma humana a Dios y relegan a cualquier otra especie que habite el universo a una relación secundaria con él.
- ¿ Cómo hacen ustedes para difundir y mantener una creencia ?
Pregunté, intentando impedir que los trozos de mi dignidad cayeran estrepitosamente al suelo.
- Una creencia surge del análisis filosófico, enhebrándose como las cuentas de un collar a través del tiempo, por medio de la expresión del pensamiento de hombres probadamente sabios. Se difunde a través de los profesores y se mantiene inalterable, se transforma o desaparece por los mismos medios - contestó.
Sólo me quedaba sentarme sobre los trozos de mi dignidad, cuidando de que ninguno me lastimara el trasero.
Habíamos llegado hasta el salón de recepción y allí nos mantuvimos conversando, instalados en un cómodo sillón para esperar a Olma. Yo observaba el continuo desplazamiento de gente y preguntaba a Zhurit, sobre todo lo que me despertaba curiosidad. La combinación de colores en las tiras y números de los trajes, me revelaba que algunos individuos actuaban en varias áreas a la vez. La uniformidad estética de la gente, me asombraba; podía decirse que no había gente fea: Más altos o más bajos, más delgados o más robustos, pero ninguno era grotesco.
Estaba contemplando una utopía de la que en mi sociedad se reirían; sin embargo en ese lugar era el resultado lógico de la buena alimentación, la gimnasia practicada como ritual social, la excelente y obligada atención médica. El mismo acceso a la cosmética y la misma intelectualidad básica en hombres y mujeres. Esto daba como resultado una comunidad de individuos atractivos, que además y a causa de la ausencia de condicionamientos, se comunicaban entre si con suma facilidad.
La sospecha, no tenía valor donde había muy poco que ocultar, la mentira no provocaba beneficios, no había propuestas ni preguntas tabú; el sí o el no, no desacreditaba a nadie. Sin embargo, pensé; ¡Que difícil seria plantear en el exterior una uniformidad semejante!
Las mujeres, con sus cuerpos elásticos, atraparon mi atención y entonces pregunté:
- ¿ Zhurit, yo puedo acompañarte al centro de encuentros ?
Me miró compungido y contestó:
- Me agradaría mucho que lo hicieras pero tu identificación no debe tener aún la aprobación médica para entrar allí; supe que estuviste con Redent y el no va a autorizar tu ficha de salud hasta que no hayas terminado el último minuto de tu tratamiento.
Iba a maldecir al petulante doctor, pero logré comprender que no era su culpa, sino la mía, por espiar a mi vecinita en un momento tan particular, disfrutando de algo que yo me había perdido por estúpido mientras ella me lo había estado ofreciendo sin que yo lo advirtiera.
Además, el lugar que se me negaba, no se trataba de un inmundo lupanar adonde las prostitutas alquilaban su cuerpo por dinero; se trataba de un lugar donde todos los integrantes de una sociedad; púberes, adultos y mayores, disfrutaban del sexo asumido como parte normal de la vida, por "opción" y no por "compulsión". Redent tendría razón en extremar las precauciones conmigo, defendía el placer de una sociedad carente de hipocresías a la que él pertenecía.
En eso estaba, cuando vi venir a Olma caminando hacia nosotros. Era lo que me faltaba en ese momento; Verla en perspectiva. Piernas delgadas y largas que se ensanchaban redondeándose en los muslos,
dibujando las caderas y cerrándose en torno a una minúscula cintura. Un tórax con senos del tamaño preciso. Un cuello grácil y sobre él un rostro occidental con inquietantes ojos orientales, enmarcado por largos cabellos rubios que caían sobre sus hombros. Todo eso embutido en un elástico traje rojo, adentro del cual nada se podía mentir. Verla caminar, era aceptar la "proporción divina" de Leonardo.
Zhurit, contemplándola como yo, hizo un comentario:
- "De todos modos, presumo que no tardarás en conocer el lugar y te aseguro que si te lleva ella, muchos de nosotros te vamos a envidiar; ya que no hemos conseguido que nos acompañe nunca".
Dicho esto, se levantó al momento en que llegaba y se despidió diciéndole adonde iba. Ella, después de intercambiar algunas bromas con él; se dirigió a mí:
- Teniente, ¿No quiere usted acompañarlo?, es una oportunidad de conocer el lugar.
La muy hipócrita sabía (como lo sabía Zhurit) que yo no estaba habilitado para entrar. Me pregunté por qué rompía las reglas de su medio para tratar conmigo. Intenté devolver el juego y contesté:
- Gracias, tengo algo más importante en que pensar por ahora.
- ¿Que es eso tan importante, teniente ? - prosiguió con cierta ironía.
Le hice un gesto a Zhurit que lo liberaba de la cortesía demostrada al detenerse y cuando este continuó su camino, contesté:
- Salir de este lugar y regresar al exterior lo antes posible.
Su blanco rostro, pareció acrecentar su palidez y - vacilando por primera vez - preguntó:
- Pero... ¿ Por qué, qué ha pasado ?
- "La estúpida mujer" que cuidaba a mi perro, después de años de volar, se ha conseguido un compañero para hacer gimnasia en tierra - contesté.
Ignoró la parte de la frase que yo había resaltado y no llegó a comprender su significado, porque preguntó:
- ¿ Una ex compañera de vuelos, acaso ?
- ¡OH! ¡no!, ella sólo volaba sobre batutas y violines; ahora cabalga sobre zainos colorados. Ha cambiado de hábitos, algo que me alegraría si no hubiera abandonado a mi perro - respondí continuando con mi ironía.
Por un momento temí que me preguntara si ahora mi vecina se dedicaba a la equitación por la forma en que me miraba; pero no, era una mujer inteligente y estaba bastante familiarizada con nuestra habitualidad expresiva, de modo que sonrió y continuó:
- ¿ Abandonado ? ¿ Tan grave es la cosa ?
- Será grave, en cualquier momento. Por eso debo partir.
- Teniente, desearía poder decirle que tengo la solución, pero no es así. No podemos traer a su perro, porque hay gente detrás de la incógnita de su desaparición y no creo que la Regencia le permita partir todavía, además si lo hiciera, sería sin ninguna posibilidad de regresar.
Yo no había dicho nunca que eso me preocupara, era obvio que me estaba dejando entrever su deseo de que permaneciera en el lugar; pero no lo procesé a tiempo y mi boca expresó la necedad de la sociedad a la que pertenecía:
- ¿Cómo harían para evitar que regresase? Mantengo en la cabeza las coordenadas del lugar donde cayó mi avión.
- Es que no se irá de aquí recordándolas - Teniente - y lo que acaba de decir confirma la certeza de nuestra Regencia al ordenar que ninguno de ustedes se vaya de este lugar, sabiendo cómo volver.
Debí morderme la lengua antes de hablar, porque en realidad yo me consideraba un individuo capaz de guardar el secreto de ese lugar aún con mi vida. Pero me había expresado como un vulgar mercachifle fanfarrón y esa era una imagen que no me gustaba. Nos quedamos sentados mirándonos de frente. Entonces preguntó:
- ¿ Por qué es tan importante que vayas con tu perro ahora ?
Me había vuelto a tutear y sostenía serenamente su mirada enfocada en mis ojos. Tampoco esta vez me detuve a pensar en una respuesta adecuada, contesté lo que sentía:
- Porque sus ojos están tristes. Porque es el único ser con quien he intercambiado amor en los últimos años. Porque ahora está muy sólo. Porque me necesita. Porque lo amo.
El brillo de sus hermosos ojos se acrecentó al posar su mirada en los míos. Los largos dedos blancos de sus manos se apoyaron en uno de mis brazos; entonces dijo:
- Nuestra sociedad ya no da monstruos extraños; No tenemos nobles canallas, fanfarrones buenos ni delincuentes hidalgos. Seguramente así debe ser. El estado de perfección de los hombres como entes sociales tiene que pasar por su transparencia y nosotras, las mujeres, deberíamos adherir sin excepciones a ese estado; tal vez por eso no he podido comprender hasta ahora las razones de un tumulto interior al que no le encontraba explicación. Bien, trataré de obtenerte el permiso para partir -concluyó levantándose.
Registré que trataría de ayudarme, pero no entendí nada sobre los monstruos que provocaban su tumulto. Iba a preguntar, pero no me dejó:
- Ahora iremos a mi casa; comeremos, descansaremos y luego yo iré a cumplir con algunas obligaciones, de las que Seguridad no me ha relevado, cuando me encargó tu cuidado.
Nos dirigimos hacia la boca del conducto que nos llevaría a Convergencia. Cuando entramos, elegí el lugar contrario a las veces anteriores; me despreocupé de los ventanales y me coloqué sobre el apoyamanos interior que distaba apenas quince centímetros del que venía en sentido contrario.
Así, podía ver de frente y de cerca a las personas que viajaban hacia Seguridad. Saludé y respondí el saludo de varios hombres que ya había visto en otros lugares y por supuesto sonreí a todas las mujeres que me miraron. Olma iba a mi derecha intercambiando
palabras con un oficial de seguridad, pero tratando de no perder detalle de mis actitudes.
Giré mi cabeza para contemplar cómo se alejaba una pelirroja de traje azul y cuando volví la mirada hacia el frente, un estremecimiento me recorrió el cuerpo ante lo que veía. Apenas a tres metros de mi, avanzaba en sentido contrario un ser vestido con un brillante traje color acero. Su cuerpo era extremadamente delgado y su tronco más largo que las extremidades inferiores. Su cabeza tenía forma de pera invertida y su piel era de color gris oscuro. Sus ojos eran negros, grandes y redondos. Las orejas apenas se advertían debajo de los auriculares; la nariz era pequeña como la de un bebé y la boca, dos finos y breves labios que apenas pude descubrir debajo de la esfera de comunicación, porque giró la cabeza para hablarle a su interlocutor. Sobre la baranda, apoyaba una estremecedora mano de tres dedos, tan grises como su cara.
Lo acompañaban cuatro oficiales de seguridad; tres hombres y una mujer, todos fuertemente armados. El feo personaje también lo estaba, a juzgar por un objeto con un mango parecido al de una tijera, que sobresalía de una funda colocada en el cinto sobre el lado izquierdo de su cintura.
Debo haberlo mirado de una forma diferente a como habitualmente lo observaban, porque al cruzarnos fijó en mi sus enormes ojos, en forma inquisidora; estos no tenían pupila o eran "sólo una gran pupila", en donde se reflejó mi figura por un momento. Un escalofrío recorrió mi columna vertebral y aparté mis ojos de la horrible bestia para buscar a Olma quien sonreía con disimulo mientras incrementaba la atención dedicada a su interlocutor. Tal vez era una forma de hacerme pagar los intercambios de miradas y sonrisas que le prodigué a las mujeres; dejarme con la inquietud de saber quien era el grisáceo monstruo.
Decidí no preguntar nada, así que abordamos el vehículo y viajamos hasta su casa sin comentarios al respecto. Luego, mientras ella preparaba cosas en la cocina; yo me saqué el traje, me refresqué un poco y con la toga puesta regresé. Esta vez fue ella la que se retiró, pidiéndome que la aguardara. Me entretuve revisando recipientes y utensilios.
Volvió envuelta en una toga parecida a la mía. Cuando caminaba y la tela se adhería a su cuerpo, se advertía que no llevaba nada debajo, igual que yo. Me esforcé por apartar mis pensamientos de ese camino.
Tomamos una bebida caliente y comimos panes dulces, mientras escuchábamos música y veíamos imágenes en un aparato similar al que había atrapado mi atención en el centro de abastecimientos. Me explicó que las imágenes eran artificios artísticos creados para expresar visualmente el tema musical.
Conversamos sobre ello hasta que fue a cambiarse otra vez para regresar embutida en uno de sus trajes rojos.
- Quedarás sólo en la casa el resto del día, puedes aprovechar para conocerla mejor; yo intentaré conversar sobre tu deseo de partir, tardaré en volver - dijo.
Luego me explicó algunas cosas referentes al equipamiento de la casa y partió. Apenas se fue, intenté utilizar el televisor donde viera con Attóm los sucesos ocurridos en Chile; pero no logré darle imagen pese a las indicaciones recibidas, desistí. Después, noté que necesitaba afeitarme y fui hacia el baño. Allí me procuré los elementos que utilizara anteriormente ella y comencé a afeitarme: La técnica de corte del pequeño cristal, era extraña y alucinante; si uno le pasaba el dedo por el borde, no cortaba, pero pasado transversalmente sobre la barba, la rasuraba con total suavidad. Al colocarlo entre mis dedos, aumentó su temperatura y creí percibir una levísima vibración el él; terminé convencido de que no era un simple trozo de cristal, sino un minúsculo artefacto.
Además, tuve la sensación de que mi piel había cambiado. No podía definir aún el cambio, pero mis dedos la sentían diferente. El tratamiento de Redent ya mostraba sus efectos. Salí del baño y tomé el elevador ascendiendo hasta el último piso, un lugar adonde nunca había ido. El recinto, segmento superior de la esfera, permitía observar a través de sus ventanales, tanto el parque exterior a cierta distancia de la casa, como el cielo, al que la capa de niebla no dejaba ver.
Una fina llovizna caía sobre los cristales y se extendía hasta donde mis ojos podían ver, sobre los parques y conductos;
podía ser natural o artificial - no lo sabía - pero no alteraba para nada la actividad de la ciudad, que seguía bullendo día y noche con la misma controlada luz, temperatura y humedad.
Recorrí el recinto con responsable curiosidad; me pareció una mezcla de taller y atelier y también un lugar de retiro y distensión. Pensé que debía ser exclusivo de Attóm y de Amalik ya que sabía por Olma que ambos acostumbraban hacer muchas cosas juntos. Abandoné el lugar con la intención de hacer una recorrida general por la casa.
En el piso inmediato inferior estaba la cocina, el comedor, lo que parecía una sala de trabajo (tal vez de Olma) y un sector que podría haber sido un lavadero (si yo hubiera terminado de comprender la función de algunos artefactos).
En el siguiente (el más grande) justo al medio de la esfera, estaban los dormitorios (no menos de cuatro) y los baños.
El próximo era sólo una gran sala de estar y el último (la planta baja) era el garaje y la entrada a la casa.
Así, en una esfera de unos quince metros de diámetro, dividida en cinco secciones horizontales, se encontraba una casa con todas las comodidades necesarias para una familia, desde que se formaba la pareja hasta que los hijos se hacían adultos y la compartían con ellos; sin que a nadie le faltara su necesario espacio de privacidad. Además, todos los integrantes de la comunidad vivían en las mismas casas; no había historias de ciudadanos de primera y de segunda, de Castillos y señores feudales, de chozas y siervos marginales, de salvajes y "civilizados"; la diferencia entre ellos, las daban valores que nunca podían surgir del azar, de la prebenda o el delito, valores "reales" como la inteligencia y la habilidad otorgadas por Dios, o el intelecto y la capacidad edificadas por cada hombre y mujer día a día. Pero hasta habían pensado en la necesidad del "toque personal" del individuo, porque las secciones interiores podían variarse, ya que la casa de Ormoní difería en su conformación interior a la de Olma.
Satisfecha mi curiosidad, acudí a mi dormitorio y me dejé caer otra vez en la
cama globo, cuyos pliegues afelpados y tibios me sumergieron nuevamente en el sueño.
Soñé que mi perro deambulaba asustado por las calles de Comodoro, aterido de frío, hambriento y acosado por los perros callejeros que defendían fieramente sus territorios contra el ingenuo y desesperado visitante.
Desperté agitado, comprobando con alivio que sólo había sido un sueño. Me levanté y salí al corredor circular; iba a descender hacia la cocina pero decidí pasar antes por el baño. Esa breve indecisión hizo que pasara de largo el que estaba inmediatamente a continuación de mi dormitorio y para no regresar, proseguí hasta el siguiente.
Al pasar frente al dormitorio intermedio, sentí murmullos que atrajeron mi atención. El fino panel de la puerta permitía escuchar los gemidos de placer de una mujer llegando nítidos a mis oídos. Si bien no comprendía lo que decía, la agitación era sexual; mis experiencias carnales por el Sur Argentino me habían enseñado que las Alemanas, las Francesas, las Italianas, las Inglesas o las nativas, sonaban igual en la cama. Era un derecho de las mujeres de mi sociedad, que ningún hijo de puta, noble, burgués o trabajador había conseguido cambiar todavía.
Me detuve y escuché: Los padres de Olma mantenían una relación sexual digna de una pareja de veinte años.
El ímpetu de los cuerpos trascendía por la agitación de las voces; Realmente "quería verlos" y allí me quedé, detenido e indeciso, con mis manos extendidas hacia la puerta.
En eso estaba cuando una mano se apoyó suavemente sobre uno de mis hombros. Me di vuelta sobresaltado y me encontré con "Olma".
Sentí que mi cara era una braza ardiendo. Mi actitud era obvia, no tenía disculpa; Entonces balbuceé:
- Perdón... Olma... e... estaba...
- Estabas detenido escuchando la música más bella para nuestra libido; El sonido de una relación sexual que se está disfrutando intensamente - dijo ella en voz muy baja y cruzando uno de sus delicados dedos sobre mis labios. Luego, me atrajo hacia el elevador y prosiguió hablando:
- Mis Padres no sólo se aman, sino que aún se disfrutan sexualmente con intensidad; te aseguro que ambos no tienen nada que envidiarle a una joven pareja en diversidad y dedicación. Sólo, por supuesto que su energía es menor.
Sabes; la copulación de una pareja, sino es manejada con inteligencia, pierde su atractivo con los años. Porque, obviamente van disminuyendo los descubrimientos.
Mis padres dentro de nuestros hábitos sociales, han manejado eso con suma picardía; Ambos conocieron la sexualidad al encontrarse - muy jóvenes - y durante muchos años fue patrimonio de su intimidad; practicaron lo que nosotros llamamos "sexualidad cerrada". Luego, ya grandes, cuando advirtieron que la rutina entorpecía su relación, buscaron incentivarla. Adhirieron entonces a la "sexualidad abierta" que también se practica en nuestro medio, siendo las dos igualmente valorizadas.
Complementaron la disminución de sus procesos fisiológicos con un aumento de sucesos psicológicos y comenzaron a visitar el Centro de encuentros juntos y a interrelacionarse con otras parejas de distintas edades, participando de los juegos eróticos que allí se practican. La visualización de otros cuerpos, algunos jóvenes y muy atractivos; la aproximación de otras pieles, el ambiente todo, alimentan la imaginación y el cuerpo, excitando la libido.
Toda esa excitación que recepcionan en el lugar, la traen con ellos a casa y la descargan mutuamente otorgándose mutuo placer.
No sé, si mi Madre ha sido penetrada por otros hombres, ni si mi Padre lo ha hecho con otras mujeres; Aunque es posible, porque ambos son mutuamente generosos y al decidirse a abrir su sexualidad deben haber considerado esa posibilidad en el contexto de excitación que se arriesgaban a experimentar. Pero sí estoy segura de que han entrado en contacto físico con otros, porque yo he escuchado a un amigo de ellos, elogiar los abundantes y bellos senos de mi Madre como alguien que los ha disfrutado en intimidad, ante la actitud aprobatoria de mi Padre.
Creo que ellos han practicado un buen sistema para disfrutarse intensamente hasta la muerte: Mientras fueron jóvenes nunca visitaron el lugar aunque tenían parejas amigas que lo hacían con frecuencia y de las cuales recibían permanentes invitaciones. Creo que fue porque simplemente no les era necesario; En la madurez cuando el atractivo de sus juegos comenzó a apagarse, no quisieron que sucediera y entonces comenzaron a interrelacionar su intimidad con la de sus amigos.
Yo deseo hacer lo mismo; Nunca he sido penetrada por un hombre, porque tengo la pretensión de que mi cuerpo sea un obsequio para el hombre que ame. Luego, entre los dos decidiremos cuando y cómo compartir nuestros cuerpos y lo que ambos decidamos será válido.
Había hablado sin detenerse y el relato me desconcertó y excitó al mismo tiempo. Mi condicionamiento me impedía la aceptación inmediata de lo que había escuchado. Sin embargo, era más transparente y más lógico que las costumbres de mi sociedad en donde las parejas, llegadas a una edad determinada y cuando se desgastaba su relación; se traicionaban mutuamente manteniendo relaciones extra conyugales secretas con su secuela de riesgos sociales, físicos y emocionales o renunciaban definitivamente a sus apetitos físicos, reemplazándolos con distintas actividades histéricas, envejeciendo prematuramente o centrando su actividad en la única función de ser abuelos, ocultando sus impulsos interiores como si fueran delictivos, cohartando su imaginación, renegando del placer y muriendo lentamente envueltos en la frustración y la hipocresía.
Pero de todo lo que había escuchado, lo que me descolocaba la cabeza era que Olma había dicho claramente que ella aún era virgen y yo estaba seguro que aunque pareciera una joven de veinticinco, ella era una mujer bastante mayor.
¿Cómo era posible, en una sociedad donde el sexo era más natural que el desayuno, que algunos desarrollaran una fuerza conceptual semejante?
Me contesté a mi mismo, que tal vez ocurriera por esa misma naturalidad. Por el hecho concreto de que nadie fuera considerado enfermo, ni por libertino ni por casto, cada decisión era la elección de una forma de vida y cada uno podía elegir aquella que lo alimentaba más o mejor. Era paradójico, cada uno de ellos, sólo se prohibía aquello que perjudicara a los demás y eso era por educación no por ley; pero a su vez, las leyes -que
las había- eran una extensión social del mismo concepto personal.
Era tan simple, que yo ya no podía entender porqué nosotros habíamos erigido tantas instituciones de control y regulación de nuestras vidas. Religiosas, Policiales, Militares, Comerciales, Jurídicas, Legislativas, Políticas; Todas, todas sin excepción habían fracasado en cuanto hacía a suministrarle tranquilidad seguridad y alegría los hombres y mujeres del mundo. Y ellos centraban todo en una sola elección donde no
podían equivocarse: La elección de sus Regentes; una docena por cada ciudad, seis hombres y seis mujeres elegidos entre los ciudadanos más probos y más inteligentes. Y no surgían de ninguna campaña política se iban perfilando como líderes desde la escuela secundaria, su vida era "su campaña". Cada ciudadano al momento de elegir tenía en mente una persona que admiraba y cuando una persona era admirada por muchos un día sin necesidad de proponérselo se encontraba con que había sido "elegido" para conducir a los demás. No se postulaba, no mentía, no prometía, no negociaba; su requisito indispensable era SER nada más.
La ausencia de tabúes, era total; como lo era el reconocimiento y la aceptación de los impulsos humanos y la canalización de ellos. A nadie se le ocurría cohartar la libertad individual y privada de otro y eso tal vez se debía a que tampoco a nadie se le había ocurrido nunca inventar la palabra más absurda creada por nosotros: ¡Pecado!
Abandoné mis deducciones y dije:
- ¡Espero que puedas encontrar rápido a tu hombre!
Aún estábamos adentro del elevador, detenidos en la cocina y ante la puerta abierta. Ella mantenía un brazo sobre uno de los míos; Me miró fijo con sus turbadores ojos y sus labios titubearon como si estuviera a punto de decir algo, sin estar segura de que fuera el momento preciso.
Entonces, se escuchó un sonido y ella soltó mi brazo, se apresuró a salir del elevador y mientras lo hacía contestó:
- Gracias por tu deseo, teniente; pero veamos quien nos visita, por favor.
Sentí que era la visita más inoportuna recibida en mi vida, mientras ella manipulaba un teclado debajo de un pequeño monitor, que dejó ver a Kingston y a Ramalú sobre un vehículo, aguardando en la calle.
Los saludó con alegría y abrió la puerta de entrada. Vi como se detenía el vehículo en el garaje. Nos trasladamos a la sala y pronto salieron nuestros visitantes del elevador. Olma abrazó a Ramalú, quien lucía espléndida con sus abundancias embutidas en un ceñido traje rojo y su cabello rubio cortado muy cortito, con un gracioso mechón más largo sobre su frente. El nuevo look de su cabello, me agradaba, pero el del acompañante
que traía, me asombraba:
Kingston, había adelgazado varios kilos, ya no usaba anteojos ni bigotes, lucía un corte de cabello juvenil y se desplazaba más ágil y erguido que antes, enfundado en un traje gris que lucía espléndidamente y sin resabios académicos.
- ¡Bienvenido Doctor!, "Que cambios" - Comenté.
- Así es Teniente, en este lugar y sobre todo al lado de esta mujer, me he reencontrado con la vida y he podido asumir la tremenda estupidez de nuestra sociedad.
Ramalú se acercó a mi en ese momento y me besó en la cara, preguntándole a Olma cuando iba a eliminarme el cepillo que llevaba bajo la nariz. Ella se sonrojó y eludió la respuesta. La actitud de Ramalú me hizo creer que ella daba por cierta una mayor intimidad entre nosotros. En breve, ambas se trasladaron a la cocina, mientras el profesor y yo nos acomodamos en el lugar.
- Bien Profesor, ¿Cómo están las cosas? - Pregunté.
- De asombro en asombro, Teniente; todos los días y a cada momento. Venimos con Rami de asistir a la toma de cargo de un funcionario elegido para dirigir el Centro Médico en reemplazo de un médico que se retira de la función activa y de presenciar luego lo más asombroso que he visto hasta ahora en esa disciplina, porque en todas he visto cosas impactantes.
"Venimos con Rami", me delataba que Kingston tenía ya una relación con Ramalú que yo no había conseguido establecer con Olma.
- ¿ Y que es eso, Doctor?, cuénteme por favor - Solicité.
Primero quiero hacerle un breve comentario sobre el acto de asunción del nuevo director, un acontecimiento que interesó a toda la comunidad y que se realizó en presencia de numerosos ciudadanos. Le diré y vaya siguiéndome, que el Director saliente entregó su identificación al Regente Onidak en medio de los aplausos de la concurrencia puesta de pié y al Director entrante en el momento de entregarle ese atributo, el regente le enumeró sus obligaciones para con la comunidad diciéndole luego: -"Si así no lo hicieras, los ciudadanos que hoy te confieren esta responsabilidad, conservan el derecho de retirártela por incompetencia y la Regencia por mi intermedio tiene él deber de advertirte sobre las consecuencias de cualquier acción que dañase a la sociedad en su conjunto o ha los ciudadanos en su individualidad".
Kingston calló y yo no pude evitar estallar en una carcajada. El Director saliente se retiraba entre aplausos, llevándose como gloria, una capacidad reconocida por la sociedad. El director entrante sólo recibía una responsabilidad por la que debería responder todo el tiempo so pena de recibir de patadas en el trasero si fuera inepto o penas más graves si fuera inmoral.
Entre nosotros, los funcionarios salientes se retiraban con la cola entre las patas, llevándose lo robado y sin que nadie le pidiera cuentas ni por su aptitud ni por su moral y los entrantes eran los aplaudidos antes de demostrar nada, si total juraban con la advertencia: "Y si así no lo hicieres, Dios y la Patria os lo demande". De hecho robaban tranquilos; sólo los amenazaba una abstracción. Y tan conscientes estaban de eso que la importancia de los puestos se determinaba por el dinero que se manejaba en ellos, no por la dificultad de la labor o los beneficios que la función le pudiera otorgar a la sociedad.
- ¡Que fácil es ser Gardel en nuestra sociedad, Doctor!, aquí no, "aquí parece que hay que saber cantar".
Esta vez, las carcajadas fueron de Kingston, quien al concluir siguió con la palabra:
- Acabo de presenciar la medición fisiológica de la edad de un individuo, que cronológicamente tiene ciento cuarenta y siete años; su fisiología acusaba setenta y su fisonomía no más de cincuenta. Es decir; que su organismo había envejecido fisiológicamente el 50% de su vida cronológica y a su vez ese envejecimiento se reflejaba en su fisonomía un 30 % menos.
Esto es algo realmente maravilloso y se aplica a la totalidad de sus ciudadanos y no a un minúsculo grupo pudiente, como pasaría en nuestra sociedad.
- Profesor -interrumpí- ¿Me equivoco o hay cierta admiración en el tono de sus palabras?
- No se equivoca Haffner. Y es una admiración totalmente subordinada. Esta gente es la verdadera civilización humana. Nosotros somos la resaca, el desperdicio inmundo de la humanidad.
Me quedé helado; Kingston, una eminencia; hasta se negaba a si mismo, al compararse con esta gente. Quise saber más del tema y pregunté:
- ¿ Que provoca o cómo consiguen la longevidad ?
- Con el control de tres situaciones básicas y otras secundarias. Primero: una adecuada dieta alimenticia con la cual se abastece al organismo sólo con lo necesario; como usted habrá podido comprobar.
Recordé mi intranquilizante entrevista con Redent y asentí con la cabeza.
- Segunda: -prosiguió Kingston- han definido que una de las causas principales del envejecimiento, es una molécula de electrón desapareado a la que llaman RL; que le roba electrones a las restantes, provocando un estímulo oxidativo que al producirse continuamente, crea una acción tóxica acumulativa que no se detiene por si sola y va deteriorando al resto de las células irreversiblemente.
- ¿ Entonces ? - Acoté.
Entonces, utilizan dosis de vitamina E concentrada en los alimentos, para quitarle poder agresivo a las RL y disminuir el estímulo oxidativo o actuar como agente antioxidante, atrapándolas. Estas vitaminas cumplen su función en la sangre, sobre todo en la membrana celular, impidiendo su oxidación y obstaculizando la formación de productos tóxicos. El proceso de envejecimiento, no se detiene, pero se aminora notablemente al punto de permitirles vivir más de cien años con plena capacidad física y psicológica. ¿me explico?
- Sí, sí, Doctor -Contesté- hacen lo mismo que hago yo todos los años con mi auto; Rasqueteo, lijo, doy antióxido y sigo andando.
Cerebro me miró entre divertido y fastidiado por mi burdo ejemplo, pero antes de que me contestara, proseguí yo:
- ¿ Y la tercera, Profesor ?
- La tercera es el descubrimiento de que el oxígeno que respiramos, por exceso de provisión o por situaciones especiales que lo someten a presión, se convierte en un gas de alta toxicidad que genera RL en el organismo, alimentando así en forma permanente a los responsables del envejecimiento.
Por eso, han reducido la cantidad de oxígeno que respiran, mezclándolo con un gas inerte que no ofrece ese peligro; en todas las áreas de ambientes controlados, como lo son sus ciudades e incluso el interior de sus grandes vehículos.
- ¿ Y cuales serían algunas de las secundarias ? - Pregunté.
- Un hábito social excelente, como la gimnasia física - algo que todos practican -; la falta de tensiones en el sistema nervioso a causa de la distensión social por la acertada canalización o cobertura de conflictos y la satisfacción sexual no traumática que le otorga placer cotidiano y permanente a todos los individuos. Además, su avanzada "cosmetología médica" (por llamarla de alguna forma), con transplantes e implantes celulares dérmicos, óseos y orgánicos en lo que ellos llaman "sistemas revitalizadores" y en donde los jóvenes donan células a los adultos y ancianos.
- Todo parece tan sencillo doctor, tan al alcance nuestro, que parece mentira que nos estemos asombrando al comentarlo.
- Es sencillo por cierto Haffner; se vuelve complejo en nuestra sociedad sólo por que siempre hay que vender el producto.
- ¿Y que otra cosa lo ha impactado especialmente? - Pregunté para incentivar su relato.
- Hay tantas cosas..., pero le comentaré algo que también asombra por su simpleza; y son los conductores de su sistema de comunicaciones en la Ciudad. Utilizan un finísimo hilo de Cristal de Cuarzo, capaz de transportar luz a grandes distancias. No irradia la señal que transporta, ni es afectado por interferencias electromagnéticas. Es de ligero peso, actúa como aislante eléctrico y no origina chispas al contacto con la atmósfera. La comunicación se transmite a lo largo de la fibra, modulando una fuente de luz láser. La simpleza de los transmisores y receptores, la fidelidad de las señales, la gran capacidad de transporte y la seguridad del sistema, son asombrosos. Podríamos llamarlo, el conductor perfecto. Baste decirle que el cable troncal que agrupa a todas las líneas de la ciudad, no excede el diámetro de un bolígrafo común.
- Los he visto, doctor; se utilizan en el sistema de los atisbadores - Dije entusiasmado por saberlo.
- Exactamente, Teniente. Allí están a la vista; pero ese sí que es un aparato de exquisita sofisticación; tanto que su energía surge de una fusión atómica en frío. Aunque, considerando las propiedades que tiene, también podría considerárselo sencillo.
Me quedé con la inevitable pregunta sin hacer ya que en ese momento, Olma y Ramalú regresaron al recinto, con bandejas y recipientes abastecidos para comer y beber mientras conversábamos. Después de algunos intercambios de palabras intrascendentes sobre la comida; Olma, dirigiéndose a mí, dijo:
- He planteado tu solicitud a la Regencia
La miré, interrumpiéndola para darle a entender que nuestros amigos aún no sabían nada al respecto. Pero ella prosiguió:
- Los primeros en enterarse de tu decisión han sido tus amigos. En cuanto a la Regencia; Ellos comprenden tu solicitud, pero entienden que tu pedido altera el programa de adaptación que tenían pensado para el grupo. Para no alterarlo, han decidido excluirte de él, cambiando nuestra rutina. A mí, me reintegran a mis labores específicas y aunque sigo siendo tu anfitriona y permanecerás en mi casa; no podrás acompañarme en mis actividades ni asistir a las reuniones con tus amigos. Si podrás, moverte por la Ciudad, en los ámbitos generales del público. Mientras tanto, ellos considerarán tu solicitud e implementarán la forma de reincertarte en tu medio lo más rápidamente posible.
- Realmente lo siento, Haffner - prosiguió Kingston - Creo que esta gente tenía toda la intención de insertarnos a los cuatro en su sociedad, pero su solicitud presenta la primer variante a esa idea. Nosotros, no dejamos en el exterior nada que estemos obligados a atender. yo; soy viudo desde hace años y jamás se me ocurrió establecer una relación afectiva posterior , al menos hasta ahora - se corrigió ante las sonrisas cómplices de Ramalú y Olma - Georgesen; es separado y sin hijos. Livingstone; es soltero y sin padres. Y ninguno de los tres hemos tenido la capacidad de amar a un animal, como usted lo hace. No sé, si lo comprendemos debidamente; pero lo apoyamos en su decisión. No solo eso, sospecho que tal vez usted sea el más capacitado de los cuatro para integrarse a esta sociedad. Le agradecí sus palabras y proseguimos la conversación.
Kingston no dejaba de elogiar la sociedad en la que estábamos y de contarme cosas que lo habían sorprendido. Yo me sorprendía observando cómo había cambiado: El hombre había llegado siendo un diccionario; impasible, rígido, estático. Aunque evidentemente era un acartonamiento exterior, ya que ahora se mostraba como un hombre sensible, dinámico, ágil.
Rato después, Ramalú le recordó algo a Kingston y ambos se despidieron y se retiraron tan alegremente unidos como habían llegado.
Mas tarde, Olma me llevó con ella al piso superior y juntos nos acercamos al ventanal por donde yo mirara un rato antes. Ya era de noche; la ciudad, con sus esferas y conductos iluminados resaltando en la obscuridad entre la vegetación, era bellísima y estremecedora. Ninguno de los dos hablaba. Permanecimos compartiendo el silencio hasta que ella propuso:
- Vamos a darnos un baño caliente y luego a descansar.
Y tomándome de una mano me llevó hasta la sala de baño donde yo me asombrara y avergonzara tanto la primera vez.
Ambos nos quitamos los trajes dándonos la espalda y casi sin mirarnos nos paramos dentro del perímetro de los tubos de baño. Recién cuando el agua me llegó a la cintura, me atreví a mirarla: Se frotaba los pechos con sus manos en un gesto voluptuoso. Yo, libre de la turbación vivida la primera vez, me complací ahora en observar su blanco cuerpo flotando en el agua.
Me apresuré a ocultar mi cuerpo con espuma y girando intenté concentrarme en otra cosa. No lo conseguí y volví una y otra vez mis ojos hacia el suyo.
Ella salió del tubo antes que yo, que me mantuve de espaldas mientras el aire caliente me secaba. Cuando mi tubo descendió, giré la cabeza, aunque no me atreví a girar el cuerpo. Cuando desapareció bajo el piso, ella aproximó su cuerpo desnudo contra el mío y me abrazó. Al contacto de su piel con mi piel, la erección que tuve, fue brutal. Sentí como la sangre irrigaba mi miembro hasta provocarme dolor.
Cuando me di vuelta y abrazándola apoyé sus senos en mi pecho; vi que mantenía los ojos cerrados y la cabeza echada levemente hacia atrás. A esa altura de la situación, el endurecido apéndice que partía de mi pubis era casi una molestia.
La recliné sobre mi brazo izquierdo y pasando el derecho por debajo de sus piernas, la levanté y salí con ella en brazos hacia mi habitación.
La dejé caer sobre mi cama y me acosté a su lado. Comencé a cubrirla de besos desesperados. Los pechos, el vientre, las piernas; mientras mis manos la acariciaban sin que el ansia las dejara detenerse en ninguna parte. Su cuerpo temblaba y me di cuenta que el mío también. Me atraía el aroma de su piel. Mis labios recorrieron febriles el interior de sus piernas y ascendieron deteniéndose donde éstas nacían y allí me quedé; mientras recepcionaba el placer que le producía, a través de sus gemidos, de los espasmos de su cuerpo y de sus delicadas manos que revolvían mis cabellos acariciando mi cabeza.
No sé cuantas veces, tensó su cuerpo con la divina rigidez del orgasmo. Sólo la abandoné, cuando me lo pidió y ascendí pegado a ella hasta llegar a su rostro, que sonreía de placer y en donde ahora sus ojos brillaban intensamente.
Posé mis labios en los suyos y recorrí su boca por fuera y por dentro. Sus manos, se movían sobre mi espalda, ascendían hasta mi nuca y se perdían en mi pelo una y otra vez. Temblando, coloqué mi cuerpo en posición entre sus piernas. No pude jugar más; Sus manos, se crisparon sobre mi espalda y su boca emitió un largo quejido. Cuando superé la pequeña resistencia que me ofreció su himen virgen y me introduje lenta pero totalmente en ella, se aferró fuertemente a mi mientras yo repetía un movimiento que nunca había sido tan grandioso en mi vida.
De pronto su cuerpo se convulsionó en un temblor y abrió los brazos clavando los dedos de sus manos en la cama; al fin, se puso rígida y exclamó:
- "¡ Dios del universo, que placer !"
Había hablado en mi lengua; en el momento de mayor éxtasis se ocupaba de transmitirme su placer. En ese instante yo aflojé mi cuerpo, atrayendo el suyo hacia mi, con mis brazos cruzados bajo sus caderas. Entonces conocí, el dolor que da placer: Mis testículos latían y eran castigados por puntadas de dolor que se prolongaban a lo largo de mi pene y se desvanecían en cada impulso de semen que arrojaba mi eyaculación.
Si ella había mencionado al Dios del universo, yo lo homenajeaba en cada sacudida de mi cuerpo y comprendía que sólo por esa condición de gozar que los humanos poseíamos en nuestra naturaleza, debíamos estar eternamente agradecidos con él.
Cuando los espasmos de placer terminaron, mis ochenta kilos descansaban sobre su delicado cuerpo. Entonces, me dejé caer a un costado; pero ella, acompañando el giro de mi cuerpo, terminó quedando arriba mío. Colocó sus piernas entre las mías, los codos al costado de mi tórax y las manos sobre mi pecho. Allí apoyó su cabeza y me miró con sus ojos gatunos.
Tenía el pelo revuelto, los labios levemente hinchados y debajo de sus ojos, sobre su blanca piel, la típica aureola que deja el esfuerzo sexual. Trepó sobre mi cuerpo, besó mis labios suavemente, estirándose tomó mis esferas perforadas que estaban cerca, se las colocó y entonces dijo:
- He encontrado a mi hombre. Esperé mucho, pero valió la pena. Tú eras mi tumulto interior. Yo no estaba segura de que este hombrón fornido, petulante, irónico, casi fanfarrón, que mira a todas las mujeres como si fueran parte de su menú del día; fuera el que me estaba conmoviendo, motivando, atrapando. Pero cuando decidiste abandonar este lugar, adonde un individuo de tu sociedad tendría todo lo que le falta en ella; simplemente por amor a tu perro, supe que el hombre esperado eras tú y decidí ser tuya aunque sólo pueda tenerte poco tiempo. Quiero lograr que me ames como a él, por sobre todas las cosas de mi vida. No sé que ha hecho tu perro para ser amado así, pero yo no dejaré de hacer nada para conseguir tu amor.
Comencé a reír motivado por su ocurrencia y ella a besarme y acariciarme. Recorrí su cuerpo con mis manos y tuve otra erección. Esta vez fue ella la que tomó la iniciativa y arrodillada sobre mi pelvis, facilitó la penetración ayudándome con sus manos. Extenuamos nuestros cuerpos; luego, nos dormimos los dos.
Desperté en la mañana y de inmediato la busqué con mis manos. No estaba en la cama. Recorrí el mobiliario con la mirada hasta que me di cuenta que ella no podía haber dejado un mensaje que yo pudiera leer. Me coloqué la toga y me dirigí al baño más cercano. Sentía un cansancio feliz en mi cuerpo y pensaba que ella también lo estaría sintiendo. Entré directo a la sala y volví a encontrarme con la Madre tomando su baño.
Amalik, terminaba de secarse en ese momento y estaba a punto de abandonar el tubo. Amagué regresar hacia la puerta, pero ella me vio y me habló haciendo gestos para que me detenga. Corrió hacia el estante donde estaba su ropa y no pude evitar contemplarla. Sus senos eran abundantes y bellos como los describiera Olma, sus piernas firmes y robustas, toda su figura era aún absolutamente deseable. Me pregunté cuantos años tendría, considerando que la hija probablemente me doblara en edad y advertí el valor máximo de esa sociedad; Vida, era ese su mayor triunfo cualitativo. La apetitosa mujer que se movía delante mío con absoluta naturalidad pese a estar totalmente desnuda, tal vez pasara los setenta años y no sólo se mantenía vigente y válida físicamente para un joven como yo, sino que seguramente su estructura mental acompañaba a su cuerpo. Ella estaba muy lejos aún de parecer "una anciana".
Se cubrió con una toga, se colocó un conjunto de esferas y se acercó a mí diciendo:
- Estoy feliz de que mi hija lo ame, Teniente. Con su persona tal vez nos llegue a Attóm y a mí, lo único que nos faltaba para cerrar el ciclo de una vida absolutamente feliz. Quisiera que se quedase para siempre con nosotros. No estoy tratando de motivar cambios en su decisión, sólo quiero que sepa que mi esposo y yo nos alegramos por lo que pasa.
Sonreí, tratando de ser agradable ya que estaba potencialmente escuchando a mi suegra. Me pregunté cómo lo sabía;
¿ Habría hablado con Olma muy temprano o tal vez fuera testigo auditivo de nuestra relación de la noche, como yo lo había sido de su relación de la tarde ?. Pensé que yo tenía al menos la satisfacción física asegurada, si la hija mantenía el fuego de la pasión hasta la edad en que ella lo mantenía y en la forma en que lo disfrutaba.
Sin embargo, la triste mirada del ser que más había amado en la vida, después de mis padres; me llamaba inexorablemente. Solo pude decir:
- "Gracias" -
Más tarde, Amalik me explicó que a Olma le habían sido restituidas sus funciones en seguridad y eso significaba a veces, largas ausencias. Me sentí culpable de la paradoja: Yo le había dado el primer amor y yo se lo quitaba, con las mismas actitudes.
Luego, también se fue Amalik y quedé sólo. Entonces decidí salir a la calle. Recorrer la ciudad sin la compañía de Olma, fue toda una aventura. Pude observar la cotidianidad, desde adentro. Vi a los recolectores de residuos, a los proveedores de alimentos y a otros sectores de servicio, en acción. Todo me sorprendía por su sencillez y su concepto de consideración al individuo. Contra lo que yo hubiera podido imaginar; no utilizaban sofisticadas máquinas en reemplazo de los hombres. Se utilizaba la electrónica, la computación y la ingeniería mecánica, para ayudar al hombre; convirtiendo a la mano de obra en una tarea liviana, limpia, agradable, divertida y sobre todo, eficaz.
Uno de los problemas inexistentes era la acumulación de residuos. Todos los envases eran recuperables; se recogían, se llevaban a las plantas de lavado y esterilización y se reutilizaban. Los residuos orgánicos iban hasta unas plantas de proceso que generaban gas industrial y domiciliario. Los otros residuos ( que eran los menos ) se clasificaban para reciclarlos o se incorporaban al medio exterior para su absorción por la naturaleza.
Las aguas con jabón, detergentes y otros iban a parar a otras plantas donde
mediante procesos químicos y eléctricos se purificaban y se arrojaban al exterior para ser absorbidas por las napas naturales. Las aguas nuevas se tomaban del arroyo que cruzaba la ciudad, se filtraban pese a ser aguas de deshielo y se incorporaban a los tanques de reserva y consumo.
Todas las familias y todos los centros industriales o manufactureros, disponían de recipientes varios para la clasificación de los residuos y precisas instrucciones al respecto. Además, el cumplimiento de estas instrucciones formaba parte de una responsabilidad aprendida por todos desde los primeros años y asumida como una necesidad social, sin compulsiones.
Los programas escolares primarios contenían en su contexto elementos de formación que se asimilaban jugando; ya que mientras se aprendía a contar "recipientes",se hacia notar su función, la utilidad de su contenido y la forma adecuada de desprenderse de su residuo. En las actitudes cotidianas se destacaban todas aquellas que hacían a la higiene del medio y a la participación activa en el sistema implementado para preservarla.
No existían los plásticos ni otros materiales que no fueran incorporables a la naturaleza o reciclables. Los envases; que no eran reutilizables, eran procesables, transformables o absorbibles por el medio natural sobre el cual se asentaba la ciudad o el de sus alrededores.
Los hombres de verde se ocupaban meticulosamente de que el sistema marchase como debiera y los errores u omisiones en tal sentido siempre tenían un costo; Se perdían puestos, se bajaban puntajes y - lo más temido por todos - se hacía pública la falencia del responsable. Por supuesto, ni hablar de una actitud dolosa; esas - si ocurrían - tenían penas graves.
Llamaba la atención la gran cantidad de mano de obra que se utilizaba en una sociedad tan adelantada tecnológicamente, pero - costaba creerlo - al no haber intereses económicos de por medio, la tecnología actuaba en el medio, al servicio exclusivo de los hombres y con una clara finalidad: aliviar su trabajo no reemplazarlo. La diferencia - de hecho - pasaba por la educación.
La falta de idoneidad y la inoperancia, eran faltas morales equivalentes a la irresponsabilidad delictiva. La comunidad, educada en forma homogénea en lo técnico y lo social y estructurada en consecuencia; dejaba hacer a los especialistas o responsables de áreas: A nadie se le ocurría pensar en la posibilidad de incompetencia; sabían que a esos puestos sólo se llegaba por el camino opuesto. No había otro.
Estuve todo el día recorriendo, observando y preguntando, gracias a que un grupo de hombres de azul que se dedicaba al traslado de alimentos desde los centros de producción al de abastecimiento, me permitieron acompañarlos en su rutina.
Para mi sorpresa, vi que los vegetales, hortalizas y legumbres se cultivaban en lugares no más grande que las esferas habitacionales, adentro de la ciudad y prescindiendo de la tierra. Estos sitios eran como laboratorios y cada uno de ellos se dedicaba a una hortaliza o vegetal en particular, que nacía, crecía y se desarrollaba en breves períodos de tiempo, en plantíos artificiales alimentados por líquidos que los abastecían de los nutrientes necesarios en cada caso.
Las frutas se desarrollaban en recintos mayores, bajo nivel, que yo no había visto antes y que eran habitáculos rectangulares con sus perfiles redondeados, adosados a la ciudad igual que las esferas. Sólo los cereales se plantaban y se procesaban afuera de la ciudad, entrando a esta ya envasados. En el procesado se utilizaban; la deshidratación, el vacío y la esterilización por radiaciones. Se le daba prioridad a la mercadería perecedera. Los depósitos de alimentos, todos ubicados en subsuelos con luz y temperatura controladas; se hallaban abarrotados de mercadería. No se desaprovechaba nada. La fruta no utilizada en el tiempo adecuado, se convertía en dulces, mermeladas o componentes de repostería. Los vegetales verdes no utilizados, se deshidrataban pasando a formar parte de alimentos compuestos o se destinaban al alimento de los animales de granja. Estos también se criaban en el interior y no se sacrificaban, sino que se extraía de ellos los elementos útiles que podían aportar para integrar alimentos, productos medicinales o cosméticos.
Todos los equipos de trabajo eran interdisciplinarios; Biólogos - Químicos - Médicos y Veterinarios, de formación general o específicamente especializados que trabajaban mancomunados. Pese a la existencia de especialistas para todo lo imaginable, las decisiones que provocaban cambios operativos importantes, se tomaban en equipo y era normal que en un equipo hubiera disciplinas tan supuestamente dispares como la Biología y la Mecánica. Todos sabían utilizar computadoras y éstas estaban presentes en todas las disciplinas de trabajo, existiendo desde las de bolsillo hasta la gran computadora central, orgullo de los especialistas del área.
Ya tarde, volví a la casa cansado pero distendido y feliz; no había sufrido en el día ninguna agresión física, espiritual ni moral.
Subí al elevador comiendo bocados de una enorme manzana que adquiriera con mi tablilla en el centro de abastecimientos. Al entrar en la cocina, Olma me miró sorprendida y entonces recordé mi régimen. Como estuve a punto de dejarla, ella se acercó a besarme y dijo:
- Esta es una fruta compatible con todos los alimentos, puedes comerla.
Y retirándose unos pasos me mostró lo bellísima que le quedaba la toga que tenía puesta y agregó:
- ¡Y esta también !
Y así como disfruté de la manzana, más tarde disfruté de ella adormecido por su belleza y sabor. Por la mañana, desperté otra vez sólo y feliz. Habíamos mantenido una relación más calma donde privó el placer y la ternura sobre la pasión. fui al baño a atender mi cuerpo y noté cambios. Mi piel ya no exudaba con el aroma de antes, los desechos de mi cuerpo eran una masa neutra y todo mi organismo en general desbordaba energía.
Me vestí y salí a la calle, cruzándome con el equipo de abastecimiento que conociera el día anterior. Todos me saludaron alegremente, pero yo me quedé observando al jefe del grupo; un individuo amable aunque de pocas palabras, al que había acompañado horas el día anterior, admirándome de que ejecutara su trabajo con la exactitud de una máquina. En ningún momento lo había visto consultar nada para saber que correspondía entregar en cada lado o cuanto retiraba del otro. Debí haber supuesto que lo haría con algún método sofisticado y no le di importancia; pero ahora si me despertaba una atención especial y comprendía su eficiencia: Ahora sabía que "Zirahem" -tal era su nombre- era un "Biociborg". Olma me lo había dicho y yo lo miraba y me negaba a creerlo.
Seguí mi camino rumbo al centro de abastecimientos. Llevaba una larga lista de aprovisionamiento preparada por Olma y Amalik para la casa. Como yo no podía leer su idioma (algo que me sonaba como una mezcla de Vasco y Guaraní aunque no tuviera sentido lingüístico alguno ), debía solicitar la ayuda de un robot de servicio para seleccionar lo que quería. Cuando llegué, la bella señorita que me atendió iba a asignarme uno cualquiera, pero yo solicité a ALFA 5.2.9.; el aparato me había resultado simpático la primera vez y yo quería conocerlo mejor. Tuve que esperar un rato hasta que terminara con otra labor y mientras tanto observé el accionar de otros que a simple vista eran iguales a él o bastante parecidos. Pronto, uno de ellos se paró en un sitio y comenzó a repetir una frase:
- "Alfa 5.2.9., a la espera del ciudadano visitante, Gonzalo W.A. OO1".
Bueno, era él y evidentemente al que esperaba era a mi. Un gesto de aprobación de la joven de azul, me lo confirmó y entonces me acerqué a él y coloqué mi tablilla de identificación en su bolsillo.
- "Bienvenido al Centro de abastecimiento, ciudadano visitante" - dijo tras un rápido parpadeo de inspección de sus ojos.
- "Hola, 5.2.9." - contesté entre divertido y curioso.
- Supongo que "hola" es una expresión de saludo, ciudadano; Hoy no lo acompaña Olma W.K.63.
- No, no me acompaña -contesté- ¿Puedes decirme que significa W.K. 63 ?
- Significa que el nombre Olma es bastante común en nuestra sociedad y que de acuerdo al orden de las letras de nuestro alfabeto, su compañera es la ciudadana 4OO63 en la cronología histórica y la 63 de su generación, con ese nombre. El resto de las letras y números de su tablilla indican el año y lugar de nacimiento, quienes son sus padres y otros datos estadísticos que la identifican ante los requerimientos de algunas áreas, pero que no son de utilización social cotidiana.
-Bien, bien, es fácil deducir entonces que yo soy el primer visitante de nombre Gonzalo.
- Así es; y el 4O779 en la cronología de visitantes del exterior, para su información - contestó.
El aparato me resultaba fascinante y pensé cuanto me hubiera divertido de haber tenido uno como él en mi departamento, junto a Gerónimo. A todo esto él recorría las estanterías, revisaba las opciones de la lista y digitaba sobre el teclado de una pequeña computadora que tenía sobre su antebrazo izquierdo.
De pronto dijo:
- En acción de deducir, W.A OO1, es fácil darse cuenta de que lo han enviado aquí para que se entretenga; porque esto se podía haber solicitado desde su unidad habitacional y nosotros nos hubiéramos encargado del resto.
- Es posible que sea así -contesté- pero de cualquier manera estoy contento de estar aquí contigo; me pareces un simpático aparato - Dije creyendo haberlo elogiado.
Dio vuelta su cabeza, parpadeó sus ojos en un gesto de perplejidad mecánica y dijo:
- "Soy un ente cibernético de sofisticada tecnología, ciudadano visitante; no una máquina de lavar platos".
- "Discúlpame" -balbuceé- no quise ofenderte - Maldiciéndome por dentro ya que Olma me lo había advertido anteriormente.
- Y dime Alfa 5.2.9., ¿ te has informado sobre nuestras deficientes máquinas voladoras ? - pregunté tratando de intentar un acercamiento.
- Le ruego me disculpe, ciudadano, pero no he tenido tiempo de hacerlo - contestó lacónicamente.
Acepté su respuesta como cierta, más que nada porque me negaba a admitir que ese montón de chatarra también supiera mentir.
Cuando llegó hasta la sección de control, emitió una tira de papel que entregó a una de las muchachas; Solicitó mi identificación, regresó en busca de la mercadería y ya con ella en el canasto, me acompañó hasta el vehículo en donde acomodó todo eficientemente, sin pronunciar otra palabra. Luego, se despidió cortésmente y me dejó con la molesta sensación de ser el único tipo tan estúpido, como para lograr "ofender a un robot".
Con ese peso sobre mis hombros, me dirigí al Centro de Control. Yo no podía entrar sólo, pero tenía la esperanza de encontrar a mis compañeros afuera. Ya había sido atrapado por la historia de Antiza y ahora tenía deseos de conocer el final.
El hall central del Centro, mostraba una actividad bulliciosa; atrajo mi atención, la cantidad de hombres de Seguridad fuertemente armados que, solos o en grupos, recorrían el lugar. Aguardé un rato observando a la gente entrar y salir de los elevadores, hasta que vi salir a mis tres compañeros con sus respectivas acompañantes; Izthol (el jefe máximo de seguridad), varios miembros de la guardia y seis personajes como para no olvidar nunca. Eran tres de los desagradables hombres grises iguales al que yo viera el día
anterior y tres graciosos hombrecitos como el que le llamara la atención a Kingston el primer día que llegáramos y que yo tuviera oportunidad de ver ligeramente tiempo después.
Eran estos de no más de un metro veinte de altura, de cabeza parecida a la de los hombres grises, pero con grandes orejas y ojos expresivos; sus cuerpos menudos estaban enfundados en trajes verdes un poco más brillantes que su piel.
Avanzaron hacia el salón y yo salí al cruce del grupo intentando hablar con Kingston. Dos oficiales se adelantaron con intención de interceptarme; Una palabra de Izthol fue suficiente para que se detuvieran.
Llegué hasta Kingston disculpándome y solicitando hablar con él. El viejo, se alegró de verme. Uno de los monstruos grises, dirigiéndose al Doctor dijo:
- "De modo que este es uno de los impetuosos conductores de sus máquinas voladoras" - Y se quedó mirándome con sus inexpresivas pupilas.
Kingston elaboraba todavía una respuesta, cuando uno de los pequeños seres intercedió:
- " Los pilotos terrestres hacen lo mismo que harían ustedes si vieran naves extrañas volando en el espacio Circonio. No necesitas ser agresivo; después de todo las víctimas de los encuentros siempre han sido ellos, ¿ No ?
El monstruo, abandonó la observación de mi persona ( hecho que redujo notablemente mi adrenalina ) y replicó fastidiado:
-" No ha habido tantas víctimas, pero las que hubiera nunca serán Circonias; no somos tan estúpidos como para venir a morir en la tierra ".
El pequeño hombrecito no se amilanó y dijo:
- "Algún día, un Circonio necio como tú, indignará demasiado a un Titanio y se volverá estúpido en la tierra".
Las pupilas del monstruo acrecentaron su brillo mientras contraía sus casi inexistentes labios en un gesto de violencia contenida, mientras el pequeño -desafiante- lo miraba manteniendo un gesto irónico y distendido que lo hacía aparecer casi cómico.
Izthol hizo sentir el peso de su autoridad e interrumpiendo la discusión, ordenó:
- "Señores, prosigamos con lo acordado; por favor".
Los tres uniformes plateados se desplazaron hacia Kingston y cada uno de los monstruos realizó un saludo de tipo militar, para luego proseguir su camino rodeados por los hombres de seguridad. Respiré aliviado, no podía evitar que su desagradable presencia me intranquilizara.
Los hombrecitos verdes saludaron al profesor con destacable cortesía, apoyando sus manos sobre las de él y el que había mantenido la discusión se dirigió a mi diciendo:
- "Alégrese Teniente, nosotros creemos que hay peores peligros que su gente dentro de la galaxia".
Y luego se alejaron los tres detrás del primer grupo conversando animadamente con los guardias que los acompañaban que a simple vista se notaban más distendidos que los otros. Miré en forma interrogativa a Kingston, quien aclaró:
- Los pequeños, son Titanios; establecidos en una luna de nuestro Sistema Solar desde la llegada de nuestra raza a la Tierra. Son seres sabios, pacíficos y amables; poseedores de una gran civilización, magnífica tecnología y un poder especial que los hace prescindir de las armas individuales.
A esta altura de las palabras de Kingston, intercedió Lahí, a quien yo no había visto más desde la última exposición de Antiza:
- "Son Telépatas y entre las posibilidades que eso les otorga, está la de poder destruir o desarticular las funciones de cualquier cerebro, animal o humano".
- Además -prosiguió Kingston- son conceptualmente opuestos a los otros, estos seres grises que usted ha visto, individuos agresivos y groseros a los que hay que vigilar, porque pese a que integran la confederación galáctica, no son confiables.
- "Sólo los Titanios pueden estar tranquilos al lado de esos monstruos sin un arma en la mano"- acotó Georgesen.
- Los Circonios -intercedió Labianí- pertenecen a un planeta de un sistema cercano y son hábiles y ávidos en robar tecnología; por eso se los vigila en forma extrema. En su contacto con ustedes, se han producido algunos accidentes desgraciados con víctimas humanas, que para los Titanios es un hecho imperdonable ya que ellos en ciertas emergencias hasta han sacrificado sus vidas por no afectar a los humanos.
Comprendí el porqué de la vigilancia en las zonas fabriles; pero recordé de pronto a qué había venido y requerí:
- Profesor, ¿Será posible que conversemos un rato sobre la reunión de hoy?, no quisiera partir sin terminar de conocer toda la historia de Antiza.
- No creo que haya inconvenientes - respondió - después de todo no podrá recordarla fuera de aquí. Todos compartimos risas y luego Georgesen, Livingstone, Lahí y Labianí, se despidieron de nosotros y partieron; iban alegres y desinhibidos y habían cambiado tanto como Kingston. El viejo hizo un comentario al verlos atravesar el salón:
- Son jóvenes y están viviendo intensamente esto. "Comparten absolutamente todo".
Me hubiese gustado preguntar sobre el alcance de "absolutamente todo", pero en definitiva yo estaba solicitando abandonar el lugar; no tenía mucha importancia cualquiera fuera la respuesta.
Ramalú ofreció su casa para nuestra conversación y fui con ellos. La estructura interior de la esfera era diferente a la de Olma: Tenía dos ascensores, uno para ella, que ocupaba el piso del medio y otro para su hijo y la esposa que habitaban el primero y el tercero desde que muriera su esposo, en un viaje de exploración a un sistema lejano; La planta baja y el último piso se compartían.
El piso de ella estaba distribuido y equipado como para que una pareja viviera cómodamente. La decoración no era sobria y austera como la de mi pareja; aquí abundaban las plantas, la luz y el color: El piso era juvenil, cálido y hasta sensual, según mi percepción. Comprendí el cambio de Kingston. De no haberlo realizado, hubiera sido una antiguedad desentonante en ese sitio.
"Rami" - como la llamaba ahora el viejo- era idéntica a la casa; extrovertida, juvenil y sensual. Me dejaron un momento escuchando música en un agradable estar y regresaron en pocos minutos enfundados en las clásicas togas que yo ya había usado y que deberían ser parte del hábito social.
Ramalú estaba soberbia adentro de la suya, que era de una tela liviana color lila y dejaba entrever sus abundantes formas en cada movimiento de su cuerpo. El festejaba alegremente todo lo que ella hacía y decía y mientras tanto yo pensaba cuanto había cambiado la cotidianidad de ese hombre, que seguramente me pensaría loco al querer abandonar ese lugar por un perro.
Aprovisionados de unos vasos llenos de un jugo más agresivo que los probados por mi hasta entonces, nos acomodamos para conversar. Entonces el viejo dijo:
- ¿Recuerda usted Teniente que yo había preguntado cuando y cómo habían aparecido ellos?
Asentí con la cabeza, sin hablar.
- Justo en ese momento, cuando las razas del Sistema visitaban la tierra, como quien visita un exótico zoológico; los ancestros de esta gente, descendientes directos de "La Atlántida", con sus recién construidas "Buranas", abandonaron su escondite de roca y salieron a participar de la inspección por los cielos del planeta. Para los pueblos de la tierra no fueron más que otros "Dioses" bajando del cielo; para los "Dioses" visitantes, representaron una verdadera sorpresa. Nadie había imaginado que sobreviviera una de las razas originales con su memoria completa, con su devoción y respeto por los maestros intacto y con el legado de su tecnología que no podían saber si era similar o superior a la de ellos.
Después de establecido los contactos se realizaron distintas pruebas con la descabellada humanidad que poblaba el planeta; Desde formar individuos especiales consagrados a difundir distintas filosofías de vida, hasta aniquilar por completo a pueblos o grupos belicosos. Todo fue en vano, la semilla Atlante preponderaba en la genética de los hombres y las comunidades pacíficas eran continuamente avasalladas por los pueblos guerreros. No existía la menor posibilidad de planificar una evolución homogénea; todas las filosofías y hábitos de vida eran interrumpidas por las invasiones y las guerras. Entonces, se decidió dejar el problema librado a la naturaleza. Cada visitante regresó a su mundo y esta gente a sus cavernas.
Mas, pasaron los años y el hombre no cambió, pese al cambio de sus instituciones y su técnica. Los vecinos del sistema, se despreocuparon de nosotros; para ellos los habitantes representativos de la tierra estaban aquí, en la cordillera. Los demás éramos raros especimenes zoológicos productos de una mutación, con quienes no deseaban establecer ningún contacto.
Kingston, interrumpió su relato un momento para beber y Ramalú prosiguió en su lugar:
- Todo siguió así hasta el 6 de Agosto de 1945; La segunda guerra mundial venía siendo vigilada por nosotros a través de los atisbadores.
- ¡Ya! - inserté- Las bolas de fuego fueron una referencia obligada en las fuerzas aéreas de esa época.
- Así es, veníamos controlando la evolución de la cohetería Alemana y los trabajos que tendían al desarrollo de la energía atómica, tanto en Alemania como en Italia y Estados Unidos. Pero en Alemania, interferimos constantemente ambos proyectos; porque los Nazis eran un grupo de gente totalmente diferente. Psicológicamente podían considerarse una raza nueva. Tal vez nadie en el mundo se había dado cuenta, pero permitirle a ellos disponer de la conjunción cohete-bomba atómica, hubiese sido permitir el resurgimiento Atlante. Aunque en realidad, ya habían resurgido, "estaban allí"; no eran peores que los Japoneses, los Rusos o los Americanos: "Eran diferentes" y nosotros lo supimos de inmediato.
Que no eran peores, lo demostraron pronto los primeros que dispusieron de la "bomba atómica". Hiroshima fue la demostración cabal de que el germen Atlante estaba adentro de "toda" la raza humana. Pero también podrían serlo los bombardeos de Hamburgo y de Dresde con bombas de fósforo entre otras, por ejemplo; asesinatos en masa tan injustificables como los campos de exterminio.
- Perdón - pregunté - ¿por qué los Nazis eran diferentes?
- En los crímenes, por su convencimiento; podríamos decir por su horrorosa honestidad criminal. Pero además, por su Cosmología, por su Racismo, por su diabólica capacidad para mantenerse en combate en las peores condiciones, por su empirismo, a veces delirante y otras asombrosamente efectivo.
Pero Hiroshima y Nagasaky, atrajeron nuevamente a la tierra a los habitantes de la Galaxia. Cohetería y energía atómica en manos de ustedes era demasiado peligro potencial como para que no intervinieran. Pensaron de inmediato en invadir el planeta, idea que lideraban los Circonios con sólidos fundamentos.
Pero estábamos nosotros en el medio. Hubo grandes debates sobre la decisión a tomar, hasta que un plan conjunto de los Titanios y de nuestra gente se puso a consideración: Los Titanios se comprometían a vigilar y controlar toda acción terrestre afuera del planeta y nosotros poníamos en ejecución un plan de control interno y sobre todo de cambio sobre la tierra.
Desde entonces, todo cohete que atraviesa la atmósfera, todo satélite que se pone en órbita, toda emisión radial que sale al espacio, es controlada minuciosamente por ellos.
A esta altura del relato recordé algo importante e interrumpí a Ramalú:
- Perdón Rami, pero ¿que fue de los hombres del Planeta rojo?
- La Raza del planeta rojo festejó alborozada nuestra existencia, ya que se sentía culpable de haber provocado la hecatombe final en la tierra, al utilizar su fuerza atómica contra los Atlantes. Encontrarnos, les otorgaba en parte una posibilidad de reparación.
- ¿ Ellos siguen habitando el interior de la Luna ? - interrumpí
- Ellos; recurrieron en principio a la Luna, porque ya no les quedaba tiempo. Pero la Luna ya no era la misma; sin la atención de los Gigantes, poco quedaba del vergel que estos crearan. El sol interior conservaba muy poca energía y de hecho el lugar ya no les ofrecía lo que necesitaban. Tuvieron que trabajar mucho para sobrevivir; Cuando nos encontraron su raza estaba enferma y agotada después de tantos años de lucha contra las adversidades provocadas en principio por el Errante y luego por ellos mismos. fue entonces cuando comenzamos a intercambiar información tecnológica y vivencial, compenetrándonos rápidamente. Ambos pueblos eran gentiles entre sí y tenían que solucionar problemas importantes. Nosotros, sufríamos un problema de espacio que limitaba el crecimiento de la comunidad y provocaba sufrimiento en las generaciones jóvenes. Pero habíamos tenido pruebas más que suficientes de la importancia de nuestro aislamiento. Sobrevivimos a los Atlantes, a la contaminación atómica que provocó su destrucción y a la depredación Española.
Ellos necesitaban también, un espacio adonde su raza pudiera vivir sin sobresaltos y con posibilidades de crecer. No tardamos en asociarnos para conseguir nuestros objetivos comunes. Nosotros, habíamos comprobado que el Océano Pacífico al no sufrir las agresiones atómicas que soportara el Atlántico; Había permanecido ecológicamente intacto e históricamente, en razón de su vasta extensión no había tenido conflictos en sus áreas centrales, a considerar entre el territorio Sudamericano y la Polinesia. Era la zona indicada para instalarnos, pero también geográficamente inadecuada, pues sólo pequeñas islas poblaban su superficie. Así fue que derivamos nuestra atención hacia el mar y pronto descubrimos que la tecnología conjunta de la cual disponíamos, nos podía permitir instalarnos en los lechos oceánicos o en sus elevaciones submarinas.
Así nació la primera Colonia Oceánica en el pacífico, que fue y sigue siendo compartida por las dos razas. El resultado de esa experiencia nos llevó a realizar un acuerdo social donde las labores que llamaré para ti, "ejecutivas, legislativas y judiciales", están tan bien ensambladas que nunca han sido discutidas.
A partir de allí, se construyeron otras, que fueron repartidas entre las dos razas asociadas, dando expansión, seguridad y alegría a ambos pueblos; hasta llegar a desarrollar posibilidades como la de esta Colonia exterior; secreta para ustedes, íntimamente entrelazada con el medio y de ser necesario, totalmente independiente.
- Pero la Luna ¿la siguen habitando ellos ? - insistí obcecado.
- Ellos ya no, "nosotros"; habitamos el interior de la luna y las cientos de Colonias Oceánicas y recónditas Colonias de superficie. Como verás la tierra aún les guarda muchos secretos a ustedes.
- ¿ Que tantas son las cientos de Colonias Oceánicas ?
- Poco más de un millar, distribuidas por los Mares del Mundo.
- ¿Cómo pueden ser tantas y que jamás las hallamos descubierto?
- En 351 millones de kilómetros cuadrados de superficie marina, mil ciudades como ésta, no ocupan lugar. Además, a las profundidades en que están construidas, ustedes no tienen acceso y en el caso en que lo tengan; allí estamos nosotros, vigilando.
- Y no sé que harán ustedes en ese caso, pero ahora entiendo porqué se suspendieron los viajes a la Luna - comenté.
- Qué fijación ! - Exclamó Kingston - Mientras Ramalú continuaba: - Los Centros de Poder de tu gente ya saben de nosotros; esa es una de las causas que determinarán pronto un nuevo orden. Ellos lo asumen y por eso mantienen la información oculta, mientras elaboran una estrategia política que los favorezca ante la posibilidad del contacto. En las próximas décadas puede haber cambios que hoy no se consideran posibles y que se mostrarán como consecuencia del derrumbe de las ideologías, cuando en realidad sólo serán movimientos estratégicos de algunas grandes potencias ( o de los grupos de poder dentro de ellas) reacomodándose Geopolítica y Económicamente.
- ¿ Satisfecha su curiosidad, Haffner ? - intercedió Kingston
- En alguna medida, Doctor; me gustaría saber en que consiste el plan de cambio que implementaron para nosotros.
- El plan es de larga duración y se desarrolla en todos los ámbitos existentes; Políticos, Económicos, Científicos, Religiosos y Artísticos. Consiste en desarticular las viejas estructuras y edificar una nueva conceptualidad de vida en la humanidad. Para eso se utilizan distintas metodologías: A veces, se incentiva lo negativo para despertar en la gente pensante reacciones contrarias. Otras, se interviene en la Economía o en la Ciencia, para estabilizar o reducir poderes y hasta se reemplazan individuos estratégicos con hombres designados por la "Inteligencia" de este lugar. Para el año 2OO5, ciertas pautas del plan deberán estar cumplidas.
-(Aunque antes el mundo transitará por tremendas crisis)-Murmuró.
- ¿ Cuales son esas pautas, Doctor ?
- El orden político-militar Este-Oeste del mundo deber estar cambiado y tendrán que haber surgido nuevas potencias Tecnológicas y Económicas que contrapesen el poder de las actuales, predominantemente militares.
- Sinceramente Doctor, no imagino cómo podrán cambiar el actual orden establecido sino es a través de una guerra; No creo que las naciones que actualmente detentan ese poder, lo cedan fácilmente.
- Mi estimado Haffner: en nuestra sociedad; La Fuerza, la Riqueza y el Conocimiento, por si mismos o por su interrelación, conforman el poder. Al principio, el "Conocimiento" fue sólo un accesorio del poder de la Riqueza y del poder de la Fuerza; Hoy, ya es el "poder primario" por excelencia, del cual dependen los otros dos y a los cuales genera. Yo lo llamaría: La Propia Esencia Del Poder.
Entonces: es otorgándole conocimientos a ciertas naciones elegidas (que éstas a su vez transformarán en riqueza), como se contrapesará el poder.
- Honestamente Kigston, quisiera verlo; porque hasta ahora, todos los conocimientos que surgen en un país débil, terminan yendo a parar a los países fuertes y enriqueciéndolos a ellos.
- Así es: como el conocimiento es la más "democrática" fuente de poder, ya que el débil y el pobre pueden adquirirlo; los fuertes y los ricos se confabulan para que los primeros no tengan acceso a él. Se mal enseña y se mal informa, se miente y se tergiversa deliberadamente, a través de testaferros políticos, artísticos y religiosos. Se crean, incentivan y propagan multitudes de disciplinas mediocres o delirantes con las cuales se entretiene a las masas, obnubilándolas y ocupando su tiempo con vaguedades para que no lo utilicen en la meditación y la observación objetiva de los fenómenos que los rodean, base primordial del desarrollo de la inteligencia; "Plantearse preguntas hasta encontrar respuestas". A partir de allí, los poderes modelan a las masas como si fueran de arcilla, dándoles la forma que quieran. Llegan a reclamar sus derechos sobre basura porque los poderes los han convencido de que eso es bueno y tienen que tenerlo.
- ¿Y entonces profesor?
- Ahora no podrán hacerlo, los conocimientos estarán en las mentes de hombres estratégicos que no podrán ser comprados ni perturbados y allí se quedarán.
- ¿Y que se pretende conseguir a largo plazo, con ese contrapeso de poderes?
- Varias cosas: entre ellas, democratizar a la Naciones Unidas, eliminando o modificando el derecho a veto y ampliando o reformando el Consejo de Seguridad. El objetivo sería fijar como prioridades; El Planeta, La Humanidad, Las Naciones, en ese orden.
- ¿Usted lo cree posible, profesor?
- Sí, si lo creo. Estoy convencido de que puede lograrse, porque los acontecimientos deberán llevar a la institución a eso, so pena de desaparecer.
- ¿Y que otra cosa se intentará ?
- Derribar las barreras idiomáticas, enseñando en Oriente y Occidente -en cada país- un idioma adoptado como internacional, junto con el idioma local; con intención de fusionar lingüísticamente al Planeta. De ese modo las decisiones de la Sociedad de Naciones y otros acontecimientos de importancia mundial, podrán llegar a los más remotos pueblos sin tergiversaciones merced a la cada vez más sofisticada tecnología de comunicación.
- ¿ El esperanto podría cumplir al fin la función para la que fue creado ?
-Es un idioma con tan pocas reglas gramaticales que no debería descartarse, pero lo mas probable es que se utilice el mas difundido.
No lo sé Haffner, no será fácil la elección e imposición, aunque esta gente no anda con remilgos a la hora de fijarse premisas; basta con saber la tercera pretensión.
- ¿ Y cual es la tercera ?---
- Circunscribir a todas las Religiones a una labor de docencia filosófica racional, ya que el hombre necesita una filosofía de vida universal. No hay mejor utilidad para las estructuras religiosas del Mundo, que usarlas para una docencia exenta de compulsión teológica.
- ¡Vaya, eso sí que es difícil, Profesor!; estamos hablando de uno de los grandes poderes del planeta, con comprobada influencia sobre las masas.
- Es posible, pero si no abandonan los Dogmas hipócritas que pregonan, pasado el año 2OOO su Grey sólo se encontrará entre las masas más famélicas e ignorantes del planeta. Las instituciones religiosas estarán tan desprestigiadas por su falta de respuesta a los problemas de la humanidad, que los fieles se disgregarán por infinidad de cultos sin fundamento, sólo para acrecentar su desesperanza. En las jóvenes generaciones casi no se encontrarán creyentes y los ídolos con que se intentará reemplazar a los Dioses mal representados, solo sumirán a la juventud en las drogas, la violencia y un delirio que los llevará hasta el suicidio. Mientras tanto, los pueblos más intelectualizados derivaran hacia nuevos conceptos religiosos que tengan respuestas concretas para sus problemas cotidianos o se alejaran para siempre de las Iglesias, quedando estas como meras curiosidades turísticas, representantes de épocas en que el hombre era manipulado con mentiras y fraudes. Las Religiones tendrán que elegir entre convertirse en entes docentes que buscan la verdad, comprometiéndose socialmente o desaparecer perdidas dentro de una teología no creíble, en medio del caos social al que no escaparán sus instituciones.
- De modo que para el año 2OOO habrán caído las "ideologías" y las "idolatrías" según sus palabras, señor.
- Digamos que el comienzo del nuevo milenio se caracterizará por eso, Teniente - dijo haciendo un paréntesis para tomar un sorbo de su bebida.
- ¿Y dígame Kingston, Hay más? - insistí.
- Oh, sí; se intentarán eliminar las fronteras y estructurar una moneda única, realizando acuerdos de cooperación internacional, que posibiliten la interrelación de las naciones poderosas con las débiles. Se tratará de reducir al mínimo los gastos de armamentos, poniendo en manos de las Naciones Unidas, el control de la producción y las reservas de material bélico; para derivar los sobrantes de los presupuestos de guerra a las áreas de salud y alimentación, replanteando la función de los hombres de las Fuerzas Armadas en los tiempos de paz. Se crearán enormes depósitos de alimentos, medicamentos y elementos de primera necesidad no perecederos, que serán manejados por las Naciones Unidas para cubrir emergencias. Se incentivarán los estudios históricos y se posibilitarán descubrimientos arqueológicos, que ayuden a la humanidad a develar sus orígenes verdaderos. Se impulsará el desarrollo de la medicina, para atender con eficiencia las enfermedades orgánicas y socio-psicológicas. Se intentará dominar el Cáncer y otra terrible enfermedad que para dentro de veinte años será casi epidémica y que nuestros amigos saben que surgirá como resultado de inescrupulosos trabajos de laboratorio que se están realizando en este momento.
Filosóficamente la docencia mundial tendera a cambiar la aplicación del termino "Raza", para adjudicárselo a la humanidad en general.
Habrá que sustituir el concepto de la salvación individual por el de la salvación social, sin dejar de tener en cuenta la categoría cósmica de la persona dentro de una sociedad que es sólo un accidente.
- Supongo Doctor, que eso solamente podrá lograrse a través de una educación diferente - interrumpí.
- Hay que cambiar el mensaje que reciben las nuevas generaciones, Haffner; retirarle elogios al que "más vende" para adjudicárselos al que "más sirve" o "sabe", tal vez así logremos rescatar los valores reales y no sería raro que se intente llegar a eso exaltando la primera opción hasta el asco, para que la misma gente propicie el cambio.
- Al mundo de hoy lo manejan los que más venden, profesor y dígame, ¿Cómo se identifican los valores "reales"?
- Mediante el análisis racional, Teniente; del mismo modo que se identifican las atracciones compulsivas como tales.
Sabe, no sería extraño y me baso en algunos proyectos que he visto en estos días; que se intenten edificar ciudades nuevas sobre la superficie de los océanos, creando una civilización Talasocrática en un medio de vida conceptual y técnicamente diferente; mientras tal vez se apele a la eugenesia para el mejoramiento de los seres primitivos del planeta.
A esta altura de su exposición y aceptadas todas las utopías, realicé otra pregunta:
- ¿ Que ventajas tendría una ciudad Oceánica, Doctor ?
- Tres fuentes inagotables y purísimas de energía: Olas, Viento y Sol, por ejemplo. Y la posibilidad de mantenerlas aisladas con facilidad del resto del planeta.
- ¿Todo eso tendría que darse en los veintisiete años que faltan para llegar al 2OOO? - proseguí.
- No, más bien esos serán los años en que se gestarán los embriones de los cambios que se producirán aceleradamente a partir de él. La última década del siglo 2O será geométricamente conflictiva y asombrosa. La concientización Ecológica, convivirá con las mafias industriales, el enriquecimiento insolente de las minorías convivirá con la pobreza aplastante de las mayorías. No habrá oradores creíbles para las masas hartas de la mentira. La sombra inquietante y evidente de miles de guillotinas y millones de Robespierres se cernirá sobre la insensibilidad de los pudientes que serán prisioneros en sus propios ghetos de lujo y llegarán a ser asesinados por sus propios hijos. No podrán dejar de advertir el peligro que generará su propio orden social; ellos mismos propiciarán el cambio.
A partir del año 2OOO, realmente habrá un Fin del Mundo. El fin de un mundo viejo y el nacimiento de uno nuevo para la humanidad. Y tal vez ya entrado el nuevo siglo, la nota final puedan darla las "buranas" y "Vimanas" recorriendo el planeta y preparándonos por fin, para integrarnos al Universo.
- Lo veo sumamente optimista, Profesor. Créame que quisiera compartir su fe en todo lo que ha dicho que sucederá , pero lo veo como un hermoso sueño del que en algún momento habrá que despertar.
- No lo regaño por su visión Haffner, pero yo ya tengo mi puesto de trabajo en ese sueño y es lo mejor que me ha pasado en la vida; he recuperado un ideal.
Ramalú interrumpió en ese momento:
- "Espero que la conversación no les impida disfrutar del almuerzo que he preparado para los tres".
Recién reparé en que el tiempo había pasado y estábamos entrando en la primera hora de la tarde. Como había recibido una tácita invitación, conteste:
- No, no, por supuesto.
Y los tres nos sentamos alrededor de una mesa que era idéntica a la de mi primer almuerzo. Ramalú comenzó a servir la comida y el viejo se levantó a ayudarla solícitamente. Se movía con soltura juvenil en la cocina, sabiendo con precisión lo que tenía que hacer y susurrando comentarios que provocaban la risa de ella, que a su vez se ufanaba por evitarle trabajo.
La liviana tela de la túnica, se adhería cada tanto a distintas partes de su cuerpo, demostrando la inexistencia de ropa interior y resaltando la abundancia de sus formas. Kingston, tentado por ellas, aplicó el golpe de una palma sobre sus nalgas, intentando mantenerlo oculto. Le di la posibilidad de lograrlo, desviando mi mirada hacia otro lado. Era increíble; este no era el mismo hombre, viejo, de gesto adusto y fría actitud científica que yo trajera en el Buho Blanco apenas unos días antes. Comprendí de pronto, que era lo más importante que había en ese lugar: "Vida", vida y "tiempo" para vivirla, sin remordimientos. Ya que mientras uno vivía no había otros sufriendo.
Disfrutamos juntos del placer de la mesa. Comimos ensaladas, acompañadas de sus clásicas albóndigas, con panes de cereal y luego tortas, dulces y frutas; todo lo acompañamos con el exquisito jugo que me sabía más agresivo que los probados antes.
Ya de sobremesa, disfruté escuchando un intercambio de ideas de mis anfitriones sobre una teoría científica. Era una dialéctica de dos intelectos múltiples y brillantes; donde ella se destacaba por su mayor nivel científico y él por su agudeza deductiva. Discutían complacidos, unidos por sus inteligencias; cuando recordé mi régimen y lo comenté riendo, ya que había terminado de comer todo lo que me ofrecieron.
Ramalú me tranquilizó informándome que ella había cuidado que en el almuerzo no hubiera nada que lo alterara.
Decidí entonces que era tiempo de ir a ver a Redent para que me dijera como andaba y cuando me despedí de ellos dejándolos felices, me dirigí directamente al Centro médico. Hube de soportar otra vez al petulante doctor y pasar por los exámenes pertinentes. Volví a asombrarme con su tecnología, cuando me introdujo en un cilindro de oscura transparencia que era atravesado por finísimas líneas de luces rojas y entonces pude ver en los monitores, Mis órganos "funcionando". Observé largamente el movimiento que realizaba mi corazón al generar sus latidos. Al final, me despidió como apto y aunque siguió mirándome como a una bestia, aseguró que mi cuerpo ya estaba libre de toxinas y lo confirmó cargando en el sistema central mi nueva condición física.
Promediaba la tarde; yo estaba libre, sano y feliz y no sabía que hacer con mi tiempo, de modo que me dediqué a recorrer las esferas centrales, deteniéndome donde algo atraía mi atención.
El centro de gimnasia, me atrapó de inmediato. Las disciplinas que se practicaban eran del tipo olímpicas:
Barras, aros, trapecios, movimientos con música, natación y bailes. No vi individuos con demasiado volumen muscular, al parecer el ideal conceptual pasaba por la armonía: Fuerza, agilidad, velocidad y destreza.
Los cuerpos de los jóvenes eran admirables y los de las jovencitas, realmente apetecibles. Aunque también la gente mayor conservaba su armonía y había mujeres grandes de arrolladora belleza física, siempre mas abundantes que las jóvenes, sus cuerpos se apoderaban de mis ojos, destacados por la transparencia y adherencia de algunos trajes.
Me fui del lugar con los ojos ahítos. Poco tiempo después recorría el Centro de Educación. Ya había visto los sectores de enseñanza media y terciaria, donde los conocimientos se enseñaban a través de un sistema que consideraba métodos inductivos, empíricos y deductivos; utilizando e incentivando las tendencias innatas de cada alumno, siempre sobre la base de que la educación consistía en plantearse preguntas y encontrar respuestas - como lo mencionara Kingston.
Me aboqué entonces a observar las áreas de educación infantil, donde se me recibió y después de identificarme se me contestó todo lo que pregunté y se me permitió ver todo lo que quise. Allí comprendí como se edificaba esa sociedad maravillosa:
Desde los primeros años y en medio de un ámbito lúdico, lo primero que se le enseñaba a los niños, eran las reglas de juego de la filosofía social y la esencia de esa filosofía comenzaba en el universo mismo.
Era la aceptación de la existencia de dos fuerzas antagónicas tan hermanadas como la luz y la sombra; El Bien y el Mal. A partir de allí se enseñaba, cual era la concepción de lo bueno y de lo malo, en esa sociedad. Se aprendían las reglas de convivencia; dejando en claro con ejemplos, como la libertad sólo existía en una comunidad, cuando todos y cada uno de los ciudadanos podían practicarla.
Los niños advertían entonces que cada acto individual estaba relacionado en algún grado con los demás y que si uno cualquiera atentaba contra la libertad de otro ciudadano, en realidad ese acto estaba agrediendo su propia libertad.
También aprendían que violar las reglas establecidas siempre tenía un costo y ocasionaba un disgusto, aunque se explicitaba su posterior derecho a cambiarlas.
Era común que un niño, enojado por alguna limitación de los adultos, amenazara con votar en contra de esa regla en el mañana. Los mayores incentivaban lúdicamente eso, otorgándole a los pequeños un elemento psicológico de defensa contra las decisiones de los mayores, que los liberaba de rencores y que por supuesto - ya grandes - generalmente aceptaban.
La palabra "pecado", no existía. Lo bueno y lo malo y lo permitido y lo prohibido, se hallaba implícito en la filosofía e incluido en las reglas cotidianas.
La sexualidad se clarificaba desde los primeros años. Al principio, enseñando las diferencias físicas de los cuerpos y después, la función específica de los elementos de los mismos. Los cuerpos no eran tabú y a través de muñecos que reproducían la figura humana, aprendían a visualizar desde los primeros años el desarrollo y tamaño de los genitales, las mamas y otras partes del cuerpo que sufrían transformaciones con el transcurrir del tiempo. Cualquier niño de 5 o 6 años, tenía clara noción del tamaño de los genitales de sus padres, sus abuelos y el resto de los adultos que los rodeaban con el conocimiento implícito de sus posibles transformaciones y estados. Los docentes manejaban el tema como un juego exento de misterios y prestaban particular atención a la evolución de cada niño en particular.
Los niños, sabían desde antes que se produjeran; cuales eran los cambios que los introducían en la sexualidad del adulto y con ellos su cambio de responsabilidad. La práctica sexual de los adultos les era conocida gradualmente y asumida como una necesidad más, similar a la de comer, beber, dormir e higienizarse, imprescindible para el cuerpo y la psiques. Una necesidad que "a partir de su desarrollo inicial" todos tenían el "derecho de satisfacer" y la "responsabilidad de controlar".
Cada uno comenzaba su actividad sexual, de acuerdo a su necesidad interior y los estímulos de su entorno, en forma tímida o audaz, pero nunca traumática; tenían claro que con ella, les llegaba un "placer normal" que toda la sociedad aceptaba como tal.
De allí en más, quedaba en manos de su inteligencia y de sus impulsos interiores; refinar ese placer, moderarlo, contenerlo o saciarlo, según desearan sin que ninguna de esas actitudes debiera ser "marginal".
Con el placer, llegaba la "Responsabilidad de la procreación" y allí sí intervenía la sociedad y sus reglas: A toda jovencita ya apta para la maternidad, el Centro Médico se encargaba de controlarle su posibilidad de embarazo con un artilugio técnico. Y como la responsabilidad era de ambos sexos, también a los jóvenes aptos para procrear, se les inhabilitaba su capacidad de fecundación en forma parecida. Estas inhabilitaciones sólo se suspendían durante el período en que los matrimonios estaban decididos a tener hijos y cumplimentaban las reglas establecidas.
El nacimiento era uno de los acontecimientos mas controlado y protegido por la sociedad; tanto, que hasta escuché hablar de "Educación fetal" (Determinados estímulos que llegarían al embrión a través de la vivencialidad de la madre) y no sólo los padres debían estar física y psicológicamente aptos (Se realizaba el control y la medicina genética) sino que antes de autorizar la fecundación, la Asistencia social debía certificar que las necesidades del niño estaban aseguradas. Yo sabía que en mi sociedad, disposiciones de esa naturaleza hubieran sido consideradas cohartadoras de la libertad y sin embargo en el contexto social de ese lugar, se demostraba el sentido común que tenían.
Allí no existían ni la Madre desamparada, ni el niño mendicante, ni el minusválido. El sexo era un placer que a ninguna edad resultaba traumático y la vida era una responsabilidad que a ninguna edad estaba permitido violar.
Recordé entonces que así como la "Capacidad de elaborar cultura" es lo que distingue al hombre de todos los demás animales conocidos; los grupos humanos diferían entre sí, fundamentalmente por "Elaborar culturas diferentes".
Y así, recorriendo la ciudad, conociendo a la gente, viviendo esa cotidianeidad maravillosa donde todas las reglas eran claras y obedecían a una necesidad social que afectaba a todos por igual; fueron pasando los días.
Mi relación con Olma se pulía día tras día y mi inserción en el medio también. La Regencia no se expedía sobre mi partida y una cierta angustia fue apoderándose de mi al sopesar una duda: ¿ Tendría valor para abandonar a una mujer que cada día necesitaba más y a una sociedad que era el ideal de cualquier hombre con sentido común?
Sin embargo, cada vez que me cruzaba con alguien que llevaba un animalito de los múltiples que autorizaba y protegía el Centro Médico como mascotas domésticas; mi corazón aceleraba sus latidos. No, no podría ser feliz nunca en ese paraíso, si dejaba a mi perro librado a su suerte en la inmunda sociedad a la que yo pertenecía. Era paradojal, para ellos un animal era un ente vivo que merecía su atención y su respeto y así, no sólo estaba regulada la tenencia, sino que estaba implementada la necesidad de cada animal autorizado, en su tránsito por las distintas áreas de la ciudad. Cada persona que transportara un animalito debía hacerse responsable de él hasta en sus menores detalles y si un perro por ejemplo, orinaba en un lugar público, su dueño debía llamar al personal de limpieza, esperarlos y cargar a su cuenta el costo de la labor de los hombres de verde.
De no hacerlo, cualquier ciudadano que lo observara podía informar a Seguridad. Habían llegado a descubrir los cómo y los por qué de los centenares de procesos fisiológicos que se daban en las áreas zoológicas, estudiándolos y aprovechándolos en beneficio del organismo humano. Para nosotros, un animal era un ente inferior al que valorizábamos según su utilidad y sacrificábamos o torturábamos sin piedad y así, aún seguíamos sin saber cómo hacía el Oso para dormir seis meses sin comer y sin beber y un día levantarse como si se hubiese acostado una hora antes.
Olma pareció advertir mi estado interior y tal vez por eso un día propuso una salida especial. Habíamos ido juntos a diversos espectáculos artísticos que tal vez por realizarse "por amor al arte" eran de calidad excepcional; pero nunca me había propuesto visitar el "Centro de encuentros". Acepté asombrado y curioso.
Mientras viajábamos rememoré lo que había advertido sobre los artistas del lugar. Cualquiera podía intentarlo, en todas las disciplinas, con formación docente o no. El arte para ellos era en esencia "intuitivo" y si bien se enseñaba música, dibujo y danza por ejemplo; el desarrollo de las distintas disciplinas que surgían de esas bases era absolutamente creativo.
Los artistas exponían o se mostraban ante la comunidad, desarrollando su arte sin descuidar sus obligaciones sociales y a medida que la sociedad los iba aceptando, por un original sistema de donación, cada uno de los admiradores cedía parte de su tiempo (minutos a veces) a su admirado. De modo tal que los artistas eran mantenidos por sus "admiradores". A mayor cantidad de ellos más tiempo disponible para su arte. Aquellos que eran considerados "grandes artistas" no hacían otra cosa y los de menor consideración solo necesitaban reunir cierta cantidad de seguidores para ser "grandes vagos" pero en todos los casos eso obligaba al artista a mantener el nivel de su arte y el respeto a su publico hasta su muerte.
Cuando llegamos al Centro tuve mi primer asombro ya que al introducir mi tablilla de identificación, la pantalla del monitor antes de darme "apto", mostró toda una exposición del diagnóstico y la cura realizada por Redent, que Olma me leyó paso a paso. Obviamente hubiera sido imposible que alguien que padeciera alguna enfermedad física entrara en el lugar.
El segundo, fue cuando abandonamos el elevador en el centro de un salón que revelaba un tamaño cuatro veces mayor al piso más grande de una vivienda normal. Yo esperaba encontrarme con una bacanal Romana o un prostíbulo de fin de siglo y en cambio el lugar no difería demasiado de cualquier club normal.
Sólo la vestimenta mostraba una diferencia significativa: Al parecer, se aprovechaba el lugar para vestir prendas exóticas de diseños y colores diferentes, que no estaban permitidas en el ámbito general de la ciudad. Además, en las miradas y en los gestos podía advertirse una actitud especial.
Todo el contorno del piso estaba ocupado por una barra de bar y en cuatro sitios equidistantes unos paneles mostraban luces, letras y números que cada tanto cambiaban y en donde las parejas o grupos realizaban consultas e introducían sus identificaciones antes de entrar a los elevadores.
En las barras había mujeres y hombres solos o en parejas, conversando. En los sillones distribuidos por el recinto; grupos de mujeres, grupos de hombres o grupos mixtos. La interrelación era total. El ambiente, amable, distendido y alegre.
Recorrimos el trayecto hasta la barra y ocupamos dos butacas junto a una rubia madura y tremenda, vestida con una túnica blanca salpicada de mariposas multicolores que conversaba animadamente con un adolescente vestido con una toga roja, que la miraba embobado y con los ojos brillosos.
El primer sorprendido fue el Barman, quien exclamó:
- ¡No puede ser! ¿ Es un engaño Circonio o eres tú, Olma de Attóm y Amalik ?
- No, no es un engaño Tomner, soy ella - contestó Olma riendo.
- No sé quien es tu amigo, pero si ha conseguido cambiar tus conceptos debe ser muy especial - continuó Tomner mientras preparaba las bebidas solicitadas.
- No ha cambiado mis conceptos, el es parte de ellos - fue la respuesta.
- ¿ De modo que al fin apareció el hombre que esperabas ?; Amigo, créeme, Tomner se inclina ante tu existencia - dijo el barman dirigiéndose a mi.
A partir de allí, se repitieron los asombros en varios hombres y mujeres por verla presente en el lugar y yo pasé a ser la comidilla de muchos.
Un rato después, conversábamos dando la espalda al recinto, cuando sentimos una mano que se apoyaba en nosotros. Nos dimos vuelta y allí estaba Zhurit, quien nos abrazó a ambos, saludando a Olma con un beso del tipo que ellos acostumbraban.
- ¡No puedo creerlo!, "Felicitaciones, Teniente" - dijo realizando un guiño de complicidad.
- Oye -intercedió Olma- ¿No estás visitando demasiado este lugar?
- Humm, es posible amiga mía, pero hoy no he venido solo, Zhelaím está conmigo.
- "Bien por ella", debe haber venido a comprobar si hay algo especial que te atrae tanto por aquí.
- Bueno, hoy te tengo a ti de excusa - contestó Zhurit, mientras esquivaba el intento de Olma por pegarle. Luego, y todavía riendo, nos invitó a sentarnos adonde estaba su esposa y lo acompañamos hasta allí.
En el camino, una voz nos interrumpió:
- Olma, querida, ¿ Eres tú ?
Nos detuvimos y un apuesto hombre de cabellos claros se aproximó a nosotros.
- ¡Alemul!, ¿ Estás sólo? - preguntó Olma.
El hombre se limitó a mover su cabeza negativamente, sonriendo.
- ¿Está Ormoní ?, ¿ No me digas que...?
Alemul volvió a mover su cabeza pero esta vez en forma afirmativa.
-No hay dudas -intercedió Zhurit- esta es una noche especial; El Centro consigue a Olma y Abunkadi a Ormoní, después de tantos años.
- No te precipites -contestó Olma- no te precipites.
Los cuatro llegamos hasta donde estaba Zhelaím, que se levantó de su asiento al vernos llegar. Era una jovencita pequeña y delicada de hermosas formas y ojos atrapantes. No precisamente para compartir, pensé; pero claro, pensaba por mi y ella era la esposa de Zhurit.
Nos sentamos a conversar animadamente, mientras parejas y grupos iban y venían por el lugar. En eso estábamos cuando mis ojos ven aproximarse la exuberante figura de Ormoní, acompañada de un hombre alto, maduro y de cabellos blancos, que al llegar a nosotros la conduce gentilmente hasta Alemul, la deja con un gesto elegante y dice:
- "Señor, lo que me resta de existencia queda comprometida a su generosidad. Estoy totalmente a su disposición, usted me ha brindado la posibilidad de morir, diciendo que he disfrutado lo mejor de la vida".
Nos dedicó a cada uno un gesto de cortesía y se retiró hacia los elevadores.
- " Lo mejor de la vida", soy yo amigos míos y créanme, este hombre guardaba para mí, cincuenta años de deseo que acaba de gastar todos juntos - dijo Ormoní derrumbándose en el sillón.
Olma se tapaba la cara. Reímos todos, inclusive Alemul, que la besó con ternura. Yo no podía creerlo. Luego Ormoní, quien tenía en su rostro las claras huellas de una batalla sexual, comenzó a intercambiar bromas sobre nuestra presencia, para terminar diciéndole a Olma:
- Si no estuviera destruida, te lo pediría para entrenarlo adecuadamente, pero tendrás que hacerlo tú querida, yo ahora sólo quiero dormir. Y que nadie vuelva a decirme que todos los hombres con la edad pierden energía !
Zhurit intercedió y se intercambiaron algunas bromas más, al término de las cuales, Ormoní y Alemul se retiraron.
Se alejaron abrazados mientras yo observaba atónito a la soberbia mujer que era mimada por su marido a poco de haber mantenido una relación sexual con otro hombre que a todas luces debía haber sido sensacional, a juzgar por el estado en que había llegado ella hasta nosotros. Definitivamente o esta gente estaba loca o nosotros éramos los únicos estúpidos que albergaba el universo.
Olma propuso que completáramos la visita al lugar y Zhurit y Zhelaím, manifestaron entusiasmados su deseo de acompañarnos. Lo comprendí en él porque tal vez la deseaba a Olma desde hace tiempo y especulaba con poder tenerla pero su mujercita no tenía razones desde mi punto de vista o a mi me faltaba mucho para comprender su psicología.
A causa de su experiencia, tomaron la delantera. Buscamos ubicación en el tablero, introducimos nuestras tablillas y luego abordamos el elevador. Salimos en el siguiente piso, para encontrarnos con una pared llena de puertas a apenas tres metros de distancia. Zhelaím guió a Olma y Zhurit a mí, entrando en los respectivos vestuarios. Adentro, nos duchamos, guardamos nuestros trajes y vestimos unas togas livianas. Yo permanecí mudo y Zhurit lo respetó. Luego, salimos por el otro lado. En el segundo corredor se repetía la pared llena de puertas a una distancia algo mayor. Por él transitaban hombres y mujeres de todas las edades, en parejas, solos, o en grupos.
Había hombres grandes con jovencitas y mujeres grandes con jovencitos, así como parejas jóvenes, parejas grandes, grupos de jovencitos y de mayores, parejas del mismo sexo y grupos mixtos en sexo y en edades. Muchos entraban o salían de las puertas que estaban en la pared de enfrente y otros simplemente pasaban con o sin prisa.
Era evidente que algunos practicaban juegos eróticos que incluían el intercambio de parejas y el sexo grupal. Pero lo fascinante para mi era, que las túnicas de las mujeres, muchas transparentes y otras abiertas, mostraban las apetencias que poseían tanto las jovencitas como las mayores, transmitiendo una visión de alto voltaje, mientras se movían todas alegremente y con absoluta naturalidad.
Disfrutábamos del paisaje, cuando se abrió una puerta y salieron nuestras mujeres: Olma, alta y delgada y con las proporciones justas para su peso, se veía apetecible adentro de una túnica amarilla semitransparente que revelaba la inexistencia de ropa interior; Zhelaím, pequeña y menuda pero con abundancias en algunos sitios justos, era todo un manjar cubierta con una túnica azul, con aberturas que mostraban los costados de sus piernas hasta las caderas y casi la totalidad de unos senos voluminosos y turgentes.
Ambos nos quedamos abstraídos recorriendo con nuestros ojos, más que nada las bellezas de la mujer del otro, aunque intentamos disimularlo y permanecimos un momento contemplando lo que pasaba en el corredor.
Los ojos de Zhelaím acrecentaban su brillo cada vez que un hombre apuesto y de gran tamaño pasaba ante nosotros.
Olma se aferraba fuertemente a mi mientras contemplaba todo y yo ya no sabía qué mirar en ese paraíso erótico. Cuando no pudimos más, sumamente excitados y felices ocupamos cada uno, una habitación diferente.
Al rato, ya sumergidos en la pasión que genera el disfrute de los cuerpos, no pude dejar de pensar qué pasaría después que yo partiera, ahora que Olma había conocido el lugar y disfrutado por primera vez conmigo de los placeres del sexo. Pero me esforcé por desterrar los pensamientos sobre el futuro y me dejé llevar por la excitación acumulada en esa noche tan particular.
Desde ese día, Olma se encargó de alternar nuestros encuentros sexuales. En dos oportunidades contuvo mis ímpetus durante el tiempo en que permanecimos en la casa, para invitarme luego a disfrutar en ese lugar de encuentros.
En ambos casos volvimos a encontrarnos con Zhelaím y Zhurit. En el primero, la esposa del Capitán, sugirió que tomásemos un baño los cuatro juntos, ante mis atónitos oídos que no podían creer lo que la pequeña sugería. Y como Olma parecía estar muy complacida también con la ocurrencia, así se hizo.
Verla vestida sólo con espuma a tan corta distancia, fue realmente enervante. Jugando con su marido y nosotros salió un par de veces de la bañera donde nos encontrábamos y así pude admirarla en perspectiva descubriendo un cuerpo gimnástico con atributos mas que suficientes.
Supuse que a zhurit le pasaba lo mismo que a mi, ya que no apartaba sus ojos del espigado cuerpo de Olma, cada vez que la espuma y el juego se lo permitía. Las dos mujeres totalmente desinhibidas jugaban tocándose y permitiéndose tocar llevando el momento a una intensidad erótica que en media hora nos convirtió a los dos hombres en volcanes, algo que seguramente también les sucedió a ellas, ya que más tarde - aunque en ámbitos separados - tuvimos una noche de sexo tan pleno que obviamente tenía que repetirse.
El segundo encuentro, puso a prueba mi capacidad de adaptación a conceptos de relación absolutamente diferentes a los que se practicaban en mi medio.
Esta vez también nos encontramos con Zhelaím y Zhurit ( algo que ya no me pareció casual ), pero además estaban, Ormoní y su marido Alemul conversando con ellos cuando llegamos. Después de las presentaciones, fue obvio para mi que Olma pretendía dilatar nuestra permanencia en el salón de recepción, pero la impetuosa Ormoní la avasalló con su pretensión de ingresar al sector de intimidades y aunque esta aceptó finalmente; lo hizo después de intercambiar palabras con la pequeña y proponiendo el ingreso a una pileta general donde hubiera otras parejas.
Ormoní bromeó, diciéndole que para ser visitante nueva del lugar ya se mostraba muy golosa. Al llegar a la gran piscina ( bastante poblada por cierto ), Tuve que controlar mis ojos, afanados como estaban por captar las imágenes de lo estaba afuera y dentro de ella. Abandonamos nuestras batas y togas y nos sumergimos en la espuma.
Tuve suerte de estar ya en el agua cuando la opulenta Ormoní se desprendió de la suya; porque la vista de su soberbio cuerpo, inquietaba a cualquier hombre que la mirara. Caminamos por la pileta, que era de profundidad uniforme y estaba cubierta de espuma, con la evidente función de permitirle a las parejas y a los solos y solas, comunicarse y jugar entre si enmarcados en la relativa y sugestiva privacidad que esta otorgaba.
Olma me llevaba de la mano con cierta prisa atravesando la pileta detrás de la pequeña y de su marido. Ormoní y Alemul habían quedado rezagados y eran permanentemente demorados por los saludos de hombres y mujeres en el camino.
Zhelaím fue detenida dos veces. La primera, para intercambiar besos y abrazos de salutación con una pareja mayor que ella. La segunda, fue detenida por un muchacho grandote que la tomó desde atrás y le besó el cuello con delicadeza mientras la acariciaba muy pegado a su cuerpo. ( Era evidente que la pequeña, tal cual lo había manifestado Zhurit, ya tenía sus relaciones en el lugar ). Ella por su parte tuvo una expresión de sorpresa ( no de desagrado ) y al instante le presentó a su marido, quien estrechó la mano del jovencito en medio de sonrisas. Yo hacía esfuerzos por comprenderlo en medio de la presión erótica a la que estaba sometido, e intentaba pensar si en su lugar podría proceder de igual forma algún día. Olma, aun era un afecto creciente para mi, pero Zhelaím era su esposa y madre de su hijo y el muchacho terminaba de recorrerle el cuerpo con caricias.
Nosotros, después de la ceremonia ritual del casamiento ( y mucho antes también ) pasábamos a clasificar los cuerpos de nuestras parejas como una "propiedad privada"; era evidente que ellos no lo sentían así.
Estaba en esos pensamientos, cuando una mujer que podría considerarse "madura", aunque no fea, acompañada por una deliciosa jovencita púber, se acercó a Zhurit y "ambas" lo tomaron de los brazos, estrechando sus cuerpos al de él. Zhurit las saludó con simpatía y presentó a su mujer de inmediato, ante lo cual me enteré que se trataba de abuela y nieta, quienes frecuentaban el lugar siempre juntas. Ambas mujeres saludaron a Zhelaím , retirándose de inmediato y yo creí encontrar una de las razones que acercaban a Zhurit a ese lugar, aun teniendo una mujer tan joven y tan linda.
De hecho, era de suponer que su esposa encontraba en el lugar, motivaciones parecidas y yo me preguntaba hasta donde llegarían las posibilidades o la permisividad de la sexualidad en ese lugar y cuales serían las implicancias sicológicas de sus costumbres.
Olma y Zhelaím, tomándonos a ambos de las manos se apresuraron a sacarnos a ambos de la pileta en forma intempestiva para introducirnos rápidamente en una habitación de las disponibles para los encuentros.
Apenas traspusimos la puerta, ambas comenzaron a reírse, mientras los dos hombres, tratábamos de sacarnos la espuma de nuestros cuerpos desnudos. Como las miráramos interrogantes, nos dijeron que habían tomado esa actitud para escapar de Ormoní y su permanente actitud de devoradora de hombres, que en la intimidad, les molestaba a ambas.
- El único inconveniente que tendremos ahora - dijo Olma - es que tendremos que quedarnos los cuatro en la misma habitación.
- Pero eso no nos preocupa - Concluyó Zhelaím.
Y ambas salieron corriendo hasta la bañera llena de agua espumante que tenía el recinto. Corrimos detrás de ellas y ya en el agua, ambas parejas nos abrazamos con pasión. Estrechaba a Olma acariciándola y disfrutando del placer que me trasmitía su piel, cuando sentí en mi espalda el cuerpo de Zhelaím apretándose contra mi cuerpo, sus dos abundantes senos se hacían notar sobre mi piel mientras que sus dos pequeñas manos se aferraban a mi vientre. Sorprendido, me aparté un poco de Olma, solo para comprobar que Zhurit estaba haciendo lo mismo con ella. Miré a Olma interrogante y ella besándome dijo:
- "Son nuestros amigos" - y agregó:
- Además prefiero que disfrutes con Zhelaím antes que con Ormoní y si hay un hombre que me merece es mi compañero de vuelos que se ha aburrido siendo amigo mío tanto tiempo.
Era evidente que el acercamiento había sido decidido por las dos mujeres y de hecho aceptado por Zhurit, faltaba saber si yo, ( El Pithecantropus ) aceptaba un juego de relación al que no estaba acostumbrado.
En seguida supe que no iban a darme mucho tiempo para decidirlo. Y no podría precisar cual fue el último acto que retuve con clara conciencia. Se entremezclaban en mi cabeza las imágenes de Zhelaím complaciéndome y dejándose complacer con las imágenes de Olma siendo complacida y complaciendo a Zhurit.
En síntesis, compartimos nuestros cuerpos, como podíamos haber compartido nuestros panes y yo quedé preguntándome si esos hábitos de su intimidad, no serían uno de los factores psicológicos equilibrantes que otorgaba la ausencia de neurosis en esa sociedad.
En los días siguientes, Olma insistió en saber como me sentía por la decisión de ella de llevar nuestra amistad al punto que la habíamos llevado y hube de contestar con honestidad que no solo no me molestaba sino que lo había disfrutado y hasta me otorgaba cierta tranquilidad.
La total intimidad entre las dos parejas había descorrido todos los velos que pudiera haber en la relación y yo de alguna manera había autorizado y tranquilizado el disfrute sexual de Olma en mi ausencia.
De cualquier manera no perdí la oportunidad de gastarle bromas diciéndole que rápido había elegido la sexualidad abierta apenas abandonada la castidad. Pero tuve la inquietud de saber hasta donde llegaba esa libertad de relación, ¿Cuales eran los parámetros? porque no podía adecuarla a mis patrones de conducta sin conocerlos.
Había visto a una abuela ( que por supuesto no se parecía en nada a las nuestras ) y a su nieta, dispuestas a disfrutar sexualmente juntas y me preguntaba:
¿ Existiría la relación interfamiliar ? , ¿ Existiría el incesto - por ejemplo ?
Cuando lo pregunté, Olma estaba recostada a mi lado en un sillón de la casa y me respondió con la antítesis de mi inquietud diciendo:
-Te diré primero lo que no existe - No existe la violación, ni la prostitución, ni el usufructo, ni la opresión, motivadas por los cuerpos . Lo que existe, está limitado al desarrollo de las relaciones conceptuales en la intimidad y privacidad de los grupos y las familias.
- No me dices demasiado - Murmuré. Y entonces ella continuó:
- No creo que exista el incesto como práctica regular, porque conozco los hábitos afectivos de mi comunidad, pero en cualquier caso no puede medirse con las reglas de tu sociedad, porque ya sabes que la nuestra es absolutamente diferente.
- Bueno, me dije; Las hijas de Lot después de todo decidieron que tenían una razón válida para hacerlo. Y Olma continuó.
- Si existe es porque la sociedad, asumió su existencia y si sobrevive es porque la aceptó. Y como nuestra formación intelectual es idéntica ( no su desarrollo ), cuando fue aceptada se terminaron los conflictos ya que no existen sectores de distinta formación que se puedan oponer conceptualmente.
Me quedé callado y sumido en mis pensamientos: "Nuestra formación intelectual es idéntica - aunque no su desarrollo - había dicho. Y eso, ¿Que significaba en realidad ? Tal vez que los patrones conceptuales de su educación, eran los mismos y a esos parámetros, cada individuo los desarrollaba según su entendimiento.
Traté de pensar en los patrones conceptuales de la sociedad humana que yo conocía y comencé a reírme, ante la mirada extrañada de ella.
¿Como compatibilizar a un Afgano musulmán, un Sueco, un Menonita americano , un católico Español, un judío practicante de Israel, un Vietnamita budista, Un Siciliano, un negro de Harlen, un coya Boliviano, un Ruso comunista, un protestante Ingles, etc.? Mi risa, ya era una carcajada, cuando exclamé: "Por Dios", "Que estúpida sociedad es la mía", ¿Como intento analizar la de ellos ?
Y al momento me hice una pregunta: ¿ La sociedad humana a la que yo pertenecía; era irracional, egoísta, malvada o solamente estúpida, en realidad ?
El gesto de risa, se desdibujó en mi cara; cuando después de pensar un breve tiempo, llegué a la conclusión de que era básicamente estúpida y a consecuencia de ello, era luego todo lo demás; ya que millones de personas regían sus vidas y determinaban sus actitudes sobre pautas surgidas de lo que ahora me parecían abstracciones sin fundamento, como Patria, Religión o incluso Raza, aunque en algún tiempo histórico me hayan parecido diferentes.
En los días sucesivos y siempre recorriendo solo la ciudad - mientras Olma atendía sus obligaciones - pude determinar algo más sobre las diferencias entre las dos sociedades. Ya sabía de su homogeneidad intelectual básica, hasta el nivel secundario y que eso se mantenía en el nivel universitario ya que cualquiera de las disciplinas que se eligiera siempre se desarrollaba mancomunada con las otras; jamás aislada.
Pero además había "otra cosa"; algo aún indefinido para mi, pero que se percibía. Y era como si los cerebros de esta gente funcionaran en el mismo "ritmo cerebral", tal era la facilidad de entendimiento entre ellos. Se podía observar que ha veces no hacía falta una comunicación racional, porque ni siquiera había planteos - el
entendimiento era tácito - intuitivo - como fruto de una "interconexión superior".
Era maravilloso deambular por un conglomerado de miles de personas que se comunicaban y se entendían entre sí, con placidez; como si cada uno en su cabeza tuviera el programa necesario para ajustarse a los otros. Lo observé todo el tiempo, mientras esperaba el ansiado permiso para partir en busca de Gerónimo sin que Olma lograra convencerme de que no podría volver.
Kingston nos visitaba o invitaba con suma frecuencia, tal vez con la intención de darle una apoyatura al dilema que yo mismo me planteaba, o quien sabe si no ocultaba la secreta esperanza de que yo cambiara de parecer a último momento.
Por su parte Livingstone y Georgesen, cada vez más integrados al lugar y a sus parejas, ya realizaban - como lo hacía Kingston- labores de apoyatura a las profesiones de sus mujeres. El único que todavía seguía siendo un "visitante", era yo, por orden de la Regencia y en razón de manifestar mi deseo de partir.
En una de las visitas de Ramalú y Kingston no pude más con mi duda y lo consulté con respecto al entendimiento que había observado en la gente. Cerebro rió y pasó a explicarme como era su costumbre:
- Haffner, desde que lo conocí, observé en usted inquietudes que van más allá de las que le despertaría su profesión. Hoy puedo comprobarlo, ya que ninguno de mis colaboradores ha detectado lo que usted pregunta. Puede ser porque tienen concentrada su atención en las tareas que realizan, o porque no tuvieron su percepción o su oportunidad de observar analíticamente y en soledad este medio. Lo cierto, es que su sospecha tiene fundamento. En este momento recuerdo obligadamente la expresión de Theillard:
¡Mediante la reflexión la célula se convirtió en alguien¡
- No comprendo, Doctor, interrumpí.
- Me refiero a la importancia de la reflexión, Haffner. Como usted sabrá, todas las terapias sicológicas de nuestra sociedad conducen a la toma de conciencia del papel que el hombre juega en el universo y el conocimiento y asunción de las herramientas de que dispone para lograrlo. En esta sociedad, esa toma de conciencia está implícita en la misma educación. En la formación del individuo desde los primeros años, la educación crea un "arquetipo" sicológico común que se incorpora al "inconsciente colectivo". Hay como un patrón mental que obedece a siglos de docencia "Higiénica", libre de condicionantes abstractos, interesados o tendenciosos; La lógica domina la "Psique" y en esa psique social casi no se generan desarmonías que puedan convertirse en disfunciones de los planos energéticos y físicos. Por el contrario, hay una constante física y magnética que nivela los ritmos cerebrales. Usted habrá notado ( sobre todo cuando se saca las esferas ) que en todo el ámbito de la ciudad hay un sonido tenue, rítmico e uniforme.
- Sí, lo noté doctor. Respondí.
- Bien, eso es música ambiental pensada para lograr un sincronismo magnético en las neuronas del cerebro. Una especie de "Entonación Mántrica" que intensifica las pulsaciones de ciertas glándulas.
- ¿Y da resultado ? Pregunté.
- Asombrosamente ! Y no es todo, ya que hablan del establecimiento de un "Campo Mórfico" - así lo denominan - mediante el cual, determinados cerebros debidamente adecuados a la frecuencia del mismo, podrían captar o transmitir una información, independientemente del tiempo y del espacio.
Me quedé absorto, mirándolo sin hablar. Y Kingston continuó:
- Ellos comprenden al hombre en cuatro planos diferentes, de los cuales se ocupan por igual: Físico - Energético - Mental y espiritual. En la evaluación inicial dan absoluta preferencia al mental, considerando que una mente armónica es la base de la salud energética y física. Y no le quepa duda de que están en lo cierto. Lo que usted ha podido apreciar tiene un solo nombre Haffner y es "cordura".
Y así fueron transcurriendo los días, entre el asombro, la alegría y el placer de vivir por un lado y la angustia de tener mi corazón dividido en dos amores, por el otro.
Al fin llegó mi autorización para partir. Mi viaje comenzaría por el Centro Médico. Luego, solo ellos sabrían lo demás. No hice preguntas, mas bien me esforcé por mantenerme callado.
Olma colocó en el vehículo toda la indumentaria de vuelo que yo trajera puesta al llegar, limpia y prolijamente arreglada. Luego, me despedí de Attóm y de Amalik, que me estrecharon fuertemente en sus brazos. Olma no pronunció palabra y así, sin hablar, viajamos hasta el Centro Médico.
Allí me esperaban mis tres compañeros con sus respectivas acompañantes. Lahí, Labianí y Ramalú, me abrazaron y besaron por primera vez. Livingstone, Georgesen y Kingston se estrecharon conmigo en un abrazo.
Redent, se hizo presente acompañado por dos hombres de Seguridad. Avisó que todo estaba listo y observó de forma muy particular cuando Olma me besó y rompiendo su silencio me despidió con un "Te amo".
No contesté. No sabía qué decirle. Me desprendí tiernamente de sus brazos y seguí a Redent, quien por primera vez no me trató como a un troglodita y con suma gentileza me cedió la entrada al interior del recinto. Hice un último saludo con una mano antes de que la puerta se cerrara y frente a ella se acomodaran los hombres de guardia.
Adentro, había tres médicos viejos y cuatro oficiales de Seguridad. Me hicieron sacar el traje y colocar una túnica liviana. Luego, me sentaron en un anatómico sillón y colocaron un casco en mi cabeza.
Después, mientras los médicos manipulaban unos aparatos; Redent me colocó una aguja en un brazo y reclinó el asiento hacia atrás.
Las potentes luces del recinto se fueron apagando, hubo como un chisporroteo frente a mis ojos; Un sonido casi imperceptible en mis oídos y luego, nada más...
Continua en: Capitulo 10